No, este guiño al “nos contó” no hace referencia a aquel disco emblemático del pop español de los 2000. Y sí, Lo que te conté mientras te hacías la dormida fue el más memorable de los retos a la longitud adecuada en títulos de discos comerciales (después del clásico Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana, de El último de la fila, claro).

Pero este guiño, que puede leerse más bien como una profecía, nos lleva al inicio de otra gran crisis. 2008 fue el año en que Leire Martínez se estrenó como la nueva vocalista de la aclamada banda donostiarra con un prudente pero significativo “último” vals. Y es que aquel “primer” single estaba trufado de referencias ambiguas al nuevo comienzo sin Amaia con un “siempre serás bienvenido a este lugar” en el estribillo y un videoclip donde la cantante vagaba taciturna por la calle hasta encontrar un anuncio de “se busca cantante”. Pero en aquel disco, A las cinco en el Astoria, había otro gran tema digno de ser rescatado hoy.

Se trataba de Europa VII, una canción de un elenco de madurez lírica solvente y arreglos sofisticados: probablemente su álbum más “comprometido” tanto política como musicalmente, con composiciones como Jueves o Cumplir un año menos. El tema relata una historia desoladora aunque tamizada de una melodía suave y envolvente que hoy, en plena pandemia global, parece cobrar especial significación (Y sí, estamos al tanto de que el nuevo single del grupo se titula esperadamente Abrázame).

Para empezar, eso de Europa VII no resulta muy aclaratorio. Si bien la canción es una crítica al desarrollismo occidental (por tanto, aceptamos lo de “Europa”) ¿por qué “VII”? Bien, analicemos la letra, que arranca así: “Comienza la desconexión, se acaba el aire y la energía, no queda nadie en el control, la nave flota a la deriva”. Como vemos, esta primera frase dibuja un paisaje nada halagüeño, y aunque distopía y belicismo no son conceptos nuevos en el grupo, aquí parecen decididos a ir al centro del asunto. No hay “deriva” que en el pop nos lleve a buen puerto.

El entorno que parecen esbozar contiene astronautas y naves espaciales (como vemos en el videoclip), y un cierto momento de iluminación personal: “repaso ciencia y religión”, así como de nostalgia: “allí vivía yo”. Ah, Europa VII es el nombre de la nave espacial… lo cual quiere sonarnos a rarezas de Mecano como Viaje espacial o, por qué no, El fin del mundo. Este panorama parece asemejarse a la situación apocalíptica que vivimos hoy (especialmente las imágenes de equipos de protección tan comparables a los trajes espaciales) y a la oportunidad a la reflexión que esta, no obstante, incita: “muerta de miedo en un rincón, pienso en mi civilización (…) allí vivía yo”, añade.

Si las estrofas junto a unos arreglos que insertan sonidos del código morse y de radio nos van llevando en un medio tiempo que va en crescendo; el estribillo, esperablemente más rápido y efectista, aunque no tan pegadizo como de costumbre, guarda un claro mensaje político: “me quito la bandera de mi traje espacial”. Este gesto tan decisivo no nos parece muy alejado de la realidad: nos lleva a esas mascarillas bordadas con la bandera de España que ciertos dirigentes políticos portan y ahora son tan populares, recubriéndose el protegerse de tintes patrios y heroicos. Leire concluye: “y escribo en el reverso que soy de la humanidad”.

Si ya en Geografía el grupo lanzó en 2003 un alegato al multiculturalismo en pleno debate sobre la guerra de Irak y la inmigración masiva a España, aquí advertimos una crítica al nacionalismo ante una situación de catástrofe. Catástrofe como la que estamos viviendo ahora y a la que los partidos políticos aluden con ingeniosos alegatos como “anticuerpos españoles” o caceroladas “abanderadas” desoyendo el confinamiento, así como gobiernos independentistas que parecen no colaboran en el cómputo de decesos de la pandemia.

Si en un hilo de Twitter encontramos un profundo análisis de aquel “Lo que te conté…” en clave marxista, en Europa VII ahora nos topamos con un aspecto profético que resulta sobrecogedor: “Y yo escucho esta retransmisión para que suene en el futuro y sirva de lección”. Recalquemos: “sirva de lección”. Además, hablan de “gotitas” que violan la gravedad, de “sufrir la colisión”, y muchas referencias que sin duda, escuchadas desde la experiencia del COVID-19 no son pasteladas (como tanto se le ha reprochado al grupo) pues aluden a una cuestión delicada en nuestro tiempo: el contacto corporal.

Por último, y como el inteligentísimo letrista Xabi San Martín hace siempre con sus temas (cerrándolos con un broche de oro muy cercano al lenguaje publicitario), en el último estribillo modifica ligeramente la letra: “La frágil existencia milagrosa y casual, la vida más pequeña vale mil veces más que la nación más grande que se invente jamás”. Palabras que podían ser aplicadas a las noticas, más centradas hoy en crispaciones políticas y en el dilema de terrazas y playas que en el número de muertos diarios (pues aunque afortunadamente ha descendido mucho, siguen muriendo personas).

En estos momentos de reflexión, ya que se están revisando los ideales estoicos sobremanera, tal vez sería congruente hacernos eco del mensaje de La Oreja de Van Gogh (y de paso redescubrir un disco rico en significados) para seguir la lección cosmopolita de los primeros estoicos griegos y romanos para entender “nuestra radical interdependencia”, como dice la filósofa Mónica Cavallé, puesto que, a fin de cuentas, “el hombre no está para servir a la política sino la política para servir al hombre”.

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