La Schubertíada de Vilabertran cumplía 25 años y como era de esperar no faltó a la cita Matthias Goerne, su más fiel y esperado participante. Acompañado por Alexander Schmalcz al piano, ofrecieron un fascinante programa alrededor de la soledad, dominado por una selección del Cancionero de Hollywood de Hans Eisler.

Alumno de Schoenberg y el primero en aplicar las técnicas dodecafónicas de su maestro, Eisler despliega en su Cancionero una gran variedad estilística y una eficaz concisión, que retratan de forma punzante la soledad de quien tuvo primero que exiliarse a Estados Unidos huyendo de los nazis, solo para ser deportado más tarde de vuelta a Alemania a causa de su vinculación con el partido comunista, donde la censura tampoco lo dejó tranquilo. Seis canciones de Hugo Wolf y cuatro de Robert Schumann complementaron el programa, explorando una visión más romántica de la soledad.

Goerne hizo gala una vez más de su inmensa musicalidad, arropado por un expresivo Schmalcz al piano. Ambos extrajeron todo el jugo posible de las partituras, con una interpretación basada en un sonido profundo y cuidado y un fraseo que surge de forma natural de la respiración y el silencio. A diferencia del recital del año pasado, una breve pausa ayudó a combatir el intenso calor habitual en la canónica Vilabertran, lo que permitió que el público siguiera con gran concentración la música y los poemas. Un nuevo éxito para la Schubertíada de Vilabertran, que este año contó también con la integral de los cuartetos de Beethoven a cargo del Cuarteto Casals como evento excepcional.

 

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