Hungría echa la puerta abajo: los sueños de On Body and Soul iluminaron la Berlinale

Hungría echa la puerta abajo: los sueños de On Body and Soul iluminaron la Berlinale

Cuando salieron las primeras entradas de venta anticipada de la Berlinale, allá a principios de febrero, no imaginé que tendría la suerte o el sexto sentido de comprar un ticket para la ganadora del festival; además, en su último pase el día de clausura y en el majestuoso teatro Friedrichstadt-Palast. A decir verdad, me dejé llevar por solo dos detalles: que era húngara y que la foto de los ciervos me despertaba un hormigueo de ternura en el estómago.

Ha sido ésta una Berlinale atípicamente más tranquila, quizás al generar menos ruido las estrellas hollywoodienses que participaron, a diferencia de ediciones anteriores. Esto nunca será un problema en Berlín, sino más bien lo contrario: la mayoría de cinéfilos de este festival no venimos a ver a Richard Gere o a Hugh Jackman -eso lo dejamos para los turistas y las televisiones- sino a cineastas más anónimos que exponen sus obras, raramente exhibidas en los cines durante el resto del año. Un año 2017 cuya última jornada del festival de los sueños amaneció triste: la Berlinale acababa, pero queríamos que durara todo febrero. Canta Ismael Serrano en su tema pequeña criatura que “la esencia más pura va en frasco pequeño”; quizá lo bueno dura poco porque la magia alargada en el tiempo deja de ser sabrosa al paladar.

Bajo el título original en húngaro Testről és lélekről, On Body and Soul empieza con dos minutos de un hermoso bosque nevado, donde un par de ciervos – macho y hembra- campan entre la nieve con un punto de inquietud de quien se sabe presa potencial de devoradores. Cuando esta bonita introducción termina, le precede un pausado fundido en negro y observamos a un hombre con expresión de tedio delante de un ordenador en el trabajo. Así empieza la ganadora del Oso de Oro de la Berlinale 2017.

 María y Endre son los dos protagonistas de esta curiosa y original historia. Ella, una joven treintañera de larga cabellera rubia, comienza un nuevo trabajo como controladora de calidad de reses. Él, un delgado cincuentón ojeroso, es su jefe en el matadero. Ambos son personas tranquilas y parcas en palabras y ambos dos almas solitarias. La cruda realidad del día a día en un matadero va contrastando con la enigmática de los sueños de los ciervos, que se intercalan poco a poco durante la película. María, Endre y los ciervos oníricos desarrollan una trama dibujada sobre la comedia negra, el drama y el romance, mezclando los géneros de tal manera que parezcan uno solo.

Es On Body and Soul una cinta de sello propio, que desprende un toque muy personal de cine de autor, de los que gustan en los festivales del antiguo continente. Es explícita sin reparos, mostrando tal cual algunas cosas que, generalmente, se ruedan disimulando el enfoque con la cámara. Su directora, la húngara Ildikó Enyedi, es una respetada cineasta en el circuito europeo, poseedora de múltiples galardones y miembro de la Academia de Cine Europeo, presidida por Wim Wenders. En 1992 fue miembro del jurado de la Berlinale y su primer largometraje My 20TH Century fue elegido como una de las 12 mejores películas húngaras de todos los tiempos. Veinticinco años después, el cine húngaro contemporáneo se ha convertido en una pequeña estrella que brilla con luz propia. Es una estrella recatada y algo tímida, por eso emana una luz tenue en sus filmes, enmarcando las historias que nos cuentan en ambiente de sueños vívidos. Así, tenemos la enigmática luz de Lily Lane en 2016, que pasó injustamente desapercibida en el pasado festival berlinés, o la esta sí multipremiada El Hijo de Saúl, que arrebató el Oscar a mejor película extranjera a la magnífica El Abrazo de la Serpiente de Ciro Guerra. De esta manera, le llega el turno ahora a On Body and Soul y lo hace echando definitivamente abajo la puerta, cosechando el mayor premio del certamen y poniendo a Hungría en merecida boga.

Sus casi dos horas de metraje se pasan volando, como si de un corto se tratara. Ello es debido a una conjunción de aciertos, en especial el de saber contar con inteligencia una historia interesante y original, porque por muy interesante y original que una sea, en el cine prima tanto el buen obrar en la narración como la historia en sí misma. Poco o casi nada nos desvelan de porqué los dos protagonistas son como son y de cómo han llegado hasta ahí, apenas un par de pistas acerca de su pasado; esto no deviene en problema para entender la película sino, en la práctica, un aliciente para que el espectador hile sus propias hebras y complete sus propios nudos. On Body and Soul – en español “En Cuerpo y Alma” – arroja diversas lecturas, siendo una el de las primeras y segundas oportunidades, para las que nunca es tarde. María aparenta, pese a su edad y su belleza, no haber tenido nunca ni una pareja ni una amigo de verdad; su peculiar y fría personalidad le ha hecho caer en la incomprensión de la sociedad y, lo peor, es que lo tiene aceptado. Endre ya hace mucho que pinta canas y arrugas, renunció hace tiempo a darse una segunda oportunidad en el amor y en la compañía; ahora el destino les reúne cada día en el trabajo y lo hace en cuerpo y alma.

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Con la relación entre estos dos personajes tan particulares avanza la película, en la misma línea temporal en la que los sueños de los ciervos se suceden por las noches. El tono cómico del film es lo suficientemente ocurrente para limar excesivas asperezas dramáticas y lo suficientemente comedido para elaborar una historia seria y creíble. Es muy meritoria la evolución de la extraña química que surge entre ambos, aunque quien brilla en especial es María. Alexandra Borbély, la actriz que la encarna, desarrolla un papel hechizante, recluida en sí misma y en sus rarezas, con una ligera sonrisa, triste y robótica, que ilumina la atmósfera tenue en la que se enmarca la película: una atmósfera, digámoslo ya, marca de la casa del cine húngaro actual. El y ella son como los ciervos de los sueños, solitarios y en un constante y contradictorio estado de alerta tranquila. Los sentimientos, cuando se reprimen por mucho tiempo, terminan explotando de manera abrupta. Así, el film arroja también un acertado estudio sobre aquellos que no tienen unas habilidades sociales muy desarrolladas, de cómo es su existencia entre nosotros y de cómo existen unos tipos de cine todavía por explorar y explotar, a los cuales ningún amante del séptimo arte debería de serles ajeno.

Poesía que ensalza el valor de la rutina: Paterson y el cine atemporal

Poesía que ensalza el valor de la rutina: Paterson y el cine atemporal

Existen dos tipos de cine: el representativo y el atemporal. El primero aborda los retos a los que se enfrenta el hombre de cada época, un espejo de celuloide de la sociedad; pueden tratar acontecimientos pasados, actuales o vaticinadores, bien sujetos a la realidad o a la ficción. En el segundo, el atemporal, no importa tanto un periodo o escenario político-social determinado sino la simple idiosincrasia de sus personajes y la interacción entre sus protagonistas, buscando así respuestas mediante la reflexión sobre su vida misma. Nos centraremos en éste, el atemporal, donde Paterson es un buen ejemplo y, con el tiempo, será un exponente.

El movimiento se demuestra andando. Vamos a andar.

Para hacernos un cuadro mental sobre Paterson cojamos un triángulo. Por su lado derecho, el minimalismo. “Menos es más” es una cita del arquitecto germano-americano Ludwig Mies Van der Rohe, jefe por excelencia de este estilo y padre de la arquitectura moderna, allá por los inicios del siglo pasado. Me explico.

Vivimos en una época con una exposición a estímulos como ninguna otra. Una sobreexposición, en realidad, ineludible a menos que el sujeto elija dejarlo todo e irse a vivir en medio de la naturaleza, como el protagonista de Into the Wild (2007). A más exposición, más ansías de alcanzar lo que nos exhiben y más frustración por no conseguirlo o no alcanzar lo suficiente. Paterson busca protegerse de esta feria de excitación y desnudar la realidad para incitarnos a pensar de un modo diferente, llevándonos al detalle despojado de distracciones superfluas.

Por el lado izquierdo del triángulo, la mirada. Suele decirse que los ojos son el espejo del alma. Para que el cine nos convenza, para que una historia nos agrade y nos compense haber gastado en ella dos horas de nuestro tiempo, las miradas deben de ser verídicas y convincentes. El ritmo, el guion, la música o la fotografía de poco sirven si las miradas de los protagonistas no son creíbles, si yerran y nos desconectan de la pantalla impidiendo el fin principal de cualquier película: la abstracción. En Paterson las miradas son auténticas y están cocinadas a fuego lento, sin prisas, por lo que uno no es consciente de que ha visto una excelente película hasta que ha llegado a casa y su mente la procesa, ya en la cama.

Y en la base del triángulo está el director de la cinta, Jim Jarmusch. Su cine, personal e independiente, paladea la calma, mima los diálogos con esmero y prima la sencillez por encima de todo lo demás. El protagonista de Paterson se llama Paterson y la ciudad donde vive se llama Paterson. Esto ejemplifica mucho de lo previamente expuesto. Paterson, encarnado por el actor Adam Driver (California, 1983) se despierta cada mañana a la misma hora sin necesidad de despertador, entre las 06:15 y las 06:25. Tras comprobar la hora en su reloj, acaricia los buenos días a su novia, que duerme plácidamente junto a él. Desayuno, trabajo, vuelta a casa, pasear al perro y cerveza en el bar: la vida de Paterson es una rutina metódica cuya única decoración son la poesía y los nuevos proyectos en los que con gran alegría se embarca su novia cada día. Esto es una simple rima asonante, ni siquiera merece llegar a poesía. Pero Paterson sí que la tiene.

Paterson, el protagonista, escribe en su cuaderno poesías sobre cotidianeidades, objetos tan simples como una caja de cerillas o una jarra de cerveza. Escribir es igual que soñar. Si tienes una vida trepidante soñarás con cosas trepidantes y si tienes una vida ordinaria soñaras con cosas ordinarias. La frase es de Pepe Colubi, un poeta bien diferente a Paterson pero asimismo reflexivo cuando habla de temas trascendentes y deja de lado la masturbación y el sexo con ancianos.

Y hay que reflexionar para conseguir apreciar la belleza en lo sencillo. La belleza en un diamante de 50 quilates es más clara de distinguir que en una copa de vino artesanal de madera. Paterson, la película, es esa copa de madera. Porque Paterson, el protagonista, ni tiene teléfono móvil ni lo quiere, así como tampoco grandes sueños o altas metas para el futuro porque no los necesita, es completamente feliz con la vida que tiene. El carácter efusivo y soñador de su novia Laura, interpretada por Golshifteh Farahani (Teheran, 1983), es un necesario contrapeso para equilibrar la película y demostrar que, en el amor, los opuestos se atraen. Él ama la vivacidad e ingenuidad infantil en ella y ella la serenidad y la bonhomía de su madurez en él.

Sin ser propiamente una comedia, las ocurrencias de Paterson provocan una risa sincera y espontánea, donde no se fuerza para agradar al espectador: el humor está diseminado en pequeñas dosis, interpretadas con tal naturalidad que encajan en la película con la facilidad de las piezas de un puzle para niños. La cinta muestra la vida de la pareja con un sosiego de ritmo constante, donde la voz en off de Paterson, el protagonista, nos relata poesías mientras éstas se escriben en la pantalla, a la vez que el poeta las escribe en su cuaderno.

Cada fragmento y cada objeto están cuidadosamente elegidos, donde no sobra ni falta ningún plano, porque todo lo que aparece tiene una función y lo que no aparece es porque no era imprescindible: el minimalismo. Los ojos de los personajes son francos, no tienden a la sobreactuación y transmiten fidedignamente mediante buenas interpretaciones lo que cada escena requiere de ellos: el poder de la mirada. Una obra tranquila y bonita, de diálogos muy elegidos y de humildad para con el proyecto: el cine de Jim Jarmusch. Triángulo cerrado. El cierre y el reforzamiento del mismo son la expresión facial de Adam Driver, que debería llevarle a una nominación en los Oscar. Paterson tiene una finalidad y es la de recordarnos, a través de la poesía y de una pequeña gran película, que la rutina también puede ser bella y sanamente edulcorante. La misión es, en resumen, valorar lo que uno tiene.

De la flatulencia a lo existencial: la extraña Swiss Army Man

De la flatulencia a lo existencial: la extraña Swiss Army Man

“Un náufrago palía su soledad entablando amistad con un cadáver” Como gancho la frase sin duda funcionaría, a modo de sinopsis súper reducida. Pero entonces:

  • Uno se echa para atrás al ver que el protagonista es Harry Potter. Y en una comedia. Ingredientes peligrosos.
  • Otro le da sin embargo una oportunidad al asombrarse con las buenas, aunque también controvertidas, críticas que encuentra por la red.
  • El receloso se reafirma tras leer que en su estreno en Sundance la mitad del público abandonó la sala.
  • Al intrépido eso mismo le apuntala su curiosidad.
  • El desconfiado puede que reniegue, al descubrir que en Sitges triunfó como mejor película y actor principal.
  • Finalmente, el convencido le envía un Whatsapp a un amigo: “Oye, ésta cuando llegue a España hay que ir a verla, mira este tweet tras su estreno”:

Ben Jammin (@BenFrankIV) January 23, 2016:

“He escuchado algunas cosas sobre ‘Swiss Army Man’. Básicamente, pedos del cadáver de Harry Potter y mucha gente marchándose. Esto debe ser divertido”.

Nos llega ahora a los cines europeos. La ventosidad como alegoría de la libertad. Y si, es divertida. Tenemos a un cadáver muy especial, que invita a reflexiones existenciales y del comportamiento humano; en ocasiones, arroja una visión de la vida mucho más interesante que la de muchos vivos. Y lo intrepreta pero que muy bien. Algunos dirán que hacer de muerto es fácil y añadirán, con crueldad, que es el único papel en el que Daniel Potter podría destacar. Yo pensaría lo mismo de no haber visto este mismo año Imperium (2016), una película del montón, pero en la que Harry Radcliffe se destapa con una magnífica actuación, interpretando a un infiltrado en un grupo neo-nazi. Por supuesto no es Edward Norton en American History X (1998), pero salir del encasillamiento es una larga travesía del desierto; por lo tanto, dejemos que se gané a partir de ahora, como mínimo, que lo llamemos por su nombre, Daniel Radcliffe. Incluso deberíamos empezar a tomarnos al actor en serio.

Swiss Army Man es, sin lugar a dudas, una comedia absurda, pero no sin miga que desgranar. Todo lo contrario, de hecho. Empezando por su título, hábilmente elegido, o siguiendo con el extravagante cadáver y su impacto en el náufrago, su finalidad es la de transmitir lo trascendental mediante lo irrisorio y el disparate. Por esta extraña y tramposa vía nos inocula razonamientos para sacar partido a nuestra vida, alejándonos de nuestros miedos y vergüenzas, para tornarla por fin enriquecedora. Para ello se apoya fuertemente en lo audiovisual. En una muy cuidada fotografía y un valiente uso de la cámara, hilando la historia con un delicado manejo de los tempos narrativos.Y en una rara y hermosa banda sonora, repleta de ecos y voces superpuestas de un modo extrañamente coral, conformando un mantra cómico-chamánico contemporáneo. Luego, por encima de todo, su gran triunfo es hacernos olvidar quien es Daniel Radcliffe y a su alter ego en nuestro inconsciente colectivo. Parece un papel hecho a su medida o será él que lo borda. Puede que ambas cosas. La historia y el cadáver evolucionan originalmente entre carcajadas por lo hilarante y admiración por la belleza de las imágenes. Todo ello contrasta con la baja calidad de unos ordinarios efectos especiales, pero se entiende que el presupuesto de una cinta de cine independiente no llegue para comprar fuegos artificiales de primera marca.

Junto a Radcliffe, aparece el actor “vivo” de la película: Paul Dano. Quizá por nombre sea un desconocido para muchos, pero su cara se reconoce inmediatamente cuando aparece en pantalla. Dano sorprendió en su irrupción en Pequeña Miss Sunshine (2006), brilló en la oscarizada Pozos de ambición (2007) y se consolidó en el biopic Love&Mercy (2014) fascinando con un papel esquizofrénico. Quienes aún no le hayan puesto cara, ¿recuerdan a ese pobre chico de gafas con retraso mental de Prisioneros (2013)? Exacto, su rol es secundario- aparece en el último tercio- pero es imposible olvidar su actuación. Su impacto en Swiss Army Man es menor que en las anteriores mencionadas, pese a contar aquí con un papel principal; porque delega el protagonismo en el cadáver de Radcliffe, sabedor de que es la gran atracción de la película, aunque de igual manera cumple con su función decentemente.

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El film destila un fuerte olor a fresco y se comprende al ver quienes hay detrás de las cámaras. Dos directores nóveles, expertos en cortos y videoclips, uno campos donde por el reducido metraje prima la potencia de la imagen y el sonido, transmitir un impacto visual y auditivo en un escaso periodo de tiempo. Una ópera prima rezuma por lo general esa frescura, pero es a su vez aquí su talón de Aquiles, pues su inexperiencia lleva a diluir por desgracia la calidad de la cinta. La trama no consigue ensamblarse convincentemente cuando parecía que ya lo tenía hecho y la guillotina del cliché cae y decapita la singularidad del film. Uno no entiende porqué cambiar de ruta cuando la que seguías era tan acertada; claro, se ve todo tan fácil con la perspectiva que da mirar desde fuera, ¿verdad? Dan Kwan y Daniel Scheinert, los directores debutantes, posiblemente alegarían esto mismo en su defensa; siempre se ha dicho que lo más difícil no es llegar arriba sino mantenerse, igual en la vida en general o circunscrito a una película.

Ya que, llegado un momento, deja de ser una comedia con visos de algo gordo para quedarse en tan solo comedia, una verdadera lástima. Las metáforas y simbologías que se esconden tras los pedos no logran cerrar el círculo de nuestra convicción, pese a que en algunos momentos puntuales se acerque. Si las flatulencias tuvieran sabor diríamos que Swiss Army Man deja un regusto agridulce, aunque un cadáver que especula acerca de lo existencial no es algo que se vea todos los días. Un puzle efectista pero efectivo compuesto de artificios y bellas rarezas, que contrasta con una ineludible sensación de duda final de si hemos visto una buena película, un engaño magnético bien diseñado o un film absurdo y fortuito cuyo único fin es llamar la atención. Incluso sería posible todo ello a la vez.

Toni Erdmann: Que duro es vivir siendo un payaso

Toni Erdmann: Que duro es vivir siendo un payaso

Debe de ser duro. Actuar de un modo que sea tildado de excéntrico, así considerado por el sistema en el que todos convivimos. Lo reducimos a un “hacer el payaso”, nos disculpamos si nos comportamos fuera de lo esperado con un “es que a veces soy un poco payaso”. En esta sociedad, debe de ser duro el vivir siendo payaso. Nos regimos por unos estándares de comportamiento de cumplimiento no obligatorio, pero salirse del camino dirige generalmente a la incomprensión. ¿No deja de ser esto injusto? No hay dedo corrector que limite a los extravagantes, somos nosotros, la sociedad; eso requiere como mínimo una reflexión. Lo que uno recibe de Toni Erdmann incita a la misma.

La historia gira en torno a un jubilado de aspecto afable pero solitario que parece fuera de sitio. Todo en él invita a fruncir el ceño, como lo hace su hija, separándoles una especie de barrera invisible. Toni Erdmann es una película diferente, parece no pagar ningún peaje al género de la comedia ni a los cánones establecidos, portándolo con sencillez desde la primera escena hasta la última. Tiene una secuencia de desnudo de la que mucho se hablará, alocada e inimitable, que acaba por encumbrar la cinta. Esta escena y la película en general no pretenden tanto generar conciencia sino mostrar una realidad que hemos apartado; que tomemos o no esa conciencia no es más que intrínseco a cada uno.

Empaticemos con esos incomprendidos, no quieren faltar el respeto ni banalizar las situaciones, solo actúan en ocasiones apartándose del guion. ¿Hasta qué punto nuestra personalidad es forjada de una manera determinada? ¿Hasta que otro punto podemos y debemos decidir cómo actuar dependiendo de las circunstancias? Hemos perdido la perspectiva, juzgamos porqué somos como somos y porqué otros son como son. Se diría que tenemos siempre la obligación de cambiar, acorde a unas normas de conducta no escritas aceptadas como leyes.

La extravagancia, una barrera que separa a padre e hija.

Los principales causantes de estas cavilaciones son el veterano austriaco Peter Simonischeck en el papel de padre y la alemana Sandra Hüller en el de hija, encumbrada a estrella nacional por los medios de su país: geniales y totalmente entregados a sus papeles, son árboles que no deben impedir ver el bosque, el mensaje. Que reciban actores y filme premios y distinciones forma parte de la realidad principal en la que vivimos. Que saquemos alguna conclusión de las que seguramente la directora Maren Ade pretendía con la película, pertenece a esa otra realidad, menos glamurosa y más alejada de los focos: lo estrafalario, lo estrambótico, en última instancia lo diferente, habita en nuestra sociedad y tiene el mismo derecho a hacerlo con naturalidad como lo que aceptamos como normal u ortodoxo. Lo diferente es visto con misericordia y altanería, eso nos convierte en ignorantes si acatamos este absurdo dogma.

El ritmo es poco usual y algo desacelerado, atípico en las comedias, acostumbradas a cuantos más gags seguidos mejor. Toni Erdmann es consecuente y su cadencia es apropiada a su protagonista, un hombre ya de cierta edad pese a su actitud desenfadada e infantil: ni rápido ni despacio, como transcurre la vida por lo general, con sus picos de humor (excelsos por momentos en el filme), sus transiciones y sus descensos al drama.

Lo más difícil es hacer las cosas de manera fácil, de ahí que el ingenio tan singular de esta comedia -así como la manera en la que es contada y transmite- quede encuadrado en una atmósfera de simplismo la hace tan especial. Sin lugar a dudas, es para no perdérsela.

Dios existe y vive en Bruselas en El Nuevo Testamento

Dios existe y vive en Bruselas en El Nuevo Testamento

El verano en Berlín es un rompecabezas que debe afrontarse con astucia y positividad, donde el clima juega incesantemente al gato y al ratón. Al principio, uno no sabe por dónde cogerlo, ni que ponerse para asomarse a la calle o si hacer determinados que planes por miedo a esa meteorología tan caprichosa. Al final, miras más veces al día la página del tiempo que tu WhatsApp y rara vez falta una prenda con capucha encima de tu hombro, por si a la tarde-noche refrescara y un grupo de nubes confluyeran para tratar de aguarte la vuelta a casa.

El otro día fui a uno de los maravillosos cines al aire libre que la ciudad ofrece, escondido en medio de un parque tras una catedral, confiando en una previsión que aventuraba una noche despejada y tranquila. Proyectaban el Nuevo Testamento (Le tout nouveau testament, Bélgica, 2015) del poco prolífico pero no por ello menos talentoso Jaco Van Dormael. Servidor tan solo conocía al cineasta belga por esa genial e hipnótica producción del 2009 bajo el peculiar título de Las vidas posibles de Mr. Nobody (Mr. Nobody, 2009), encabezado por un siempre excelente y polifacético Jared Leto.

Con la grata compañía de un amigo francófono, visionamos el film en versión original (francés) subtitulada (alemán), de manera que ambos pudimos disfrutarla sin problemas, a excepción de algunos giros del lenguaje teutón que mis 3 años en Alemania no han alcanzado todavía a dilucidar.

Pues sí, Dios existe, vive en Bruselas y no es un señor lo que diríamos afable, sino un tirano en bata y barba de una semana que domina la humanidad a su antojo desde un ordenador en su cuarto, siempre cuidadosamente cerrado bajo llave, al cual ni su hija ni su mujer tienen nunca acceso. Efectivamente, Dios tiene familia y son tan “humanos” (o quizá no tanto) como él.

Éste es el punto de partida de una comedia veraniega fresca y nada pretenciosa, ideal para esta época del año. El protagonista de la historia, en una película que personifica a Dios, es sin embargo su pequeña hija Ea, quien sobrepasada por lo malévolo de su padre decide dejar de vivir en el tedio y la apatía y pasar a la acción. Durante su aventura, tanto Jesús como en especial los apóstoles tienen un papel fundamental para cerrar el círculo del cometido de la joven, aunque no precisamente el que pudiéramos esperar, pues esto es una comedia de ficción satírica y el pájaro de la imaginación se despliega aquí abriendo las alas desde el mismo inicio de la cinta.

El ingrediente que adereza a El Nuevo Testamento y que en mi opinión lo hace altamente disfrutable es un original y bello lirismo cuasi poético que abraza e impregna a muchas de las escenas, entrelazadas éstas a otras ya más ligeras de claro humor estival, conformando una sonrisa en el espectador que ha pagado bien a gusto el precio de su entrada.

Pese su apariencia, no es peccata minuta por muy revestida que esté de comedia: una película satírica donde la bondad del ser humano trata de abrirse paso y avanzar ante un Dios que se nos presenta sátiro y ridiculizado a partes iguales, incluso bufonesco. Es esto lo que el film a última instancia nos ofrece y con gran acierto dado que ninguna voz ofendida se ha alzado desde su estreno.

El parque estuvo abarrotado durante la proyección, pero la habitual educación exquisita de los alemanes y del resto que acudieron hizo que las risas y el ulular del viento azotando las hojas de los árboles fueran los únicos sonidos perceptibles durante dos horas que se pasaron volando (a cualquiera que en una apacible tarde de julio se decante por ir a ver un film belga en versión original en lugar de estar de cervezas y cháchara en una terraza se le presupone compostura y respeto suficientes para con los demás)

En esta jornada el clima impredecible de Berlín fue bondadoso y brindó una temperatura tan agradable que ni siquiera la fresca brisa invitaba a ponerse encima la sudadera; si somos buenos puede que Dios desde Bruselas se apiade de nosotros y nos regale más veladas como ésta durante el verano.