El Despertar de las Hormigas: la entrevista.

El Despertar de las Hormigas: la entrevista.

“Carlos, la actriz protagonista Daniela Valenciano estará presente en la entrevista junto a Antonella, si te parece bien” Estoy en la sala de espera y recibo esta noticia como quien recibe un regalo inesperado. Las costarricenses Antonella Sudasassi y Daniela Valenciano son directora y actriz principal de El Despertar de las Hormigas, la cuarta película en la historia de Costa Rica que participa en el festival de cine de Berlín, la Berlinale. El proyecto salió adelante con coproducción española.

El Despertar de las Hormigas es una pequeña revolución en forma de noventa y cuatro minutos de talento: pertenece a ese tipo de películas donde uno sabe que, por alguna razón, va a permanecer en su memoria. Es la historia del despertar de Isabel (a la que da vida Daniela Valenciano) quien vive junto a su marido y sus dos hijas en las afueras de San José, capital del país. En una humilde casa de madera, Isabel gana su sustento como costurera y su marido la presiona con tener un tercer hijo, algo que vemos sería económicamente inviable. Sueños despiertos, dinero escondido, cabello que se cae y una fotografía de enorme nivel artístico conforman esta pequeña gran historia, la pequeña gran revolución de Isabel. Entro en la sala de entrevistas y ahí están juntas. A Antonella le brilla la sonrisa y a Daniela le vibra el alma.

Hoy (por el 10 de febrero) se ha estrenado El Despertar de las Hormigas para la prensa y en dos días tenéis el estreno mundial al público. ¿Como os sentís?

Daniela Valenciano: Muy nerviosa (estalla en una risa que nos contagia) Nunca me he visto en una pantalla grande y claro, una hace una película pero no sabe que película va a ver.

Antonella Sudasassi: Es la primera vez que Daniela actúa para cine y ella misma no la ha visto todavía, es un gran estreno para ella. Yo viví en Berlín un tiempo y volver acá con la película es increíble…ya era un sueño cuando venía como público al festival.

El Despertar de las Hormigas es un rara avis en las tendencias del cine actual. Hay un gran balance de emociones, no la definiría ni como una película triste ni como una alegre. ¿Buscaste Antonella este balance a propósito o cómo surgió?

A.S: La idea era hacer una película que no fuera necesariamente confrontativa. Se habla de los temas a través de la cotidianeidad y quería demostrar como en las pequeñas cosas sigue habiendo patrones conservadores que hace falta cambiar. Lo vemos en el cambio del personaje de Isabel. Yo quería que el público no juzgara tanto sus decisiones sino advertir que dentro de ella algo ya cambió y nada va a ser igual. Las cosas se empiezan a cambiar de a poquitos y un ejemplo de ello es el movimiento #metoo: las grandes revoluciones llegan de generación en generación, pero el cambio empieza en pequeñas cosas del día a día. En Costa Rica no hay una sumisión absoluta de la mujer al hombre pero hay un montón de pequeñas cosas -quien gestiona el dinero en la casa o la presión familiar por tener más hijos- que hay que cambiarlas y hace falta decisión. Y tiempo.

El papel del marido (interpretado por Leynar Gómez) descoloca porque genera una tensión entre él e Isabel que no se sabe por dónde va a salir. ¿Cuál es el rol del hombre en la Costa Rica actual?

D.V: El rol cambia dependiendo de donde uno viva. En el centro de San José la gente quiere cambiar porque ven que el mundo ya está cambiando pero en las afueras los patrones patriarcales están más arraigados. Isabel desearía hablar y expresar lo que siente, pero es más fuerte el rol donde la ha instaurado el sistema, el del miedo a las reacciones de los demás. Ella no puede cambiar su vida pero sí ayudar a que la de sus hijas sea diferente, a través de pequeñas acciones, detalles del día a día. Hormiguitas.

A.S: Yo vengo de una familia con muchísimas mujeres. Crecí viendo cómo mis tías y mis abuelas vivían para estar al servicio de los demás y así es como te educan, olvidándose uno de uno mismo. Eso se traslada a las relaciones personales y de pareja, donde lo das todo porque así es como hemos aprendido a amar. Aprendemos que ese es el rol femenino y cuesta aprender a preocuparse por una misma. Yo tengo treinta y dos años y no lo aprendí ayer, pero sigue ocurriendo.

¿O sea que esa tensión que comentaba nace de ella, de Isabel?

A.S: Sí, a no hacer lo suficiente para cumplir las expectativas de los demás.

D.V: Es una pequeña cosa por dentro (como una hormiguita que te pica, añade Antonella) que te dice que algo se podría hacer de manera diferente y por eso Isabel no toma a veces las mejores decisiones; quiere sentir que ella tiene el poder de decidir sobre su vida y no la estructura social en la que vive. Yo soy madre y rompí esa relación normalizada que hay con un hijo, los dos somos muy independientes, pero a veces tengo trabas con mi mamá cuando cuestiona mis propias decisiones como madre.

A cargo de la cámara está Andrés Campos, asimismo director de la fotografía. ¿Cómo trabajasteis juntos y cómo fue la elección de los planos?

A.S: Yo estudié Comunicación con énfasis en la Producción Audiovisual y siempre me ha interesado mucho la fotografía. Era la primera película que Andrés hacía en Costa Rica y el trabajo de foto fue muy difícil, porque nosotros no ensayamos nunca: todo era en función de la improvisación y la cámara no sabía dónde se iba a mover. A las niñas nunca se les enseñó el guion ni se les dijo lo que tenían que decir, de ahí la naturalidad que se siente en la película. Lo que hicimos es trabajar con ellas creando vínculos personales para que se sintieran cómodas, pero nunca ensayamos. Daniela, que sí había leído el guion, guiaba de alguna manera la sucesión de los eventos pero todo en función de la improvisación. Así que decidimos lo siguiente: como no sabíamos dónde nos íbamos a mover, rodamos en una casa pequeña y la iluminamos entera, 360 grados, así la cámara podía elegir donde centrar la atención, en Isabel y su marido o siguiendo a las niñas cuando salían corriendo de aquí para allá. Todo podía pasar.

Es fascinante la presencia que tiene el pelo en la película. Desde un lado cultural, ¿qué importante es el cabello en una mujer?

A.S: Desde hace siglos el cabello es un símbolo femenino de la belleza y eso es lo quería rescatar, esa idea de que el pelo largo es lo que te hace mujer. Había visto una noticia sobre la mujer con el pelo más largo de Brasil y salía el marido diciendo que así lo quería él, porque le encantaba el pelo largo aunque el gasto en champú era muy alto. La mujer apenas salía en la entrevista.

D.V: En este momento en Costa Rica, si yo me corto el pelo no puedo acceder a ciertos trabajos como actriz porque ya no soy femenina. En la publicidad las mujeres tienen el pelo largo y ese es el estereotipo, que si te lo cortas te verás masculina y no les gustarás a los chicos.

Y la última pregunta, ¿cuál es la situación de Costa Rica en materia de producción y distribución?

A.S: Ahí estamos muy atrasados porque en nuestro país no hay Ley de Cine. Nuestro único fondo es el Fauno -presupuesto ordinario del centro de cine de Costa Rica– y si desaparece ese presupuesto el cine podría morir, porque no hay nada regulado por ley. Por eso para terminar películas casi siempre hay que hacer coproducción con otros países. Y bueno, la distribución es ya casi imposible, sobre todo una película como la nuestra que no es comercial y tiene un lenguaje distinto al que están acostumbradas la mayoría de las personas. Los cines en Costa Rica solo pasan películas comerciales, solo hay uno con una programación diferente en el que ver por ejemplo películas de festivales y cine europeo. Y allí estrenaremos en junio la película. Paso a paso, como una hormiguita.

Carlos Ibarra Grau

Entiendo la realidad a través del cine, al que dedico gran parte de mi tiempo y de mi vida. Me diplomé en Turismo y vivo en Berlín desde 2013, trabajo en el Deutsche Bank y asisto semanalmente a salas de cine y eventos cinematográficos. La poesía es mi segunda pasión. Puedes seguirme en twitter en @cineypoesia y en Instagram en @gato_grau

Gracias a Dios

Gracias a Dios

Gracias a Dios (Grâce à Dieu, de François Ozon) es una película basada en hechos y en tiempo real que denuncia casos de pederastia en la Iglesia francesa. Entre 1986 y 1991 el Padre Preynat abusó de casi cien niños de entre nueve y diez años, quienes tres décadas después se han atrevido a hablar. A cargo del arzobispado de Lyon, el Cardenal Barbarin encubrió todos los hechos. Decía que en tiempo real porque es ahora: el pasado lunes siete de febrero se inició en Lyon un juicio contra Barbarin, acusado de no informar de estos abusos. El siete de marzo se dictará la sentencia. Por desgracia el Padre Preynat ha sido previamente absuelto, pues según la ley de prescripción francesa sobre la violación de menores, se establece un plazo máximo de 20 años para emprender acciones legales desde que la víctima haya alcanzado la mayoría de edad. Las víctimas ya habían sobrepasado los cuarenta años.

Con un ritmo prodigioso, la película empieza directa y sin miramientos con la correspondencia entre Alexander, un buen cristiano en sus cuarenta y pocos padre de cinco hijos, y el Cardenal Barbarin en el año 2014. Tras descubrir Alex que el cura que abusó de él seguía ejerciendo y con menores a su cargo, exige en estos emails la renuncia del Padre Preynat por pederastia, quien sorprendentemente acepta reunirse en persona con Alexander: “Siempre sentí atracción por los niños, es una enfermedad, lo sé, pero no tiene tratamiento (…) algunos padres me atacaron y causaron desperfectos en mi casa pero que yo abusara de los niños no es razón para que los padres fueran violentos conmigo” La respuesta de Alexander hiela la piel porque conocemos la ceguera que causa eso que llaman fe: “Padre, estoy haciendo esto por el bien de la Iglesia, no quiero destruirla, soy católico”

Así muestra el director François Ozon de manera trepidante -y sin que perdamos el hilo de los hechos- a diferentes victimas que siguen el ejemplo de Alexander y se suman a la denuncia, relatando sus propios casos y detalles de los abusos. Si bien éstos nunca son explícitos – la cámara cambia siempre a tiempo de que veamos nada- el sufrimiento de estas personas relatando por primera vez lo ocurrido en su niñez es demoledor: arrastran todo tipo de traumas y cicatrices en sus personalidades, inseguridades en su sexualidad y marcas internas muchas de ellas de por vida. De entre todas las actuaciones destacan Swann Arlaud y en especial el gran Denis Menochet, famoso por encarnar en la durísima Custodia Compartida (Jusqu’à la garde, 2017) a un violentísimo padre de familia. De abusador a abusado, la compleja profesión de un actor de cine.

En la rueda de prensa posterior al estreno de la película François Ozon hablaba de las dificultades para sacar adelante el proyecto: “Lyon es una ciudad increíblemente católica. Hemos filmado en Bélgica y Luxemburgo, pero en Lyon tan solo las primeras escenas, porque allí el catolicismo es muy grande. Fue difícil encontrar la financiación porque la Iglesia y la pedofilia es un tema que molesta a mucha gente, que no quieren verse involucrados”

Pero hay que involucrarse y “Lo privado es político” es el lema de esta Berlinale 2019. Cada año el festival alza un slogan desde cuya perspectiva leer las películas que vamos a ver. The private is political es un lema surgido durante la segunda ola del feminismo a principios de la década de los 60. La frase buscaba poner de relieve las conexiones entre la experiencia personal (lo privado) y aquello que es público (del griego polis) que es exactamente lo que movimientos actuales como el #metoo o el #speakup vienen a rescatar. Numerosas películas de esta Berlinale están abordando la avidez de la sociedad contemporánea por carraspear fuerte y gritar, sacando a la luz aquellas injusticias que durante muchos años fueron un nudo en la garganta. Que lo privado quede en casa es algo ya obsoleto en pleno 2019: vivimos en una sociedad intercomunicada que nos ofrece plataformas para denunciar todo aquello que no está bien. De esta manera, son los hombres los que en Grâcie à Dieu encuentran la valentía para denunciar los abusos que sufrieron y son sus mujeres las primeras que apoyan su lucha, conocedoras de que también es la suya. Si la Berlinale se ha venido definiendo en los últimos años como un festival político, que Gracias a Dios ganara el Oso de Oro no vendría sino a dar la razón de que estamos tomando el camino correcto. Con o sin la ayuda de Dios.

Carlos Ibarra Grau

Entiendo la realidad a través del cine, al que dedico gran parte de mi tiempo y de mi vida. Me diplomé en Turismo y vivo en Berlín desde 2013, trabajo en el Deutsche Bank y asisto semanalmente a salas de cine y eventos cinematográficos. La poesía es mi segunda pasión. Puedes seguirme en twitter en @cineypoesia y en Instagram en @gato_grau

La amabilidad de los extraños

La amabilidad de los extraños

La película inaugural de esta Berlinale 2019 ha sido The Kindness of Strangers (La amabilidad de los extraños) de la directora danesa Lone Scherfig (An Education, 2009) El grueso de este artículo viene a reparar lanzas más que a romperlas, a tratar de hacer entender que el mundo es un lugar mejor de lo que nos han hecho creer y que mientras haya un vecino que salude no todo está perdido en la comunidad. En el último año del director Dieter Kosslick, una película de Lena Scherfig ha abierto la Berlinale. Hace dieciocho años en 2001, su primera vez a cargo del festival, otra película de Scherfig fue la elegida para inaugurarlo. Bonita manera de despedirse, auf Wiedersehen maestro.

The Kindness of Strangers cuenta la historia de Clara (protagonizada por la Zoe Kazan de La Gran Enfermedad del Amor) quien escapa con sus dos hijos nada más empezar la película, en vista de los malos tratos que su marido ha empezado a infringirles. Esta mujer trata de mantenerlos a flote bien con hurtos en tiendas, bien recurriendo a la ayuda de extraños. Y estos extraños acarrean asimismo sus propias losas. Esta es la moraleja de la película: uno no se deja ayudar por alguien cuya situación es envidiable sino por alguien que asimismo atraviesa dificultades. Así es la empatía, energía, karma, psicología o fuerzas del universo. Para subsistir, Alice (la dulce Andrea Riseborough) se triplica entre su trabajo en el hospital como enfermera, dando terapias de grupo en una iglesia y prestando ayuda en comedores sociales. Hasta que ya no puede más. O Marc (Tahar Rahim), quien tras cuatro años de cárcel pese a ser inocente encuentra un trabajo en un restaurante. Diversos personajes, todos ellos de ojos tristes pero llenos de amor, van encontrándose de una manera u otra. Pese a un reparto elegido con gran acierto, The Kindness of Strangers ha sido tildada por una parte importante de la prensa como “azucarada, naif o maniquea” nada más finalizar su estreno. ¿Y sabéis qué? No hagáis ni caso. Id a verla cuando llegue a los cines o la estrenen las plataformas. Más allá del mensaje, es una película de una factura excelente.

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No se debe pretender transformar a un pesimista en un optimista si nosotros mismos no predicamos con el ejemplo y dejamos de avergonzamos de cómo somos. Un pesimista se define a sí mismo como realista. Un optimista no se define, se refugia en el miedo a la incomprensión y a ser tildado de infantil, así que no comparte su visión interior. Estos son los tiempos en los que vivimos. Es por ello que en el cine el término medio- así como la clase media en la sociedad- amenaza peligro de extinción, dejándonos dos bloques de películas bien diferenciadas: historias semi alegres – semi tristes con dosis de comedia y dramas desesperanzadores. Dado esto, es ejercicio sano -y casi obligatorio- alzar la voz o el bolígrafo cuando uno topa con una película que pertenece a ese término medio que tanto escasea. Uno que muestre las tribulaciones de sus personajes sin que terminen ahogándose en ellas, sino demostrando que a veces se sale a flote. En el cine moderno, Hollywood nos ha hecho ver tantas veces la misma historia con un predecible final feliz que los críticos de cine aborrecen una película si ésta no termina mal. Yo alzo la voz ante un cine tan realista como el de los pesimistas, uno hecho con talento que nos permita mantener la esperanza y no caer en la desconfianza al prójimo.

Pues Lone Scherfig defendió en rueda de prensa a los personajes de sus películas, a los que no considera superhéroes, y a su manera de hacer cine, cuyos finales no considera necesariamente felices. Ella es realista a su manera, a esta manera: “Yo creo en manejar grandes problemas con historias íntimas (…) El mundo es un lugar duro, pero me gusta hacer sentir a la gente que pertenecen a la comunidad”

Carlos Ibarra Grau

Entiendo la realidad a través del cine, al que dedico gran parte de mi tiempo y de mi vida. Me diplomé en Turismo y vivo en Berlín desde 2013, trabajo en el Deutsche Bank y asisto semanalmente a salas de cine y eventos cinematográficos. La poesía es mi segunda pasión. Puedes seguirme en twitter en @cineypoesia y en Instagram en @gato_grau

Berlinale 2019: el fin de una era

Berlinale 2019: el fin de una era

Se va el hombre del sombrero negro y la bufanda roja. El festival de cine de Berlin, más conocido como la Berlinale, vuelve como cada año a principios de febrero, en esta ocasión entre el jueves 7 y el domingo 17. La despedida de Dieter Kosslick, director de la Berlinale durante los últimos 18 años, supone el fin de una era y el inicio de otra del festival de cine más grande y de más público del mundo. Cultural Resuena estará allí otro años más cubriendo el evento de manos de un servidor.

Medio millón de visitantes y 330.000 tickets vendidos en diez días. Es como la segunda navidad en la capital alemana. Los números avalan la gestión de Míster Berlinale pues, para entender la magnitud, desde que Kosslick se hizo cargo en 2001 el presupuesto del festival ha pasado de 11 a 24 millones de euros y las venta de entradas ha aumentado en un 40%. Pero una gran parte de la crítica y del periodismo en general dicen que la Berlinale ha perdido fuelle y es una sombra de lo que fue. ¿Y por qué? Porque en este mundo las modas y las directrices del éxito vienen desde Hollywood a través de sus estrellas, son éstas las que dictan lo que triunfa y lo que no. A diferencia de los festivales de Cannes o Venecia, la Berlinale apuesta más por el talento por descubrir y por películas de un carácter poco comercial, una apuesta exitosa si miramos los números año tras año y que demuestra que otro tipo de películas y de maneras de hacer cine siguen suscitando el interés de muchísimas personas; esto es algo que debería alegrar a la crítica y sus periodistas en lugar de enfadarlos. Martin Freeman, Christian Bale, Catherine Deneuve, Tilda Swinton, Jamie Bell, Charlotte Rampling o Juliette Binoche son solo algunos de los nombres que pisaran la alfombra roja en esta edición. Juzguen ustedes. Si son suficiente estrellas o no en un evento en el que prima el cine político y social, historias fidedignas al contexto actual, arriesgadas y valientes que nada tienen que ver con el glamour. Ni falta que hace.

A Berlín llegará Isabel Coixet, la gran abanderada española presenta Elisa y Marcela o, lo que es lo mismo, la primera película de la historia producida por Netflix que la Berlinale acepta en competición; aprende del error de Cannes al dejar escapar a la Roma de Cuarón que Venecia no dudó en abrazar. Elisa y Marcela cuenta el amor prohibido de dos mujeres a principios de siglo pasado, una historia real en la que el propio festival ha puesto el foco y que podría alzarse con el Oso de Oro a mejor película. Coixet sería la primera española de la historia en conseguirlo y la tercera mujer consecutiva en los últimos tres años.

                                                                                          Elisa y Marcela

Hablando de mujeres, en este 2019 ellas dirigen 7 de las 17 películas en competición, representando un 41% del total. En Cannes el año pasado la cuota de mujeres fue de un 17% y en Venecia un terrible 4% (solo 1 de las 21 películas en competición) La escasa presencia de directoras en la industria del cine no solo es debido a su poca visibilidad, es que en realidad hay pocas mujeres dirigiendo películas. Necesitamos más mujeres al frente de las producciones para añadir calidad y diversidad al cine, pero tienen el acceso mucho mas complicado que los hombres. Tenemos que seguir luchando por el progreso.

España estará presente en otras nueves películas en esta Berlinale 2019, de las que destacan dos esperadísimos cortometrajes dentro de la sección Berlinale Shorts:

  • Suc de Sindria, dirigida por la barcelonesa Irene Moray.
  • Leyenda dorada, codirigida por el donostiarra Ion de Sosa y el ilicitano Chema García Ibarra, a quienes Cultural Resuena entrevistará unos días previos a finalizar el festival.                             

Siguiendo en el apartado hispanohablante Cultural Resuena tiene cerrada otra entrevista, con la directora costarricense Antonella Sudasassi que presenta en El despertar de las hormigas una fantástica historia de sueños despiertos, hecha con una inteligencia que rezuma belleza y talento en cada escena. Otra de las novedades será el retorno del guatemalteco Jayro Bustamante; quien ganara un Oso de Plata en 2015 por Ixcanul vuelve cuatro años después con Temblores, un drama punzante acerca de la homofobia y del fanatismo del cristianismo en Guatemala. Tanto Brasil como Argentina volverán a ser, una edición más, los países sudamericanos con mayor representación entre todas las secciones.

Destaco en el apartado internacional -dentro de la sección Panorama– a la siempre excepcional Geraldine Chaplin, herencia viva del mítico Charles Chaplin, quien protagonizará junto a Udo Kier La fiera y la fiesta, film rodado en la República Dominicana que está despertando mucha expectación. Siguiendo en Panorama, resalto otras tres películas: la coreana Woo Sang, porque la enorme calidad del cine coreano siempre nos trae alegrías, la norteamericana Skin, con un Jamie Bell (Billy Elliot) haciendo de neonazi renegado al estilo Edward Norton y también de EEUU llega Light of my life (Luz de mi Vida) donde Casey Affleck (el bueno de los hermanos) dirige y protagoniza una historia de corte independiente dentro de un bosque en un futuro post apocalíptico.

Y llegamos a la joya de la corona o sea a Competición, o sea a las películas que se disputarán el Oso de Oro con Isabel Coixet. Tendremos al maestro Zhang Yimou, uno de los mejores directores asiáticos en activo, a François Ozon con una historia de abusos sexuales de la Iglesia en Grâce à Dieu, a la vuelta con The Golden Gloves del hijo pródigo alemán Fatih Akin, ya ganador del Oso de Oro en 2004 o a la polaca Agnieszka Holland con Mr Jones y la historia del legendario periodista Gareth Jones. Otros nombres ya conocidos en el circuito europeo y algunos debuts completan un total de 17 películas. Especialmente me llama la atención la macedonia Dios existe, su nombre es Petrunya con una peculiar y original mezcla de géneros que podría dar la sorpresa.

Y por último las estrellas, que están fuera de competición. El señor Christian Bale aparecerá el lunes día 11 pisando la alfombra roja para traer Vice, donde encarna al diabólico exvicepresidente americano Dick Cheney. Un día antes, Diane Kruger y Martin Freeman estrenarán un thriller de agentes del Mossad israelí en The Operative. El actor brasileño Wagner Moura (Narcos, Tropa de Élite) ha dirigido su primera película titulada Marighella acerca de un guerrillero que luchó contra la dictadura de Brasil en 1964. Y por encima de todos, los 90 años de la última Grand Dame del cine: Agnès Varda. En lo que parece su adiós definitivo, la belga hará en Varda par Agnès un repaso a toda su carrera durante dos horas, dos horas de una de las pioneras del cine feminista.

Llegará entonces la Berlinale a su fin, tras diez días de paneles, de discusiones sobre Netflix y el streaming, del futuro de las salas de cine, de talentos que cuentan sus experiencias y como aprender de nuestros errores, diez días de correr en el metro para llegar a una película y seguir luego corriendo para llegar a la siguiente, de gente sentada en los bancos mirando el programa de la Berlinale, decidiendo entre esa maraña de 400 películas, de esas ruedas de prensa mágicas en las que directora y actrices respiran por un corazón excitado tras el estreno, de hacer entrevistas cambiando a última hora una pregunta por otra, diez días de apenas comer y dormir aún menos. Morir, dormir: dormir, tal vez soñar. El fin de una era y el principio de otra. Se va el hombre del sombrero negro y la bufanda roja.

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Carlos Ibarra Grau

Entiendo la realidad a través del cine, al que dedico gran parte de mi tiempo y de mi vida. Me diplomé en Turismo y vivo en Berlín desde 2013, trabajo en el Deutsche Bank y asisto semanalmente a salas de cine y eventos cinematográficos. La poesía es mi segunda pasión. Puedes seguirme en twitter en @cineypoesia y en Instagram en @gato_grau

MTV o la personificación del mal

MTV o la personificación del mal

El próximo domingo 4 de noviembre, se celebrará en el Bilbao Exhibition Centre (BEC) de Barakaldo la gala de los European Music Awards de la MTV. Además, durante toda la semana previa, se llevarán a cabo conciertos -gratuitos y de pago- en diferentes lugares de la provincia, como Durango, Getxo o Barakaldo, culminando con un macro concierto que se celebrará en San Mamés, el estadio de fútbol del Athletic de Bilbao, el sábado 3 de noviembre. Hasta aquí, todo normal. Por un lado, Bilbao continúa con su estrategia de convertirse en la ciudad de los servicios y los grandes eventos por excelencia, situando en la programación cultural mainstream la base de su proyección al mundo. Por otro, las voces disonantes y las protestas hacia el millonario gasto municipal y provincial de este acontecimiento no se han hecho esperar. En esta ocasión, sin embargo, la dimensión que ha adquirido la polémica trasciende, a mi modo de ver, el a veces demasiado simplificado debate de la desigualdad de fuerzas de las culturas locales y globales. Como no podía ser de otra manera en este siglo nuestro de las ofensas morales, a la inicial tensión que estas políticas culturales -tan habituales ya en Bilbao- están generando en ciertos sectores de la población se le han sumado una especie de pánico moral y su consiguiente caza de brujas, que, lamentablemente, forman parte ya del pan nuestro de cada día. Me refiero a la polémica que en Euskadi ha suscitado la reciente noticia de la inclusión del grupo de rock Berri Txarrak  en el cartel del concierto de San Mamés. Vayamos, pues, por partes.

Con el objetivo de visibilizar la ya mencionada protesta contra esta política de los grandes eventos, se creó una plataforma ciudadana que ha iniciado una campaña con la intención de boicotear la gala de MTV. Con el eslogan “Piztu Bilbo, itzali MTV” (“Enciende Bilbao, apaga la MTV”), la plataforma denuncia la utilización de “nuestro espacio urbano a modo de escaparate y [la venta de] las múltiples identidades y la cultura vasca como simple folclore vacío”. Y añade que “la intención (…) es (…) aprovechar el simbolismo que esta compañía estadounidense tiene para denunciar el actual modelo de
ciudad que está perdiendo su característica identidad popular, pero sobre todo para poner en valor que todavía hay otro Bilbao popular y plural” (texto completo en: https://www.lahaine.org/fK6Q). Como casi siempre, el problema no está en la campaña, sino en las vías de actuación que se eligen para defenderla. En este caso, como la cosa va de música, la campaña se ha difundido a través de una canción (que se puede escuchar aquí). Pero resulta que, tanto en la estética como en el significado de la letra, encontramos algunas contradicciones que hacen que el mensaje se diluya.

De un lado, la denuncia a lo que la MTV simboliza se realiza a través de una estética tanto musical como visual que emula demasiado al medio que pretende criticar. Con una mezcla de rap, hip-hop, reggae y ska, la reivindicación de lo local solamente se intuye en que el idioma en el que se canta la canción es el euskera. Estos estilos musicales se utilizan habitualmente como símbolo de lo popular –entendido, en este caso, como identitario y de clase-, ya que, supuestamente, se trata de tipologías musicales que surgen en estratos sociales bajos, en barrios periféricos, y que, en principio, están alejados de la llamada música comercial. Sin embargo, tal es la fuerza de la industria cultural, que, a estas alturas, no sé hasta qué punto puede entenderse de esta manera.

De otro, en cuanto a la letra de la canción, ésta consiste en un totum revolutum de reivindicaciones y estereotipos. Con todo, lo más llamativo es el tono, que, en ocasiones, resulta de un moralismo enternecedor. Sirvan de ejemplo los siguientes versos:

Laurogeita hamarreko hamarkada                               La década de los noventa
soilik musikari zuzenduta zegoena                               la que sólo estaba dirigida a la música
denborak aurrera egin ahala                                        que con el paso del tiempo
Ignorantzia piztu duena                                                ha encendido la ignorancia
sexu, droga, jaia, estereotipo denak finkatuz               sexo, droga, fiesta, fijando todos los estereotipos
Musika kendu ta iraintzen gaituena                              nos quita la música y nos insulta

Se entiende aquí que la MTV personifica todos los males de nuestra sociedad, haciéndola responsable nada más y nada menos que de “enquistar todos los estereotipos”, que no son otros que los que aparecen en el manido “sexo, drogas y rock’n’roll” y que ya no escandalizan a nadie. Esta atribución de la responsabilidad de todos los males que están acabando con nuestra forma de vida -el capitalismo, la globalización, el inglés como idioma imperialista, el sexismo, el racismo, etc.- a un enemigo concreto y único, además de tener un tufo de moralina difícil de soportar, funciona como una vía fácil de quitarse de encima toda responsabilidad personal. La realidad es, por suerte o por desgracia, mucho más compleja que esto y la estrategia de crear ese “pánico moral” entre la población deja de ser creíble en el momento en que el vídeo se difunde por Youtube, Twitter y Facebook, plataformas globales que también forman parte del monstruo capitalista. Tampoco es creíble que los autores del vídeo hablen en nombre de la “juventud vasca” como un todo homogéneo que rechaza las iniciativas de la MTV, cuando las entradas que se han puesto a la venta para estos conciertos -exclusivamente para personas residentes en Bizkaia– se acabaron en menos de una hora.

Pero la cosa no termina aquí. Como ya he mencionado, hace unos días se dio la noticia de que Berri Txarrak iba a actuar, junto con Muse y Crystal Fighters, en el macro concierto del 3 de noviembre. No creo que nos equivoquemos si sospechamos que este movimiento institucional de última hora ha venido motivado para acallar las críticas que también se le han dirigido a la organización ante la ausencia de grupos locales en la programación. Sin embargo, esta decisión ha traído otro debate a las redes sociales, y la gente se ha entretenido –y nos ha entretenido- discutiendo sobre si Berri Txarrak “debería” haberse negado a actuar en este monstruoso evento. Las redes, pues, se han dividido entre quienes creen que los integrantes del grupo se han vendido al capital y quienes creen que hacen bien en aprovechar el escaparate para llevar el euskera y la cultura vasca hasta los últimos confines de la tierra. ¿Qué opino yo? Pues que ni una cosa ni la otra.

Me llama la atención la ligereza con la que repartimos lecciones morales a los demás, sobre todo si los demás se dedican a alguna actividad artística. Exigimos que los artistas tengan una actitud ejemplarizante, no sólo con algunos valores universales, sino con los valores que nosotros mismos les imponemos. Proyectamos en los músicos que nos gustan los valores éticos que nos gustaría que tuvieran y exigimos que actúen, no ya como nosotros lo haríamos, sino como creemos que “deben” actuar ellos. Olvidamos que vivimos todos inmersos en un sistema que continuamente nos pone frente a nuestras propias contradicciones. Berri Txarrak es un grupo de rock que se ha mantenido a base de trabajo, vive de su música y lo hace cantando en euskera. Ha preferido ser cabeza de ratón que cola de león. Y tampoco hay que olvidar que ha sido el niño mimado de instituciones, radios y demás vías de difusión en Euskadi. Esto de la MTV no deja de ser una anécdota y la reproducción a escala de campo de fútbol de lo que ya venía sucediendo.

El problema fundamental de este tipo de polémicas está en que la energía se malgasta en la dirección equivocada. La simplificación de las realidades complejas nos lleva a una situación peligrosa, que, en este caso, se traduce en vanos esfuerzos para tratar de destruir lo indestructible, en vez de intentar construir lo posible, Y, al final, todo se queda como estaba. La MTV seguirá ahí, igual que lo harán el BBK Live y otro sinfín de macro eventos. Tenemos la opción de situarnos en medio de la vía del tren y pretender que éste descarrile, aunque seguramente nos lleve por delante. O dejar que el tren pase, sin poder evitar que haya gente que quiera montarse en él, y dedicar nuestros esfuerzos a crear, fomentar y apoyar, cada uno desde la posición que desee, las pequeñas salas de conciertos, las iniciativas culturales de nuestras ciudades y los artistas locales. Sin olvidarnos de que, hasta el más puro de los espíritus, se da de vez en cuando un paseo por Los 40 Principales, Operación Triunfo, Apple, Twitter y se toma una Coca-Cola.

 

Ainara (Orduña, 1983) es licenciada en flauta travesera (Centro Superior de Música del País Vasco, Musikene, 2007) y en Historia y Ciencias de la Música (Universidad de La Rioja, 2015), Máster en Musicología Aplicada (Universidad de La Rioja, 2016) y doctoranda en Humanidades por la Universidad de La Rioja. Compagina su actividad profesional como intérprete, formando parte de diferentes formaciones dedicadas tanto a la música clásica como a la experimental, con la investigación y la docencia.

Alexandre Vidal Porto en Hay Festival: vida, política y cultura

Alexandre Vidal Porto en Hay Festival: vida, política y cultura

Segovia acogió el Hay Festival los días 10 y 17-23 de septiembre con la edición Imagina el mundo. Con representantes internacionales de todas las artes, estuve en la entrevista al escritor y diplomático Alexandre Vidal Porto (São Paulo, Brasil) en el espectacular entorno arquitectónico originariamente del siglo XIII del Convento de Santa Cruz la Real

Este escritor tuvo una interesante conversación con Lorenzo de’ Medici y en ella Vidal Porto fue mucho más allá del famoso «He venido aquí a hablar de mi libro» de Francisco Umbral. Porque cuando una persona combina bien diversas facetas a priori tan diferentes como el ser diplomático y escritor, puede resultar que estas se entremezclen en la ficción y en la realidad.

En este evento Vidal Porto habló mucho de su vida y aparentemente no tanto de su obra. Lo que sucede es que hay que entender que la vida da paso al arte y el arte a la vida, sobre todo en determinadas personas. Porque a través de sus propias experiencias personales y profesionales, este escritor plasma en sus libros y en sus apariciones la dura realidad que viven millones de personas que luchan por la dignificación de su manera de ser y de vivir. De esta manera le da voz y visibilidad a los homosexuales y a los transgéneros y su lucha por los derechos humanos. Uno de los ejemplos de esto lo encontramos en su segunda obra Sergio Y. vai à América (2012), con la que ganó el Premio Paraná a la Mejor Novela. En ella se adentra en la búsqueda de un migrante en Estados Unidos -algo que el propio autor vivió- que es el paciente de un psiquiatra porque además Sergio Y. es una persona transgénero que, de pronto, abandona la terapia. De manera que este personaje tiene una doble búsqueda vital de sí mismo, algo que el propio escritor explicó que él vivió durante años. Sin embargo, en este libro no es el paciente quien nos cuenta esta búsqueda, sino su psiquiatra Armando, quien a su vez y gracias a este paciente, hace su propia búsqueda y reflexión personal cuando se entera que su paciente desaparecido es una persona transgénero.

Una de las cosas que destacó Vidal Porto en esta entrevista es que no hace demasiado tiempo no se hablaba de estos temas tan abiertamente como ahora -aunque todavía queda mucho por hacer-, porque de lo que no se habla, parece que no existe. Además, actualmente hay una lucha por dar visibilidad a estas realidades pero, a su vez, han surgido movimientos radicales que demonizan a las personas que se salen de los cánones preestablecidos según determinados ideales. En el caso de Brasil, Vidal Porto señaló que existe una persecución en la que se entremezclan estos ideales con temas políticos a raíz del cambio de Gobierno y resulta necesario no solo darles visibilidad, sino también luchar por sus derechos.

En esta entrevista también se planteó si podría suponer un problema ser un diplomático y escritor homosexual, tanto por el tema político en sí como basándonos en lo que se está viviendo en Brasil. Como espectadora, considero que es una magnífica oportunidad para ayudar a abrir los ojos y la mente a nivel internacional sobre la interrelación del poder y lo que este conlleva para la sociedad en general y para la sociedad de cada país en particular. En el caso concreto de Brasil, tener a una figura tan carismática como Alexandre Vidal Porto debería resultar sumamente beneficioso.

(Foto: Historia de España)

Irene Cueto

Irene (Valladolid) tiene el Grado Superior de Piano (Conservatorio Padre Antonio Soler), es diplomada en Magisterio Musical (Universidad Complutense de Madrid), licenciada en Historia y Ciencias de la Música (Universidad de La Rioja), Máster en Creación e Interpretación Musical (Universidad Rey Juan Carlos) y es doctoranda en Humanidades en la Universidad de La Rioja. Compagina la docencia con la investigación, la interpretación y la divulgación.

El retorno del vinilo

El retorno del vinilo

Un año más la Feria Internacional del Disco de Barcelona ha vuelto para demostrar que aunque el formato digital es el que predomina, el antiguo disco de vinilo que fue olvidado en los primeros años del Compact Disc ha vuelto y con renovadas fuerzas. Desde las compañías que se dedican a reeditar catálogos enteros de grupos y discográficas, algunas con código de descarga en formatos digitales, al engrasado mercado del disco de segunda mano, el vinilo vive una segunda juventud.

En la feria hay cabida para todos los formatos CD, cintas de cassette, DVD pero el rey es sin duda alguna el vinilo; el negro acetato que algunas veces se divisa en los más variados colores, o incluso en formato picture disc con imagenes impresas. Esta variedad de colores es la que pudimos encontrar en forma de nutrida colección en torno a la banda Metallica; ediciones de un mismo disco en un amplio surtido cromático, discos originales, ediciones especiales, packs en latas y bootlegs* del grupo de metal.

Esta XXV muestra tuvo una muy buena representación de vendedores europeos, así como del Estado Español, y de las mejores tiendas de discos de la ciudad condal. Entre el público, solitarios buscadores de joyas discográficas a buen precio, los diggers que buceaban entre montones de cajas sin clasificación alguna para encontrar el tesoro; y aquellos que venían a la feria con la lista de la compra, buscando aquel disco que les faltaba en sus colecciones. También se vieron adolescentes que acompañaban a su padre, madre o a ambos en la labor de la búsqueda de discos o material de la banda amada por sus progenitores. Se puede decir que la feria es un punto de encuentro individual y familiar, que hace de correa de transmisión de valores y gustos musicales, entre barceloneses, pero también de aquellos llegados del resto de Europa y ocasionales turistas.

En mi caso fue una grata sorpresa encontrar una edición francesa del disco de Harry Belafonte editada en 1956, junto a algunas joyas a muy buen precio, y una reedición de Harvest de Neil Young. Si la colección define al coleccionista tanto como el coleccionista define su colección, la mía es una mezcla de memorias de infancia con este formato analógico. Recuerdo sostener un disco de Triana y quedarme fascinado con la impresionante ilustración de Máximo Moreno: eso fue amor a primera vista. Más tarde, entrada la adolescencia, como momento en el que se fragua la afición musical, vehiculando la frustración y el desamparo emocional, hallé en el rock y el metal más crudo una puerta de escapatoria. Y ya en una etapa más madura, y gracias también a los hallazgos en vinilio, he desarrollado un amor incondicional hacia aquella música de raíz africana que ha trascendido, por imposiciones históricas, el continente negro, interesándome no sólo por su presencia en el omnipresente e importante foco norteamericano, sinó también por toda su influencia tanto en el cono sur, como en el caliente corazón de América, el Caribe. Todo ello cabe en mi colección, como forma de deleite pero también de nostalgia que permite rememorar ciertos momentos de la vida. Chavela cantaba que “uno vuelve a los sitios donde amó la vida”, y ¿no es la música uno de los mejores medios para llegar a esos lugares?

Mi fascinación con el formato de 33” no es solo por el contenido, pues otra de mis pasiones es la imagen, y no puede olvidarse que el primer impacto de un disco es también visual. Por eso fotógrafos y artistas gráficos han tenido incursiones en portadas y artworks musicales. Como ejemplo, el trabajo del fotógrafo Jean-Paul Goude para la icónica Grace Jones, los trabajos del colectivo artístico Hipgnosis, para Pink Floyd y Led Zeppelin, o el extenso trabajo del diseñador Vaughan Oliver para el sello discográfico 4AD.

Ahora toca esperar un año, o visitar los pequeños comercios que resisten el embate de lo digital, para poder observar, tocar y escuchar un buen vinilo. Mientras, voy a poner la aguja sobre un clásico ibérico…”dicen que tienes veneno en la piel, y es que estás hecho de plástico fino…dicen que tienes un tacto divino, y quien te toca, se queda con él”…

 

* Bootlegs es el nombre que reciben las ediciones no oficiales de directos, o del material de estudio, que poseen un gran valor entre los connaisseurs de un artista, por la rareza que representan

El cine español ya no es lo que era (Berlinale 2018)

El cine español ya no es lo que era (Berlinale 2018)

Lo que fuera que fuese ya no lo es y no lo volverá a ser. La criatura ha crecido por fin y cada año es más fuerte, viaja al extranjero, ha mejorado su inglés y empieza -por méritos propios- a ser respetada en su propio país. Nos empezamos a quedar sin razones para criticar al cine español. El salto de calidad de nuestro cine en la última década no cesa, con obras de una vez maduras en estilo, género y forma.

Estas cinco producciones nos representaron en la Berlinale 2018. Cuatro películas y un documental que lo explica todo:

 

El malagueño Ramón Salazar ha creado con La enfermedad del Domingo un género nuevo -diríase- mezclando géneros y subvirtiendo estilos, dando como resultado una película inclasificable. Un thriller de estética futurista, con una gama de colores y una luz espléndida, misteriosa, creando una atmósfera onírica de malas vibraciones, como de insalubridad -imagina que una capa de polvo muy fina cubre el espacio donde respiras- y de apariencia postapocalíptica, con personajes que parecen vivir aislados de una civilización a la que ignoran. Una película de innovación y de clase. Treinta años después de ser abandonada, una hija (Bárbara Lennie) se presenta en casa de su madre (Susi Sánchez), con una simple y extraña petición. Esta es la premisa. Ambas fabulosas, transmiten un vacío -una carencia en la emoción- que traspasa la pantalla: el vacío del abandono, gestos de caras con capas de pérdida y de existencia irrelevante.

Una extraña tensión domina los diálogos, silencios entre frase y frase y preguntas sin responder son coreografiados con un metrónomo defectuoso, uno que ya no emite tic tac pero sigue marcando el pulso. El abandono es un acto anti natura que pervierte la vida que será, logrando una película de fría melancolía por unos recuerdos que no pudieron llegar a ser.

 

“Era un 2 de novembro, pola noite, durmía intranquila e de súpeto sentimos. Non podía falar, non podía moverme, non podía emitir ningún son, so sentía frío” En la sierra de O Courel, a unos noventa kilómetros al sur de Lugo, la gallega Diana Toucedo capturó la vida que hay en la ausencia. Tras seis años de trabajo, esta cineasta de fuego en el cabello retrata en Trinta Lumes otra manera de percibir el mundo. Madera carcomida por la lluvia, antiguas lápidas rotas y casas abandonadas, su cámara los recorre junto a quienes todavía allí viven, en aldeas olvidadas. La lluvia y el viento son la manifestación de lo invisible, de esa «otra percepción» La pequeña Alba de doce años vive dentro de esa riqueza cultural gallega, de leyendas y mitos: “No me gusta acercarme a las ventanas, porque puede tocarme el aire de los difuntos. Me gustaría poder acercarme más, pero me paraliza el miedo” Lume significa fuego en gallego, pero en la sierra de O Courel también es hogar, familia, aquella casa que está en activo. Es el 2 de noviembre, día de los Difuntos y a través de Alba advertimos, por fin, a las lumes, treinta almas que brillan en otro mundo, uno tan legítimo, real y veraz como ese nuestro tan científico que impera.

 

Cuenta Isabel Coixet que tardó diez años en sacar adelante La Librería, a nadie le convencía su guion: «No pasa nada ¿no?» «¿Por qué no hay una historia de amor?» Parece ser que la historia de amor por la lectura no era suficiente, comenta. Florence Green (interpretada por Emily Mortimer) abre en 1959 la primera librería en un pueblito inglés, contra el desprecio y burla de una elite pedante que dicta lo que es cultura y lo que no. Basada en una novela “extraña y muy seca, nada sentimental, donde todo pasa con distancia” según la propia directora, es para mí una película incompleta. La actuación de Bill Nighy es excelente, como arquetipo de señor británico reprimido y emocionalmente no muy hábil, encerrado en su casa leyendo libros, decepcionado con un mundo que considera espantoso. Mortimer, la actriz protagonista, no encaja sin embargo en la película igual que Green no encaja en el pueblo, unida a la sobreactuación como rica déspota de una Patricia Clarkson que tampoco ayuda, pese a ser una gran actriz. Un film apacible cuyos chistes agradables no me terminan de casar con un drama que se advierte dulcificado, quizá adaptado para un público más amplio, donde se cambió el final de la novela porque, según Coixet, era demasiado desesperanzador.

 

Con el viento nos habla la mente y ordena sentimientos, en un tiempo parado. Con el viento es una obra hermosa, es personal, es triste. Es una película de un talento emocional sorprendente y de un poderío muy dulce, de una cineasta con mucho amor y sensibilidad. En un mundo rural que va desapareciendo, el de trabajar la tierra como modo de vida, la muerte del padre trae a Mónica de vuelta al hogar. Se van acabando las cosas y nos acabamos todos. Hace décadas que hizo su vida lejos y ahora, con su madre viuda y su hermana recriminando su larga ausencia, baila. Mónica baila sobre páramos, cañones y cerros de 250 millones de años, en una tierra enclavada entre Burgos y Palencia donde la directora Meritxell Colell casi nos teletransporta. Urge visitar Las Loras. Quizás quedarse allí unos días, sentir el viento y sus aullidos, los pájaros y esa belleza en la inclemencia de la tierra. Llorar y recordar como Mónica esa vida que olvidamos y llevamos dentro, aunque no la hayamos vivido, nuestras raíces, las de nuestros padres o abuelos. Y sentir entonces la paz incluso en la tristeza, gracias a un cine que recuerda y que educa, que inspira y que libera. Y que baila con el viento

 

Y El Silencio de los Otros, el documental que lo explica todo

Esta es María Martin en la carretera de Buenaventura (Toledo) bajo la que yace, en una fosa común, su madre: uno de los 114.226 cuerpos esparcidos en fosas por España, el segundo país con más desaparecidos del mundo. Son personas asesinadas por el franquismo. El Silencio de los Otros se adentra en la inhumanidad de España, ese al que José Sacristán se refirió como “país de mierda”.

Es un documental sobre el ensañamiento del ser humano consigo mismo. «Lo injusta que es la vida…No la vida, los humanos. Somos injustos» recapacita María. Se pregunta a la calle sobre el pacto del olvido. Nadie tiene ni idea. La historia reciente de España se nos ha negado a dos generaciones. El pacto hace referencia a la Ley de Amnistía de 1977, que deja impunes todos los crímenes del franquismo. Por ejemplo, su artículo segundo dicta quedan amnistiados los delitos cometidos por los funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas. La ley sigue vigente. Tanto que José María Galante, natural de Madrid, tiene como vecino del barrio al torturador que hace cuarenta años lo colgaba desnudo y golpeaba los genitales. Tan macabra casualidad sucede en un país que se considera a sí mismo democrático.

Vemos nacer a la histórica querella argentina, la única causa abierta que investiga los delitos y crímenes de lesa humanidad del franquismo. Es argentina porque desde allí se investiga y se juzga, dado que en España está prohibido por la Ley de Amnistía. El gobierno español amenazó a Argentina con romper relaciones diplomáticas y consiguió paralizar las videoconferencias de las víctimas, organizadas desde la embajada argentina en Madrid para que pudieran declarar. Así pues, en febrero de 2014, Ascensión Mendieta tiene que viajar a sus 88 años en avión a Argentina para pedir allí a una jueza poder recuperar los restos de su padre, fusilado en 1939 y tirado a una fosa común en Guadalajara. Pocos meses después muere María Martin, sin haber podido recuperar los restos de su madre de la fosa. El abogado de la querella, el argentino Carlos Slepoy, muere en abril de 2017 manteniendo la esperanza hasta el último día «Algún juez español anulará algún día esta ley que no puede amparar crímenes contra la humanidad» El Silencio de los Otros, producido por Almodóvar, recibió el Premio de Cine por la Paz y el Premio del Público al mejor documental de la Berlinale. Berlín y Alemania saben por desgracia de fascismo. Las caras del público el día de su estreno, alemanes y gente de todo el mundo, eran de estupefacción. Éste es un logro por la visibilidad, un altavoz metastásico de las miserias de un país vendido como chiringuitos de sol y playa, construido encima de los huesos de nuestros familiares asesinados.

Estas cinco obras son un ejemplo como para estar orgullosos, al menos de nuestro cine, por la variedad de temas y por la calidad con la que se están haciendo películas. El cine está ahora a la altura. Le toca el turno a las salas y al público. A todos nosotros.

 

Carlos Ibarra Grau

Entiendo la realidad a través del cine, al que dedico gran parte de mi tiempo y de mi vida. Me diplomé en Turismo y vivo en Berlín desde 2013, trabajo en el Deutsche Bank y asisto semanalmente a salas de cine y eventos cinematográficos. La poesía es mi segunda pasión. Puedes seguirme en twitter en @cineypoesia y en Instagram en @gato_grau

Oscars para todos y todos contentos ¿Y tú?

Oscars para todos y todos contentos ¿Y tú?

José Javier Rosa observa en un veterano podcast de cine llamado El Octavo Pasajero que estamos acostumbrados a decir “vaya mierda” o tildar de injusto un premio cuando no es el que deseábamos, al olvidar que no gana el que tú quieres sino el que es. Advierte en la gente cuando habla de cine una radicalización de la opinión, esa ida de madre de la indignación absurda tan habitual en el fútbol y los programas del corazón.

La Forma del Agua me pareció un cuento de fantasía dulzón de Antena 3 de ritmo perfecto para dormir la siesta el domingo e ir despertando entre los anuncios sin problemas para seguir la historia, esto mientras se filtra el sol por la persiana del fondo del comedor. Un largo etcétera de desaciertos unido a un hombre anfibio que es un monstruo cutre de los Power Ranger de los noventa. Así pues, me indigné cuando Guillermo del Toro recogió los premios a mejor director y mejor película porque no ganó quien yo quería. Pero, entonces, me emocionó su discurso y aplaudí. Y la emoción de la actriz principal cuando Del Toro agradeció entre lágrimas a su madre transformo el cáncer de mi indignación en alegría. La Forma del Agua ha ganado cuatro Oscar, le encantó a la crítica y tiene un gran éxito de público en las taquillas. Detrás de ella habrá el mismo o más trabajo que en las películas que yo creía “merecedoras” de ganar. Estoy en proceso de madurez.

Una mujer fantástica ganó como mejor película de habla no inglesa, que afianza la buena salud de Chile. Su protagonista Daniela Vega es la primera actriz transgénero en conseguir un Oscar, un hecho histórico y un triunfo para el propio cine, como viento que impulsa el progreso de la sociedad y visibiliza la riqueza de la realidad. Progreso fue también ver a una mexicana-keniata y a un pakistaní criado en Iowa hablar sobre el sueño americano. Los actores Lupita Nyong’o y Kumail Nanjiani recordaron a los 800.000 inmigrantes menores de edad que Donald Trump quiso deportar del país. Estancamiento es, sin embargo, que Greta Gerwig fuera la única mujer directora de las ocho películas con más nominaciones. En el Hollywood actual 21 de cada 22 películas están dirigidas por hombres. Así pues, movimientos como #TimesUp y #MeToo deben de ser la punta del iceberg de mucho más que ha de llegar. Pero es un inicio.

Roger Deakins obtuvo una merecida estatuilla tras catorce nominaciones en su larga carrera por la mejor fotografía en Blade Runner 2049, que también ganó el de efectos visuales. Muchos seguimos perdidos buscando una salida en ese insondable desierto amarillento. Y con ochenta y nueve años se convirtió James Ivory en la persona más longeva de la historia en ganar un Oscar, por el mejor guion adaptado en Call me by Your Name y protagonizando uno de los momentazos de la noche: homenajeó al actor protagonista Timotheé Chalamet vistiendo una camisa con un dibujo de su cara. Un homenaje original y a la atura de la actuación inolvidable del joven.

El cine es sin duda magia. La del exbaloncestista Kobe Bryant ganó una estatuilla por Dear Basketball, un poema animado basado en su emotiva carta de retirada. La de Coco y el valor del recuerdo, la familia y la fe en uno mismo: un premio por unanimidad a otra maravilla de Pixar. Magia es el lenguaje de signos y así agradeció Rachel Shenton el Oscar por The Silent Child, un cortometraje acerca de una niña sorda de cuatro años. Y mágico es Christopher Nolan y Dunkirk una experiencia auditiva, ganando tres estatuillas a mejor montaje, sonido y efectos sonoros.

Finalmente, Frances McDormand como madre desgarrada en Tres anuncios a las afueras y Gary Oldman por su mimetismo con Churchill en La Hora más Oscura cumplieron todas las quinielas a las mejores interpretaciones. Ambos son dos de los mejores actores de su generación. Ella, con su segunda estatuilla después de Fargo, hizo levantarse a todas las mujeres nominadas de la gala para visibilizarlas y abogar por una mayor inclusión. Él, con su primer Oscar, protagonizó el discurso más largo al recordar su vida, sus inicios y cerrando con el agradecimiento a su madre casi centenaria. Merecido y casi obligado premio el suyo tras treinta años de grandes actuaciones.

Guillermo del Toro cerró estos Oscar 2018 agradeciendo a Steven Spielberg y a los padres del género fantástico que le abrieran un camino que él luego ha seguido y animando a todos los jóvenes cineastas a seguir adelante.

El cine es a veces como el reflejo en un lago cristalino, donde montañas heladas, nubes y cielo azul se duplican con exactitud milimétrica. Otras veces es un charco en la carretera en el que a duras penas distinguimos nuestro propio rostro. Siempre se ha dicho que el cine es un reflejo de la realidad. Ha llegado la hora de que el cine sea la realidad.

 

Carlos Ibarra Grau

Entiendo la realidad a través del cine, al que dedico gran parte de mi tiempo y de mi vida. Me diplomé en Turismo y vivo en Berlín desde 2013, trabajo en el Deutsche Bank y asisto semanalmente a salas de cine y eventos cinematográficos. La poesía es mi segunda pasión. Puedes seguirme en twitter en @cineypoesia y en Instagram en @gato_grau

Un paseo por la Rue Des Pyrénées

Un paseo por la Rue Des Pyrénées

Caminar significa en gran medida emprender un viaje. No siempre nuestros pasos nos dirigen a algún lugar en concreto, pero sí nos encaminan en una dirección, atravesando el tiempo y el espacio más allá de nuestra propia corporeidad. Pasear tiene una parte de rito y también de redención, pues al dejar de controlar nuestros pasos dejamos fluir nuestra mente.

Los tableaux de Yves Bélorgey (Sens, 1960) nos proponen un paseo por la Rue des Pyrénées, situada en el extrarradio de esa ciudad enigmática que es París. Unos dibujos que parecen fotografías y que ponen de manifiesto la tensión entre ambas disciplinas artísticas, de la que ya hablamos hace tiempo en estas páginas.

Cómo abordar los paisajes deshumanizados de los barrios periféricos de las grandes ciudades sigue siendo el leitmotiv del artista. Retratos de edificios sin habitantes, sin vecindario alguno. No hay rostros en los dibujos que conforman la exposición y aún así percibimos la presencia de quienes habitan estas estancias, sumidas en un silencio cómplice.

Desde los años noventa, Bélorgey se concentra en el patrimonio modernista cartografiando el paisaje urbano y periférico. «Los edificios de viviendas modernos me parecieron bien integrados, y casan bien con lo que queda de un mundo más antiguo. Es ese vínculo con el tiempo lo que hizo de disparador», comenta en una entrevista realizada por la historiadora del arte Anne Giffon-Selle. El objetivo, deconstruir el «bulevar de un barrio del siglo XIX» como ejemplo de la ciudad nueva frente al progreso industrial y capitalista de nuestros días.

Podríamos hablar de «reportaje fotográfico» gracias a la infinidad de valores de gris presentes en las obras. Dibujar como sinónimo de fotografiar. Ambos, «descripciones de una descripción», de un espacio mucho más vasto y difícil de delimitar. La visión de amplitud que percibimos al observar los dibujos, en parte por la falta de una estructura que los encuadre, encerrándolos, hace que el espectador tenga la sensación de abrir una ventana y estar, realmente, viendo la Rue Des Pyrénées.

Hasta el próximo mes de febrero pueden asomarse y pasear por esta calle, tan melancólica y tan vacía que invita a quedarse.

 

 

Elisa Pont Tortajada

Periodista. Inquieta. Amante de las letras y de la cultura en general. Pensar es la maravilla de esta vida.