Desde Stuttgart con amor

Desde Stuttgart con amor

Para muchos aficionados a la llamada “música clásica”, las orquestas alemanas cuentan con ese dijéramos “pedigree”, de ser las mejores del mundo. Lo cierto es que muchas, cuentan con un sonido característico que las distingue, destacando mucho por ejemplo, la Berliner Philharmonikerla Münchner Philharmoniker o la Staatskapelle Dresden, por mencionar solo unas cuantas. Son agrupaciones que han trabajado muchos años bajo una tradición, que ve y vive la música de una determinada manera. La mayoría de estas orquestas son ya centenarias pues fueron fundadas a lo largo del siglo XIX, y por sus atriles, han pasado músicos de un inmenso nivel, esto dejando de lado algo evidente: grandes directores las han dirigido. Todo este “magma”, ha permitido junto con muchos otros elementos, generar un sello muy específico y muy nítido cuando hablamos sobre una orquesta alemana.

El pasado 19 de noviembre, Barcelona recibió la visita de una orquesta que, si bien no cuenta con blasones centenarios, si puede presumir de ser una típica orquesta germana: me refiero a la Orquesta Sinfónica de SWR. Esta esplendida orquesta, es el resultado de la fusión efectuada en 2016 de las dos agrupaciones orquestales que desde hacia décadas sostenía la emisora radiofónica Südwestrundfunk (SWR),cuya sede está en la ciudad de Stuttgart. Ya desde 2012, se escucharon rumores de que la estación no podía sostener a la famosa Sinfónica de la Radio de Stuttgart, radicada en la misma ciudad y a su hermana que tenía sede en Baden-Baden y Friburgo. El vulgar metal que todo lo empaña, sostener una orquesta no es empresa económica, así que se decidió que la mejor salida era la de fusionar en una plantilla de 175 músicos a las dos agrupaciones.

Sobra mencionar lo que esto supuso en el medio musical alemán: protestas, manifestaciones, y un largo etcétera que no pudo detener el proyecto que se cristalizó hace apenas dos años. Pese a no tener desde su fundación un director titular, suele trabajar con grandes como Eliahu Inbal que los dirigió el pasado 19 de noviembre.

La orquesta lució pese a su aparente juventud, las virtudes de una buena orquesta alemana: secciones perfectamente ensambladas, un acabado trabajo de comunicación entre los principales de las secciones, una sección de metales muy potente y perfectamente afinada, una cuerda con una sonoridad compacta y muy sólida, entre otras muchas característica mas, hacía falta muy pocos minutos de concierto para que con lo ojos cerrados supieras que lo que estaba ante ti, era una espléndida orquesta alemana.

Pero todas estas espléndidas características no serían nada, si en la cabeza no hubiéramos tenido a un gran director. Grandes orquestas y pienso en la Sinfónica de Londres, cuando tienen en el pódium a un director mediocre, dejan de sonar con ese brillo tan suyo. Como diría un buen maestro hace años ya: “la batuta no suena, pero como llega a estorbar si no la usas bien”. Inbal es un músico consumado, cuidadoso de los detalles, con una vitalidad y una claridad que son el resultado de muchos años de trabajo serio al frente de muchas orquestas en todo el mundo.

El programa de nuestro concierto, se efectuó el pasado 19 de noviembre en el Auditori de nuestra ciudad, estaba integrado por dos obras maravillosas: El triple concierto, en do mayor, Op.56 de L.v. Beethoven que tuvo como solistas al Trio Ludwig y en la segunda parte, una obra mítica del repertorio romántico alemán, la Sinfonía núm. 4 en mi bemol mayor, “Romántica” de A. Bruckner.

La primera obra del programa es de esas piezas que te reconcilian con este mundo. Llena de una luz y un optimismo que se contagian. Lamentablemente las partes solistas fueron interpretadas de manera muy mediocre. El Trio Ludwing, integrado por Abel y Arnau Tomás al violín y violoncelo, e integrantes tambien del estimado Cuarteto Casals; completando el trio la maestra Hyo-Sun Lim al piano. Ingrata labor es la de mantener una opinión, fundamentada en una apreciación lo más objetiva posible del hecho musical ocurrido. El que escribe es de esos que se mantienen fiel a ella, pero pese a lo que en nuestra casa se suele decir de tan estimados músicos, en mi personal apreciación, la interpretación efectuada por los mencionados maestros, no estuvo a la altura de lo que se esperaba. Un exceso de vibrato que podía afectar a la afinación en algunos casos, un sonido que muchas veces no lograba correr con naturalidad por la sala y un a ratos, evidente divorcio entre los solistas con la orquesta, son algunos elementos que deslucieron la mencionada ejecución.

Con Bruckner, la orquesta lució todo su potencial. En tempos que por momentos resultaron un poco rápidos, el maestro Inbal nos obsequió con una lectura a ratos incluso agresiva, de una sinfonía que es toda luz. El impacto sonoro fue apabullante, la precisión de una orquesta que tiene entre su repertorio, justo obras como esta, se hizo notar en la naturalidad con que se desarrolló la lectura de la obra. Todos los integrantes de la agrupación estaban en un mundo conocido desde siempre por ellos y ello logró, que la ejecución estuviera llena de momentos realmente hermosos.

Con una estupenda entrada, la concurrencia premió con una tremenda ovación a los integrantes de la Orquesta Sinfónica de SWR. Gratísima la experiencia de disfrutar de una orquesta de esta calidad y sobre todo, con ese marcado buqué alemán tan idóneo para este repertorio. Seguimos.

Fausto Murillo

Fausto Murillo (Querétaro, México) 1977: licenciado en Composición por la Universidad Autónoma de Querétaro (2001). Ha realizado, estudios de Dirección Orquestal con maestros como Enrique Batiz, Sergio Cárdenas, Antoni Ros-Marbà y Salvador Mas, desarrollando actividad dentro de la Dirección tanto en México como el estado español. Durante 6 años condujo programas radiofónicos de difusión musical en México, publicando con regularidad en diferentes espacios, además de impartir desde hace 20 años charlas y conferencias en los más diversos foros. Convencido de la necesidad de renovar desde sus cimientos la actividad musical, además de impartir clases en los Cursos Oberts del Conservatorio Municipal de Música de Barcelona (CMMB) estudia el grado en Musicología en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Bollywood Bombay Barcelona o la inmigración en primera persona

Bollywood Bombay Barcelona o la inmigración en primera persona

“Nadie abandona su hogar…” –Y cruza la frontera, vagabundea en el aeropuerto, se siente solo, echa de menos, busca trabajo, duerme en una litera, conduce un taxi, vende cerveza, siente el rechazo, sueña– … si su hogar no es como la boca de un tiburón”.

Bollywood Bombay Barcelona narra la historia de tres inmigrantes indios –Rajú (Marc Tarrida), Vikram (Abel Reyes) y Karan (Francesc Marginet)– que por casualidad acaban compartiendo un pequeño piso al llegar a Barcelona. Basada en la historia real de Pawlinder Níjar, que emigró de Punjab a Barcelona pasando por Budapest junto a un grupo de danza Bhangra y que, además, ejerce de coreógrafo en la obra, se teje esta historia que derrocha energía, música y crítica social.

La inmigración es el tema central de esta tragicomedia colorida en la que también se abordan conceptos como el rechazo, la diversidad o el racismo. El miedo a lo desconocido, al “otro”, a esa persona con la que ahora compartimos ciudad pero cuya cultura y experiencia vital desconocemos, le sirve a su director, Juanjo Cuesta-Dueñas, para hablar de la realidad del hecho migratorio. Una propuesta concebida desde la comedia que provoca risas y aplausos entre el público pero también cierta reflexión conjunta. Conforme el espectador va adentrándose en los sueños y el pasado de los tres protagonistas, se produce una especie de confrontación con la realidad del inmigrante pero también con su rol como ciudadano de la sociedad de acogida.

La obra funciona como un espejo en el que se muestran aspectos cotidianos de la vida de Rajú, Vikram y Karan, como son la dificultad a la hora de encontrar empleo, el aprendizaje de un nuevo idioma o la convivencia entre vecinos. Más allá del conflicto que plantea, la obra reluce, por un lado, gracias a la versatilidad de los actores en interpretación y baile y en la naturalidad con la que se dirigen al público, creando un espacio cercano; y por otro, debido a la idoneidad del vestuario elegido, el buen uso del reducido espacio de la sala y el atrezzo, bien integrado en el hilo argumental, casi como un personaje más del relato.

La misma naturalidad que transmiten durante la representación nos la regalan minutos después actores, director y productora (Blanca Pascual) mientras conversamos sobre los inicios de este proyecto. Producida por Líquido Teatro junto a Dúo Fàcil y en colaboración con la Fundación Caja Burgos, Bollywood Bombay Barcelona es ya el segundo trabajo conjunto de estos tres actores formados en el Institut del Teatre. Ante la pregunta de si su propuesta pretende cambiar ciertas actitudes discriminatorias e incluso racistas, confiesan que su intención no es tanto “romper estereotipos” como mostrar la realidad a través de las artes escénicas. Ya en su espectáculo anterior, Y me morí. Cabaret Mexicà tragicòmic per a tres difunts, con el que se estrenaron en el Escenari Joan Brossa en octubre del año pasado, apostaron por tratar otro tema controvertido en la sociedad como es la muerte.

Los tres jóvenes coinciden en la importancia de reflexionar sobre un tema tan candente como es la inmigración, pues de alguna u otra manera, “todos hemos vivido situaciones que pueden ser racistas”, apostillan. Por su parte, Cuesta-Dueñas, que además de director de ambos espectáculos fue también profesor de Tarrida, Reyes y Marginet durante sus años de estudio, ha recalcado la “dedicación” y las horas invertidas en la preparación del proyecto.

 

Bollywood Bombay Barcelona. Del 8 de noviembre al 2 de diciembre de 2018 en Escenari Joan Brossa (Barcelona).

Elisa Pont Tortajada

Periodista. Inquieta. Amante de las letras y de la cultura en general. Pensar es la maravilla de esta vida.

Pasar por el pantano y no mancharse

Pasar por el pantano y no mancharse

Cuentan las malas lenguas, y en el mundillo de la ópera hay mucho de eso, que G. Rossini recibió de Barcelona, una tentadora oferta económica para trasladarse a trabajar en nuestra ciudad. En concreto, parece ser, que fue el desaparecido Teatro de la Santa Cruz el que tanteó al cisne de Pesaro. Llegados a este punto, uno se preguntará, ¿qué pasó finalmente para que el mencionado traslado no se efectuara? La respuesta es muy interesante. Resulta ser que G. Ricordi, fundador de la prestigiosa casa editorial del mismo nombre, que, en esos momentos hacia las veces de copista del Teatro de la Scala de Milán, hacía unos pocos años que había arrancado con su negocio y como es de suponer, estaba a la caza de nombres que engrosaran su lista de compositores. Pues hete aquí, que el mencionado editor parece ser, y aquí es donde entra el chisme, en una charla con el ya exitoso compositor, lo desanimó de emprender un viaje tan arriesgado como era en esos años, el de embarcarse con destino España. Y digo arriesgado porque estamos hablando de la primera mitad del siglo XIX y todos sabemos que esos tiempos fueron de todo menos tranquilos en estas tierras. Tras las guerras napoleónicas, vino un largo periodo de guerras internas y de cambios políticos acompañados por feroces represiones, que hacían muy poco recomendable que un compositor que gozaba ya de un nombre y una estabilidad en el mundo de la ópera, se arriesgara a perderlo todo, incluso la vida, en tan exótica empresa.

Rossini reinó en el mundo de la ópera por méritos propios, durante la primera mitad de ese siglo XIX, que tan duro fue para la península Ibérica. Pese a esta situación tan delicada, Barcelona disfrutó de los estrenos de los grandes títulos que se efectuaban tanto en París, como en Roma, Nápoles o Milán en relativo poco tiempo. Es el caso de uno de sus primeros grandes éxitos: La Cenerentola que se estrenó en el Teatro Valle de Roma un 25 de enero de 1817 y en Barcelona tuvo su primera representación el 18 de abril de 1818 en el Teatro de la Santa Cruz.

Con motivo de los 200 años de tal estreno, la incombustible Cecilia Bartoli ha presentado esta maravillosa obra en una producción semiescenificada en dos lugares emblemáticos: el lunes 22 de octubre en el Auditorio Nacional de Música de Madrid para la Fundación Scherzo y el jueves 25 en el Palau de la Música de Barcelona. De hecho, los aniversarios se acumulan, puesto que también se cumplen 150 años del fallecimiento del maestro de Pesaro, y los 30 años de que Cecilia Bartoli es artista de un sello como Decca, cosa nada baladí en un mundo donde se mueven grandes cantidades de dinero.

Las críticas llegadas desde Madrid fueron en su mayoría malas. Pese a ello, el Palau de la Música el 25 de octubre estaba repleto. La Bartoli ha sabido construir una carrea muy inteligente; no se ha arriesgado en teatros demasiado grandes, donde su voz, si bien llena de cuerpo, y con una técnica antológica, es más bien pequeña, lo que la obligaría ha desgastarse mucho dañando la calidad final, además de comprometer su salud vocal. Los resultados de solo presentarse en proyectos donde tiene todo a favor y con un repertorio que hace lucir mucho sus notables virtudes vocales e histriónicas, están a la vista: además de contar con un enorme prestigio en todo el mundo, la sigue una legión de devotos que solo ser anunciada en alguna ciudad agotan las entradas.

Otra de sus grandes virtudes es saberse asociar con quien puede financiar sus costosos proyectos, el último de ellos es justamente el que disfrutamos el pasado jueves 25. Ahora bien, la idea de plantar una orquesta de instrumentos antiguos echa ad hoc para acompañar a los cantantes con el pretencioso nombre de Les Musiciens du Prince sobre el mismo escenario que ellos, demostró ser muy poco afortunada. La mitad de los protagonistas fueron devorados en varios pasajes por la mencionada orquesta, pese a los esfuerzos del director Gianluca Capuano, uno de los héroes de la velada. El maestro milanés, ha tenido la ingrata labor de estar bajo la enorme sombra de una descomunal artista como Cecilia Bartoli, que lució y mucho, cosa que se esperaba, pero en honor a la justicia, tal éxito fue cuidado, trabajado y muchas veces salvado por los oficios de un estupendo músico como Capuano.

El papel de Don Magnifico fue bordado por el aragonés Carlos Chausson que dio una cátedra de lo que es cantar con mayúsculas el papel. A una técnica y una voz potentísima, llena de agilidad, se unían una prestancia y una gracia escénica que muchas ocasiones arrancó los aplausos de los asistentes aquella noche. Mención especial merece el tenor catalán David Alegret que fue llamado a las 18 horas de esa misma tarde para sustituir a Edgardo Rocha que suspendió por enfermedad, lo cual suena realmente rayando lo lamentable a nivel profesional. Alegret sacó adelante el papel, pese a los nervios iniciales y tras las primeras escenas, en que se le vio tímido y manteniendo el tipo; finalmente logró una noche afortunada. Sus agudos no estaban del todo colocados, y sonaron sin ese brillo siempre deseable en arias como las escritas por Rossini, pero el reto al que se enfrentó Alegret no era pecata minuta.

La valoración general de la presentación fue enormemente buena, pero sinceramente no deja de ser una adaptación en espacios y circunstancias para que en concreto, una artista que atrae tanta admiración y patrocinios como Cecilia Bartoli, siga luciendo sus aun envidiables características vocales. Es muy probable que, en circunstancias normales en un teatro como el Liceo de Barcelona, la Romana hubiera salido más manchada de ceniza y por ejemplo, otros papeles, hubieran sido aun mas “magníficos”.

Fausto Murillo

Fausto Murillo (Querétaro, México) 1977: licenciado en Composición por la Universidad Autónoma de Querétaro (2001). Ha realizado, estudios de Dirección Orquestal con maestros como Enrique Batiz, Sergio Cárdenas, Antoni Ros-Marbà y Salvador Mas, desarrollando actividad dentro de la Dirección tanto en México como el estado español. Durante 6 años condujo programas radiofónicos de difusión musical en México, publicando con regularidad en diferentes espacios, además de impartir desde hace 20 años charlas y conferencias en los más diversos foros. Convencido de la necesidad de renovar desde sus cimientos la actividad musical, además de impartir clases en los Cursos Oberts del Conservatorio Municipal de Música de Barcelona (CMMB) estudia el grado en Musicología en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Tanto como debo: sobre el Teatre Lliure, Lluís Pasqual y el abuso de poder

Tanto como debo: sobre el Teatre Lliure, Lluís Pasqual y el abuso de poder

Foto con copyright: Archivo Cadena SER

Digamos que todo empieza en pleno mes de julio en el Grec del Teatre Lliure. Un amigo me invita a ver ‘Kingdom’ de la Agrupación Señor Serrano. Un espectáculo que llena el Lliure de Montjuïc de bananas y critica el capitalismo, la sociedad de consumo y la virilidad. Una vez terminada la función, nos invitan a todos los espectadores a participar de un debate coordinado por ‘Dramaturgias del debate’. A priori, pienso que será un coloquio como cualquier otro, a pesar de las premisas que nos imponen los organizadores: Debéis elegir entre preguntar a los miembros de la compañía cuestiones que sólo puedan ser respondidas con un ‘sí’ o un ‘no’, o bien podéis preguntar y comentar todo lo que queráis pero insertando insultos y blasfemias entre vuestras palabras. Evidentemente, los espectadores, unánimemente si no recuerdo mal, elegimos la segunda opción.  Al principio todo resulta muy formal, la gente pregunta por preguntar y suelta un ‘joder’, ‘mierda’, etc. Pero poco después, una mujer pone en duda que se pueda criticar el sistema actual sin nombrar ni mostrar a ninguna mujer durante todo un espectáculo, y a modo de colofón, concluye: ‘caca, pedo, culo, pis’. Esto empieza a animarse, por fin. Hace tiempo que no voy a ningún debate en el que la gente puede decir lo que realmente piensa, esto es inaudito. Los componentes de la compañía argumentan sin tapujos que, precisamente, en todo el espectáculo no aparece ninguna mujer ni se la nombra (a parte de la Eva del paraíso) porque que éste es el papel que el sistema otorga a las mujeres, la invisibilización absoluta. Tras ello, otra espectadora se suma a la protesta arguyendo que ello no es un argumento de peso, y seguidamente, cuestiona la renovación del mandato de Lluís Pasqual al frente del Teatre Lliure y el funcionamiento arcaico, clasista y patriarcal de los teatros públicos.

Pocos días después, aparece en Facebook (sí, la misma plataforma que utilizó Donald Trump para ganar electores) el mensaje de una actriz que formó parte de la Kompañía del Lliure e interpretó a la Cordelia del Rey Lear, Andrea Ros: ‘Durante los dos años que he formado parte de la Kompanyia, Lluís Pasqual me ha gritado, ridiculizado, puesto en evidencia, y le he visto hacerlo impunemente porque es un genio, y los genios gritan, los genios tratan mal a la gente’. Además, la joven actriz, criticaba la poca sensibilidad feminista del Lliure y la escasa presencia de jóvenes al volante de este teatro público.

Pero no sólo la actriz se atrevió a cuestionar el sistema de ciertas instituciones públicas, también directores como, por ejemplo, Alex Rigola, proponían limitar la dirección de equipamientos públicos a mandatos de ocho años, más paridad en las programaciones y ‘verdad en la programación artística’. Desatada la polémica, la Fundación del Lliure aclaró que Pasqual solo seguiría dos años más en el mandato en lugar de los cuatro previstos y que por primera vez se garantizaría un concurso abierto con la máxima paridad posible. Pero resultó que después de las acusaciones de la joven actriz, la comisión del Lliure recibió otras quejas (por ahora, lamentablemente, anónimas)que también han llegado al colectivo ‘Dones i cultura’, que lucha contra la discriminación y los abusos de poder en el ámbito laboral. Un grupo formado por más de 800 mujeres del ámbito de la cultura, que pidió a través de un comunicado, el cese del cargo de Pasqual, asegurando haber recopilado varias acusaciones de trato despótico a los trabajadores. Pasqual, tras las vacaciones y con la polémica acechándolo, finalmente, decidió dimitir. Evidentemente, como no podía ser de otra manera, antes de la dimisión un centenar de personalidades de la escena catalana firmaron un manifiesto en favor del reconocido director: Núria Espert, Frederic Amat, Emma Vilarasau o Josep Maria Flotats, entre otros. Tiempo después, hasta la mismísima alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, le dedicó un emotivo tweet. Finalmente, el Lliure ha decidido disolver la Kompañía y, por lo tanto, el vínculo de los intérpretes con el teatro terminará en diciembre después de las funciones de ‘Ángeles en América’.

Lluís Pasqual, uno de los miembros fundadores del Teatre Lliure en el 1976 junto a Fabià Puigserber, Pere Planella y Carlota Soldevila, y considerado uno de los grandes directores de la escena internacional, declaró: “las redes sociales pueden destruir cualquier reputación”, en referencia al manifiesto publicado en el grupo de Facebook ‘Dones i Cultura’, que le acusaba de maltrato, misoginia y abuso de poder. En una entrevista en La Vanguardia, Pasqual aseguró “impensable que las bases para elegir al responsable de un teatro público del tamaño del Lliure sean la edad y el sexo”. “No puedo ni ser joven ni ser mujer ni trabajar con un equipo que no esté plenamente comprometido conmigo en un proyecto”.

¿Cuántos genios, a lo largo de los siglos, han calumniado a sus actores e incluso a sus propias familias? Charles Chaplin (cuya obra admiro profundamente), uno de los mayores genios de la historia, rodaba centenares de veces una misma escena hasta que salía como él quería y dicen las malas lenguas que era un déspota empedernido. Woody Allen fue acusado de abusos sexuales por parte de su propia hija y sigue estrenando como si nada. Y podríamos seguir con una lista infinita de genios endiosados que ejercen o ejercieron abuso de poder. Ante tal escenario, se plantean múltiples incógnitas: ¿Debemos renunciar a ciertas ‘obras’ por el bien común, o el fin justifica los medios? ¿Es posible, hoy día, separar la obra del autor? ¿El auge de los Mass Media, a pesar de sus contrapartidas (como las Fake News o la banalización y espectacularización de la cultura, por ejemplo), ha permitido hablar a los oprimidos?

Sea como fuere, este año hemos vivido un sinfín de polémicas sobre el abuso de poder. Con el movimiento Me Too (al cual me adscribo), por ejemplo, las acusaciones de abusos y acoso sexual a Harvey Weinstein consiguieron llevar a la bancarrota a uno de los productores más famosos y reconocidos de Hollywood. En el ámbito jurídico, con abogados como Mario Díez, que está al frente del movimiento ‘Justicia Poética’, se está destapando una red de pederastia y pornografía infantil a gran escala en España mediante un canal de Youtube, y con ello se ha logrado meter en prisión a Kote Kabezudo, acusado de abusar de infinidad de niñas y cuyos vídeos testimoniales siguen colgados en la Dark Web y se pueden descargar por un módico precio de 12 euros. Diréis: antes de internet esto también pasaba. Y así es, pero parece ser que sólo la presión mediática consigue verdaderos cambios en este siglo nuestro amparado en las apariencias.

Yo, personalmente, no conozco a Lluís Pasqual, ni tampoco he podido disfrutar de la mayoría de sus espectáculos, porque desgraciadamente, hoy en día, el acceso a la cultura es un privilegio reservado a una minoría, y además, las grandes carteleras, la mayoría de veces, están dirigidas a un mismo tipo de público, a excepción de algunas salas alternativas que subsisten precariamente. Así pues, creo que el cuestionamiento real no es sobre el director Lluís Pasqual. El cuestionamiento real es el de un Estado definido como democrático y paritario, cuyos equipamientos públicos siguen siendo monopolio de unos pocos, en su mayoría hombres, y que el acceso a la cultura y la igualdad de oportunidades es tan solo un mero juego de palabras. La brecha salarial se sigue perpetuando con total impunidad y en los teatros y otros equipamientos públicos los cargos se siguen concediendo al más puro estilo aristocrático. La escena española y catalana (no tengo la suerte de poder viajar demasiado), parece haber quedado atrapada en el siglo pasado, menos ciertas excepciones que permanecen poco tiempo en cartel. Y esto es sólo la punta del iceberg de una sociedad que traspasa poderes como quien traspasa Tarjetas Black o paraísos fiscales y demás cloacas del estado. Pero sí, también hay Cordelias, hijas de reyes como el anciano Lear, rey de Bretaña, quien pregunta a sus hijas cuál de ellas lo ama más, para saber cómo repartir su reino. Valientes como Cordelia, cuando contesta que ama a su padre “tanto como debo, ni más ni menos” (according to my bond, no more, no less).

Relaciones igualitarias

Relaciones igualitarias

¡¡Cómo han pasado los años!!, parece que fue ayer cuando en 1997 un grupo de jóvenes talentosísimo, iniciaban su andadura como orquesta estable teniendo al frente de tal proyecto al maestro Claudio Abbado. La Mahler Chamber Orchesta nació joven y se conserva esplendida, en perfecto estado de revista. Sus integrantes han madurado, y muchos ya pintan alguna discreta cana, pero en estos 21 años la agrupación ha desarrollado un proyecto que nos habla de lo que está por llegar en este mundo de la “música clásica”.

En siglo XIX y parte del siglo XX las orquestas necesitaban de una figura musical potente que guiara al resto de integrantes. Muchas de esta orquesta estaban integradas por aficionados que tras de muchos ensayos lograban montar un programa y modestamente lo presentaban ante el publico. Sorprende, por ejemplo, los meses que tuvo que trabajar en largos ensayos François-Antoine Habeneck al frente de la Orquesta del Conservatorio de París para poder montar el programa inaugural de esta orquesta en 1828. Los músicos por regla general, no tenía demasiada pericia técnica, muchos apenas estudian sus partes, esto sin contar con los innumerables problemas de organización y hasta de comportamiento que había que solventar en aquellos lejanos días.  Semejante estado de cosas, generaron una figura poderosa y autoritaria: el director de orquesta. Su aparición en la historia de la música responde a muchas sinergias no solo musicales, mismas que lo han conservado en su pedestal durante más de un siglo y que ahora al cambiar o más bien desaparecer muchas de ellas han modificado profundamente la razón de ser de este personaje.

La mejor muestra de lo que digo es la existencia de la Mahler Chamber Orchesta. Nació bajo la guía de Claudio Abbado y el decidido trabajo de Daniel Harding, pero actualmente no tienen un director titular tal como lo entendemos. Tienen en su lugar lo que ellos llaman un “consejero artístico” que en este caso es Daniele Gatti. Las decisiones y en general todo el proyecto de la agrupación es generado por los propios músicos que han hecho de esta orquesta una de la mejores del mundo.  Su repertorio es amplísimo y colaboran con personalidades como: Marc Minkowski, Andrés Orozco-Estrada, Murray Perahia o Martha Argerich, presentándose en los más importantes festivales y auditorios.

Barcelona fue una de las ciudades que visitaros dentro de una gira por Europa, que los ha llevado por Portugal, Francia, Alemania, Luxemburgo y España. En concreto en nuestra ciudad se presentaron los pasados 18 y 19 de septiembre en el Palau de la Música Catalana, que como es de suponer, en ambas fechas estaba totalmente lleno. El director con el que en esta ocasión colaboraron fue Gustavo Dudamel, que se enfrentó a dos programas integrados por dos sinfonías de Franz Schubert: la “Quinta” y “Tercera” respectivamente en cada fecha, a ellas, completando los programas en la segunda parte encontramos la “Cuarta Sinfonía” de Johannes Brahms y la “Cuarta Sinfonía” de Gustav Mahler.

El día 18 septiembre, el primer programa nos demostró la calidad sonora de la que es capaz  una gran orquesta como esta, lamentablemente, Dudamel no supo construir ninguna de las dos obras de este primer programa. En Schubert simplemente dejo hacer a la orquesta que repito, demostró una sonoridad y trabajo técnico impresionante, pero la obra fluyó sin la magia del compositor austriaco. La cosa no mejoró en la segunda parte, el monumento sinfónico que es la última sinfonía de J. Brahms fue avasalladora, con momentos llenos de intensidad tímbrica maravillosos, pero estos no estaban tejidos en un todo congruente, que es justamente el trabajo que se espera de un director. Brahms exige una clara visión de ha dónde se quiere llevar su obra, y para esto hay que tener muy claro el lugar que ocupan a nivel arquitectónico cada una de las partes que la integran.

El segundo programa comenzó en la misma tónica, un Schubert que fluyó y no dijo apenas nada y que quizás en su último movimiento prometiera algo, que, finalmente no llegó. Ahora bien, la segunda parte de este programa fue muy otra cosa, Mahler se le da bien y de manera muy natural a Dudamel, se le ve cómodo y sabiendo hacia dónde, ahora si, guiar ese monstro sonoro que es la Mahler Chamber Orchesta, cuando la soprano Golda Schultz apareció, después de un hermoso tercer movimiento, concluyó con su estupenda participación con una buena interpretación de la sinfonía.

Cuando al inicio de esta humilde crónica apuntaba que el futuro de la “música clásica” estaba siendo mostrado por orquestas como la Mahler Chamber Orchesta, me refería a que actualmente este tipo de grupos, que cuentan con músicos primorosamente formados no necesitan de un líder, ni musical ni administrativo. La relación en nuestros días es de colaboración, de igual a igual. Si el director tiene algo valioso que aportar tendremos conciertos memorables, de eso que no se olvidan nunca, si no, tendremos un buen concierto, la perfección técnica está asegurada sobradamente y además tendremos muchas bonitas fotografías para subir a internet. Seguimos.

Fausto Murillo

Fausto Murillo (Querétaro, México) 1977: licenciado en Composición por la Universidad Autónoma de Querétaro (2001). Ha realizado, estudios de Dirección Orquestal con maestros como Enrique Batiz, Sergio Cárdenas, Antoni Ros-Marbà y Salvador Mas, desarrollando actividad dentro de la Dirección tanto en México como el estado español. Durante 6 años condujo programas radiofónicos de difusión musical en México, publicando con regularidad en diferentes espacios, además de impartir desde hace 20 años charlas y conferencias en los más diversos foros. Convencido de la necesidad de renovar desde sus cimientos la actividad musical, además de impartir clases en los Cursos Oberts del Conservatorio Municipal de Música de Barcelona (CMMB) estudia el grado en Musicología en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).