La inauguración de la temporada 15-16 de l’Auditori de Barcelona tuvo lugar en un marco tan excepcional como cuestionable: la Sagrada Familia. El espectacular templo de Gaudí era un atractivo añadido a la inauguración pero su nefasta acústica complico el trabajo de los músicos y mermó la calidad del concierto. En cualquier caso la estrategia de l’Auditori para dar más visibilidad a su buque insignia,  la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya, salió bastante bien. La fórmula pretendía acercar la orquesta a la población, dentro también del marco de las fiestas de la Mercè. Por ese motivo las entradas gratuitas se sortearon entre todas las personas que lo solicitaron (con un cierto número de entradas reservadas para abonados a la OBC). Es de suponer que mucha gente que no suele asistir a los conciertos de la OBC participo en el concurso atraídos por la posibilidad de ver gratuitamente a la orquesta en un escenario tan especial y atractivo como la Sagrada Familia. Esperemos que la iniciativa logre interesar a más gente en la principal temporada sinfónica de la ciudad.

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La Sagrada Familia llena de público en el primer concierto de la temporada.

Aunque la temporada de la OBC no empieza hasta el próximo fin de semana, este concierto servia como debut oficial de Kazushi Ono como nuevo director titular de la orquesta, lo que suponía un interés extra. El concierto fue gravado por la cadena pública japonesa NHK y Medici.tv. Esta última lo retransmitió en directo por su página web y se puede visualizar de nuevo en este enlace. La grabación es de gran calidad y disimula muy bien los inconvenientes acústicos del templo. En cambio, en directo, hubo que recurrir a la amplificación para garantizar una audición más o menos digna en todo el templo. A pesar del gran trabajo de los técnicos de sonido no se pudo evitar una sensación de cierta falsedad al combinarse el sonido directo de la orquesta con el amplificado. Los graves quedaron muy perjudicados y muy a menudo las distintas lineas y texturas se disolvían en un entramado sonoro en el que eran difícilmente identificables. Esto no es solo un inconveniente para el público, también lo es para los músicos que necesitan escucharse bien entre ellos. La precisión en las entradas y la coordinación entre los distintos instrumentos (arpa y órgano en el último movimiento del Réquiem de Fauré, por ejemplo) son la prueba de un gran trabajo de la orquesta y del director.

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Kazushi Ono, nuevo director titular de la OBC, durante el concierto.

El programa tuvo en cuenta el particular espacio en el que tuvo lugar el concierto, tanto por la temática de las obras como por su sonoridad. Junto al popular Requiem de Fauré y a un poco conocido Exultate de Mozart (el nombre de Mozart siempre atrae al público, independientemente de la calidad de la obra) se programaron dos atrevidas obras: Improvisation I para órgano, de Bernat Vivancos y Signals from Heaven del gran compositor japonés Toru Takemitsu. La improvisación de Vivancos explota todos los registros del órgano y va desde la habitual majestuosidad del sonido pleno en forte habitualmente asociado al instrumento hasta fragmentos muy sutiles en pianísimo. En estos últimos se encuentra precisamente el mayor interés de la obra y quedaron diluidos en la inmensidad del templo, obligando a aguzar el oido al máximo para no perder detalle. El organista Juan De la Rubia estuvo excelente en la exigente pieza. La obra de Takemitsu está dividida en dos partes: Day Signal y Night Signal. La obra está escrita para conjunto de metales y juega con la disposición estereofónica de dos grupos instrumentales situados a ambos lados del escenario. De nuevo la acústica del templo perjudicó la óptima audición de la obra, ya que la excesiva reverberación inutilizaba el efecto antifonal de la separación espacial de los conjuntos, pareciendo que la música procedía de un solo foco. De todos modos, el carácter contemplativo de las fanfarrias se vio realzado por la reverberación, resultando la obra más adecuada a las condiciones del templo. El Exultate, jubilate de Mozart era claramente una obra de relleno que sobraba en el programa, a pesar de la buena interpretación de la soprano María Hinojosa. El estilo clásico de la obra de Mozart es incompatible con la reverberación de la Sagrada Familia y el interés musical de la obra tampoco justificaba su inclusión. Para finalizar se interpretó el delicioso Réquiem de Fauré, que contó con la participación de M. Eugenia Boix, soprano, Josep Ramon Olivé, barítono, el Cor Jove de l’Orfeó Català y el Cor Madrigal. Durante el Réquiem se vivieron los momentos musicalmente más inspirados de la tarde, especialmente en el Pie Jesu, con una interpretación de gran sensibilidad y delicadeza por parte de M. Eugenia Boix. El barítono Josep Ramon Olivé empezó demasiado estático pero en el Libera me ofreció una interpretación con mucho carácter. Los coros cumplieron muy bien su cometido, con gran entusiasmo como se podía percibir en los primeros planos de los cantantes que ofrecían las pantallas, sin duda transportados por la música de Fauré y la dirección de Ono.

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El concierto fue un éxito absoluto para todos sus participantes. Queda, aun así, la sensación que en una sala más adecuada -como la número uno de l’Auditori– la interpretación ofrecida por la OBC con Ono al frente habría sido absolutamente memorable. Nos queda, eso si, el recuerdo de un acontecimiento entrañable en un marco único, y una grabación que da prestigio a la OBC, la cual promete grandes veladas con su nuevo director titular.

Elio Ronco i Bonvehí