The Deuce: 42nd Street

The Deuce: 42nd Street

El tándem Simon – Pelecanos ha vuelto a la acción con una nueva ficción televisiva para HBO: The Deuce. Ficción cuyo cuarto capítulo se estrenará el 1 de Octubre y cuya producción ya ha renovado con HBO para una segunda temporada.

The Deuce narra el nacimiento de la industria pornográfica en el corazón de la Manhattan de los 70. Sus personajes trasladaran a la pantalla la marginalidad, la picaresca y el abuso de poder que se vivía en la 42nd Street con Broadway. Una realidad que nada tiene que ver con la actual Manhattan; donde vecinos y multinacionales han conseguido limpiar los restos de aquella Nueva York de los 70. Dentro del elenco actoral destacan James Franco haciendo doblete interpretando a los dos hermanos gemelos: Vincent Martino y Frankie Martino, y Maggie Gyllenhaal en el papel de Candy, una mujer prostituta que trata de superar las dificultades que encuentra entre su vida laboral y personal.

Según una crónica de The New York Times, ni Simons ni Pelecanos estaban convencidos de poder desarrollar una ficción basada en el lado este de la 42nd Street de Manhattan. Sus famosas historia de burdeles, clubs de striptease y salas XX ambientadas en esos años eran demasiado recurrentes y usadas.

Fue un técnico de localizaciones de Treme quien instó a Simons y a Pelecanos a que visitasen a un viejo amigo suyo de Manhattan cuyas vivencias podrían inspirarles. Esta persona (que falleció poco antes de que se estrenara la serie y cuyo nombre se mantiene en el anonimato) fue quien les desentrañó las historias de chulos, prostitutas, policías y mafias que se movían en los años 70 alrededor de aquella industria naciente del porno.

Crear una narración coral, basada en relatos reales, para sacar a relucir los secretos de una industria de poder, como puede ser el porno, era algo que sí coincidía con el modus operandi del tándem Simons- Pelecanos.

Después de los tres primeros capítulos de la serie, y a juzgar por las entrevistas realizadas a David Simon, James Franco y Maggie Gyllenhaal, podemos deducir lo que nos deparará The Deuce: Simon y Pelecanos escanean y retratan la Manhattan de los años 70 de forma similar a como lo hicieron con el Baltimore de los 90 en The Wire y el Nueva Orleans post Katrina en Treme.

Además, en The Deuce el centro narrativo vuelve a girar entorno “la ilegalidad” y el abuso de poder, con toda la violencia y desesperanza que ello conlleva. El propio Simon en una entrevista mencionaba como estéticamente se habían inspirado en films oscuros como Report to the commissioner (1975), Serpico (1973) o Taxi Driver (1976), consiguiendo retratar esos años setenta no con nostalgia, sino con un aire de decadencia y desasosiego.

Uno de los aspectos más interesantes de The Deuce es la inclusión de una perspectiva de género que hace de esta ficción una obra muy interesante dentro de la trayectoria de Simon. Esta nueva perspectiva, construida bajo diferentes visiones, abre las puertas a la reflexión y a un debate necesario y de actualidad: ¿qué papel juega el feminismo a la hora de considerar el trabajo sexual?

La mujer que tiene necesidad de explotar su cuerpo a cambio de un beneficio económico se convierte en el punto angular de esta ficción. Para simplificar: la objetificación de la mujer, dentro de un sistema patriarcal, produce beneficio económico; y es este hecho el que mueve los intereses de chulos, inversores, mafiosos y hasta de la policía.
La narrativa de The Deuce no trata de construir un arquetipo sobre las mujeres prostitutas, tampoco se reduce a representarlas como personaje colectivo que sufre conjuntamente los mismos problemas y aplica las mismas soluciones. Por el contrario, encontramos personajes explotando su cuerpo sexualmente por diferentes motivos y en diferentes condiciones, con voz y presencia individual, algo que, dentro de la ficción televisiva jamás se había visto.
El vínculo chulo-prostituta también es retratado en la serie: chulos que velan por “sus mujeres” a cambio de un porcentaje del beneficio que estas reciben. No solo eso, sino que se encargan de sacar el máximo rendimiento económico de sus jornadas de trabajo. En el primer capítulo, Lori (interpretada por Emily Meade), la nueva prostituta de la zona, les cuenta a las chicas como prefiere trabajar para un chulo porque si no tiene esa presión se vuelve “vaga y perezosa” para trabajar. También el maltrato emocional y el sometimiento de las chicas hacia los chulos queda patente: los vínculos emocionales y de dependencia que generan ellas hacia ellos.

Dentro de esta norma general de la calle, en la que cada chica pertenece a un chulo, existen excepciones y Candy (Maggie Gyllenhaal) es el reflejo de ellas: prefiere no tener que rendir cuentas a nadie y obtener todo el beneficio económico de su trabajo a pesar del peligro que eso conlleva.

El personaje de Candy representa de una forma muy viva una parte del movimiento feminista que equipara la prostitución con cualquier otro trabajo: cada una puede obtener beneficio económico como quiera y de forma libre, y la prostitución es un modo más de hacerlo. En una secuencia, la propia Candy iguala su trabajo con el trabajador de una tienda de automóviles: la función de uno es vender automóviles y la de la otra es hacer que el cliente se corra.

A pesar de que todas estas visiones tejen un retrato diverso de la sociedad de la Manhattan de la época, aquello que late debajo de cada una de estas historias parece deslumbrar la completa incapacidad del sistema capitalista para construir una sociedad que conviva con justicia e igualdad. La corrupción, la utilización del cuerpo como producto económico, la desigualdad de clase, raza y sexo y la marginación social se consolidaran como moles inamovibles.

Todo apunta a que Simons y Pelecanos volverán a introducirnos en una ficción con una fuerte crítica a otra estructura socioeconómica de poder, consiguiendo, una vez más, hacer visible aquello que incomoda mostrar.

Rick, Morty y la sempiterna lucha entre Identidad y Diferencia

Rick, Morty y la sempiterna lucha entre Identidad y Diferencia

Este verano dediqué una parte de mi tiempo libre a conocer y visionar la serie americana de AdultSwim “Rick and Morty” (ya lo sé: es bastante imperdonable que no la conociera de antes). Este producto televisivo me pareció muy interesante. En él se daba un humor transgresor del estilo de “Family Guy”, con temas remotamente relacionados con la Ciencia (al estilo de “The Big Bang Theory”) pero, sin embargo, en ningún caso daba la sensación de estar visionando un plagio de ninguna otra serie. Hay algo original que rezuma en el ambiente de ese espectáculo.

En cualquier caso, lo más interesante de esta serie televisiva es, en mi opinión, algunos debates clásicos del pensamiento que saca a relucir. Me centraré en uno sugerente para mí, que surge en el 3r episodio de la 2ª temporada. El susodicho episodio, titulado “Erotic Assimilation”, pone sobre la mesa el debate recurrente sobre Identidad y Diferencia. Una entidad llamada “Unity”, coloniza un planeta haciendo que todos sus habitantes sean parasitados por ella y, por ende, pierdan su personalidad y voluntad propia. Es decir, se elimina toda Diferencia y sólo prevalece una voluntad.

Sin embargo, cuando Rick llega a dicho planeta (acompañado, por supuesto, de su nieto Morty y también, esta vez, de su nieta Summer), pervierte a “Unity” (que es una antigua amante) y esto posibilita que su control sobre el planeta se desvanezca. Esta situación provoca conflictos, violencia, desorden, etc. Es decir, en otros términos: una Identidad fuerte prevalece eliminando/arrinconando toda Diferencia pero, en cuanto esta Diferencia consigue abrirse de nuevo paso, genera problemas. A pesar de la convicción de Summer, que creía que era importante dar cabida a esa Diferencia. Era importante, en términos de Summer, que cada uno pudiera ser sí mismo. Pero esto, parece ser, no resulta efectivo…

Toda esta historia podría quedarse en otro pasaje cómico, sin más, de la serie. No obstante, creo que la sátira que se desprende de todo ello, no es baladí. De forma habitual, a muchas personas les gusta reivindicar el derecho a que todas las opiniones y todos los pareceres tengan cabida. Sin embargo, a menudo se concibe (puede que incluso por las mismas personas), que una Identidad fuerte tiene sus ventajas. Esto se puede deber a que se entiende que es “más fácil de gestionar”.

En un pensamiento único no hay discusión y conflicto, hay “paz”. Pero, según yo lo veo, esta dicotomía entre dar paso a la Diferencia o negarla es falsa. Parte de un error de principio: estipular que la discusión y el conflicto es intrínsecamente “malo”, que no estar de acuerdo en todo es un problema de por sí. Obviamente: la mayoría abominará la violencia y la destrucción. Pero entre el intercambio de pareceres y la destrucción no hay sólo un paso cuantitativo, sino, sobre todo, cualitativo. No son los que reclaman, de hecho, la legitimidad de la Diferencia los que acaban produciendo esa violencia si no que son los que creen en una Identidad fuerte y sin fisuras los que suelen abusar de esa violencia para, precisamente, no dar lugar a esa Diferencia. Es decir, a través de la violencia se gana una “paz” que realmente no merece ese nombre porque es un eufemismo de “muerte”.

Si hablaramos de termodinámica, los que aspiran a una Identidad fuerte que no admita Diferencia aspiran a eliminar toda entropía. Es decir, en la no-admisión de la Diferencia hay una pulsión de muerte. Y sí, sin Diferencia conseguiremos un mundo tranquilo: un mundo muerto.

De hecho, si no hubiera Diferencia no habría cabido para el humor. Ni, por supuesto, para “Rick and Morty”. Porque bastaría con afirmar la “Verdad” y no se admitiría cuestionarla.

PD: Me reservo para otro momento hablar de este mismo capítulo con otra clave y tema importante: el amor. En concreto, con otro tópico: sobre el potencial destructivo del amor.

Alex Mesa
Doctorando del Departamento de Filosofía de la UAB. Investigo “acerca del rastro del humor en la tradición occidental”. Te respondo: a menudo no hace ni pizca de gracia.