Einstein on the beach

Einstein on the beach

El 27 de mayo, dentro del Ciclo Glass del Palau de la Música, Ictus Ensemble, Collegium Vocale Gent y Suzanne Vega llevaron a cabo la versión concierto de la ópera de Philip Glass Einstein on the Beach.

Esta ópera, estrenada en 1937 y la primera del compositor, tiene cuatro actos sin pausa y está escrita para coro y conjunto formado por dos teclistas que tocan órgano y sintetizadores, saxo, flautas y clarinete, además de un violín solista que representa al famoso físico Albert Einstein.

La representación fue de 200 minutos non stop de motivos breves en bucle que se aumentaban o disminuían en el tiempo y espacio con distintos patrones rítmicos, sucesión de números recitados, textos de Christopher Knowles, Samuel M.Johnson y Lucinda Childs y cambios de instrumentación, que creaba una sensación envolvente, también evocada por el montaje visual de Germaine Kruip, que iluminaba al público de tal manera que lo incluía en la obra. Los músicos que no tocaban formaban parte de la escena con sus ropas extravagantes y su actitud relajada y «playera» y compartiendo la actitud expectativa del público. Los que sí, lo hacían desde distintas partes del escenario y posiciones, ya fuera lateral, frontal o de espaldas al público, contribuyendo a crear la atmósfera necesaria para el transcurso de la obra y supliendo de esta manera la escenografía omitida.

Suzanne Vega destacó como narradora, con una entonación declamada, precisa y muy bien trabajada, que a veces se quedaba en segundo plano, como un timbre característico que aportaba color -igual que los números entonados por el coro-, o como la «voz cantante», por ejemplo, en su poderoso discurso All Men Are Equal de Samuel M. Johnson.

Violinista y perseguidora de críticas constructivas, titulada con el Grado Superior de violín y el Máster de Interpretación Avanzada en la ESMUC (Barcelona) del mismo intrumento. Gran amante del arte contemporáneo y de la cultura inglesa y japonesa.

Chad Hoppes, el violín romántico-impresionista

Chad Hoppes, el violín romántico-impresionista

El pasado jueves 16 de mayo, el violinista Chad Hoopes nos ofreció un concierto camerístico junto con el pianista David Fung con algunas obras del repertorio francés en la Sala 2 de l’Auditori.

Usualmente, cuando hablamos de un solista internacional, y especialmente de un violinista, en las notas de programa aparece el nombre del violín, ya sea un instrumento antiguo (Stradivari, Amati, Guarnieri etc) o en menor medida «moderno» o si ha pertenecido a alguna personalidad emblemática, de manera que aparentemente le damos crédito, incluso estatus, al violinista por el valor su instrumento. Eso se debe porque para adquirirlos la mayoría de veces necesitan haber pasado por un filtro muy grande de competiciones, ganar becas y/o haber realizado una carrera mínima de solista internacional. El violín de Chad Hoopes, es un instrumento moderno, del luthier Samuel Zygmuntowicz y había pertenecido en su tiempo al famoso violinista Isaac Stern. Se podría decir que el joven violinista compartía un poco la interpretación romántica del antiguo usuario del instrumento, con sus glissandi y portamentos y su sonido old school, incluso la elección de los bises la podría haber hecho perfectamente Stern o alguno sus discípulos, Zukerman y Perlman para uno de sus conciertos: una de las Romantic Pieces de Dvorák o la Romanza de Kreisler. 

El programa, titulado “El violín francés” incluía tres sonatas compuestas en un breve periodo de tiempo (1917-1927) -la sonata de Debussy, la famosa “Ballade” núm. 3 de Ysaÿe, la sonata número 2 de Ravel– y la sonata número 1 de Saint-Saëns, compuesta tres décadas antes, en 1885. Es importante saber el momento en que fueron compuestas, ya que aunque comparten nacionalidad, pertenecen y están influenciadas por estilos diferentes; Debussy y Ravel impresionistas, Ysaÿe fue el fundador de la escuela de violín franco-belga y la sonata de Saint-Saëns está compuesta en un estilo postrromántico. Sin embargo, la interpretación de Chad Hoopes – técnicamente muy buena en cuanto a ritmo y afinación-, resultó ser bastante homogénea y del mismo estilo en todas las piezas. Fue prácticamente un intercambio entre dos tipos de sonido: el resultante de un arco ligero, rápido y sul tasto con un vibrato ancho o el sonido resultante de tocar con mucha presión del arco -por supuesto con un generoso vibrato– en un legato contínuo.

El pianista David Fung, en cambio, tocó de manera más contrastante, combinando las sonoridades flotantes e impresionistas con pedal con melodías articuladas y percutidas como en el Blues de la sonata de Ravel.

Violinista y perseguidora de críticas constructivas, titulada con el Grado Superior de violín y el Máster de Interpretación Avanzada en la ESMUC (Barcelona) del mismo intrumento. Gran amante del arte contemporáneo y de la cultura inglesa y japonesa.

Mad Rush, carrera desenfrenada en el Palau

Mad Rush, carrera desenfrenada en el Palau

El martes 21 de mayo fue un dia muy esperado para los amantes de la música minimalista. Philip Glass en persona, se presentó en el Palau de la Música Catalana de Barcelona en el concierto cumbre de la programación del Ciclo Philip Glass de la temporada.

El concierto, de una gran calidad en toda su integridad, fue introducido por la pieza Vessels de 1983 -perteneciente a Koyaanisqatsi- , cantada por el Orfeó Català  y dirigido por Simon Halsey e interpretada por Albert Guinovart al piano. Esta obra, que empieza con un pedal de un intervalo de medio tono oscilante y va introduciendo elementos sencillos en loop, es una de las primeras obras vocales de Glass, y nos invita a abramos los oídos y que nos sumerjamos y nos empapemos en su atmósfera onírica y contemplativa.

La segunda pieza del repertorio, Mad Rush, despertó el entusiasmo del público con la aparición del compositor en el escenario. Basada en una pieza original para órgano y coreografiada más tarde por Lucinda Childs,  fue compuesta en 1979 y representa el primer minimalismo de Glass, con alteraciones de los patrones rítmico-melódicos sencillos sobre pedales repetitivos. Fue inspirador poder presenciar la entrañable y humilde interpretación de Philip Glass de la obra, con sus rubatos y sencilla musicalidad.

En un estilo de música más melódico, la pianista Maki Namekawa destacó -elegantemente vestida con un kimono dorado con adornos florales- al interpretar fragmentos de la banda sonora de la película Mishima: a life in four chapters. La pianista captó la atención del público desde el primer momento por su entusiasmo y cuidado en su interpretación y mantuvo en todo momento el hilo musical e interés en todos sus fragmentos, que contrastaban entre sí, con una articulación clara, concisa y muy elocuente.

Anton Batagov también realizó un gran trabajo, en un registro distinto, más oscuro y aterciopelado, y al mismo nivel técnico, especialmente destacó en el Etude 7, en el que remarcó de forma concienzuda el registro grave, donde se distinguían patrones rítmicos con elementos melódicos alternados con notas pedales.

La joya del concierto fue la ejecución a cuatro manos por Namekawa y Batagov de la pieza Stokes –estrenada en 2013 por Namekawa y Dennis Russell Davies- quienes se complementaron muy bien con sus sonoridades; como dijo Glass en la presentación de su ciclo de conciertos en el Palau, cada pianista «viene con su historia y sus gustos», que contribuyeron a enriquecer a su vez el resultado final.

Otras obras que se interpretaron en el concierto fueron Distant figure, passacaglia per a piano (2017) por Anton Batagov y Closing, uno de los seis movimientos de Glassworks interpretada por Philip Glass, muy adecuado para despedir un concierto de tanto nivel, y seguramente su última actuación en la ciudad de Barcelona.

Violinista y perseguidora de críticas constructivas, titulada con el Grado Superior de violín y el Máster de Interpretación Avanzada en la ESMUC (Barcelona) del mismo intrumento. Gran amante del arte contemporáneo y de la cultura inglesa y japonesa.

Pasiones frías

Pasiones frías

El pasado 16 de abril, Jordi Savall presentó en l’Auditori un repertorio particular de estas fechas, la íntegra Pasión según San Mateo BWV 244 de J.S.Bach en su versión concierto.

Dentro de la obra de Bach, esta pasión se podría considerar una de sus piezas más conocidas. Para ponernos en situación, una pasión, y en concreto una pasión oratoria, es un género musical donde se musicalizan escritos de los evangelios relacionados con la pasión de Cristo y tiene una forma similar al oratorio barroco, es decir, con sus recitativos y arias acompañadas con bajo contínuo o grupo instrumental. Al mismo tiempo se intercalan con interludios instrumentales y coros. El recitativo lo realiza la voz del narrador, que se alterna con las voces de los distintos personajes que van apareciendo. La Pasión Según San Mateo está escrita para doble coro y orquesta, además de los solistas vocales e instrumentales. Para su interpretación, Savall reunió a La Capella Reial de Catalunya, VEUS-Cor Infantil Amics de la Unió y Le Concert des Nations. 

Las corales desempeñaron muy bien su papel en sus distintas intervenciones, destacando en números como el 54 O «Haupt voll Blut and Wunden«, 58d «Andern hat er geholfen» o el número final «Wir setzen uns mit Tränen nieder«, en ellos podían entrever emociones de compasión, ternura y dolor, con una interpretación de una gran intensidad interna o en ocasiones despótica y brutal como en las exhaltaciones de «Lass ihn kreuzigen» (Que lo crucifiquen).

Entre los solistas vocales destacaron el barítono Matthias Winckler en su papel de Jesús, profundo, y muy solemne, las sopranos Rachel Redmon, con un registro bastante amplio con carácter, vibrato trabajado y una proyección fluída y Marta Mathéu, con una voz llena de naturalidad y cuerpo. Florian Sievers (tenor) desempeñó un papel de Evangelista correcto, declamado y neutro. Sin embargo hubieron otros casos como el del tenor David Hernández, quién ejerció su papel de Testimonio II de forma estática y con poca profundidad y el contratenor David Sagastume (Testimonio I), que sorprendió bastante por su desafortunada interpretación con desajustes de afinación, fraseo y voz entrecortada, teniendo en cuenta el proclamado y defendido gran nivel de los músicos que habitualmente son dirigidos y colaboran con Savall.

Por parte de los instrumentistas solistas destacaron los solos de viola de gamba de Jordi Savall como el introductorio al aria «Geduld» (n.35) y el de la concertino solista de la segunda orquesta, Guadalupe del Moral, que realizó una interpretación historicista muy acorde con el estilo de la obra, arco ligero y articulación corta, precisa y dinámica. Por otra parte,  posiblemente por una poca preparación hubieron bastantes fallos en los vientos, que desestabilizaron el sonido general de las dos orquestas o la introducción/acompañamiento de alguna aria como «Sehet, Jesus hat die Hand».

Si bien la interpretación de Savall como solista de viola de gamba fue de gran calidad, su dirección resultó automática y rudimentaria, en la que prácticamente no daba indicaciones de carácter y matices referentes a la interpretación, dando lugar a una versión de la pasión bastante metronómica.

Haciendo un análisis general del concierto nos podríamos preguntar por qué hubieron fallos y desajustes que se podrían haber evitado en ensembles considerados de los mejores en el campo de la música antigua. ¿Quizás porque fue el primero de una gira de tres conciertos; Barcelona Versalles y París? ¿Es posible que el de Barcelona fuera un ensayo general?

Violinista y perseguidora de críticas constructivas, titulada con el Grado Superior de violín y el Máster de Interpretación Avanzada en la ESMUC (Barcelona) del mismo intrumento. Gran amante del arte contemporáneo y de la cultura inglesa y japonesa.

La música de las fronteras de Andorra: Vera Martínez y la ONCA

La música de las fronteras de Andorra: Vera Martínez y la ONCA

El concierto en el Petit Palau que el pasado jueves 21 de marzo nos presentaron la Orquesta Nacional Clàssica d’Andorra (ONCA) y Vera Martínez (primer violín del Cuarteto Casals) como concertino-directora invitada tenía un formato algo distinto al que estamos acostumbrados. Documentado con archivos e imágenes del Principado de Andorra a través de un proyector y la voz de un narrador, Gerard Claret –fundador y concertino-director de la ONCA, así como hermano del también conocido chelista Lluís Claret-, la orquesta mostró una visión de Andorra como país neutral en la primera mitad del siglo XX con obras de distintos estilos.

Encabezada por un fragmento del Manual Digest muy bien declamado por el narrador, que hablaba de los árboles y el caudal de un río, la primera obra interpretada fue la Serenata para cuerdas op 20 de Elgar, que reflejaba una sensación de paz y serenidad bucólica utilizando melodías delicadas y agradables, y se identificaba con la imagen que tenemos de Andorra como país neutral. La imagen proyectada de los agricultores de 1932 llamada «L’hora del batre» reafirmaba esta idea.

El tema de la segunda pieza fueron los refugiados y en pantalla apareció un fragmento de un artículo de la prensa francesa que hablaba del tema, escrito por la periodista Isabelle Sandy en 1939. La obra elegida para empatizar con la causa, esta vez fue el Langsamer Satz en mi bemol mayor de Anton Webern, de una armonía mucho más densa y romántica que la obra anterior, y que transmitía emociones como la melancolía, ansiedad o el desasosiego. En la interpretación de la obra no sólo las melodías en modo menor y las largas progresiones en crescendo y reflejaban todo esto, sino que incluso los pizzicato del acompañamiento estaban imbuidos por la atmósfera. Los trémolos impetuosos y los legatos vibrantes de todo el arco también contribuyeron a perpetuar el carácter.

Continuando con el orden de menor a mayor tensión, la tercera obra que tocaron fue el conocido cuarteto de cuerda de Shostakovich número 8 en do menor, interpretado a gran escala con la formación de camerata y dedicado en su tiempo por el mismo compositor a «Las víctimas de la guerra y el fascismo». La temática de la tercera parte del concierto fueron «Els passadors», personas que residían en las fronteras y se encargaban de pasar los refugiados de guerra desde un país al otro.

Se podía visualizar y empatizar fácilmente con todas aquellas personas que habían practicado este oficio – y el gran peligro que habían sufrido en el proceso- por el relato que nos mostraron a través de las imágenes y la ambientación de la orquesta con la música de Shostakovich: una fotografía mostraba una bandera nazi en la frontera mientras que la música, disonante y en tensión, repetía una y otra vez la firma del compositor –re, mib, do, si– como si de una sentencia amenazante de muerte se tratara y forzara a las víctimas de la guerra a emprender una aterradora huída por la supervivencia.

La interpretación de Vera Martínez y de la ONCA fue muy notable, especialmente incentivada por el gran liderazgo de la solista. Las entradas, realizadas con gran elocuencia, acompañaban e indicaban el carácter de las frases y se podía percibir una gran sincronía y entendimiento entre todos los músicos. En los momentos de más tensión utilizaba algunos recursos como el vibrato estrecho y presión en el arco -al estilo mesa di voce- o también con el arco muy lento a la punta podía obtener un sonido limpio, contínuo e intenso, como por ejemplo hizo en el tránsito del tercer al cuarto movimiento. El segundo movimiento, con su particular tema juguetón de una sátira oscura, lo expresó con una articulación saltada y muy precisa, utilizando poquísima cantidad de arco en el centro. La solista de violonchelo desempeñó también un gran papel como intérprete en sus diálogos con la orquesta.

Violinista y perseguidora de críticas constructivas, titulada con el Grado Superior de violín y el Máster de Interpretación Avanzada en la ESMUC (Barcelona) del mismo intrumento. Gran amante del arte contemporáneo y de la cultura inglesa y japonesa.