Vivancos y Victoria: un diálogo entre presente y pasado

Vivancos y Victoria: un diálogo entre presente y pasado

La grandeza de un conjunto musical se mide no solo por su nivel técnico, sino sobretodo por la riqueza y la originalidad de sus propuestas artísticas. El RIAS Kammerchor Berlin es, por ambos motivos, un gran coro, y lo demostró con el magnífico concierto que realizó el pasado día 6 en L’Auditori de Barcelona, con un programa que combinaba los réquiems de Tomás Luis de Victoria (1548-1611) y Bernat Vivancos (1973-*).  El Requiem de Vivancos fue objeto de un artículo de Marina Hervás en ocasión de su publicación en CD y cuya lectura recomendamos.

La música contemporánea (en algunas de sus corrientes, por lo menos) tiene mucho en común con la música antigua. La fascinación por el sonido en estado puro, la importancia de la disonancia y la inmediatez de la emoción son algunas cosas que la música de Victoria y Vivancos (entre otros) comparten como elementos esenciales. Para realzarlo y crear un verdadero diálogo entre ambos réquiems, el RIAS Kammerchor los ha presentado mezclados, lo que permite comparar mejor sus estilos. Además, aprovechando la presencia del acordeón en un par de movimientos de su Réquiem, Vivancos compuso para la ocasión dos interludios para este instrumento, que se complementaron con versiones instrumentales de la festiva danza anónima Ad morte festinamus del Llibre Vermell de Montserrat, y Peccantem me quotidie de Cristóbal de Morales, ambas muy adecuadas a la temática del concierto.

El RIAS Kammerchor, bajo la dirección de Justin Doyle, cantó con elegancia y estilo; solo algunas entradas ligeramente descoordinadas lo alejaron de la perfección. Es un placer escuchar un coro de sonido compacto cantar sin vibrato y poder disfrutar plenamente de las harmonías (especialmente sus disonancias) y las texturas que ofrecen las partituras. Posiblemente el momento más memorable del concierto fue en el “O Lux Beata” de Vivancos, en el que las voces del coro se van sumando hasta crear clusters (conjunto de notas muy cercanas que generan una fuerte disonancia) que se funden mágicamente en el sonido cristalino de tríadas consonantes. La espectacular “O Virgo Splendens” (cuyo estreno nacional reseñamos en estas páginas) quedó deslucida por el discreto papel de la soprano solista, que sustituía a la originalmente prevista. En esta obra la voz de la solista debe surgir de la nada con un delicado pianísimo -un efecto muy característico de la música de Vivancos-, y en este caso la solista no logró la sutileza necesaria en los contrastes dinámicos ni encajó tímbricamente con la sonoridad del resto del coro, algo que si consiguó el acordeonista Miloš Milivojević, tanto en sus intervenciones con el coro como en los delicados interludios de Vivancos.

Científico y músico aficionado. Me encanta descubrir nuevas cosas, aprender sobre ellas y compartirlo.

Sinfonía sin limite, sin tiempo, sin fin

Sinfonía sin limite, sin tiempo, sin fin

Hay ocasiones en la historia en que un artista percibe el signo del tiempo en el que vive.  Su alta sensibilidad permite a este ser, de manera totalmente personal, atisbar y manifestar al mundo mediante su obra, una imagen nítida de lo que se encuentra flotando en el ambiente en que cada día los seres comunes vivimos. Las obras así creadas, se encuentran rodeadas de un aura especial, y tal consideración no estriba solo en su alta factura artística, que suele ser altísima, si no en lo que estas creaciones trasmiten a quienes se aproximan a ellas. 

La Sinfonía Número 9 en Re menor de G. Mahler es sin duda una obra creada bajo este signo. Los primeros esbozos están fechados en 1908, pero no es hasta abril de 1910 que Mahler finaliza su composición. Terribles sucesos en la vida del maestro acompañaron su escritura: el verano anterior al inicio de la obra, la muerte de su hija mayor María lo devastó interiormente; a ello se sumó, la detección de una cardiopatía que finalmente lo mataría tres años después y el descubrimiento tras el glorioso estreno de su octava sinfonía en Múnich de que su esposa Alma, mantenía una relación amorosa con el arquitecto Walter Gropius. 

En medio de este estado, Mahler cansado de luchar ya 10 años al frente de la Ópera Imperial en Viena, aceptó un jugoso contrato en Nueva York debutando en el Metropolitan Opera House el 1 de enero de 1908, dirigiendo Tristán e Isolda. Pese a que en un primer momento el maestro se encontró feliz tanto con la ciudad como sobre todo con el abultado sueldo que percibía, la verdad es que las últimas tres temporadas de conciertos de su vida, las pasó lleno de disputas e incomprensión por parte de los miembros de la junta directiva de la Filarmónica de Nueva York, que no ponían en duda su alto nivel artístico (aunque alguna buena señora le dio consejos sobre cómo debía dirigir correctamente Beethoven), si no su gusto por programar obras de nueva creación, para el público de la época, autores como A. Bruckner,R. Strauss, E. Chabrier, C.Debussy, G. Enesco, eran demasiado modernos y ello llevó consigo, que la crítica maltratara ferozmente a Mahler con demasiada frecuencia. Mahler, acostumbrado a imponer su voluntad, nunca se amilanó ni ante la junta directiva que cada vez dudaba más de seguir contando con sus servicios, ni ante una crítica que jamás supo comprender el enorme artista que tenían enfrente. 

En medio de toda esta convulsión, Malher escribió la que sería su última sinfonía concluida. Él mismo lo percibía y siendo tan supersticioso, se negó mucho tiempo a numerar la obra: las figuras de Beethoven y Brukcner que no compusieron más que 9 sinfonías, pesaban demasiado en su inconsciente; era como si al numerar la obra firmara su sentencia de muerte. 

Finalmente, el primero de abril de 1910 la concluyó y numeró, sabía que era la última obra que podría concluir, y de ello deja numerosas muestras a lo largo de la partitura, que es sin duda, un adiós a la vida, el adiós de también una época que estaba a punto de romperse en mil pedazos, ante el estallido de la Primera Guerra Mundial que iniciaría en julio de 1914 y destruiría el mundo en el que vivió y trabajó el maestro. Pese a que el mismo Mahler decía que a Viena todo llega más tarde, con lo cual había que esperar el fin del mundo ahí, el fin de ese mundo llegó y nada quedó en pie de él, concluida la contienda. La inminencia de lo trágico se percibe en cada uno de los 4 movimientos de la obra que concluyen con conmovedor y extenso Adagio que es como un hondo suspiro del maestro, como si en el fuera ese último aliento de vida. 

La obra está reservada solo para las grandes orquestas y los grandes directores, y fue el caso del pasado jueves 17 de enero en el Auditori de la capital catalana, la Sinfónica de Düsseldorf dirigida por su titular el maestro Ádám Fischer presentó una espléndida lectura de la obra mahleriana. De principio a fin, Fischer demostró porqué es considerado uno de los referentes en la interpretación del maestro austriaco. El grado de mimetización que ha tenido con la obra a través de los años que lleva trabajando en ella, es tal, que cuando la dirige, la transición de sus intenciones es nítida y fluida. Es imposible no sentirse abrumado ante algo tan hondo y tan bien trabajado, verlo en el pódium trabajar, es ver a un absoluto maestro en contacto íntimo con una obra que en ese momento es la expresión del mismo Fischer. 

La orquesta de Düsseldorf es de esas orquestas que cuentan con un largo y glorioso pasado artístico; entre los maestros que han dirigido su destino, están nombres como R. Schumann o F. Mendelssohn. A lo largo de estos años, han sabido mantener una calidad altísima y sobre todo una personalidad que la hacen mantener un sonido muy particular. La tradición musical Renana, vive en esta centenaria orquesta, dirigida en estos momentos por un Ádám Fischer maduro y en un momento artístico maravilloso. Todos los elementos confluyeron para que la noche del pasado 17 de enero, el público que llenó la sala Pau Casal del Auditori, viviera una interpretación maravillosa, de una obra que expresa cosas realmente profundas, una lectura de esas que dejan huella en el alma, del que tiene la fortuna de presenciarlas. Al salir del concierto, uno quiere mantener el silencio creado dentro de sí, pues dentro están depositados grandes mensajes que han de ser paladeados con calma. La novena sinfonía de G. Mahler es de esas obras, que después de sonar, resuenan en el alma de cada uno de nosotros. Seguimos 

Fausto Murillo

Fausto Murillo (Querétaro, México) 1977: licenciado en Composición por la Universidad Autónoma de Querétaro (2001). Ha realizado, estudios de Dirección Orquestal con maestros como Enrique Batiz, Sergio Cárdenas, Antoni Ros-Marbà y Salvador Mas, desarrollando actividad dentro de la Dirección tanto en México como el estado español. Durante 6 años condujo programas radiofónicos de difusión musical en México, publicando con regularidad en diferentes espacios, además de impartir desde hace 20 años charlas y conferencias en los más diversos foros. Convencido de la necesidad de renovar desde sus cimientos la actividad musical, además de impartir clases en los Cursos Oberts del Conservatorio Municipal de Música de Barcelona (CMMB) estudia el grado en Musicología en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Sangre nueva, grandes tiempos

Sangre nueva, grandes tiempos

Aún recuerdo con cierta nostalgia la primera vez que tuve oportunidad de escuchar una obra barroca tocada con instrumentos de la época. No recuerdo bien el dato, pero tendría yo no más de 12 años, y en la radio cultural que se escuchaba en casa, anunciaron el “Stabat Mater” de Pergolesi, interpretado por N. Harnoncourt. Aun me emociono cuando traigo a mi memoria ese primer contacto, porque recuerdo que me pareció una absoluta revelación; una obra que había escuchado muchas ocasiones en mi infancia, cantada a la manera romántica, y que he de confesar, me aburría soberanamente, de súbito, sonaba tan llena de vida, impregnada de tanta luz y al mismo tiempo cargada de un dramatismo que jamás había percibido en ella. De repente, me volví un converso irredento de esta manera de hacer música y nombres como los de Harnoncourt, Leonhardt y Hogwood se convirtieron en estelares en el olimpo de mis afectos musicales. 

Huelga decir, que, a mi llegada a Europa, estas tierras se convirtieron en el Edén para un enamorado de lo que ahora se llama “interpretaciones históricamente informadas”. El número de grupos que se dedican a trabajar de manera consistente de esta manera no deja de crecer y todas las grandes escuelas y conservatorios del continente, cuentan con un departamento dedicado a la “música antigua”, a ello se unen centros como la gran Schola Cantorum Basilensis, que es, sin lugar a duda, uno de los grandes referentes dentro de este apasionante mundo de la música antigua. Ahora bien, los grandes iniciadores de esta manera de hacer música han desaparecido y actualmente son J. E. Gardiner, T. Koopman, W. Christie, P. Herreweghe o R. Jacobs entre otros grandes nombres, los que más brillan y son un referente dentro de este mundo. Pero todos estos maestros, actualmente han tomado una providencia que la anterior generación no tomó. Todos los maestros mencionados anteriormente, han fundado sus propios grupos y orquestas, han arriesgado incluso en la empresa su propio dinero y han unido su destino personal a la fortuna de estos grupos. En el pasado, era muy frecuente ver como orquestas y grupos de gran calidad musical y que eran dirigidas por un músico celebre, al desaparecer este maestro o se desintegraban o perdían notoriedad, eran grupos demasiado mimetizados con la figura carismática que los había fundado. Para superar este problema, esta segunda generación de directores ha decidido nombrar un director asociado, un músico joven y con carrera prometedora, que dé nueva vida al grupo. Con esta decisión, además, garantizan la consolidación de la agrupación independientemente de sus directores fundadores, pasando de ser solo un grupo musical en torno a un gran músico, a casi una institución estable y referente dentro de la música antigua.

En estos años, los músicos que han decidido formarse en la tradición histórica, se han beneficiado de todo el conocimiento recuperado por las generaciones anteriores. Actualmente, tenemos en los escenarios mundiales, grupos primorosamente formados y que garantizan la continuidad y la calidad dentro de la interpretación de las obras. Es el caso del grupo “Arcangelo” que el pasado miércoles 16 de enero se presentó en la sala Pau Casal del Auditori Barcelonés. 

Arcangelo, es un grupo británico que, con tan solo 8 años de trabajo, se han hecho ya con un lugar destacado en el universo de la música antigua. Su director y fundador es el también británico Jonathan Cohen, que está realizando una brillante carrera internacional. Así, por ejemplo, entre su cada vez más apretada agenda no solo trabaja con regularidad al frente de su orquesta, sino que es además, director adjunto de Les Arts Florissants una de las más importantes orquestas, lo que nos habla del prestigio que acompaña a este talentoso músico. 

El programa estaba integrado por 5 obras del periodo barroco, destacando mucho el famoso “Stabat Mater” de G.B.Pergolesi. A la orquesta se unían la soprano Emöke Baráth y el contratenor Maarten Engeltjes y ya desde el inicio del concierto, era claro que se estaba ante una orquesta de altísimo nivel. Con un sonido delicado y una precisión en cada fraseo y en cada articulación, la orquesta dio cátedra de musicalidad y buen gusto. Todo estaba perfectamente trabajado y en el justo lugar y proporción que tenía que guardar en relación con el todo. Cada gesto, cada nota, estaba donde tenía que estar, lo que permitía que la música fluyera con una belleza por momentos conmovedora. La maestra Baráth cuenta con un timbre vocal maravilloso, lleno de armónicos y que corre con dulzura por la sala. A ello, se une una técnica espléndida y sobre todo, un buen gusto y un saber hacer en cada momento; estamos ante una soprano que va construyendo una espléndida carrera. El contratenor holandés Maarten Engeltjes posee un timbre que, aunque pequeño, está muy bien trabajado, puede llegar a sufrir un poco en el registro grave, al no ser muy sonoras sus notas, pero una estupenda técnica hace que pase con total naturalidad por todos los registros de su voz dando una fluidez y una naturalidad a su línea de canto. 

La interpretación del mencionado “Stabat Mater” fue realmente memorable. A la brillante voz de la maestra Baráth, se unía la densidad que imprimía Engeltjes en los números que compartían, todo esto acompañado con una elegancia y una discreción maravillosas por una orquesta que siempre estuvo en el lugar justo.  

Recordé la emoción que viví en mi pubertad, cuando escuché por la radio esta misma obra. En esos momentos, fue la novedad de algo realmente brillante lo que me emocionó, pero lo que en esta ocasión me pareció maravilloso, fue como un grupo de verdaderos artistas pueden conmoverte y hacer que escuches una obra que conoces perfectamente, como si fuera la primera vez. Esto es saber hacer música de verdad. Seguimos. 

Fausto Murillo

Fausto Murillo (Querétaro, México) 1977: licenciado en Composición por la Universidad Autónoma de Querétaro (2001). Ha realizado, estudios de Dirección Orquestal con maestros como Enrique Batiz, Sergio Cárdenas, Antoni Ros-Marbà y Salvador Mas, desarrollando actividad dentro de la Dirección tanto en México como el estado español. Durante 6 años condujo programas radiofónicos de difusión musical en México, publicando con regularidad en diferentes espacios, además de impartir desde hace 20 años charlas y conferencias en los más diversos foros. Convencido de la necesidad de renovar desde sus cimientos la actividad musical, además de impartir clases en los Cursos Oberts del Conservatorio Municipal de Música de Barcelona (CMMB) estudia el grado en Musicología en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Desde Stuttgart con amor

Desde Stuttgart con amor

Para muchos aficionados a la llamada “música clásica”, las orquestas alemanas cuentan con ese dijéramos “pedigree”, de ser las mejores del mundo. Lo cierto es que muchas, cuentan con un sonido característico que las distingue, destacando mucho por ejemplo, la Berliner Philharmonikerla Münchner Philharmoniker o la Staatskapelle Dresden, por mencionar solo unas cuantas. Son agrupaciones que han trabajado muchos años bajo una tradición, que ve y vive la música de una determinada manera. La mayoría de estas orquestas son ya centenarias pues fueron fundadas a lo largo del siglo XIX, y por sus atriles, han pasado músicos de un inmenso nivel, esto dejando de lado algo evidente: grandes directores las han dirigido. Todo este “magma”, ha permitido junto con muchos otros elementos, generar un sello muy específico y muy nítido cuando hablamos sobre una orquesta alemana.

El pasado 19 de noviembre, Barcelona recibió la visita de una orquesta que, si bien no cuenta con blasones centenarios, si puede presumir de ser una típica orquesta germana: me refiero a la Orquesta Sinfónica de SWR. Esta esplendida orquesta, es el resultado de la fusión efectuada en 2016 de las dos agrupaciones orquestales que desde hacia décadas sostenía la emisora radiofónica Südwestrundfunk (SWR),cuya sede está en la ciudad de Stuttgart. Ya desde 2012, se escucharon rumores de que la estación no podía sostener a la famosa Sinfónica de la Radio de Stuttgart, radicada en la misma ciudad y a su hermana que tenía sede en Baden-Baden y Friburgo. El vulgar metal que todo lo empaña, sostener una orquesta no es empresa económica, así que se decidió que la mejor salida era la de fusionar en una plantilla de 175 músicos a las dos agrupaciones.

Sobra mencionar lo que esto supuso en el medio musical alemán: protestas, manifestaciones, y un largo etcétera que no pudo detener el proyecto que se cristalizó hace apenas dos años. Pese a no tener desde su fundación un director titular, suele trabajar con grandes como Eliahu Inbal que los dirigió el pasado 19 de noviembre.

La orquesta lució pese a su aparente juventud, las virtudes de una buena orquesta alemana: secciones perfectamente ensambladas, un acabado trabajo de comunicación entre los principales de las secciones, una sección de metales muy potente y perfectamente afinada, una cuerda con una sonoridad compacta y muy sólida, entre otras muchas característica mas, hacía falta muy pocos minutos de concierto para que con lo ojos cerrados supieras que lo que estaba ante ti, era una espléndida orquesta alemana.

Pero todas estas espléndidas características no serían nada, si en la cabeza no hubiéramos tenido a un gran director. Grandes orquestas y pienso en la Sinfónica de Londres, cuando tienen en el pódium a un director mediocre, dejan de sonar con ese brillo tan suyo. Como diría un buen maestro hace años ya: “la batuta no suena, pero como llega a estorbar si no la usas bien”. Inbal es un músico consumado, cuidadoso de los detalles, con una vitalidad y una claridad que son el resultado de muchos años de trabajo serio al frente de muchas orquestas en todo el mundo.

El programa de nuestro concierto, se efectuó el pasado 19 de noviembre en el Auditori de nuestra ciudad, estaba integrado por dos obras maravillosas: El triple concierto, en do mayor, Op.56 de L.v. Beethoven que tuvo como solistas al Trio Ludwig y en la segunda parte, una obra mítica del repertorio romántico alemán, la Sinfonía núm. 4 en mi bemol mayor, “Romántica” de A. Bruckner.

La primera obra del programa es de esas piezas que te reconcilian con este mundo. Llena de una luz y un optimismo que se contagian. Lamentablemente las partes solistas fueron interpretadas de manera muy mediocre. El Trio Ludwing, integrado por Abel y Arnau Tomás al violín y violoncelo, e integrantes tambien del estimado Cuarteto Casals; completando el trio la maestra Hyo-Sun Lim al piano. Ingrata labor es la de mantener una opinión, fundamentada en una apreciación lo más objetiva posible del hecho musical ocurrido. El que escribe es de esos que se mantienen fiel a ella, pero pese a lo que en nuestra casa se suele decir de tan estimados músicos, en mi personal apreciación, la interpretación efectuada por los mencionados maestros, no estuvo a la altura de lo que se esperaba. Un exceso de vibrato que podía afectar a la afinación en algunos casos, un sonido que muchas veces no lograba correr con naturalidad por la sala y un a ratos, evidente divorcio entre los solistas con la orquesta, son algunos elementos que deslucieron la mencionada ejecución.

Con Bruckner, la orquesta lució todo su potencial. En tempos que por momentos resultaron un poco rápidos, el maestro Inbal nos obsequió con una lectura a ratos incluso agresiva, de una sinfonía que es toda luz. El impacto sonoro fue apabullante, la precisión de una orquesta que tiene entre su repertorio, justo obras como esta, se hizo notar en la naturalidad con que se desarrolló la lectura de la obra. Todos los integrantes de la agrupación estaban en un mundo conocido desde siempre por ellos y ello logró, que la ejecución estuviera llena de momentos realmente hermosos.

Con una estupenda entrada, la concurrencia premió con una tremenda ovación a los integrantes de la Orquesta Sinfónica de SWR. Gratísima la experiencia de disfrutar de una orquesta de esta calidad y sobre todo, con ese marcado buqué alemán tan idóneo para este repertorio. Seguimos.

Fausto Murillo

Fausto Murillo (Querétaro, México) 1977: licenciado en Composición por la Universidad Autónoma de Querétaro (2001). Ha realizado, estudios de Dirección Orquestal con maestros como Enrique Batiz, Sergio Cárdenas, Antoni Ros-Marbà y Salvador Mas, desarrollando actividad dentro de la Dirección tanto en México como el estado español. Durante 6 años condujo programas radiofónicos de difusión musical en México, publicando con regularidad en diferentes espacios, además de impartir desde hace 20 años charlas y conferencias en los más diversos foros. Convencido de la necesidad de renovar desde sus cimientos la actividad musical, además de impartir clases en los Cursos Oberts del Conservatorio Municipal de Música de Barcelona (CMMB) estudia el grado en Musicología en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Fin de temporada por todo lo alto

Fin de temporada por todo lo alto

Seis fueron los reyes de la casa de Hannover que gobernaron en el Reino Unido. Con mayor o menor fortuna, al igual que las diferentes dinastías reinantes de este imperio, ayudaron a construirlo y en concreto, los Hannover, a consolidar la influencia británica en toda Europa. Pero si investigamos un poco, parece ser, que un rasgo característico de esta dinastía, fueron las terribles relaciones paterno filiares que mantuvieron durante su paso por la dignidad real. Ya el primero de su nombre, Jorge I, que reinó entre 1714 a 1727, mantuvo una relación violenta y llena de odio con su sucesor, el futuro Jorge II. Al parecer, el origen de semejante situación se encuentra en la infancia del segundo monarca. En 1694, Jorge I, siendo aun príncipe de Hannover, tras de un tormentoso proceso, lleno de intrigas, asesinatos y un largo etcétera, logra encarcelar a su esposa la princesa Sofía Dorotea de Brunswick-Lunenburgo, madre de sus dos hijos, en el castillo de Ahlden, bajo el cargo de haber “abandonado”a su esposo. El confinamiento, pese a ser con todas las comodidades que incluían criados y una generosa asignación económica, le prohibía cualquier contacto con sus hijos, además de la disolución del matrimonio. El futuro Jorge II, que contaba con apenas 11 años cuando estos hechos sucedieron, nunca perdonó a su padre haberle negado el contacto con su madre, a la que jamás volvió a ver y años después, ya siendo Príncipe de Gales, encabezó una firme oposición al reinado de su padre.

El futuro Jorge II, organizaba lujosas fiestas en su residencia de Leicester House, donde se congregaban reconocidos opositores a Jorge I. En ellas, el lujo y un ostentoso despliegue de recursos lograban que toda la población viera en el Príncipe de Gales, una figura de autoridad que se hacia rodear de espectáculos fastuosos, lo que lo hacía mucho más popular que el Rey en Londres. En 1717, cuando la princesa de Gales dio a luz a su sexto hijo, una terrible disputa entre padre e hijo por designar al padrino del recién nacido dio paso a que el príncipe, insultara públicamente al rey, que lo mandó arrestar, y posteriormente expulsara del palacio de St James, la residencia real.  Todo esto, evidentemente hacía que la imagen de Jorge I se viera muy afectada, pues, además, era un rey extranjero, que no hablaba bien inglés y que era percibido como poco dotado para las tareas de gobierno.

Ante tal escenario y en un intento de mostrar a todos los habitantes de la ciudad de Londres a su rey en toda su majestad, se decidió que saldría en alegre paseo surcando el Támesis en la barcaza real el 17 de julio de 1717. La comitiva salió del palacio de Whitehall sobre las ocho de la tarde con dirección Chelsea. Mientras la marea creciente impulsó sin necesidad de remos a los viajeros en una barca muy próxima a la del rey, G.F. Händel dirigía el estreno de su ahora celebre música acuática pensada justamente para acompañar el viaje real.  Según uno de los primeros diarios británicos The Courant “todo el río en cierto modo estaba cubierto con barcos y barcazas” lo que nos revela el éxito logrado con esta aparición por parte del soberano, que disfrutó mucho de la obra escrita por Händel, al punto que pidió que fuera ejecutada en repetidas ocasiones.

 

El maestro Jordi Savall cerró una temporada más, justamente interpretando dos de las suites que integran esta maravillosa partitura. La cita fue el pasado domingo 10 de junio en la sala Pau Casals del Auditori, que registró una buena entrada.  Además de la música acuática el programa se completó con la obra que suele acompañar tanto en conciertos, como en repetidas grabaciones a la primera partitura, me refiero a la Música para los reales fuegos de artificio, obra escrita por encargo de Jorge II, para festejar el fin de la Guerra de Secesión Austriaca y la posterior firma del tratado de Aquisgrán. En este caso, la obra está pensada con un marcado espíritu militar que buscaba ensalzar la figura del monarca británico. El estreno de la pieza tuvo lugar en Green Park el 27 de abril de 1749 contando evidentemente con la presencia de su majestad el rey. Parece ser que los festejos finalmente se vieron empañados al salirse de control la parte pirotécnica, al punto, que todas las construcciones fabricadas para el evento diseñadas por el decorador y arquitecto Giovanni Niccolo Servandoni, comenzaron a arder sin control, lo que incluyó un busto del mismo rey, que tuvo que ser evacuado del lugar.

Händel, había ejecutado públicamente la obra, en un ensayo en los jardines Vauxhall con un éxito tal, que el puente de Londres se colapsó durante tres horas ante el afluente de curiosos que se congregaron a escuchar al maestro.

 

En ambos títulos Le concert des Nations dirigidos por el estimado maestro Savall, estuvieron cómodos y muy afortunados. Es un repertorio visitado ya en varias ocasiones por esta orquesta y ello se notaba, pues había una familiaridad que permitió que la música fluyera con una naturalidad muy de agradecer. En este tipo de repertorio, que suele programarse con mucha frecuencia, en aras de diferenciarse del enorme número de versiones que hay en el mercado, muchas ocasiones escuchamos verdaderas ocurrencias que poco ayudan a la obra original.  Savall y sus músicos, sin embargo, se ajustaron al texto, y ello dio pie a una lectura, repito, brillante y llena de musicalidad.

 

Es realmente reconfortante ver, como el público ha logrado identificarse profundamente con estos músicos, a los que homenajea y agasaja merecidamente al final de cada uno de sus conciertos, Savall ha logrado, pese a lo que muchos puedan opinar, algo muy difícil de lograr, entre otras muchas cosas valiosas: el ser reconocido y apreciado por el público, que desde hace muchos años lo sigue y reconoce en todos sus proyectos una calidad altísima. Enhorabuena por tener en casa nostra gente de esta valía, sigamos apoyándolos.

Fausto Murillo

Fausto Murillo (Querétaro, México) 1977: licenciado en Composición por la Universidad Autónoma de Querétaro (2001). Ha realizado, estudios de Dirección Orquestal con maestros como Enrique Batiz, Sergio Cárdenas, Antoni Ros-Marbà y Salvador Mas, desarrollando actividad dentro de la Dirección tanto en México como el estado español. Durante 6 años condujo programas radiofónicos de difusión musical en México, publicando con regularidad en diferentes espacios, además de impartir desde hace 20 años charlas y conferencias en los más diversos foros. Convencido de la necesidad de renovar desde sus cimientos la actividad musical, además de impartir clases en los Cursos Oberts del Conservatorio Municipal de Música de Barcelona (CMMB) estudia el grado en Musicología en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).