La Pasión según Monsieur Pichon

La Pasión según Monsieur Pichon

Parece ser, que tras el estreno el viernes santo de 1727, la Pasión según San Mateo le atrajo a J.S. Bach una serie de recriminaciones y castigos por parte de sus superiores jerárquicos, logrando que finalmente, el impulso creador de sus primeros años en la ciudad de Leipzig, al cual debemos los ciclos completos de cantatas sacras de los que ahora disfrutamos, se detuviera casi en seco.
Mucho se ha escrito sobre la ceguera artística de personajes como el Rector de la Escuela de Santo Tomas, Johann August Ernesti, que pasó de ser un partidario de la obra del maestro cuando este llegó a la ciudad, a ser un fiero detractor tanto de su obra como de su persona, intentando por todos los medios a su alcance, mermar sus atribuciones como cantor y malmetiendo entre sus compañeros para hacerle irrespirable el ambiente.
El principal problema que esto buenos caballeros tenían con la obra de Bach, además de varios problemas personales con el altanero y levantisco maestro, era que, literalmente, dejaba sin trabajo a los pastores de las principales iglesias de la ciudad, pues los fieles tras escuchar por ejemplo la Pasión según San Mateo aquel 11 de abril de 1727, encontraron innecesaria la homilía que acompañó el servicio vespertino de aquel día tan señalado. La hondura de la música y las reflexiones teológicas de las que está llena la obra, deslucieron el discurso que se da en una ceremonia como la de viernes santo.

La tradición protestante en Alemania había más o menos establecido en muchas ciudades la costumbre de ejecutar “La Pasión según San Juan” de Johan Walter, seguidor y amigo de Martín Lutero y que, precisamente basándose en la Biblia traducida por el reformador, había compuesto una muy breve obra musical acompañado de algún modesto poema, donde el mayor peso dramático recaía en la pura narración de los hechos de la pasión y muerte de Jesucristo. Se trataba de que el fiel rememorara los hechos que constituían las bases de la fe cristiana, correspondiendo al pastor la interpretación de ellos en la homilía. La música cumplía dijéramos, un puro acompañamiento y cebo que podía hacer más atractiva aquella terrible narración.

Bach ya con la pasión según San Juan de 1724, inició un camino de renovación absoluta, profundizando en el dramatismo que existe en la historia de los tormentos sufridos por Cristo y el impacto que en la conciencia de los fieles producían aquellos relatos. Así, otorga a la música el protagonismo ya no solo en la narración, si no que la constituye en la generadora de profundas y hondas reflexiones sobre la redención humana. Para la pasión de según San Mateo, el relato de la pasión de cristo es solo el andamio sobre el que soporta la pieza, y hace que el peso dramático de la obra recaiga en las reflexiones que de los hechos contados se pueden desprender. Este espacio de honda introspección se realiza en lo que en ese momento fue nombrado como “madrigales” y que son las arias y números vocales que llenan la obra; espacio en el que la mezcla del texto y la música que de ella emana aboca al escucha a pensamientos de muy profundo calado.

En la Pasión según San Mateo, mejor que en ninguna otra del maestro, se ve reflejada una visión del mundo en la que se apela a la conmiseración por el que sufre sin culpa, en la que el espectador casi sin quererlo termina siendo parte, horrorizado, de algo que lo supera con mucho. En ella se nos reclama mirar muy dentro de nosotros y reconocer que es imposible escuchar semejante narración, sin sentirnos mínimamente conmovidos al margen, incluso de nuestras creencias. En esta obra, la narración de la pasión y muerte de Cristo se llena de una potencia dramática inmensa, dotándola de carne y sangre viva, hurtándola de los altares donde la tradición la había colocado, lejos de la gente común y restituyéndola en su fuero más íntimo.

Interpretar semejante monumento artístico es sin duda un reto para todo aquel que se aproxima a ella. El año pasado en medio de la primera ola de la pandemia, fue simplemente imposible disfrutar de todos los conciertos donde las dos pasiones del maestro de Leipzig aparecían programadas. Con lo que el público Barcelonés, esperaba, si cabe, aún con más ganas la oportunidad de disfrutar de unos conciertos que son ya tradicionales en nuestra vida musical. La cancelación de la lectura que debía presentar Sir John Eliot Gardiner de la Pasión según San Juan a causa de las restricciones de la pandemia, hizo pensar que quizás nuevamente este año nos quedáramos sin poder escuchar nada de este maravilloso repertorio. Afortunadamente para nosotros, nuestra vecindad con Francia tiene ya unos meses permitiéndonos disfrutar de grandes músicos y agrupaciones galas, y el pasado 25 de marzo pudimos escuchar por fin, la espléndida lectura que Raphaël Pichon al frente de su grupo Pygmalion, realizó de la Pasión según San Mateo.

Pichon es sin lugar a ninguna duda, un músico consumado en todos los sentidos y un director con un oficio inmenso, que aúna en su persona, una técnica logradísima con la que controla cada nota de sus músicos, con un instinto y una vena dramática que sabe crear interpretaciones con un  alto impacto emocional en sus espectadores. Escuchar a Pygmalion estremece hondamente, entre otras razones porque todos los elementos musicales de las obras que interpretan están colocados en su justo lugar, para luego detonarse dentro de cada uno de nosotros de un modo tal, que acciona palancas internas que hacen imposible el no emocionarse. No se trata solo de la sola perfección técnica, que la hay y a raudales, si no que esta, está al servicio de la expresión trascendental de cada una de las piezas que abordan.

Pichon sabía muy bien a que se enfrentaba y supo construir magníficamente la obra, leyendo e interpretando cada recurso retórico, cada melodía sugerente, cada armonía significativa, todo, absolutamente todo estaba donde tenía que estar, en su justa proporción, lo que revela a un maestro de altos vuelos, a un músico que siendo aún muy joven está ya en posesión de una sabiduría musical muy especial y que promete seguir sorprendiéndonos con una brillantísima carrera.

Las partes vocales, en su conjunto, fueron simplemente deliciosas, destacándose mucho tanto por sus timbres poderosos y llenos de fuerza, como por un oficio inmenso en roles difíciles y que desgastan mucho a sus intérpretes, Julian Prégardien como el evangelista y Stéphane Degout como Jesús. Caso similar es el de Lucile Richardot, que con una voz robusta y muy bien timbrada bordó las arias a ella asignadas.

Injusto es solo nombrar a unos pocos protagonistas, cuando todos y cada uno de los participantes en la velada demostraron un altísimo nivel, realizando una interpretación que emocionó muy profundamente al público congregado esa tarde en el Palau de la Música. Aplausos que se prolongaron por más de diez minutos premiaron a los artistas que nos habían regalado semejante vivencia, y que por casi tres horas nos devolvieron a ese extraño gozo de estar en contacto con obras  tan estimadas por todos los ahí congregados. Esperemos que poco a poco la oportunidad de disfrutar de estas experiencias sea cada vez más frecuente, pues el apetito de nuestro público dista mucho de verse saciado. Seguimos.

Desde el Ródano llegaron

Desde el Ródano llegaron

Como una llave que está medio abierta, y va dejando caer un fino hilo de agua, así, muy poco a poco van llegando hasta nuestros escenarios, conciertos de una calidad indiscutible. La pandemia, con la que llevamos ya casi un año conviviendo, lo ha revolucionado todo, las agendas de conciertos de muchos de los artistas más reconocidos del medio, antes pletóricas de actividad, ahora están, casi en su mayoría, invernando. No hay que olvidar que, no solo se trata de que las autoridades locales, como es el caso de las nuestras, permitan una cierta actividad cultural, si no que, en el caso de la música, es literalmente imposible que una orquesta sinfónica, pueda viajar por Europa para venir hasta nuestra ciudad para realizar un concierto. Ello ha llevado a la cancelación de muchos conciertos con orquestas de gran renombre o en el mejor de los casos, estos han sido prorrogados a la espera de que la pandemia remita y las medidas de protección se flexibilicen. 

Ante este escenario, las agrupaciones pequeñas, como es el caso de una orquesta de música antigua, cuentan con más posibilidades de moverse dentro del continente, sobre todo con países vecinos. Esta proximidad geográfica, y yo diría que también anímica, ha permitido que podamos escuchar el pasado martes 16 de febrero, en l’Auditori, a una de las agrupaciones más importantes del mundo de la música históricamente informada, me refiero a Les Musiciens du Louvre.

Orquesta de reconocido prestigio que desde hace ya casi 30 años ha realizado una labor musical impecable. Primero, haciendo lecturas que son de absoluta referencia dentro del barroco francés. Con el tiempo, abriendo muy poco a poco su radio de acción a estilos y épocas que, bajo la ortodoxia interpretativa en vigencia, no serían su ámbito más “natural”, así, bajo la dirección de su director fundador el maestro Marc Minkowski, encontramos no sólo fantásticas lecturas de obras firmadas por un Lully o Rameau, si no también de partituras de Mozart, Schubert, Berlioz, Wagner e inclusive Stravinski, siempre con una calidad excepcional y con un cuidado de los detalles que hace que tras tres décadas de trabajo, Les Musiciens du Louvre sea sin lugar a dudas garantía de calidad. 

El programa presentado en nuestra ciudad estuvo consagrado a la figura de G.F Handel. La velada se inició con un par de números de su oratorio Theodora, HWV 68, en donde la soprano húngara Emőke Baráth mostró porqué su nombre va ganando en prestigio conforme van pasando los años. Una voz hermosamente timbrada, articulaciones muy meticulosas y fraseos perfectamente cuidados, son solo algunas de las características que hacen un deleite absoluto escuchar a esta espléndida cantante. Su voz potente y llena de armónicos corrió perfectamente por la sala de conciertos, encontrando en el repertorio presentado, una fantástica oportunidad de mostrar no solo sus enormes habilidades vocales, sino la fantástica artista que ha conseguido ser actualmente. 

Tras estas primeras obras pertenecientes a Theodora, pudimos disfrutar el Concierto para órgano n. 4 en Fa, op. 4, HWV 292, que fue ejecutada tanto en la parte solista como al frente de la orquesta por el maestro Francesco Corti. La relación que Corti mantiene con Les Musiciens du Louvre viene ya desde hace años, primero siendo parte de la orquesta en algunos proyectos puntuales, para posteriormente pasar a ser director huésped desde 2015.  Los resultados de tal relación musical son simplemente fantásticos, pues la orquesta pese a no contar con su titular, el afamado Marc Minkowski, conserva ese sello sonoro tan distintivo de la agrupación francesa, que entre otros elementos muestra un sonido extraordinariamente dulce y delicado, perfectamente balanceado en todas sus secciones o cuando es necesario, logra crear fortísimos llenos de cuerpo y contundencia no muy escuchados en orquestas incluso de instrumentos modernos. A estas características, ya distintivas de la orquesta francesa, se unió la energía rítmica del maestro Corti, que abordó tanto en el caso del concierto de órgano en que actuó como solista, como en la obra que finalizó la velada, el motete Silete Venti, HWV 242, en tempos rápidos, que ayudaron a que la orquesta luciera luminosa, y llena de la energía. 

La imagen de ese fino hilo de agua que mencionamos al inicio de esta pequeña crónica representa muy bien lo que para muchos de los asistentes fue aquel concierto. Poco a poco, la actividad de nuestros centros culturales se mantiene, o en algunos casos se va intensificando. Conciertos de esta calidad, transforman el páramo en que puede convertirse la vida que nos está tocando vivir en estos días. La música y en general el arte y la cultura, son sin lugar a duda parte de la clave, para que de esta situación salgamos, quizás, un poco mejores como seres humanos. Seguimos. 

Oportunidad o ruina absoluta

Oportunidad o ruina absoluta

Que Barcelona es una ciudad donde se disfruta y se hace muy buena música, es algo que nadie discute. Al ser una ciudad europea cosmopolita, las posibilidades de poder disfrutar de las más variadas músicas del mundo son enormes. Barcelona cuenta con una larga tradición musical, que se ha ido configurando muy lentamente y que muestra cuan variadas han sido las influencias que la han ido conformando como sociedad. No podemos hablar de una construcción monolítica, pues pese a ser la orgullosa capital de Cataluña y guardar en su más íntimo ser hermosas obras tradicionales, podemos encontrar muchas otras manifestaciones musicales que ya forman parte muy arraigada de la identidad barcelonesa.  

Una de estas músicas es la mal llamada “música clásica”, o más brevemente, “la clásica”. Barcelona ha sido, por ejemplo, un orgulloso bastión wagneriano, tierra donde grandes artistas se han formado y han realizado mucho de su trabajo. No es una casualidad o efecto de un extraño sortilegio que nombres como Pau Casals, Enric Granados, Antoni Ros Marbà o Jordi Savall, entre otros muchos, hayan estado íntimamente unidos a esta ciudad, pues pese a haber nacido en otras partes de Cataluña, fue Barcelona, la ciudad en la que se formaron y a la que llamaron casa.  Es la misma sociedad barcelonesa, la que, desde hace muchos siglos, ha ido generando el clima propicio para abrigar la creación de las más diversas iniciativas personales, dotándolos de las instituciones musicales con las que ahora mismo contamos los que hemos decidido que este es nuestro hogar. 

 Barcelona ha contado con una nutrida agenda de conciertos, que ha ido fluctuando con los años tanto en su calidad, como en la cantidad de conciertos que ofrece. Los tres centros de referencia de la ciudad: El Palau de la Música, L’Auditori, y l Liceu, además de sus temporadas propias de actividades, conforman su oferta final con las propuestas que las diversas promotoras que hay en nuestro país le hacen. De este modo, en el Palau o en el Auditori por ejemplo, hemos podido disfrutar de espléndidos conciertos organizados por la dirección de estos teatros, así como otros promovidos por BCN Classics o Ibercamera

A ello hay que sumar, la actividad de la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC), de la Sinfónica del Liceu, de la Sinfónica del Vallés o de la recientemente formada Orquestra Simfònica Camera Musicae, orquestas catalanas que se presentan en los tres escenarios arriba mencionados y que junto con orquestas como la Filarmónica de Berlín o la de San Petersburgo, tejen la actividad habitual dentro de la música clásica en nuestra ciudad.  

Todo esto se vio suspendido por la pandemia, al igual que ha pasado en casi todo el mundo. Europa entera, cerró a cal y canto la actividad en todos sus teatros hace ya casi un año, y pese a tímidas aperturas que siempre terminaban en cancelaciones, en capitales como Venecia, o Berlín, la situación sanitaria ha congelado la actividad concertista tal y como la conocíamos. Muchos grupos y artistas han necesitado de sponsors para poder salir adelante, pues las giras programadas o se han cancelado, o están prorrogadas sine díe. La gente necesita cada vez más de la música y la cultura, pero los gobiernos europeos en su mayoría, acosados por unas cifras inasumibles de contagios, han optado por mantener hasta la próxima primavera, el veto a la actividad cultural en casi todo el continente.

Y aquí, en medio de esta situación, Barcelona tiene un nicho de posicionamiento, pues afortunadamente, si bien con muchas restricciones y necesarias medidas de prevención, la actividad cultural se ha restablecido ya desde hace casi dos meses. Esto ha hecho que artistas que han visto cancelados sus conciertos o sus giras en ciudades como París o Berlín, contemplen la posibilidad de actuar en nuestra ciudad, donde se da la afortunada conjunción, de contar con tres escenarios de enorme prestigio mundial, y de una afición verdaderamente sedienta de música. Ya incluso antes de la pandemia, muchos artistas de la talla de John Eliot Gardiner, Grigori Sokolov, Valeri Guérguiev o Anne-Sophie Mutter se habían expresado en términos muy elogiosos de nuestra ciudad, pues se sentían bien acogidos tanto por un público que apreciaba su trabajo, como satisfechos por el espacio y las condiciones en la que habían actuado, dando al exterior una imagen que beneficiaba a la marca Barcelona. 

La actual posibilidad de realizar conciertos en la ciudad, evidentemente que es una maravillosa oportunidad para su marca internacional,  y es por ellos que iniciativas como  “Barcelona Global” han apoyado a Ibercamera en la promoción de la gira que Valeri Guérguiev  junto con la Orquesta del Mariinsky, ha realizado en recientes fechas por algunas ciudades españolas entre las que se encuentra la  capital catalana, pues el mensaje que se envía al exterior es muy potente de cara a atraer, cuando las circunstancias mejoren, a un cierto tipo de turismo que puede ver en la ciudad condal un espacio donde disfrutar del arte. 

Este empeño es el que hace ya años, se puso como su principal objetivo el proyecto de “Barcelona Oberta”. Coordinando una temporada de conciertos donde los tres grandes escenarios barceloneses aportan algunos de sus conciertos, de cara a vender en el exterior una propuesta atractiva donde Barcelona sea vista como un centro de referencia musical y cultural.  La oportunidad es grande y puede traer efectivamente muchos beneficios culturales y económicos a nuestra ciudad, pero creo que, si solo vemos esta coyuntura como la posibilidad de atraer turismo cultural, algo en sí mismo fantástico, aprovecharemos solo en parte lo que esta oportunidad tiene que darnos. 

Por que si bien es cierto ahora mismo Europa está cerrada, llegará el momento en que Londres, Viena o París abrirá de nueva cuenta su oferta cultural, y si nosotros no hemos hecho los deberes, estos turistas que posiblemente han llegado, atraídos por la belleza de la ciudad y las posibilidades culturales que en ella encuentren, se volverán a ir. Y cuando digo hacer los deberes me refiero a ayudar a los músicos y artistas que aquí viven, trabajan y crean. Hacer los deberes es revisar los presupuestos que se asignan a la cultura en general, porque, si no hay dinero suficiente, los creativos o se buscan la vida en otro trabajo o se marchan a donde hay recursos para vivir dignamente. Barcelona tiene que aprovechar el prestigio que da en el medio internacional, que orquestas y artistas de primer nivel vengan a sus teatros para hacer una propuesta propia y nueva. Se trata de invertir en innovación y en el talento que hay en Barcelona y no solo servir como el escenario provincial mientras pasa la tempestad.  

Barcelona tiene a sus espaldas siglos de una sostenida y nutrida actividad creativa, no es un accidente que sea considerada un centro cultural muy importante en el mundo, pero si queremos estar entre los primeros referentes mundiales, y esto es algo que muchos queremos, es fundamental apostar fuerte por el talento y la inmensa creatividad de los artistas de esta tierra, la oportunidad está ahí, hay que aprovecharla. Seguimos. 

Técnica y expresión

Técnica y expresión

El eminente musicólogo Español Adolfo Salazar, en uno de los ensayos que publicó en Ciudad de México en 1951 sobre J.S. Bach, se lamentaba sobre la “incomprensión” con que el romanticismo había tratado a Bach. En su opinión, solo había sido reconocido y admirando en el maestro de Leipzig, su consumada técnica compositiva y no la profundidad, belleza y expresividad de su obra. Evidentemente que esta es una opinión muy personal de Salazar, pero que ha venido a mi memoria, tras muchos años de haberla leído, la noche del pasado 2 de febrero, en que algunos afortunados, reunidos en el Palau de la Música, tuvimos la oportunidad de disfrutar de una espléndida lectura, del primer libro de El clave bien temperado, de J.S. Bach. 

El clave bien temperado, es una obra fundamental dentro de la música Occidental. Finalizado muy probablemente en 1722, este libro junto con el segundo que terminó el maestro, no fue publicado hasta 1744, después de su fallecimiento. Cada tomo cuenta con 24 preludios y fugas, escritos en todas las tonalidades de la escala cromática. La posibilidad de explorar la afinación temperada, siendo esta, la que se realiza afinando los sonidos de todas las teclas, manteniendo entre las que son contiguas la misma distancia, de modo que entre ellas siempre haya medio tono exacto, entusiasmó mucho a Bach desde muy joven. Nosotros hemos vivido siempre bajo esta afinación y nos parece la más natural posible, pero antes de esta posibilidad, si se quería tocar alguna pieza sobre un teclado afinado bajo la afinación pitagórica, que era la más utilizada entre otras posible, había que ajustar la afinación del teclado, porque de lo contrario, la música sonaba simplemente desafinada, lo que limitaba mucho las tonalidades en las que se podía trabajar. 

Bach se propone con este libro, mostrar las inmensas posibilidades a nivel tonal que se tenían bajo este sistema de afinación y por ello escribió un preludio y una fuga en cada uno de los 24 tonos, tanto mayores como menores, que existen en la escala cromática. El resultado es simplemente increíble, porque explora en profundidad las posibilidades técnicas para el intérprete, así como las expresivas, que esta inmensa paleta tonal le permite trabajar. El clave bien temperado, actualmente, es una obra indispensable para todos los aspirantes a pianistas, pero también es una obra que todos los músicos hemos trabajado a nivel de análisis, tanto de sus preludios, como de sus asombrosas fugas. Y este es el nivel en el que Adolfo Salazar viene a mi memoria, porque durante décadas, se ha dicho que el clave bien temperado, muestra a un Bach más bien frío y matemático, asombroso en su técnica, pero inexpresivo. Y el pasado martes 2 de febrero, mientras escuchaba el preludio en mi bemol menor BWV 853, fue simplemente imposible no conmoverme ante algo tan sincero y hermoso. 

Schaghajegh Nosrati, pianista alemana de origen israelí, que ya había debutado en nuestra ciudad el pasado agosto, realizó una interpretación de la obra simplemente fantástica. Nosrati no solo es una pianista consumada, con una técnica muy consolidada, unos dedos muy fuertes y ágiles, además de mostrar una precisión y una amplia gama de ataques que le permiten tejer y hacer cantar muy bien, las voces de una fuga. Es, además, un consumado músico, que conoce perfectamente cada uno de los preludios y fugas que integran la obra y supo muy bien cómo desplegar las partes que la conforman. Creó una lectura fiel al texto original, pero tomando decisiones que le dieron vida y empuje a su interpretación. No solo se trataba de disparar notas y mostrar el alto grado de su técnica pianística, sino de realizar una ejecución trascendental de una obra tan relevante.

Bach es para Nosrati su autor talismán y ya el pasado agosto interpretó en el Palau de la música, la Partita núm.2 en Do menor, BWV 826, obteniendo un inmenso éxito. Pero tocar El clave bien temperado es subir varios grados, pues para poder hacerle frente con éxito a semejante empresa, se requiere no solo de haber trabajado por muchos años la obra, sino de poder administrar y mantener una tensión y una concentración muy intensas durante casi dos horas ininterrumpidas. Con tan solo 32 años y un brillantísimo curriculum, la carrera de Schaghajegh Nosrati, promete y mucho. Viendo lo pronto que regreso a casa nostra, creo que podemos decir que se ha iniciado una muy buena relación entre ella y el público barcelonés. Seguimos.

De plumajes y tradiciones

De plumajes y tradiciones

Escribe Salvador Día Mirón en su poema “Gloria”:

Los claros timbres de que estoy ufano,
han de salir de la calumnia ilesos.
Hay plumajes que cruzan el pantano
y no se manchan… ¡Mi plumaje es de esos!

 

La cita vino a mi cuando supe la historia de Teodor Currentzis que tras graduarse en el prestigioso Conservatorio de San Petersburgo, habiendo sido alumno del mítico Iliá Musin (maestro de Valeri Guérguiev, Yuri Temirkánov o Semión Bychkov) decidió que no quería crear una carrera como sus famosos condiscípulos y se marchó a Siberia, en concreto a Novosibirsk, donde además de ser nombrado director del teatro de ópera, fundó el Musica Aeterna Ensemble y el New Siberian Singers Chamber Choir, agrupaciones que han sido la base donde Currentzis, ha cimentado no solo una carrera, si no todo un ecosistema desde donde está, literalmente, generando una revolución en el corazón mismo del canon establecido.

Sus lecturas son no solo desafiantes a una práctica llena de amaneramientos y poca información, que ha permitido en notables casos, la deformación de la voluntad expresa de varios compositores. Así por ejemplo, Currentzis sobre Beethoven, apunta lo siguiente “No creo que en Beethoven haya grandes tradiciones interpretativas. Quiero decir que, por ejemplo, nadie ha hecho una grabación que tome verdaderamente en consideración, las indicaciones metronómicas del compositor. Hay quizá, un par de directores que han hecho buenas grabaciones, como Roger Norrington y John Eliot Gardiner, por los que tengo un gran respeto. El resto, son interpretaciones más o menos románticas de Beethoven, que adoptan cierto espíritu revolucionario en el sonido. Pero nadie ha dejado a un lado cómo se ha tocado esta música en los últimos doscientos años y ha hablado mentalmente con este sordo loco para entender lo que quería” [1]

Semejantes declaraciones es normal que generen el rechazo de un sector del público que ha crecido precisamente bajo la visión que Currentzis combate con su manera de hacer y de presentarse ante el público. Y precisamente esta actitud rebelde, le ha granjeado el respeto y la admiración de otra nutrida parte de la audiencia.
Sería absolutamente injusto pensar que la revolución que nuestro maestro promueve, es meramente epidérmica, quedándose en la sola apariencia rompedora. Nada más alejado de la realidad, cuando uno descubre sus lecturas de obras como las tres óperas Da Ponte de Mozart, o su más reciente registro dedicado a la 6ª sinfonía de Mahler, descubres con asombro, esa música que ya conocías, pero llena de un color y de una fuerza que con el paso del tiempo habían perdido.
En Barcelona, lamentablemente no habíamos podido verle hasta el pasado 4 de marzo que debutó por fin en nuestra ciudad, al frente de Sinfónica SWR Stuttgart, orquesta de la que es titular recientemente.

El programa presentado no podía ser más idóneo para mostrar sus credenciales ante el público barcelonés. En primer lugar, “Muerte y transfiguración, op. 24” de R. Strauss y tras la media parte de G. Mahler, la Sinfonía núm. 1, en Re mayor, “Titán”.

El detalle y la precisión con que Currentzis abordó ambas piezas son muestra clara del extraordinario músico ante el que nos encontramos esa noche. Logró que la orquesta sonara no solo compacta y perfectamente balanceada, si no mejor aun, llena de una plasticidad extraordinaria, mostrando un logrado trabajo tímbrico que en ambas piezas es fundamental y que lamentablemente con el paso de los años, la inercia ha logrado que se abandone este nivel de detalle cuando se aborda este tipo de repertorio. Fraseos apuradísimos, una amplia gama de matices y sobre todo una musicalidad desbordante, son atributos que complementarían lo anteriormente dicho.

Es evidente que, ver salir a un personaje como Currentzis, en botas militares y pantalón pitillo, causó revuelo en muchos de los asistentes al concierto del 4 de marzo. Previo a este, pude escuchar de soslayo, las muchas suspicacias que tal apariencia pública provocaba en las personas congregadas esa noche en el Auditori. Muchos siguen uniendo el preceptivo Frac a la calidad musical, otros simplemente no se hacen a la idea de ver en el podio a un personaje que tiene más que ver con la imagen que tenemos de una estrella de música urbana, pero al final, tras el concierto, en sus caras, y sobre todo, en los interminables aplausos que recogió, Currentzis mostró que su plumaje, como el de Díaz Mirón en su poema, es de esos que no se manchan con el fango de la costumbre mal entendida y sobre todo, con la desidia de una tradición castrante y anti musical. La próxima temporada, tendremos la oportunidad de verle de nueva cuenta por Barcelona, yo me lo apuntaré en mi agenda, ¿y usted? Seguimos.

[1] Extracto de la entrevista publicada en el nº 343 de la revista SCHERZO, correspondiente a septiembre de 2018)