Nos hemos acostumbrado a vivir con los anglicismos blogger e influencer y parece que estar asociado a uno de esos términos (o a ambos) permite decir todo lo que se nos ocurra al amparo de las redes sociales, sobre todo cuando estos nuevos gurús escriben sus ideas basándose en un blog de humor. Pero ¿a qué le estamos dando a me gusta, qué estamos compartiendo realmente?

Desde hace tiempo me llegan algunas publicaciones de una serie de blogueras que en principio reivindican el feminismo y cuyo mensaje viene a ser, grosso modo, que las mujeres puedan hacer lo que quieran. Hasta ahí me parece bien y es algo por lo que se lleva luchando desde hace siglos. No obstante, en cada escrito veo que ese feminismo no es tal y que se basa en estereotipos, lo cual es una auténtica paradoja. ¿Por qué? Para empezar, los colores que utilizan en sus publicaciones suelen ser tonos pasteles donde el rosa habitualmente predomina sobre los demás. Asocian sus blogs -y por extensión los productos que venden- con estas tonalidades, algunas de las cuales tienen, por ejemplo, los siguientes significados según el marketing:

  • El rosa está asociado a lo femenino y al romanticismo. En tonalidades más claras se vincula con la inocencia y la niñez.

  • El morado/violeta va de la mano del lujo, el poder y la creatividad.

Lo que sucede a menudo cuando una bloguera tiene éxito, es que las empresas se interesan en ellas para asociar su merchandising y aquí aparecen toda una serie de artículos de papelería plagados de color rosa, purpurina, unicornios, citas vacías y absurdas, piruletas, corazones, imágenes de ropa y zapatos de tacón, arcoíris y plátanos a medio pelar (¿sabrán lo que nos quiso decir Andy Warhol?). Parece que son productos pensados para nosotras y que en el siglo XXI seguimos con el rosa, las tonalidades suaves y una serie de imágenes asociadas con las mujeres.

En mi acercamiento a estos blogs, me encontré con algunos casos en los que el referente para ser «divinas y fabulosas» -uno de los mantras que repiten hasta la saciedad- es ni más ni menos que la serie Sex and the City (Sexo en Nueva York), la cual empezó en 1998 y acabó en 2004. Además, tuvo sus secuelas en la gran pantalla en 2008 y en 2010, las cuales fueron dirigidas por Michael Patrick King. A través de diferentes posts se nos pone como modelo a cuatro personajes que en aquella época abrieron un campo no tan trillado sobre relaciones de todo tipo partiendo de su amistad. Y el lujo, los locales de moda y las compras (como afición -un tanto- compulsiva y para llenar vacíos existenciales). Y el monotema por no poder ni querer vivir sin un hombre, sobre todo en el caso de la protagonista, quien en cierto momento prefiere gastarse el dinero del alquiler para comprarse un vestido para estar -cómo no- fabulosa para darle envidia a la nueva pareja de su ex. ¿De verdad este es el referente ideal?

Quise ponerle banda sonora a este texto y elegí la canción Barbie Girl (1997) del grupo danés Aqua

Porque proliferan las cuentas y los blogs que incitan a estar estupenda y/o luchar contra el machismo con la imagen de Barbie. Sí, de nuevo parece que eligieron la ironía (o mejor entenderlo así). ¿Por qué digo esto? Pues porque la muñeca Barbie se creó en 1959 y durante décadas ha servido para poner en el mercado a través de los juegos toda una serie de estereotipos sexistas. En ellos, esta muñeca simbolizaba la perfecta ama de casa en un mundo coloreado de rosa en el que esperaba a su pareja arreglada y a la moda. «Divina y fabulosa», qué casualidad… Otra de las controversias son sus proporciones corporales, que eran tan irreales que durante los últimos años la empresa Mattel las ha ido modificando para tratar de ajustarse a un modelo más real. Sucedió lo mismo con los colores de pelo, ojos y tonos de piel y además se fueron añadiendo cada vez más profesiones para ir acercándose a una mujer competente e independiente. Esta empresa dio un paso más cuando en 1992 creó una Barbie que hablaba y decía cosas que en la serie The Simpsons plasmaron en una gran crítica de un juguete con muchísimas similitudes llamado Stacy Malibú.

Esto nos puede llevar a plantearnos, ¿la imagen de esta muñeca es la más idónea para hablar sobre feminismo y combatir el machismo a través de diversas cuentas y blogs en redes sociales en las que -de manera no tan paradójica- predominan los clichés sobre las mujeres?

También hay que destacar el vocabulario que utilizan determinadas blogueras, con términos tan prolijos como «amigui», «foti» o «guapi». Esos diminutivos no existen -de momento- en nuestro idioma y resultan ser una infantilización o/e idiotización del léxico con el que se relacionan con sus seguidores. En contraposición, otra de las expresiones (pseudo)feministas que suele aparecer es «loca del coño». Obviando lo soez que puede resultar, lo que me parece más peligroso es autodenominarse loca de algo. Este es un término con una gran variedad de acepciones y que se utiliza con demasiada ligereza aunque entiendo el (supuesto) humor y la ironía con el que lo aplican en los blogs. Sin embargo, habría que plantearse que además es una palabra que se ha utilizado desde hace demasiado tiempo para ridiculizar y menospreciar a las mujeres. Así que no es que seamos unas «locas del coño», es que no somos unas locas de nada. Seamos libres de ser y comportarnos como queramos sin utilizar este término con connotaciones negativas.

En definitiva, nos llegan mensajes de algunas blogueras que cada vez tienen más proyección en las redes sociales y que pretenden ser feministas pero a menudo solo se basan en ideas más bien vacías y en demasiados estereotipos sobre las mujeres. Porque está muy bien que te encante el rosa, los corazones, ir de compras y la sensiblería que nos venden pero todo eso no debería representarnos. De hecho, habría que ir muchísimo más allá para dar visibilidad a estilos de vida de mujeres de diversa índole que no se identifican con todo lo aquí visto y que realmente sí rompen barreras. 

Irene Cueto
Irene (Valladolid) tiene el Grado Superior de Piano (Conservatorio Padre Antonio Soler), es diplomada en Magisterio Musical (Universidad Complutense de Madrid), licenciada en Historia y Ciencias de la Música (Universidad de La Rioja), Máster en Creación e Interpretación Musical (Universidad Rey Juan Carlos) y es doctoranda en Humanidades en la Universidad de La Rioja.
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