Ya Spotify me ha llenado el recomendador de listas de navidad. Aquí os dejo una selección por si os toca hacer de DJs en las próximas comidas, cenas, meriendas y otras cosas.



O, mi favorita,

En la mayoría de las canciones de estas listas se hablan de cuatro temas: primero, del supuesto paisaje típico de la navidad, con nieve, abetos, renos y cosas así. Para los que venimos de un territorio que llueve poco y que tiene un clima más bien tropical, las navidades de esa guisa es impensable. Pero es lo que el lado del mundo que manda impone. Hay un momento en que los de la periferia nos movemos al centro, donde en algunos sitios sí nieva. En el mejor de los casos tenemos calefacción, en muchos no. Así que la nieve, el frío, la lluvia y otros asuntos invernales pierden toda su poesía. Eso, claro, si se tiene casa. Que ya ni eso se puede dar por sentado como derecho universal. Las canciones que hablan de este asunto sonarían más parecido a esto que el fum fum fum:

o esta…

o esta…

El siguiente tema clave es la supuesta felicidad que tenemos que sentir porque es navidad. Claro, si se es creyente, Jesús nace y comienza todo. Canción indie para los más creyentes hipsters:

Ojo si os da por cocinar la carne de Cristo antes de comerla…

Pero para los que no, comer, ver a amigos y familia y desearles felices fiestas por algo que nadie cree es la lógica preestablecida de estos días. Nos quejaremos de los kilos de más, del pesado del cuñado, de cocinar sin que nadie lo valore, etc. Posiblemente, nuestro villancico alimenticio debería sonar más como “The Truncated Life Of A Modern Industrialised Chicken” del disco Plat de jour, de Matthew Herbert, una revisión naïf hecha a partir de grabaciones en campos de matanza industrial de pollos.

Está muy bien, porque toda esta recarga de comida y regalos en enero (pensemos en el blue monday) se traduce en compra masiva de productos para adelgazar o para asumir el nuevo peso (es que estar gordo en estos días gordofóbicos es mal asunto), así como otras imperfecciones que la felicidad de la navidad difumina.

Hay luces por las calles y niños cantando villancicos, haciéndonos pensar que durante diez días al año que hay algo así como un amor universal. Y así llegamos al tercer supuesto de las canciones de navidad: la solidaridad. El pobre, que de repente nos da mucha pena y nos invita a aflojar el bolsillo. Las galas donde se muestras a niños con la barriga hinchada, mujeres con moscas en la cara mientras dan a duras penas el pecho a niños famélicos. El resto del año, que se busquen la vida. Pues como los refugiados. Que yo ya tengo bastante con lo mío. Pero, ¡ah! en Navidad, ¡que bien sienta!, ¿eh? Un mensaje al 01678 con la palabra “Ayuda” y como un señor.

VIETNAM

Mujer, ¿cómo te llamas? -No sé.
¿Cuándo naciste, de dónde eres? -No sé.
¿Por qué cavaste esta madriguera? -No sé.
¿Desde cuándo te escondes? -No sé.
¿Por qué me mordiste el dedo corazón? -No sé.
¿Sabes que no te vamos a hacer nada? -No sé.
¿A favor de quién estás? -No sé.
Estamos en guerra, tienes que elegir. -No sé.
¿Existe todavía tu aldea? -No sé.
¿Éstos son tus hijos? -Sí.

Wyslawa Szymborksa

Aquí no van canciones de cantautores hablando de lo mal que va el mundo. Sino una crítica al eurocentrismo, donde nosotros, los de aquí, estamos bien, calientes, tranquilos, mientras los de allá, los de fuera, pues bueno, lo pasan mal, es que la vida es así, el azar o quién sabe, el destino y sus designios. Se trata de cambiar el eje desde el que se mira, y abrir ojos, oídos y manos durante todo el año para renunciar a ciertos de nuestros privilegios, que solo son tan porque son negados a otros y estar atentos a la diversidad de expresiones culturales, pues ellas relativizan las nuestras.

El último tema es la presencia de la mujer como buena,  virgen, madre, cuidadora, servil. Y así lo reproducen muchas mujeres en casi todas las mesas de navidad, con el tranquilo beneplácito de los hombres presentes. Así que la canción que hablaría de este asunto (¡qué incomodidad!) sería esta, o alguna parecida.

Ya me veo los comentarios: Marina, qué aguafiestas, siempre tienes que dar la puntadita, esto es innecesario. Es que la Navidad no se toca, leñe. Pero este artículo no es antinavideño, sino que, al revés, intenta poner música a lo que de hecho pasa en nuestras navidades. Lo único que quiero, fíjense que minucia, es que pensemos qué decimos y qué estructuras repetimos cuando decimos feliz navidad y luego nos vanagloriamos de nuestro ateísmo y nuestra resistencia al poder. Menos mal que, pese a todo, siempre queda la música, lo más inútil y necesario.

Tambien habra que reflexionar sobre la navidad, ¿no?

¡Felices días de vacaciones si los tenéis!

 

 

 

Marina Hervás Muñoz

Doctora en Filosofía, pero con tendencias melómanas y musicológicas. Viajo, leo y escucho todo lo que me pasa por las manos y los oídos. Te invito a mi web: www.marinahervas.com

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