¿Esto es mi regalo……?

¿Esto es mi regalo……?

Seguramente estimado lector, alguna vez has recibido un regalo de esos que prometen. La sola vista sobre el paquete perfectamente envuelto anuncia que el regalo será de esos que atolondran los sentidos. Te dispones a abrir el obsequio y sientes palpitar tu corazón lleno de emoción, y tras penetrar en el secreto oculto por tanto adorno, tu alma directamente se va por el sumidero al ver que aquel tan espléndidamente anunciado regalo no es otra cosa más que… un objeto, cosa u articulo más y que además, sinceramente, no sabes dónde vas a colocarlo en tu casa.

Al que escribe, se le quedó cara de ¿de verdad esto es mí regalo? El pasado sábado 9 de febrero al salir del concierto dado por la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya. Saber que Maria João Pires vendría a tocar Mozart era causa suficiente para llenar, como de hecho sucedió, l’Auditori. Su dilatada carrera la avala como una exquisita intérprete del genio de Salzburgo. Aún recuerdo las tardes que pasé en mis juveniles años de formación en el conservatorio, escuchando sus maravillosas lecturas de las sonatas de Mozart. Esto hacía que el regalo estuviera asegurado, y si además agregamos, que en reciente fecha su agente en Londres anunciará que tras casi 70 años de carrera se retira de los escenarios, la cita era ineludible. Quedan muy pocos mitos vivos para dejar pasar la oportunidad de disfrutar de ellos.

El programa era potente, primero una obra de estreno del maestro Ferran Cruixent  comisionada por la FUNDACIÓN SGAE, AEOS y la misma OBC. Deus ex machina es una obra interesante, con un lenguaje atractivo al público, aunque necesitada de más desarrollo en todas sus potencialidades. Nos plantea una serie de reflexiones interesantes sobre lo que el mismo autor denomina “la fascinación por la dependencia humana de la tecnología“. La expresión fue acuñada por Aristóteles, refiriéndose a que dentro de las tragedias griegas, era una maquina quien traía a escena a los actores que, haciendo los papeles de dioses, resolvían el entuerto planteado en la trama de la tragedia. La máquina entonces, se constituía en la portadora de una ayuda resolutiva, externa y divina, en este punto  Cruixent se pregunta y nos confronta ante ese constante depender de las máquinas y en concreto, de nuestros móviles, para resolver casi todo en nuestra vida. Utilizando entre otras técnicas el Cyber Singing, los músicos utilizaban durante la ejecución de la obra sus teléfonos móviles donde previamente se habían descargado un archivo MP3 enviado por Cruixent y que es un elemento más de la obra.

Llegó el plato fuerte, el concierto para dos pianos y orquesta núm.10 en Mi bemol mayor KV 365 de W.A.Mozart y junto a Maria João Pires apareció Ignasi Cambra, estupendo pianista catalán que desde hace años trabaja con la maestra Pires en el proyecto “Partitura”. Kazushi Ono inició la ejecución de la obra y ya desde los primeros compases la sensación de “¿es esto mi regalo?” lo impregnó todo. Por un lado la OBC se tomó literalmente como un bolo más la obra de Mozart, cosa nada extraña por cierto (se ve que el Salzburgués  es demasiado clásico para el ecléctico paladar de muchos músicos) en una lectura plana y fría  del acompañamiento orquestal. Ciertamente, en el plan original de Mozart, el peso de la obra recae sobre los solistas, restando mucho de su habitual papel a la orquesta. Pero lo que se  escuchó en la sala Pau Casals esa noche fue algo absolutamente rutinario y casi burocrático. Se creó sobre el escenario algo realmente sorprendente, en una interpretación, dijéramos a tres niveles: en un nivel muy alto, Maria João Pires, mostró por qué es quien es, leyó la obra dándole una musicalidad y una elegancia maravillosas. A una buena distancia de ella Ignasi Cambra, que pese a todos sus esfuerzos nunca logró hacer un todo con la maestra Pires. Se le notaba nervioso, por momentos apresurado y esto, influyó y mucho en su calidad musical. El resultado fue que el dúo de pianos nunca logró cuajar cabalmente y la obra, en su parte solista, quedó muy deslucida, al ser escrita por Mozart para dos intérpretes en igualdad de condiciones. En un último nivel, la OBC que, como ya apunté, trató a la obra de Mozart como requisito más para dar continuidad al concierto, cosa que preocupa y mucho, porque demuestra que cuando el programa gusta a los músicos, logran interpretaciones de primer nivel, cuando por las razones más peregrinas, el programa o alguna obra no les interesa, el esfuerzo es mínimo y la calidad de la misma orquesta, antes maravillosa, es francamente muy deficiente.

La última obra del programa fue la Primera sinfonía en Do menor, Op. 68 de Johanes Brahms. Obra maravillosa, llena de la energía y el vigor de un Johanes Brahms que se sabe poseedor de una maestría absoluta a la hora de trabajar. Todo está perfectamente meditado y contrastado en esta partitura que su autor trabajó durante casi catorce años. De hecho, la obra sinfónica de Brahms en su conjunto es fruto ya de un compositor muy maduro y con muchas obras a sus espaldas, lo que hace harto difícil poder decantarse  por alguna de ellas como la mejor. Todas son perfectas en su escritura y todas son un universo perfectamente bien concatenado en sí mismas. La lectura de Kazushi Ono siguió la tónica del concierto, no logramos escuchar la mejor versión de nuestra orquesta, quizás para hacerlo tengamos que esperar un nuevo programa, dijéramos, más inspirador que saque lo mejor de todos.  De cualquier manera, pese a que regresé con cara de “vaya, esto fue mi regalo” la oportunidad de haber escuchado a  Maria João Pires en su última gira de conciertos, es un hecho a guardar en la memoria, y muchos lo haremos. Muchos le debemos grandes momentos, de esos que no se olvidan.

La música clásica está bien viva: Fröst y la OBC interpretan Hillborg

La música clásica está bien viva: Fröst y la OBC interpretan Hillborg

Se ha hablado mucho del futuro de la música clásica1, de la necesidad de acercarla a nuevos públicos (especialmente a los jóvenes) y de renovar una serie de convenciones formales ancladas en el pasado que condicionan tanto a espectadores como a compositores. Puede parecer algo complicado, pero lo cierto es que hay multitud de ejemplos de iniciativas que, aunque de momento solo puntualmente, logran romper con la rutina de la programación clásica. La receta es sencilla: una programación coherente con objetivos artísticos definidos, interacción con el público, y un enfoque pedagógico. Formaciones como la Budapest Festival Orchestra liderada por Ivan Fischer, la Aurora Orchestra o el Quantum Ensemble, por mencionar unas pocas, demuestran en cada actuación la efectividad de estos planteamientos. En ocasiones las propias obras ya conllevan un cambio en el formato tradicional de concierto, como en el caso del concierto para clarinete «Peacock Tales» de Anders Hillborg, escrito en 1998 para Martin Fröst. (más…)

De la oscuridad al más esplendoroso amanecer.

De la oscuridad al más esplendoroso amanecer.

Cuando se diseña el programa de un concierto, se puede proceder de muy diversas maneras. El típico paradigma de concierto de una orquesta sinfónica, que consiste en: una obertura, un concierto solista y tras un intermedio, una sinfonía, aún es muy socorrido por orquestas de todo el mundo. También se  puede programar girando en torno a una temática, ya sea histórica, literaria, o incluso, política. Pero lo que la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña hizo en el programa presentado los días  15, 16 y 17 de diciembre, fue zambullirse en el abundante repertorio germánico y presentar tres obras  de épocas bien diferenciadas de la historia alemana, contando además, con un solista de excepción: el gran violista alemán Frank Peter Zimmermann.

La primera parte del concierto estaba integrada por dos obras peculiares: la primera de ellas fue una trascripción para violín y orquesta realizada por Wilfred Fischer (en el programa de mano escrito Ficher)  sobre el concierto para teclado y orquesta núm. 1 en Re menor BWV 1052  de Johann Sebastian Bach, y por la hermosa Fantasía en Do mayor para violín y orquesta Op 131 de Robert Schumann. En ambos casos se trata de la primera lectura de ellas por parte de nuestra orquesta.

Sinceramente, la OBC no se encontró nunca ni medianamente cómoda con la obra de Bach. Es un repertorio que, al menos en este caso, fue interpretado de manera muy superficial y sin atender a los detalles mínimos de fraseo y de articulación que el estilo exige. Fue una lectura bien realizada, sin mayor repercusión musical. Por momentos, incluso, pese a los esfuerzos de los primeros atriles que siempre estuvieron manteniendo la cohesión del grupo, se tenía la impresión de que algo no funcionaba bien, parecía que el maestro Ono, director titular de la orquesta, entorpecía la comunicación entre el solista y los músicos. En general, la sensación no fue buena y el regusto final fue que estábamos ante una obra que no había sido bien interpretada.

En el caso de Schumann, las cosas comenzaron a cambiar, tanto el solista como  la orquesta, se encontraron en un territorio mucho más familiar. Zimmermann mostró la enorme calidad técnica que lo respalda como unos de los grandes violinistas de la actualidad, esto sin detrimento, claro está, de su enorme estatura musical. La orquesta estuvo mucho más afortunada, acompañando y reforzando el discurso musical del solista. Kazushi Ono, mostró, el enorme instinto musical que siempre lo ha caracterizado, atento a los balances tan problemáticos siempre en Schumann, cuidando que la orquesta fluyera con soltura y naturalidad en torno de una obra, que está escrita para lucimiento de un gran solista: el mítico violinista alemán Joseph Joachim, amigo íntimo no solo del matrimonio Schumann, sino también, de Johannes Brahms.

El intermedio llegó, y todos nos preparamos para escuchar el plato fuerte del programa. Obra de una gran dificultad técnica y musical, que marcó un hito desde su estreno efectuado en 1896, y que es en palabras de su autor: “Glorioso, de lejos la más importante de todas mis obras, la más perfecta en forma, la más rica en contenido y la más individual en carácter”. Me refiero al poema sinfónico Así habló Zaratustra de Richard Strauss.

Cuando en 1896 Strauss en una carta dirigida a Cosima Wagner le informa que está trabajando sobre el Zaratustra de Nietzsche, ella se lo tomó en un principio  como una  broma, para posteriormente confesar, que pese a no conocer el libro, algo tendría de significativo que había generado en Strauss la necesidad de trabajar sobre él. El resultado de apenas 6 de meses de trabajo, fue una obra maestra que requiere de una dotación instrumental enorme y sobre todo, de una orquesta al nivel de semejante reto. La OBC y su titular brillaron con una intensa luz tras la oscuridad de la primera parte. Si al inicio hubo indefinición, en Zaratustra todo encajó casi milimétricamente y dejó muy claro el alto nivel musical de nuestra querida orquesta, que en obras como estas, desarrollan todo el músculo que han logrado acumular en todos estos años de duro trabajo, tanto con el maestro Kazushi Ono como con anteriores titulares. Un gusto tremendo escucharles en plenitud de facultades.

No quisiera terminar está humilde crónica sin mencionar a un actor muy destacado de nuestro concierto, que brilló por momentos muy notoriamente en él y que son los más diversos tosidos y sonidos varios que parte de la concurrencia aportó al concierto aquí reseñado. Ya en el programa de mano, intentaron prevenirse contra ello, a tal grado ha llegado esto, que la orquesta solicita que se intente controlar el efecto sonoro de semejante malestar respiratorio, acudiendo a un simple pañuelo para contener el sonido generado, pero se ve que al menos en esta ocasión, no obtuvieron una buena acogida a sus ruegos, porque, por ejemplo, mientras el maestro Ono tejía la pausada y grave fuga correspondiente al pasaje llamado “ De la ciencia”  en los últimos momentos de  Zaratustra, eran mucho más notorias las toses que hacían un contrapunto a la citada música que la obra misma. Esperemos que un poco de educación y buenos modos, o como antes se le llamaba, simple y llanamente urbanidad, solucione al menos en parte este problema.

Barcelona cuenta sin lugar a dudas con una orquesta de primer nivel y muestra de ello, es ver en cada uno de sus conciertos, la sala casi llena, integrada por un público cada vez más heterogéneo, que está respondiendo a la calidad musical de su orquesta y también, por qué no decirlo, a una buena estrategia comercial que está logrando impactar poco a poco en las diferentes capas de la sociedad, bravo por ello, continuemos  disfrutando.

 

La OBC cierra la temporada: la lección de Joaquín Achúcarro y algunas reflexiones sobre como diseñar un programa

La OBC cierra la temporada: la lección de Joaquín Achúcarro y algunas reflexiones sobre como diseñar un programa

Gustav Mahler es uno de los compositores más interpretados en los cierres de temporada de la OBC, y aunque quizás el austríaco tiene otras sinfonías más imponentes para este menester, Kazushi Ono escogió la que seguramente sea la más popular para el programa número 24 de la orquesta. La «modesta» duración de la Titán ha motivado de nuevo un programa sin coherencia aparente, siguiendo el típico esquema de obra de calentamiento y/o compromiso (Cuadro de presencia, de Fabià Santcovsky), obra con solista (concierto para piano nº20 de Mozart) y para acabar obra de lucimiento para la orquesta (Primera sinfonía de Mahler). (más…)

Suculento banquete con Ray Chen

Suculento banquete con Ray Chen

El programa número 18 de la OBC era a priori uno de los más interesantes de la temporada: significaba el debut en Barcelona del violinista Ray Chen y de la directora Simone Young, y además con una obra extraordinaria pero inusual como la Serenata de Bernstein. Es una lástima que el programa de mano no estuviera a la altura de la ocasión. El texto de Javier Pérez Senz no contenía más que información superficial sobre las obras, sin ofrecer claves para facilitar la comprensión de las mismas y potenciar su disfrute. No es de extrañar que el público no muestre mayor interés por ciertos repertorios si aquellos que deberían formarles y motivarles no hacen su trabajo. (más…)