En la primera vez me siento en la butaca sin más referencias de lo que va a acontecer que la del nombre del director y los dos actores principales. Me siento sin previo aviso envuelto en llamas, pero alguien me sonríe y la luz se abre camino, invadiendo la oscuridad. No hay más sonidos que los pasos de una madre y el latir de su corazón, que es el corazón de la casa, el corazón de un mundo enfermo.

La madre es Jennifer Lawrence, la protagonista del nuevo bebe de Aronofsky, un delirio artístico regurgitado en forma de película: mother!, madre! en la cartelera española. Javier Bardem interpreta a su esposo, un poeta de renombre que atraviesa una fase de bloqueo del escritor. Darren Aronofsky (Nueva York, 1969) dio a luz al monstruo tras un parto de cinco días, imbuido por un ataque de fiebre narrativa, cinco días solo en su casa sin apenas dormir, tecleando como un poseso que atraviesa una epifanía, castigando, lacerando las yemas de sus dedos, emanando el humo que precede a un fuego.

Es el fuego de la casa del poeta, que se incendió, pero luego apareció ella, su inspiración, con tanto amor por él que la empieza a reconstruir de arriba abajo, día tras día, pared a pared, un brochetazo tras otro, una labor de dimensiones faraónicas.

Quiero convertir esta casa en un paraíso

La madre tiene una conexión especial con la casa, puede oir su propio corazón, como si de un ser vivo se tratara. Una casa aislada, en medio de una nada posible en cualquier sitio, tu casa, la mía, la casa de todos. No es una película de terror ni de “casas encantadas”, como el tráiler hace creer; hay terror, sin duda alguna, pero a otros niveles, a niveles tan profundos como profunda esté tu alma, ahí llegará si permites que la película te despedace. Hay que estar dispuesto a pagar este peaje. El frio, los males del planeta, del ser humano, se avecinan, conformando una experiencia sensorial de dos horas única. ¿Como lo consigue? Principalmente, con el impresionante uso de la cámara. Este poema febril ofrece tan solo tres tipos de ángulos y son todos de la madre: primeros planos de su cara, por encima de su hombro y lo que sus ojos ven. Ella eres tú. Tú eres ella. Estás dentro de la casa desde el inicio de la película.

Cuando llega el primer invitado a la casa, que no ha sido invitado por nadie, un doctor interpretado por el gran Ed Harris, y el segundo, una majestuosa Michelle Pfeiffer, que da vida a su mujer, la sensación de tensión contenida, de intranquilidad, como la de una pesadilla que acaba de empezar y todavía no es tal, ese picor por el cuello de que algo no encaja, de que algo anda mal, se cierne poco a poco sobre tu consciencia y va apoderándose de ella.

El recién llegado matrimonio es atípicamente inquietante y son el desencadenante de más personajes extraños que van llegando a la casa, aumentando tu incomodidad. Ambos están espléndidos en sus papeles, el surrealismo en su comportamiento, una rareza no humana, genera en el espectador la risa incómoda, es la respuesta inconsciente al malestar, a huéspedes indiscretos y terribles, que te tratan como si la rara y fuera de lugar fueras tu, en tu propia casa. Mientras, tu marido parece encantado de tener a esta gente alrededor, al poeta se le ilumina la cara para tu estupefacción.

mother! es una pieza de arte ultratransgresora, vulgar pero elegante, explosiva e ingeniosa, con múltiples y copiosas capas, con metáforas y alegorías continuas, la casa es un enorme cubo de Rubik:  las piezas y las combinaciones entre sí son las interpretaciones posibles y las diversas lecturas que de ellas sacas, respectivamente. Dependiendo de por qué lado mires el cubo éste tendrá una apariencia u otra, ahora homogéneo como una cara con las piezas del mismo color, ahora desordenado, cuando las teorías giran por tu cabeza a la velocidad que el cubo en manos de un experto.

En la rueda de prensa del festival de Venecia, un periodista preguntó a Darren si la casa es el paraíso y Ed Harris y Michelle Pfeiffer son expulsados de él. El director sonrió y dijo que había emprendido un buen camino y le animaba a continuarlo, pero que era muy largo. Las interpretaciones son tantas y tan válidas entre si que es un milagro que esta película haya ocurrido. Una de las lecturas centrales y más claras gira en torno a la religión y a como el director la relaciona indivisiblemente al fanatismo y a la destrucción de la persona. Aronofsky, ateo declarado, ensarta a sangre fría en un palo afilado a Dios, a la religión, a la contaminación del medio ambiente y la Madre naturaleza, la avaricia, la codicia, el machismo, la violencia, a las guerras: cuantos más elementos se van sumando al palo, más se inclina éste acercándose al fuego, siendo el palo la película, que es la madre, que eres tú, que es el mundo y sus males……que es en primera y última instancia una sesión de terapia del propio Darren Aronofsky, quien juega a ser Dios y se comporta como tal, haciendo gala de un narcisismo de dimensiones bíblicas, pues lo que subyace es que la película es Él, por encima de actores, lecturas y simbolismos.

“Toda esta gente ha venido solo para verme”

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Disfrutamos del mejor papel en la carrera de Jennifer Lawrence y también el más exigente, reconocido por la actriz misma; espectacular en su gesto contenido, de lucha interior contra la angustia creciente, por guardar las formas en un mundo donde parece que nadie las respeta. Su comportamiento, sin embargo, también es enigmático y misterioso, fuera de sitio en ocasiones. Es la cara del agobio, de la opresión y del sufrimiento. Bardem la acompaña a un nivel altísimo, con una expresión de lejanía constante, de mirada al infinito, a veces quema de tan fría y en otras sale el Bardem que más conocemos, ese carácter fuerte, de amalgama de sentimientos. La mezcla de ambos en la película es explosiva.

Atendiendo a la banda sonora no vamos a encontrarla, no tiene. En las obras más célebres de Aronofsky, Requiem por un sueño (2000) y Cisne negro (2010) la música es absolutamente fundamental, tanto o más importante que el resto de componentes, para tele transportarnos e hipnotizarnos, antes de darnos el subidón definitivo de adrenalina. “Me di cuenta de que cada vez que pones música en una película estás diciendo a la gente como se tiene que sentir. Sin música no sabes lo que va a pasar y eso es lo que queríamos, hacer a la gente sentirse insegura, tan insegura como Jennifer Lawrence”

En su lugar, mother! amplifica los sonidos por encima de lo permitido, donde el girar del pomo de una puerta, un golpe en la cara o el crujir de los peldaños de una escalera se reproducen a escasos centímetros de tu tímpano. Este hiperrealismo sonoro, unido al continuo seguimiento de la angustia de la madre, es un chute en vena de opresión y profundo malestar, lo que no deja de ser habitual marca de la casa del director, pero aquí un meritorio triunfo personal: se ha deshecho de la música, una de sus grandes armas, pero el reto, el hándicap, deviene en lograr su mejor película, a sus casi 50 años.

El desasosiego va avanzando de lento a constante. La madre se siente cada vez más incomprendida, el clima empieza a estar profusamente cargado cuando se sobrepasa la hora de película y esas risas que descargaban la tensión van dejando de oírse en la sala; lo que era un thriller dramático con ambientación de película de terror se transforma de repente en el apocalipsis, capas y lecturas saltan por los aires, al surrealismo reinante se le suma una bárbara y disparatada esquizofrenia que lo engulle todo. Se empieza a ir todo a la mierda y contigo incluido.

Esta película es Jodorowsky puesto de esteroides

Es el cénit de la carrera del director, unos minutos del fin del mundo que deben ser escritos en mayúsculas como de los mejores de los últimos tiempos en el cine, apabullantes, gloriosos, pero eso es lo que seguramente menos te importe a ti en ese momento, porque la tensión te ha mantenido los párpados abiertos, secándote el lagrimal, para ahora darte unas punzadas con una aguja. La película no tiene piedad, pero la poesía de la cámara de Matthew Libatique sí; el fotógrafo de los filmes de Aronofsky siempre transmite belleza, una magia poética añadida a lo que muestra la imagen, ayudando a rebajar el clima pero solo lo suficiente, lo justo como para seguir permitiéndonos respirar, como los fade to white (fundido en blanco, una ruptura en la historia, que da lugar a otro acto) Nada más. mother! no va a ofrecerte ninguna otra licencia ni nada de lo que le pidas, sino todo lo contrario, te lo quitará todo y mucho más.

A los hijos les das, les das y les das….pero nunca es suficiente

A mi mother! me ha destrozado, me arrancó las entrañas tras hacerme sufrir, sin el menor reparo o miramiento, pero para renacer; para volver siendo más fuerte hace falta antes morir. Si vas a verla, si aceptas el reto, que no sea un viernes o sábado noche a un centro comercial, cuando adolescentes y gente joven no preparada para películas profundas van a poder fastidiarte o arruinarte la experiencia. Hazte un favor, ves a un cine de barrio, si tienes la suerte. Si no, ves a verla donde puedas, pero que sea entre semana. Vengo muy recientemente de empezar un camino nuevo en mi vida, cuando justo se atravesó esta película en él. Tras meses sin escribir, sumido en una depresión escondida a plena luz, una charla con un amigo y mother! me hicieron recuperar la pasión, por mi hobby, por las críticas, y poder renacer. He ido a ver la película un total de tres veces, una auténtica autoflagelación, la última tras la cual lloré, me paraba por la calle y tenía que sentarme, no podía más, exploté, por fin, exhausto, como hacia nunca. Joder, puto Aronofsky, esto ha dolido en el alma, pero gracias. Éste soy yo insertando mi sesión de terapia psicológica, de mi vida más personal, en una crítica de una película. En realidad, es a lo que conduce el filme, es lo que Aronofsky quería.

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Si cuando acabe este parto de dos horas, sentís que no habéis entendido casi nada, ignorad el shock un minuto y prestad atención a la canción que suena con los créditos y a su título. Se nos ofrece un regalo musical para terminar de convertir nuestro corazón en cenizas y para que entendamos el mensaje principal, la moraleja primigenia de esta historia. Tendréis que verla hasta el final para averiguarla.

“Hay muchas maneras de entretener a la gente (……) siempre va a haber un nivel en el gusto acerca de cuán lejos se puede llegar y estoy seguro de que habrá gente que no va a querer tener este tipo de experiencia…y me siento totalmente bien con eso, porque fui y he sido muy claro al respecto, acerca de esta película: es una montaña rusa, ven solo si estás preparado para dar vueltas unas cuantas veces” Amén.

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