Abbott, Meier y la fotografía en Nueva York

Abbott, Meier y la fotografía en Nueva York

A la fotógrafa neoyorquina Vivian Meier alguien la salvó del olvido al encontrar los 120.000 negativos que, sin revelar, se habían abandonado en un sótano oscuro de la ciudad. Foto Colectania se hizo eco de la fotógrafa “misteriosa” y expuso su obra en Barcelona en 2016, en colaboración con la Fundación Canal de Madrid. Ahora, la Fundación Mapfre expone la obra de Berenice Abbott, otra mujer pionera en la fotografía y ligada irremediablemente a la ciudad que nunca duerme.

No es del todo casual que Estrella de Diego sea la comisaria de esta muestra que reúne hasta 200 imágenes de una de las fotógrafas más destacadas de la primera mitad del siglo XX. La conexión, el viaje que en 1934 emprendieron el pintor Salvador Dalí y Gala -la Gala “creadora”– a Nueva York, en plena reforma de su casa en Portlligat. Un viaje que años más tarde culminaría con en el Pabellón El sueño de Venus, construido por la pareja con motivo de la Exposición Universal de Nueva York en 1939.

Allí estaba Berenice Abbott (17 de julio de 1898, Ohio – 9 de diciembre de 1991, Maine) para capturar a través de su objetivo el desarrollo y la transformación urbanística de la ciudad, que vivió un momento de expansión y boom económico al tiempo que se esforzaba por resurgir de la gran crisis del crack de 1929.

La exposición Berenice Abbott. Retratos de la modernidad, disponible hasta el próximo 19 de mayo, se divide en tres grandes secciones. Una primera parte dedicada al arte del retrato, con grandes figuras de la época inmortalizadas por su cámara, como James Joyce, Djuna Barnes, Jean Cocteau o Edward Hopper. También una serie dedicada a Eugène Atge, fotógrafo con quien Abbott descubrió el “documentalismo artístico” y la fotografía testimonial que años más tarde desarrollaría de vuelta a Estados Unidos.

La ciudad de Nueva York, monumental, ambigua, impotente y contradictoria en su propia definición, constituye la segunda parte de la exposición, y a mí manera de ver la más interesante. Y por último, una amplia producción fotográfica relacionada con la ciencia, especialmente con la física, en colaboración con el Massachusetts Institute of Technology (MIT).

Abbott fue pionera en muchos aspectos. Por ser mujer, artista y viajera en una época en la que la libertad femenina era una excepción, pero también por lo revolucionario de su visión fotográfica, por esas imágenes de rascacielos enormes que parecen hechas con drones; de ese Autorretrato-distorsión, fechado en 1930, y que bien podría considerarse precursor del uso ahora indiscriminado de los filtros.

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* Fotografía: Berenice Abbott  West Street, 1932 | © Getty Images/Berenice Abbott
Elisa Pont Tortajada

Periodista. Inquieta. Amante de las letras y de la cultura en general. Pensar es la maravilla de esta vida.

El grado cero de Elvira Smeke

El grado cero de Elvira Smeke

Elvira Smeke  (México, 1978) expone su obra desde el 8 de febrero al 7 de abril en la galería de la Plaza de la República 20, 4to piso en México D.F.  en un espacio gestionado por Alberto Ríos de la Rosa.

I Am Naked Now presenta el más reciente cuerpo de obra de la artista mexicana Elvira Smeke, el cual surge a partir de la búsqueda del grado cero en la forma estética por medio de la instalación escultórica, la pintura y la manipulación de la imagen digital.

(Fotos: Adrián Maldonado)

Las piezas mostradas en esta exhibición son producto de una serie de acciones a puerta cerrada, largas caminatas y una dosis de juego a través de los cuales la artista explora los preceptos filosóficos ligados al feminismo de Luce Irigaray y Hélène Cixous y bajo el estudio del cuerpo propuesto por Judith Butler generando así nuevas narrativas a sus propias interrogantes y su posición en la producción plástica internacional.

Gran parte del resultado de sus piezas se deriva del «accidente”, como ella lo define, cosas o situaciones inesperadas que le ocurren, pero que aprovecha para crear.

La exposición ofrece un conjunto de posibilidades de experimentar el mundo con diferentes resultados y por medio de un cambio constante de las relaciones entre el contexto y el visitante. Esta relación se da tanto a nivel físico, por medio de las instalaciones escultóricas y breves ejercicios tridimensionales como en un nivel visual por medio de las pinturas, las intervenciones textuales y finalmente la fotografía digital.

Lou Andreas-Salomé, una mujer que transformó el siglo XIX

Lou Andreas-Salomé, una mujer que transformó el siglo XIX

Lou Andreas Salomé es probablemente una de las mujeres más estereotipadas de la historia del pensamiento contemporáneo, se la conoce a menudo como la seductora ya que intelectuales notables de la época como Nietzsche y Rilke se enamoraron de ella y a menudo se habla de ella como la musa de otros y se olvida su propio pensamiento. Acantilado ha editado recientemente una biografía completísima y desmitificadora de la vida y producción de Lou y ahora que acabamos de pasar el ocho de marzo parece un buen momento para hablar de ella, pero bueno, ¿cuándo no lo es?

Isabelle Mons nos cuenta que Lou, pese a tener ascendencia alemana y francesa, nació en 1861 en Rusia siendo la hija menor de seis hermanos y la única que no nació hombre. Su padre poseía una buena posición social y era un alto cargo del ejercito, cosa que hizo que tuviera la oportunidad desde muy pequeña de rodearse de artistas e intelectuales en los salones de la alta burguesía rusa. Fue su padre quien más la cuidó y se preocupo por su educación y su cultura ya que tuvo una relación distante con su madre que hubiese preferido que naciera hombre ya que para las mujeres la vida era más difícil. La muerte del padre cuando ella era muy joven le afecto profundamente y probablemente, según Mons, condicionó para siempre sus futuras relaciones con los hombres. Leyendo esta biografía uno se da cuenta que por encima de todo Lou fue una mujer independiente que no dudo en remar a contracorriente de la época para conseguir y preservar su autonomía. Fue por eso también por lo que rechazó a tantos hombres y por lo que conoció a tantos, porque no paró nunca de viajar y cambiar de ambientes con el objetivo de conocer más y más el mundo intelectual de su época y porque no quiso que un matrimonio le cortara las alas.

Fue Hendrik Guillot el primero que entendió mal a Lou, con el mantuvieron una temprana relación de profesor y alumna a través de la cual Lou se formó en filosofía, teología y literatura. La joven Lou de diecisiete años quedó fascinada por aquel profesor que le introdujo a tantos ámbitos de conocimientos que serian claves para ella durante el resto de su vida pero Guillot terminó por enamorarse de ella e incluso planeó divorciarse de su mujer y casarse con ella. Lou se sintió profundamente decepcionada y rompió relaciones con Guillot y des de aquel momento inició un viaje por las grandes capitales culturales de Europa que no terminó practicamente nunca.

Debido a la perdida temprana de su padre y su maestro Lou desarrollo un profundo sentimiento de soledad que compensó con la fe y la pasión por el conocimiento y que terminó por desarrollar un importante trabajo de autoconocimiento de sí misma que formaría una prematura consciencia adulta. Para Lou el nacimiento es una caída de una totalidad del individuo con la naturaleza, con el universo, anterior al nacimiento. De este modo el individuo se siente solo, separado de su esencia y toda su vida se convierte en una búsqueda de la reconexión con esta totalidad universal. Lou encontrará en el viaje como modo de vida aquello que está buscando, conocerse y conectarse con el universo, el viaje también es libertad, es emancipación de las restricciones sociales de la época. Esta concepción de la vida bebe mucho del pensamiento neorromántico de la época con Schopenhauer a la cabeza y no resulta difícil entender que estas ideas le llevaran pronto a conocer a otro seguidor del pensamiento de Schopenhauer, Nietzsche.

Andreas-Salomé acababa de estudiar filosofía en la universidad de Zurich, una de las primeras que permitía estudiantes mujeres y la necesidad de cambiar de aires para curarse de una enfermedad respiratoria le hizo viajar a Roma. Allí asistió a un café literario que organizaba una amiga de un profesor de universidad de Lou y allí se reunían de forma habitual Paul Rée y Federich Nietzsche. Cuando se conocen Nietzsche pronuncia una frase que hizo fortuna “De que estrellas hemos caído para encontrarnos aquí” y pronto se crea una conexión entre el y Lou que comparten un sentido trágico de la vida pero a la vez vitalista. Tal es la sintonia intelectual que Nietzsche queda maravillado cuando escucha a Lou decir cosas como “la capacidad de resistir el mal garantiza la grandeza de la existencia, es precisamente en el momento más intenso del enfrentamiento en el que se eleva espiritualmente” y los dos se influyen mutuamente y se inspiran para acabar de redondear sus obras. Por aquella época es cuando Nietzsche escribe su famoso Así Habla Zaratustra reconociendo que fue Lou quien le aportó la suficiente madurez para escribirlo y por su parte Lou escribe uno de sus primeros textos sobre la singularidad femenina titulado Sobre la Mujer. Es conocido que también Nietzsche pidió matrimonio a Lou y que esta lo rechazo, los dos junto a Rée quisieron vivir juntos para seguir influenciándose intelectualmente, pero fue la intervención de Elisabeth Nietzsche, la hermana del pensador, que se sentía profundamente celosa de Andreas-Salomé la que terminó por frustrar sus planes mas que la proposición rechazada de bodas, como se acostumbra a explicar.

Por alguna razón que no se termina de conocer del todo Lou se casó con el orientalista Friederich Carl Andreas que le otorga su apellido, por el que no sentía pasión amorosa. Andreas sufrió bastante al sentirse rechazado por su esposa pero le otorgó a Lou la independencia que buscaba en una época en la que si no contabas con un hombre al lado te costaba mucho gozar de libertad. Lou dependió siempre de sus hermanos para poder viajar hasta que conoció a Andreas. Tambien fue gracias a Andreas que Lou se interesó por el naturalismo alemán y conoció la obra de Ibsen dedicándole un ensayo a la representación de la mujer en su obra, texto que hizo fortuna y la hizo popular en Noruega.

Con quien si que tuvo una apasionada relación fue con el poeta Rainer Maria Rilke menor que ella. Parece que Rilke leyó los escritos relacionados con la religión de Lou y se convirtió en un gran admirador de ella hasta que la conoció y entonces se enamoró perdidamente. Fue Rilke quien terminó por descubrir a Andreas-Salomé el amor y la sexualidad, cosas de las que ella había rehuido durante años, probablemente bajo el temor de perder su autonomía personal. Aún así, la relación entre ambos fue desigual debido probablemente a que Rilke era demasiado apasionado e inestable y terminaron por distanciarse, aunque sea probablemente una de las relaciones epistolares más duraderas de Lou. Andreas-Salomé ve gracias a Rilke la naturaleza vitalista del arte en cuanto a expresión sentimental que conecta al individuo con la totalidad y con la vida. También será junto a Rilke que Lou se interese por el pensamiento y la literatura de su tierra natal y viaje a Rusia donde conocerá a intelectuales relevantes como el mismo Tolstoi.

Pero fue en el psicoanálisis donde encontró una potente forma de continuar su compromiso con el conocimiento y con ella misma. Ya se había familiarizado con conceptos psicológicos de vital importancia como el de la mala consciencia gracias a Nietzsche y fue gracias a la psicología que hay en Nietzsche que Lou vivió la transición hacia el psicoanálisis de su pensamiento como una cosa natural. Lou conoció a Freud en Viena y asistió a sus seminarios de los miércoles donde se gestó el psicoanálisis freudiano y se constituyó como sociedad de escala internacional. Freud quedó fascinado rapidamente por la capacidad de Lou de escuchar y de ser original en las aportaciones y comentarios, capacidades fomentadas por su profunda inquietud de no dejar nunca de aprender y pronto establecieron una relación muy cercana. Pese al pensamiento ecléctico de Lou y el hecho de que provenga del mundo de las letras y no de las ciencias como la mayoría de integrantes de la sociedad psicoanalítica, Andreas-Salomé aceptará el pensamiento de Freud y lo defenderá de los múltiples intentos de crear teorías psicoanalíticas paralelas a la que se está constituyendo como ortodoxa y incluso llegará a ejercer como analítica donde planteara la terapia como una forma de conocerse también a ella misma quitándole importancia al tiempo que le dedica a cada paciente.

Tendrá algunos conflictos con Freud como el hecho de que el padre del psicoanálisis vea en Lou cierto infantilismo en los planteamientos relacionados con la unión originaria del individuo con el universo, pero como pasó con Nietzsche y Rilke los dos amigos se influenciaran el uno al otro y Lou fue de vital trascendencia en los estudios sobre la sexualidad infantil que realizó Freud y que fueron tan relevantes para su doctrina y también a partir de ellos Lou desarrollará sus planteamientos sobre la mujer.

Su concepto de mujer viene a significar un planteamiento intermedio en que partiendo de planteamientos psicoanalíticos rechazada sus conceptos mas duros referentes a la mujer de Freud como el conocido como envidia de pene. Reivindica una mujer como lugar de encuentro y recogimiento que es enriquecido con el encuentro con el hombre muy asociado a la lactancia materna y una naturaleza pasiva defendida como virtud que es criticada por las feministas de la época. Una vez mas estos planteamientos resultan muy asociados a la propia experiencia vital de Lou y su relación con los hombres marcada por la relación con su padre y con Guillot.

Lou Andreas-Salomé fue una mujer optimista, incluso en tiempos de de la gran guerra, que luchó por su independencia a costa incluso de no implicarse en luchas sociales demasiado exigentes como el feminismo emergente en la época ya que según ella eso seria una tarea demasiado dura a nivel personal. Aún así, la biografía que nos trae Mons no es solo una biografía de Lou sino también de una época en la que Lou está muy implicada. Novelista, critica literaria, filosofa y psicoanalista, sus inquietudes la llevan a Italia, Alemania, Francia, Austria o Rusia, donde conoce gran parte de los grandes intelectuales y artistas de la época y donde, aunque a veces tendemos a pensar que no era así, también había muchas mujeres pese a las limitaciones sociales. Mujeres que organizan tertulias literarias o filosóficas, que escriben, que crean o que psicoanalizan y que mueven también esa siempre ajetreada Europa del conocimiento.

Graduado en Humanidades con mínor en filosofía. He trabajado temas relacionados con el ecologismo y la relación entre naturaleza y sujeto. Siempre que puedo escribo y trato de descubrir nuevas voces de la literatura contemporánea.

El Despertar de las Hormigas: la entrevista.

El Despertar de las Hormigas: la entrevista.

“Carlos, la actriz protagonista Daniela Valenciano estará presente en la entrevista junto a Antonella, si te parece bien” Estoy en la sala de espera y recibo esta noticia como quien recibe un regalo inesperado. Las costarricenses Antonella Sudasassi y Daniela Valenciano son directora y actriz principal de El Despertar de las Hormigas, la cuarta película en la historia de Costa Rica que participa en el festival de cine de Berlín, la Berlinale. El proyecto salió adelante con coproducción española.

El Despertar de las Hormigas es una pequeña revolución en forma de noventa y cuatro minutos de talento: pertenece a ese tipo de películas donde uno sabe que, por alguna razón, va a permanecer en su memoria. Es la historia del despertar de Isabel (a la que da vida Daniela Valenciano) quien vive junto a su marido y sus dos hijas en las afueras de San José, capital del país. En una humilde casa de madera, Isabel gana su sustento como costurera y su marido la presiona con tener un tercer hijo, algo que vemos sería económicamente inviable. Sueños despiertos, dinero escondido, cabello que se cae y una fotografía de enorme nivel artístico conforman esta pequeña gran historia, la pequeña gran revolución de Isabel. Entro en la sala de entrevistas y ahí están juntas. A Antonella le brilla la sonrisa y a Daniela le vibra el alma.

Hoy (por el 10 de febrero) se ha estrenado El Despertar de las Hormigas para la prensa y en dos días tenéis el estreno mundial al público. ¿Como os sentís?

Daniela Valenciano: Muy nerviosa (estalla en una risa que nos contagia) Nunca me he visto en una pantalla grande y claro, una hace una película pero no sabe que película va a ver.

Antonella Sudasassi: Es la primera vez que Daniela actúa para cine y ella misma no la ha visto todavía, es un gran estreno para ella. Yo viví en Berlín un tiempo y volver acá con la película es increíble…ya era un sueño cuando venía como público al festival.

El Despertar de las Hormigas es un rara avis en las tendencias del cine actual. Hay un gran balance de emociones, no la definiría ni como una película triste ni como una alegre. ¿Buscaste Antonella este balance a propósito o cómo surgió?

A.S: La idea era hacer una película que no fuera necesariamente confrontativa. Se habla de los temas a través de la cotidianeidad y quería demostrar como en las pequeñas cosas sigue habiendo patrones conservadores que hace falta cambiar. Lo vemos en el cambio del personaje de Isabel. Yo quería que el público no juzgara tanto sus decisiones sino advertir que dentro de ella algo ya cambió y nada va a ser igual. Las cosas se empiezan a cambiar de a poquitos y un ejemplo de ello es el movimiento #metoo: las grandes revoluciones llegan de generación en generación, pero el cambio empieza en pequeñas cosas del día a día. En Costa Rica no hay una sumisión absoluta de la mujer al hombre pero hay un montón de pequeñas cosas -quien gestiona el dinero en la casa o la presión familiar por tener más hijos- que hay que cambiarlas y hace falta decisión. Y tiempo.

El papel del marido (interpretado por Leynar Gómez) descoloca porque genera una tensión entre él e Isabel que no se sabe por dónde va a salir. ¿Cuál es el rol del hombre en la Costa Rica actual?

D.V: El rol cambia dependiendo de donde uno viva. En el centro de San José la gente quiere cambiar porque ven que el mundo ya está cambiando pero en las afueras los patrones patriarcales están más arraigados. Isabel desearía hablar y expresar lo que siente, pero es más fuerte el rol donde la ha instaurado el sistema, el del miedo a las reacciones de los demás. Ella no puede cambiar su vida pero sí ayudar a que la de sus hijas sea diferente, a través de pequeñas acciones, detalles del día a día. Hormiguitas.

A.S: Yo vengo de una familia con muchísimas mujeres. Crecí viendo cómo mis tías y mis abuelas vivían para estar al servicio de los demás y así es como te educan, olvidándose uno de uno mismo. Eso se traslada a las relaciones personales y de pareja, donde lo das todo porque así es como hemos aprendido a amar. Aprendemos que ese es el rol femenino y cuesta aprender a preocuparse por una misma. Yo tengo treinta y dos años y no lo aprendí ayer, pero sigue ocurriendo.

¿O sea que esa tensión que comentaba nace de ella, de Isabel?

A.S: Sí, a no hacer lo suficiente para cumplir las expectativas de los demás.

D.V: Es una pequeña cosa por dentro (como una hormiguita que te pica, añade Antonella) que te dice que algo se podría hacer de manera diferente y por eso Isabel no toma a veces las mejores decisiones; quiere sentir que ella tiene el poder de decidir sobre su vida y no la estructura social en la que vive. Yo soy madre y rompí esa relación normalizada que hay con un hijo, los dos somos muy independientes, pero a veces tengo trabas con mi mamá cuando cuestiona mis propias decisiones como madre.

A cargo de la cámara está Andrés Campos, asimismo director de la fotografía. ¿Cómo trabajasteis juntos y cómo fue la elección de los planos?

A.S: Yo estudié Comunicación con énfasis en la Producción Audiovisual y siempre me ha interesado mucho la fotografía. Era la primera película que Andrés hacía en Costa Rica y el trabajo de foto fue muy difícil, porque nosotros no ensayamos nunca: todo era en función de la improvisación y la cámara no sabía dónde se iba a mover. A las niñas nunca se les enseñó el guion ni se les dijo lo que tenían que decir, de ahí la naturalidad que se siente en la película. Lo que hicimos es trabajar con ellas creando vínculos personales para que se sintieran cómodas, pero nunca ensayamos. Daniela, que sí había leído el guion, guiaba de alguna manera la sucesión de los eventos pero todo en función de la improvisación. Así que decidimos lo siguiente: como no sabíamos dónde nos íbamos a mover, rodamos en una casa pequeña y la iluminamos entera, 360 grados, así la cámara podía elegir donde centrar la atención, en Isabel y su marido o siguiendo a las niñas cuando salían corriendo de aquí para allá. Todo podía pasar.

Es fascinante la presencia que tiene el pelo en la película. Desde un lado cultural, ¿qué importante es el cabello en una mujer?

A.S: Desde hace siglos el cabello es un símbolo femenino de la belleza y eso es lo quería rescatar, esa idea de que el pelo largo es lo que te hace mujer. Había visto una noticia sobre la mujer con el pelo más largo de Brasil y salía el marido diciendo que así lo quería él, porque le encantaba el pelo largo aunque el gasto en champú era muy alto. La mujer apenas salía en la entrevista.

D.V: En este momento en Costa Rica, si yo me corto el pelo no puedo acceder a ciertos trabajos como actriz porque ya no soy femenina. En la publicidad las mujeres tienen el pelo largo y ese es el estereotipo, que si te lo cortas te verás masculina y no les gustarás a los chicos.

Y la última pregunta, ¿cuál es la situación de Costa Rica en materia de producción y distribución?

A.S: Ahí estamos muy atrasados porque en nuestro país no hay Ley de Cine. Nuestro único fondo es el Fauno -presupuesto ordinario del centro de cine de Costa Rica– y si desaparece ese presupuesto el cine podría morir, porque no hay nada regulado por ley. Por eso para terminar películas casi siempre hay que hacer coproducción con otros países. Y bueno, la distribución es ya casi imposible, sobre todo una película como la nuestra que no es comercial y tiene un lenguaje distinto al que están acostumbradas la mayoría de las personas. Los cines en Costa Rica solo pasan películas comerciales, solo hay uno con una programación diferente en el que ver por ejemplo películas de festivales y cine europeo. Y allí estrenaremos en junio la película. Paso a paso, como una hormiguita.

Carlos Ibarra Grau

Entiendo la realidad a través del cine, al que dedico gran parte de mi tiempo y de mi vida. Me diplomé en Turismo y vivo en Berlín desde 2013, trabajo en el Deutsche Bank y asisto semanalmente a salas de cine y eventos cinematográficos. La poesía es mi segunda pasión. Puedes seguirme en twitter en @cineypoesia y en Instagram en @gato_grau

Rosalía: ¿elegancia poligonera o más que Malamente?

Rosalía: ¿elegancia poligonera o más que Malamente?

Rosalía está de moda. Su álbum El mal querer (Sony Music), basado en una relación tóxica, fue estrenado en 2018 y supuso la catapulta que sorprendió al mercado musical con su tema de presentación Malamente, con el que ganó dos Premios Grammy Latinos. La crítica también se rindió ante este trabajo catalogándolo como uno de los mejores del año pasado aunque como no todo iba a ser un camino de rosas, la polémica se desató con el dilema de si en su trabajo hay apropiación cultural o no. Sin embargo, Rosalía ¿es más que Malamente o su trabajo no está al mismo nivel de esa gran presentación mundial?

El single Malamente, el trillado primer tema que supuso la revelación de este disco, presentó referencias unidas tradicionalmente -desde hace mucho tiempo- al mundo de los gitanos pero en el álbum no se quedan solo en este tema, sino que continúa con ellas, como sucede por ejemplo en relación a los toros o la religión. Esto tiene un halo de exotismo desde hace siglos, sobre todo como herencia del XIX, pero no deja de ser un estereotipo que se repite ad infinitum. En contraposición, uno de los motivos que enriquecen sus textos son algunos guiños lorquianos que aparecen en sus letras, que hacen que esa visión «tradicional» se vea en cierta manera enriquecida.

Por su parte, la estética visual acumula símbolos relacionados con lo anteriormente mencionado pero asociado también a una estética choni poligonera adornada con el mundo del motor. Un sonido elegante que contrasta con ese resultado visual que incluye uñas a lo Black Panther. Un auténtico contraste.

Otra de las características de este álbum es que se divide en capítulos con nombre propio que tienen también una referencia religiosa en determinados casos, como Liturgia (del tema Bagdad) o Éxtasis (de la canción Di mi nombre). De hecho, en la portada del disco ella aparece representada como si fuera la Virgen María con transparencias coronada por siete estrellas y encima de ellas la representación del Espíritu Santo en forma de paloma. En cambio, en bastantes fotos de cada uno de estos capítulos Rosalía tiene una apariencia que se puede relacionar con la de una Frida Kahlo contemporánea, especialmente en el tema Que no salga la luna, con una similitud con Las dos Fridas (1939).

Las influencias del flamenco también están presentes pero redefinidas bajo un nuevo prisma. ¿Apropiación cultural? No es algo nuevo, se lleva practicando en todos los géneros musicales desde hace mucho tiempo, incluida la música clásica, de manera que se utilizan elementos bajo una (re)visión artística personal a los que se pueden añadir otros estilos similares o muy diferentes para obtener un nuevo trabajo con diversas influencias.

El flamenco está presente en la voz de esta artista, el acompañamiento de la guitarra, la percusión corporal, los ritmos y la repetición de expresiones, como en Di mi nombre. Además, está fusionado con otros estilos como el rap, el pop y el cada vez más influyente trap, lo que hace que el resultado nos suene novedoso.

Para mí uno de los estilos más expresivos del flamenco lo constituyen las nanas. A pecho descubierto se transmite lo más íntimo. O no, dependiendo de la interpretación. En su Nana (capítulo 9: Concepción), Rosalía está a la altura de ese género aunque en su solo me sobró todo el sonido tecnológico que se añadió, ya que hubiera sido un tema aún más profundo sin ese sonoridad artificial que la envuelve.

Por tanto, El mal querer es un álbum que supone todo un descubrimiento que va mucho más allá del ritmo y la letra pegadiza de ese primer tema que me hizo pensar que tal vez su escucha fuera Malamente. No obstante, con el bombardeo -un tanto excesivo- que hemos recibido en los últimos meses sobre Rosalía, me planteo: ¿se quedará en un buen trabajo (casi) inicial, tirará por su propio y particular estilo o acabará abrazando la música (aún más) comercial como ya sucedió con tantos otros artistas?

(Fotos: rosalia.com y Cultura Genial)

Irene Cueto

Irene (Valladolid) tiene el Grado Superior de Piano (Conservatorio Padre Antonio Soler), es diplomada en Magisterio Musical (Universidad Complutense de Madrid), licenciada en Historia y Ciencias de la Música (Universidad de La Rioja), Máster en Creación e Interpretación Musical (Universidad Rey Juan Carlos) y es doctoranda en Humanidades en la Universidad de La Rioja. Compagina la docencia con la investigación, la interpretación y la divulgación.

«She makes noise»:  Pan Daijing

«She makes noise»: Pan Daijing

Vivimos en un mundo en el que aún hay que hacer festivales en los que su cartel sea exclusivamente femenino, a la vista de la escasa representación femenina en el resto. Vivimos en un mundo, además, en el que aquellas que denunciamos esta situación tenemos que pasar por posibles represalias profesionales o personales, o que nos llamen feminazis o que nos digan que somos unas exageradas, uans amargadas o que queremos ser nosotras las que ocupemos el lugar de los hombres con menos esfuerzo. Por eso, los festivales que pelean por mostrar el trabajo de mujeres son un campo de batalla de una guerra en la que nos han metido los que creen que no hay nada que cambiar. Desde esta lucha, un año más, llegaba el She makes noiseLa Casa Encendida de Madrid, que celebró el pasado fin de semana su cuarta edición. Conjuga conciertos con talleres y cine experimental hecho por mujeres. Abrió la edición Pan Daijing, que visitaba por primera vez la capital española.

Llegó quejándose de la puntualidad española. Fue un gesto tomado por simpático entre los asistentes, quizá porque Daijing reside desde hace años en Berlín y no supo entender que la puuntualidad alemana no es la española. De pronto, en esa queja, se sumaron tantos prejuicios, por un lado y por otro, que fue políticamente dudosa la legitimidad de la supuesta broma sobre la puntualidad. Su sesión, dijo, era de 21 a 22. Si empezaba más tarde, no tocaría más allá de las 22. Es trabajo digno, de acuerdo, pero no por ello deja de ser problemático. En fin. También conectó su móvil al cargador en la mesa junto a sus sintes. Nos explicó que una vez la había llamado un amigo en plena sesión y se arrepentía de no haber incluido la llamada como material sonoro. Nos pidió que no nos cortásemos en llamar si diera la casualidad de que alguien entre los presentes tenía su número. Como se imaginarán, no sucedió que alguien la llamara. Pero me pareció un síntoma de las diferencias entre «repertorios». Mientras que en las salas de concierto de «clásica» se pide una y otra vez -en vano- que se apaguen los teléfonos, y es molesto y condenado cuando suena uno (¡yo misma lo hago, como aquí!), en este tipo de conciertos, por el contrario, se invita a que suenen los móviles. Mejor dicho, un móvil, el de ella. Es un problema de concepto: el móvil como disrupción y el móvil como material. Tal es la complejidad de la interacción entre sonidos.

Es común a otros trabajos encontrar un sonido frío, industrial de la electrónica (similar al comienzo de «Eat») junto a la delicada voz de Daijing, como «Practice of higyene» o «Plate of order» de su disco Lack (PAN, 2017). La mecanización junto al carácter más bien lírico -como un canto que viene de ninguna parte- hacía que, en lugar de añorar esa voz que podía recordar a un lamento, a un gemido o a un ronroneo, se fuese poco a poco desnaturalizando. Pese a verla allí -con una máscara que la convertía en una suerte de maniquí-, su voz dejaba de ser su voz para convertirse en sonido devorado por la electrónica. Un ritmo infantil, en la línea de su «Loving Tongue» dio paso a una fase más rítmica, más cercana a su Satin Sight (Bedouin, 2016) y el sonido ochentero, con breves incursiones en la construcción por capas del comienzo. El elemento atmosférico unida a esa rítmica que poco a poco se difuminaba en un grito, creando así un momento intermedio invasivo de gran potencia, Es una lástima que no llegase a explorarlo más, volviendo rápidamente a la propuesta inicial, pero aún desde un lugar más frágil. Su cuerpo mismo se puso en juego, explorando pequeños movimientos en un espacio reducido -el que había dejado su sonido, a veces lejano, a veces concreto e incisivo como el de cuchillos frontando metales-. Dos frase levitaban en el aire: «I was a word in a foreign language» [era una palabra en un lenguaje extranjero] y «ouch», la onomatopeya inglesa para expresión del dolor. Podría entenderse, como les gustará a los psicoanalíticos, que expresa parte de la experiencia de ser migrante, por mucho que se emigra a un sitio como Berlín. Cuando se va a una ciudad en un país donde no hablamos la lengua, siempre estamos habitando esa extrañeza frente al idioma, incluso frente al propio. Algunos citarían, además, esas declaraciones de Daijing  cuando dijo que «A veces describo[la performance] como una terapia. Hay una parte de mí que tiene este grito dentro, algo que necesito comunicar pero que no sé cómo decir en un lenguaje que podamos entender en la vida diaria». Otros, quizá yo, hubiesen encontrado más interesante tomar el sonido como esa «lengua extranjera» para el propio lenguaje, que -al menos en occidente- siempre ha prescindido del propio sonido de las lenguas a favor del significado, de su espiritualización. Quizá la expresión de todo lo que contiene ese «ouch» está más cerca de lo que no puede ser nombrado con ningún término sin traicionarlo.

Rigurosamente, a las 22, terminó el concierto. Por cierto.

Marina Hervás Muñoz

Doctora en Filosofía, pero con tendencias melómanas y musicológicas. Viajo, leo y escucho todo lo que me pasa por las manos y los oídos. Te invito a mi web: www.marinahervas.com