¿Cuál es la diferencia entre una viola y una cebolla?
– Que nadie llora cuando parte una viola en trozos.

De todos los instrumentos de la orquesta, las violas (y los músicos que las tocan) son sin duda el blanco preferido de los chistes para músicos. Los sufridos violas se lo toman con humor, pero lo cierto es que este precioso instrumento no tiene el prestigio ni la presencia que merece, en una programación dominada por violinistas y pianistas, con incursiones esporádicas de violonchelos y algún viento. Ante este panorama, no es de extrañar que el viola William Primrose decidiera encargar un concierto para su instrumento a Béla Bartók. Desafortunadamente, Bartók murió dejando el concierto incompleto, con solo la parte de viola y el borrador del primer movimiento finalizados. Basándose en los apuntes que dejó Bartók, su amigo el compositor y viola Tibor Serly acabo la obra en 1945, que posteriormente fue revisada por Péter Bartók (hijo de Béla) y Nelson Dellamaggiore.

La finalización de obras póstumas suele ser fuente de polémica, pero salvo por los quebraderos de cabeza que en algunos casos resultan de la proliferación de versiones alternativas (el caso de la décima de Mahler, o del Borís Godunov, por mencionar algunos), es una práctica que beneficia a obras que de otro modo se perderían. Es el caso del concierto para viola de Bartók/Serly – una obra increíblemente atractiva que puede rivalizar con la mayoría de conciertos para solista que inundan las temporadas sinfónicas, como demostró Antoine Tamestit en su excelente interpretación el pasado domingo en el Barbican dentro de la temporada de la London Symphony Orchestra. El concierto muestra el potencial expresivo de la viola, cuyo registro central la dota de una gran versatilidad. El sonido profundo y grave resulta perfecto para el contemplativo segundo movimiento, de cautivadora belleza, mientras que su agilidad brilla en el juguetón tercero, repleto de cuerdas dobles y un divertido pasaje en armónicos, que en la viola producen un efecto particularmente etéreo. Tamestit desmiente todos los mitos sobre la viola y demuestra una sensibilidad excepcional, apoyada por un dominio absoluto del instrumento. Para agradecer el entusiasmo del público ofreció un duo de Bartók compartiendo protagonismo con Roman Simovic, concertino de la LSO. Juzguen ustedes mismos el resultado con el siguiente video:

Antoine Tamestit and Roman Simovic play Bartók Duo for two vio…

At the end of a stunning performance of Bartók Viola Concerto on Sunday, Antoine Tamestit came back on stage. And then this happened… watch their faces! ?

Opslået af London Symphony Orchestra på 25. april 2017

 

El otro gran protagonista del concierto fue el director François-Xavier Roth. Son muchas las veces que he escuchado en directo el Preludio a la siesta de un fauno y jamás había entendido la fascinación que produce esta obra. Hasta ahora, gracias a Roth. Más allá de conseguir delicadas sonoridades que transportan al oyente a un mundo de brumosa fantasia (increíble como las melodías de los distintos instrumentos se fusionaban entre si, realzando la sensación de incertidumbre del fauno, incapaz de distinguir entre realidad o sueño), el gran mérito de Roth estribó en dotar a la obra de movimiento, con sutiles variaciones de tempo y dinámica que daban vida a la partitura con una interpretación cargada de sensualidad. ¡Bravo!

La cuidada dirección de Roth -que supo aprovechar al máximo la gran calidad de los solistas y, en general, de todos los músicos de la LSO- también sobresalió en el concierto de Bartók y especialmente en la cuarta de Bruckner, donde resultó crucial para mantener la tensión durante una obra tan extensa. El concierto se retransmitió en streaming por el canal de Yotube de la LSO y el video se podrá ver entero durante tres meses.

 


After romanticism
23 de abril de 2017. Barbican Hall, Londres.

DebussyPrélude à l’après-midi d’un faune.
BartókConcierto para viola.
BrucknerSinfonía n.4

London Symphony Orchestra
François-Xavier Roth, director
Antoine Tamestit, viola