La Pasión según Monsieur Pichon

La Pasión según Monsieur Pichon

Parece ser, que tras el estreno el viernes santo de 1727, la Pasión según San Mateo le atrajo a J.S. Bach una serie de recriminaciones y castigos por parte de sus superiores jerárquicos, logrando que finalmente, el impulso creador de sus primeros años en la ciudad de Leipzig, al cual debemos los ciclos completos de cantatas sacras de los que ahora disfrutamos, se detuviera casi en seco.
Mucho se ha escrito sobre la ceguera artística de personajes como el Rector de la Escuela de Santo Tomas, Johann August Ernesti, que pasó de ser un partidario de la obra del maestro cuando este llegó a la ciudad, a ser un fiero detractor tanto de su obra como de su persona, intentando por todos los medios a su alcance, mermar sus atribuciones como cantor y malmetiendo entre sus compañeros para hacerle irrespirable el ambiente.
El principal problema que esto buenos caballeros tenían con la obra de Bach, además de varios problemas personales con el altanero y levantisco maestro, era que, literalmente, dejaba sin trabajo a los pastores de las principales iglesias de la ciudad, pues los fieles tras escuchar por ejemplo la Pasión según San Mateo aquel 11 de abril de 1727, encontraron innecesaria la homilía que acompañó el servicio vespertino de aquel día tan señalado. La hondura de la música y las reflexiones teológicas de las que está llena la obra, deslucieron el discurso que se da en una ceremonia como la de viernes santo.

La tradición protestante en Alemania había más o menos establecido en muchas ciudades la costumbre de ejecutar “La Pasión según San Juan” de Johan Walter, seguidor y amigo de Martín Lutero y que, precisamente basándose en la Biblia traducida por el reformador, había compuesto una muy breve obra musical acompañado de algún modesto poema, donde el mayor peso dramático recaía en la pura narración de los hechos de la pasión y muerte de Jesucristo. Se trataba de que el fiel rememorara los hechos que constituían las bases de la fe cristiana, correspondiendo al pastor la interpretación de ellos en la homilía. La música cumplía dijéramos, un puro acompañamiento y cebo que podía hacer más atractiva aquella terrible narración.

Bach ya con la pasión según San Juan de 1724, inició un camino de renovación absoluta, profundizando en el dramatismo que existe en la historia de los tormentos sufridos por Cristo y el impacto que en la conciencia de los fieles producían aquellos relatos. Así, otorga a la música el protagonismo ya no solo en la narración, si no que la constituye en la generadora de profundas y hondas reflexiones sobre la redención humana. Para la pasión de según San Mateo, el relato de la pasión de cristo es solo el andamio sobre el que soporta la pieza, y hace que el peso dramático de la obra recaiga en las reflexiones que de los hechos contados se pueden desprender. Este espacio de honda introspección se realiza en lo que en ese momento fue nombrado como “madrigales” y que son las arias y números vocales que llenan la obra; espacio en el que la mezcla del texto y la música que de ella emana aboca al escucha a pensamientos de muy profundo calado.

En la Pasión según San Mateo, mejor que en ninguna otra del maestro, se ve reflejada una visión del mundo en la que se apela a la conmiseración por el que sufre sin culpa, en la que el espectador casi sin quererlo termina siendo parte, horrorizado, de algo que lo supera con mucho. En ella se nos reclama mirar muy dentro de nosotros y reconocer que es imposible escuchar semejante narración, sin sentirnos mínimamente conmovidos al margen, incluso de nuestras creencias. En esta obra, la narración de la pasión y muerte de Cristo se llena de una potencia dramática inmensa, dotándola de carne y sangre viva, hurtándola de los altares donde la tradición la había colocado, lejos de la gente común y restituyéndola en su fuero más íntimo.

Interpretar semejante monumento artístico es sin duda un reto para todo aquel que se aproxima a ella. El año pasado en medio de la primera ola de la pandemia, fue simplemente imposible disfrutar de todos los conciertos donde las dos pasiones del maestro de Leipzig aparecían programadas. Con lo que el público Barcelonés, esperaba, si cabe, aún con más ganas la oportunidad de disfrutar de unos conciertos que son ya tradicionales en nuestra vida musical. La cancelación de la lectura que debía presentar Sir John Eliot Gardiner de la Pasión según San Juan a causa de las restricciones de la pandemia, hizo pensar que quizás nuevamente este año nos quedáramos sin poder escuchar nada de este maravilloso repertorio. Afortunadamente para nosotros, nuestra vecindad con Francia tiene ya unos meses permitiéndonos disfrutar de grandes músicos y agrupaciones galas, y el pasado 25 de marzo pudimos escuchar por fin, la espléndida lectura que Raphaël Pichon al frente de su grupo Pygmalion, realizó de la Pasión según San Mateo.

Pichon es sin lugar a ninguna duda, un músico consumado en todos los sentidos y un director con un oficio inmenso, que aúna en su persona, una técnica logradísima con la que controla cada nota de sus músicos, con un instinto y una vena dramática que sabe crear interpretaciones con un  alto impacto emocional en sus espectadores. Escuchar a Pygmalion estremece hondamente, entre otras razones porque todos los elementos musicales de las obras que interpretan están colocados en su justo lugar, para luego detonarse dentro de cada uno de nosotros de un modo tal, que acciona palancas internas que hacen imposible el no emocionarse. No se trata solo de la sola perfección técnica, que la hay y a raudales, si no que esta, está al servicio de la expresión trascendental de cada una de las piezas que abordan.

Pichon sabía muy bien a que se enfrentaba y supo construir magníficamente la obra, leyendo e interpretando cada recurso retórico, cada melodía sugerente, cada armonía significativa, todo, absolutamente todo estaba donde tenía que estar, en su justa proporción, lo que revela a un maestro de altos vuelos, a un músico que siendo aún muy joven está ya en posesión de una sabiduría musical muy especial y que promete seguir sorprendiéndonos con una brillantísima carrera.

Las partes vocales, en su conjunto, fueron simplemente deliciosas, destacándose mucho tanto por sus timbres poderosos y llenos de fuerza, como por un oficio inmenso en roles difíciles y que desgastan mucho a sus intérpretes, Julian Prégardien como el evangelista y Stéphane Degout como Jesús. Caso similar es el de Lucile Richardot, que con una voz robusta y muy bien timbrada bordó las arias a ella asignadas.

Injusto es solo nombrar a unos pocos protagonistas, cuando todos y cada uno de los participantes en la velada demostraron un altísimo nivel, realizando una interpretación que emocionó muy profundamente al público congregado esa tarde en el Palau de la Música. Aplausos que se prolongaron por más de diez minutos premiaron a los artistas que nos habían regalado semejante vivencia, y que por casi tres horas nos devolvieron a ese extraño gozo de estar en contacto con obras  tan estimadas por todos los ahí congregados. Esperemos que poco a poco la oportunidad de disfrutar de estas experiencias sea cada vez más frecuente, pues el apetito de nuestro público dista mucho de verse saciado. Seguimos.

«Bad Luck Banging or Looney Porn», de Radu Jude en la #Berlinale2021

«Bad Luck Banging or Looney Porn», de Radu Jude en la #Berlinale2021

El Oso de Oro de esta Berlinale 2021 estaba cantadísimo: Emi, una respetada y modélica profesora de un importante colegio de Bucarest, ve puesto en peligro su carrera profesional por un video de sexo casero filtrado en internet. Pese a llevar máscara, es identificada. El director Radu Jude aprovecha este punto de partida y centro de la trama para hacer un satírico repaso de la historia moderna de Rumanía. Sin dejar títere con cabeza, cultura, política, religión, sexualidad, educación y un interminable etcétera a lo largo de unos fantásticos cuarenta minutos explican cómo hemos llegado hasta aquí, esto es, a un absurdo tribunal escolar para decidir el futuro de Emi. Pero estas son la segunda y tercera parte de la película, dividida en tres actos.

Bad Luck Banging or Looney Porn, que vendría a traducirse como “sexo de mala suerte o porno de locos”, empieza disparando a matar y se avecina más de un abandono en las salas cuando la película se estrene en cines, porque claro, más de uno/una no aguantará el shock. Pero tranquilos que solo son cuatro minutos. Luego seguiremos a la protagonista Emi correteando por las calles de Bucarest, nerviosa, haciendo recados en plena pandemia. Porque sí, la película se rodó a mediados del pasado año y somos testigos de situaciones cómicas e irritantes, ya habituales en nuestro día a día con cajeras de supermercado con la mascarilla en la papada o esa persona en la cola que no guarda la distancia. De esta manera Bad Luck Banging or Looney Porn tiene una valor añadido, al ser un documento gráfico que nos hará recordar dentro de quince o veinte años cómo vivíamos durante ese loco y surrealista tiempo.

Emi y su marido tratan de eliminar sin éxito el video de internet, demasiado extendido y viralizado como para poder frenarlo. Entre medias, atendemos al nerviosismo imperante de un día en la capital rumana, que podría ser en cualquier otro sitio, con gente que aparca su coche en mitad de la acera o peatones insultando a conductores por frenar en el semáforo demasiado tarde. Tras el impacto de la escena inicial, esta aparente normalidad de un día cualquiera en el mundo Covid nos hace bajar la guardia. Y Radu Jude vuelve a atacar y lo hace con un amplísimo diccionario satírico, del cual traigo aquí tan solo tres ejemplos:

  • Término: Navidad. Imagen: un pesebre. Suena un villancico.

Subtítulos: un comando situado en Semferopol, Rusia, recibe la orden de matar a 3.000 judíos y Sindi Roma antes de Navidad. La orden se ejecuta con gran diligencia y permite a las tropas celebrar el nacimiento de Jesús.

  • Término: Respeto. Imagen: una mujer con vestido de novia.

Subtítulos: el jefe de policía ha declarado que las mujeres maltratadas por sus maridos no deberían llamar a la policía durante la noche, sino esperar a la mañana siguiente.

  • Término: Cultura. Imagen: dos chicos actuando en un concierto con ropa femenina.

Subtítulos: “Un espectador: ¡Vergüenza os tendría que dar! ¿A esto llamáis cultura? ¡No sorprende que el sistema educativo sea un desastre!”

Como escribió el crítico de cine Ştefan Dobroiu, “Bad Luck Banging or Looney Porn no es precisamente una película que gustará al público, pero definitivamente es una obra que deben ver”. Porque tras este particular repaso histórico de Radu Jude, llega el desenlace de la película en su tercer acto, con el obsceno tribunal escolar donde el catetismo de los padres pone de relieve lo peor de la sociedad. Así, el director nos enfrenta a estos dos tipos de obscenidad y vemos que la obscenidad del vídeo porno no es nada comparada con lo que nos rodea, pero no le prestamos atención.

Un antiguo comandante que anhela los tiempos del dictador Ceaușescu, una pija estúpida y remilgada, un arrogante piloto de avión anticovid e incluso un cura son algunos de los padres de este comité escolar que tratan de ridiculizar a Emi, ya conocida como “la profesora porno”. Todo este tribunal transcurre entre un tono absurdo y estereotipado, donde el racismo, la hipocresía y un sinfín de los males de nuestro mundo se ponen de relieve. Radu Jude se dió a conocer en 2009 con “The happiest girl in the world”, apareciendo en la sección Forum de la Berlinale, atrayendo definitivamente la atención Internacional con el Oso de Plata a mejor director en 2015 por “Aferim”. Su idilio con el festival llega a su clímax con la conquista ahora del Oso de Oro (el tercero para Rumanía en los últimos nueve años, ojo al dato), y lo hace con una película abiertamente controvertida, ácida, inteligente y política como pocas. Y no existe festival más político que la Berlinale, solo hay que recordar aquel eslogan de su anterior director Dieter Kosslick en la edición del 2005: Sexo, política y Rock & Roll. De aquellos barros, estos lodos. Y que siga así, por favor.

Trailer de Bad Luck Banging or Looney Porn:

Desde el Ródano llegaron

Desde el Ródano llegaron

Como una llave que está medio abierta, y va dejando caer un fino hilo de agua, así, muy poco a poco van llegando hasta nuestros escenarios, conciertos de una calidad indiscutible. La pandemia, con la que llevamos ya casi un año conviviendo, lo ha revolucionado todo, las agendas de conciertos de muchos de los artistas más reconocidos del medio, antes pletóricas de actividad, ahora están, casi en su mayoría, invernando. No hay que olvidar que, no solo se trata de que las autoridades locales, como es el caso de las nuestras, permitan una cierta actividad cultural, si no que, en el caso de la música, es literalmente imposible que una orquesta sinfónica, pueda viajar por Europa para venir hasta nuestra ciudad para realizar un concierto. Ello ha llevado a la cancelación de muchos conciertos con orquestas de gran renombre o en el mejor de los casos, estos han sido prorrogados a la espera de que la pandemia remita y las medidas de protección se flexibilicen. 

Ante este escenario, las agrupaciones pequeñas, como es el caso de una orquesta de música antigua, cuentan con más posibilidades de moverse dentro del continente, sobre todo con países vecinos. Esta proximidad geográfica, y yo diría que también anímica, ha permitido que podamos escuchar el pasado martes 16 de febrero, en l’Auditori, a una de las agrupaciones más importantes del mundo de la música históricamente informada, me refiero a Les Musiciens du Louvre.

Orquesta de reconocido prestigio que desde hace ya casi 30 años ha realizado una labor musical impecable. Primero, haciendo lecturas que son de absoluta referencia dentro del barroco francés. Con el tiempo, abriendo muy poco a poco su radio de acción a estilos y épocas que, bajo la ortodoxia interpretativa en vigencia, no serían su ámbito más “natural”, así, bajo la dirección de su director fundador el maestro Marc Minkowski, encontramos no sólo fantásticas lecturas de obras firmadas por un Lully o Rameau, si no también de partituras de Mozart, Schubert, Berlioz, Wagner e inclusive Stravinski, siempre con una calidad excepcional y con un cuidado de los detalles que hace que tras tres décadas de trabajo, Les Musiciens du Louvre sea sin lugar a dudas garantía de calidad. 

El programa presentado en nuestra ciudad estuvo consagrado a la figura de G.F Handel. La velada se inició con un par de números de su oratorio Theodora, HWV 68, en donde la soprano húngara Emőke Baráth mostró porqué su nombre va ganando en prestigio conforme van pasando los años. Una voz hermosamente timbrada, articulaciones muy meticulosas y fraseos perfectamente cuidados, son solo algunas de las características que hacen un deleite absoluto escuchar a esta espléndida cantante. Su voz potente y llena de armónicos corrió perfectamente por la sala de conciertos, encontrando en el repertorio presentado, una fantástica oportunidad de mostrar no solo sus enormes habilidades vocales, sino la fantástica artista que ha conseguido ser actualmente. 

Tras estas primeras obras pertenecientes a Theodora, pudimos disfrutar el Concierto para órgano n. 4 en Fa, op. 4, HWV 292, que fue ejecutada tanto en la parte solista como al frente de la orquesta por el maestro Francesco Corti. La relación que Corti mantiene con Les Musiciens du Louvre viene ya desde hace años, primero siendo parte de la orquesta en algunos proyectos puntuales, para posteriormente pasar a ser director huésped desde 2015.  Los resultados de tal relación musical son simplemente fantásticos, pues la orquesta pese a no contar con su titular, el afamado Marc Minkowski, conserva ese sello sonoro tan distintivo de la agrupación francesa, que entre otros elementos muestra un sonido extraordinariamente dulce y delicado, perfectamente balanceado en todas sus secciones o cuando es necesario, logra crear fortísimos llenos de cuerpo y contundencia no muy escuchados en orquestas incluso de instrumentos modernos. A estas características, ya distintivas de la orquesta francesa, se unió la energía rítmica del maestro Corti, que abordó tanto en el caso del concierto de órgano en que actuó como solista, como en la obra que finalizó la velada, el motete Silete Venti, HWV 242, en tempos rápidos, que ayudaron a que la orquesta luciera luminosa, y llena de la energía. 

La imagen de ese fino hilo de agua que mencionamos al inicio de esta pequeña crónica representa muy bien lo que para muchos de los asistentes fue aquel concierto. Poco a poco, la actividad de nuestros centros culturales se mantiene, o en algunos casos se va intensificando. Conciertos de esta calidad, transforman el páramo en que puede convertirse la vida que nos está tocando vivir en estos días. La música y en general el arte y la cultura, son sin lugar a duda parte de la clave, para que de esta situación salgamos, quizás, un poco mejores como seres humanos. Seguimos. 

«What do we see when we look at the sky?», de Alexander Koberidze en la #Berlinale2021

«What do we see when we look at the sky?», de Alexander Koberidze en la #Berlinale2021

Las primeras escenas de esta película georgiana de bello y largo título nos muestran el punto de vista de los perros, muy presentes durante las dos horas y media de un cuento muy particular. A la salida de un colegio, los pies de dos personas se tropiezan y vemos las manos recoger los libros caídos entre disculpas. Así es como Giorgi y Lisa se conocen y se enamoran, por el más puro de los azares. ¿Pero acaso existe tal cosa? Un torrente de recursos cinematográficos inunda los primeros 45 minutos: música de Schubert, planos imponentes e innovadores, una atmósfera mágica y una sugerente voz narradora que nos cuenta las aventuras y desventuras de Giorgi y Lisa. Como si de un cuento de hadas se tratara, maldiciones y embrujos dificultaran un amor quizás no destinado a ser tal. Porque como dijo Benedetti, es este uno de esos amores de tántalo y azar que Dios no admite porque tiene celos.

Podemos ver el viento a través de las hojas del suelo y de voces muertas que nos trae el aire. Y si miramos al cielo, como se pregunta el título de la película, vemos el azul claro de Kutaisi, una de las grandes ciudades de Georgia, y notamos en el ambiente que el verano amanece, es junio y resplandece. Un rio pasa junto a la casa de Lisa y sus siestas feroces son mecidas por el arrullo de la brisa estival. Todo es aún enigmático en What do we see when we look at the sky. Pero como sabemos, los encantamientos duran poco y uno después no recuerda si aquel amor idílico fue real o fue un sueño, amenazando con escapar entre los dedos, como un suspiro. Porque pasada toda esta ensoñación y este misticismo georgiano, se nos habla ahora de futbol, del mundial y de la pasión de Giorgi por Messi. Y desde ahora, todo girara en torno a esta pasión y a los bares donde los ciudadanos de Kutaisi disfrutan del evento.

El encuentro fortuito que unió a Giorgi y Lisa parece que sucedió hace mucho, en otra vida, quizás en otra película, así como Schubert ya no embriaga y Debussy viene al rescate, pero la magia ya está perdida. El tono anodino del día a día de los dos jóvenes convierte el resto de What do we see when we look at the sky? en una historia simple y nada excepcional, donde ambos encuentran trabajillos de verano y los perros cobran nombre y también quieren ver el futbol. La figura de Messi termina por convertirse en casi el centro de la historia, una historia ficticia donde Argentina deslumbra y gana el mundial, esto es, algo banal y muy alejado de la poesía y de un cine elevado.

A veces la película busca reconciliarse con ese cine, volviendo con destellos sugerentes de elementos de la naturaleza, pues bien lo sabía Tarkovski, en ella se encuentra la verdad y su presencia en el cine conecta siempre con lo más profundo de nuestro interior. Pero la idea del proyector no funciona bien, la claridad del día que aún es no permite ver a los jugadores con nitidez sobre la pantalla improvisada del bar, así que uno aguanta hasta que termine esta historia, resignado. Empecé a leer un bello poema y alguna sirena de ambulancia me despertó. Al despertar, nada quedaba de aquello.

Sea como fuere, el mundo no es blanco o negro, al igual que las películas no son simplemente buenas o malas. Casi siempre hay aspectos positivos que destacar de cualquier obra. What do we see when we look at the sky? ya no solo deja entrever sino que muestra algunos momentos de un gran cine, y lo suficientemente talentosos como para tener en cuenta el nombre de Alexandre Koberidze de cara al futuro.

Trailer de What do we see when we look at the sky? :

«Petite Maman» de Céline Sciamma, en la #Berlinale2021

«Petite Maman» de Céline Sciamma, en la #Berlinale2021

No se puede ver desde los ojos de un niño porque ya hace mucho que lo fuimos, seguramente tampoco desde la adolescencia. Pero como siempre sucede en la vida, hay personas con un don, con un talento innato que les otorgan habilidades especiales. Y Céline Sciamma es una de ellas. Como si ese obstáculo no existiera, como si las experiencias que hemos vivido de adultos no nos hubieran cambiado la perspectiva del mundo, Nelly se adentra en el bosque y descubre tras un camino a una niña jugando. Una niña muy parecida a ella.

Escribir una historia es más fácil si es verdadera, si uno no requiere de la gran inspiración y de la aparición del misterio de la creatividad artística para lograrlo. La verdad, cuando se yergue ante nosotros, es todopoderosa y siempre reconocible. Y así, uno imaginaría que Nelly es Céline de pequeña y que nos está contando su historia a través de un cuento de hadas, utilizando esa magia que tan solo la verdad es capaz de otorgar. Marion, la nueva amiga de Nelly, tiene su misma edad y vive con su madre, en una casa curiosamente idéntica a la de Nelly.

Ver a una niña con andar de persona mayor es raro, al haber heredado los problemas físicos de su madre que la llevaron a operarse a una edad muy temprana. Tras la muerte de la abuela al mismo comienzo de la película, Nelly ayuda a sus padres a limpiar la casa de la infancia de la madre, un bonito lugar en medio de un bosque. Y sorpresivamente, la casa árbol que su madre construyó de pequeña sigue allí, al otro lado de ese camino mágico.

Si Céline Sciamma hubiera hecho la película a la edad de 8 años, Petite Maman podría ser una de esas historias tan bonitas con niños y adolescentes de la sección Generación. Seguramente se hubiera estrenado aquí. Y de hecho Céline creció como cineasta aquí, en Berlin, logrando su primer gran éxito internacional en 2011 con Tomboy, que se alzó con el Teddy Award, el premio de mayor prestigio mundial para películas de temática queer-lgtbi+. Lo bonito del cine de Sciamma es que no ha perdido con los años un ápice de inocencia y verdad infantil, la niña que aún es puede escribir y regalar películas tan bonitas como Petite Maman.

De la abuela solo vemos al principio su bastón, un bastón ya no habitual de la gente mayor, sino que usaba ya de joven por unos problemas genéticos que le impedían caminar con normalidad. La madre de Marion también camina con bastón y concierta una operación para su hija, para evitar que crezca con sus mismos problemas. Estas tres generaciones de mujeres se enlazan en la película como los lirios de colores en el agua, como Water Lilies, el maravilloso debut de Sciamma allá por el 2007 (disponible en Filmin aquí) No hace tanto tiempo de aquello, pero crecemos a una velocidad vertiginosa y a uno se le antoja que ha pasado una eternidad, cuando en realidad son apenas 15 años, exactamente la edad de las adolescentes de ese primer largometraje de la directora francesa. No es un círculo que se cierra, la vida es un círculo abierto donde la niñez de Nelly se mira frente a un espejo mágico y uno deja de ser hijo único, encontrando una amiga cual hermana con la que jugar, salida de enmedio del bosque, alguien como solo te pude entender un hermano, la familia.

La cámara esta siempre a la altura de Nelly, volvemos a ver el mundo como cuando éramos niños, desde una perspectiva donde ese mundo es mucho más grande de lo que luego como adultos pudiéramos imaginar. Y ser adulto tiene sus ventajas, alguna tendrá, pero nada como sentirse identificado y liberado recreando la niñez. Porque esa es la ofrenda más importante de Petite Maman: la reconciliación. Nelly tiene un nudo en la garganta por no haberse despedido como quisiera de su abuela antes de morir, su madre le pregunta “¿Y cómo te hubiera gustado despedirte?” y la niña recrea la despedida con su madre, y ésta la abraza y a su vez le devuelve la despedida. Nelly consigue reconciliarse. Y más tarde hará lo mismo su madre. Quizás, cuando vuelva a mi casa, le diré a mi madre que nunca agradecí como debiera aquel regalo que me hicieron, y que en ocasiones, cuando me viene a la mente, me sigue aun inquietando casi 30 años después, llevándome ese nudo a la garganta. Porque yo quería un muñeco que le había visto a un amigo. Y mi madre, al estar agotado en las tiendas, me regaló dos distintos pero de la misma colección. Recuerdo como para mí aquello no fue suficiente, ni siquiera cuatro muñecos hubieran llenado el vacío de esperar un juguete que hubiera sido mi favorito. Y reaccioné enfadado, lloriqueando, mientras mi madre decía “pero mira, son dos y también muy chulos” Hasta que pueda volver a casa, he vuelto a aquel momento gracias a Petite Maman y he hecho las paces conmigo mismo y con mi madre, a través del espejo de Nelly con la suya. Y Nelly también se reconcilia con Marion, su amiga enigmática del bosque, eso poco antes de un crescendo musical que me recordó a Retrato de una mujer en llamas, donde también terminé por llorar, al igual que aquí. Y recordé que de eso hace más de un año y no había vuelto a llorar con una película.

Diez años después de Tomboy, Céline Sciamma ha vuelto a Berlin y ojalá siga volviendo, emocionando una y otra vez con historias llenas de amor y de una sensibilidad tan solo al alcance de una mujer nacida con un don.

Una renta básica para liberarlos a todos

Una renta básica para liberarlos a todos

Título: La renta básica. ¿Por qué y para qué?

Autor: Daniel Raventós

Libros de la Catarata (2021)

190 pgs.

Quizá uno de los rasgos característicos de las disputas y querellas que se suceden cíclica y recurrentemente en Twitter, con un resultado siempre rayano en la intraducibilidad de los argumentos propios con los del otro, sea que estas contiendas tienen un componente puramente normativo o ideológico que nunca termina de materializarse en alguna propuesta de reforma de nuestro sistema legislativo, jurídico o institucional. Los enfrentamientos se suelen dar siempre en esos términos puramente valorativos sin que la discusión se asiente sobre una reforma concreta. Una de las disputas que, en los últimos años, ha concitado reacciones más fervorosas fue la que alcanzó su punto de ebullición con la publicación de La trampa de la diversidad (2018) de Daniel Bernabé y en la que se enfrentaban a un lado del ring, los defensores de la auténtica clase obrera, adalid de la revolución socialista y verdadera agente de la emancipación, tristemente menospreciada y vituperada en estos fatuos tiempos posmodernos (pueden ustedes ponerles las caras y nombres conocidos a nuestro boxeador), al otro lado del cuadrilátero, la estirpe de todos los feminismos, los hijos de los subalternos y todas las otras identidades que se consideraban herederos legítimos del cetro de la emancipación y nueva vanguardia política. Más allá de un análisis mesurado de la justicia y pertinencia histórica de cada uno de los contendientes, ambos comparten una misma predisposición a mantener el combate en un plano normativo, a saber, aquel que orbita en torno a la querella: ¿quién es el agente de la emancipación en torno al que se condensa la respuesta contestataria de nuestro tiempo?

El interés que reviste una propuesta de política económica como la renta básica es que usa una técnica de lucha distinta a la del boxeo, en lugar de enfangarse en la pura disputa normativa o ideológica plantea la resolución hipotética de sometimientos socialmente transversales, en tanto que emanan del extendidísimo e implacable hecho de que “quien pan quiere algo le cuesta”. La asignación de una renta básica universal, incondicional, individual y monetaria al total de la población de un Estado constituye una posible solución tan sencilla como ambiciosa al conjunto de problemas derivados del hecho de que nuestra existencia material depende de un trabajo remunerado en un país con una tasa de desempleo del 16%.

A esta propuesta de política económica ha dedicado Daniel Raventós su último libro La renta básica. ¿Por qué y para qué? (2021) cuyo espíritu circunstancial, nacido al albor de las terribles consecuencias económicas y sociales derivadas de la pandemia del COVID-19, no impide que el texto transcienda la anécdota para analizar de forma brillante, exhaustiva y clarísima los grandes problemas de un tiempo que se inició con la consolidación del modo de producción capitalista. Circunstancial por cuanto el libro dedica su primer capítulo a ofrecer una rigurosa y exhaustiva relación de razones que ponen de manifiesto la ineficacia y la carestía de los subsidios condicionados, en un país que acaba de instaurar el Ingreso Mínimo Vital, cuya fortuna está siendo tan triste como previsiblemente escasa. Digo previsible porque, pocos días después de su aprobación, el propio Daniel Raventós participaba en la Comisión de Reconstrucción Económica y Social para exponer los argumentos que, desarrollados en el primer capítulo de este libro, hacen de los subsidios condicionados una medida ineficiente, tan económica como socialmente.

Meme de @neuraceleradísima

 

Entre los argumentos que Daniel Raventós ofrece se encuentran los siguientes: los subsidios condicionados conllevan un fuerte desincentivo a la búsqueda activa de trabajo remunerado, por cuanto su percepción es dependiente o parcialmente dependientemente de la situación de desempleo, suponen un alto coste administrativo causado por la minuciosa tarea de control que exige la condicionalidad, es decir, un ejército de burócratas que certifiquen el cumplimiento de las condiciones necesarias para su percepción, obligan a comparecer institucionalmente como pobres a los solicitantes, lo que lleva, bien a la estigmatización social, bien a la negativa a ser reconocido institucionalmente como tal y, de forma más sonada con respecto al IVM, no alcanzan a cubrir el porcentaje de la población que habría de ser beneficiaria de los mismos y, en el caso de  aquellos que podrían ser potenciales beneficiarios, no llegan nunca a solicitarlos por las dificultades administrativas que implica su solicitud.

En este sentido, el libro se inscribe de lleno en una discusión actual de política económica y pretende funcionar como una sosegada reflexión con respecto a la parcialidad y la ineficacia del Ingreso Mínimo Vital que ha sido presentado, en la inflamada retórica política de nuestro tiempo, como un “nuevo derecho social”. No obstante, como señalaba previamente, el hecho de que el libro pretenda responder a una cuestión política de actualidad no obsta para que su defensa de la renta básica se desarrolle en el contexto de una reflexión sobre la justicia. A esta justificación normativa de la renta básica frente a los subsidios condicionados dedica Daniel Raventós el segundo capítulo del texto. En él la renta básica aparece como una medida de política económica basada en principios republicanos socialistas, el primero de los cuales es una concepción de la libertad como ausencia de dominación. Esta tradición republicana democrática entiende que el ejercicio pleno de la libertad tiene como requisito una existencia material garantizada pues, en una situación tal de dependencia material que impida asegurar la mera subsistencia, uno se ve forzado a subrogarse a los intereses de terceros.  Un Estado regido por principios republicanos democráticos habría de asegurar la existencia material de sus ciudadanos como salvaguarda de su libertad frente a interferencias arbitrarias de terceros. Esta concepción de la libertad es la que ha llevado a algunos de los miembros de la escuela de Raventós (destacablemente Antoni Doménech) a hablar de “la naturaleza propietaria o propietarista del republicanismo” desde el momento en que la existencia material presupone el control de un conjunto de recursos que la aseguren.

La renta básica sería, por tanto, una medida de política económica fundamental para universalizar la libertad republicana al conjunto de los ciudadanos. Y es, en este punto, donde radica una de las diferencias normativas fundamentales entre la renta básica y los subsidios condicionados en la medida en que los subsidios condicionados son concebidos como una ayuda ex post que el Estado ofrece a un conjunto de ciudadanos que han sufrido graves pérdidas o que han fracasado en su lucha por encontrar un trabajo remunerado, mientras que la renta básica se concibe como un forma de asegurar ex ante el pleno ejercicio de la libertad republicana en tanto derecho de ciudadanía. La renta básica constituye un derecho de ciudadanía por el simple hecho de pertenecer a una sociedad política en la que, gracias a la renta básica, poder participar más plenamente.

Meme de @postmomemes

Como señalaba arriba, el interés que pueda tener la renta básica en los debates políticos actuales es que su propuesta normativa está necesariamente imbricada con una herramienta práctica de realización de sus presupuestos ideológicos. Si en su contraste con los subsidios condicionados, la renta básica revelaba su particularidad normativa por cuanto es concebida como un derecho de ciudadanía, en su forma de financiación la renta básica muestra otro de sus presupuestos ideológicos: que toda concentración oligopólica de la riqueza, como la acontecida a partir del siglo XIX y que, a día de hoy, está en su momento dulce, atenta contra la libertad de la mayoría no rica por cuanto dichos grandes oligopolios pueden imponer su concepción del bien privado. Este poder se hace evidente, a día de hoy, en los conflictos sobre la libertad de expresión en las redes donde las grandes empresas son soberanas a la hora de censurar determinadas cuentas personas, en lugar de que esta limitación del derecho a la libertad de expresión emane de decisiones públicas y transparentes cuya legitimidad sea democrática. Como señala el propio Raventós “quien ejerce un dominium sobre los objetos amparado en una supuesta soberanía absoluta sobre su propiedad también tiene la capacidad de ejercer imperium poniendo a sus órdenes los poderes públicos y a sus conciudadanos” (96). Ante las grandes fortunas, el Estado, para asegurar la neutralidad, debe impedir la formación de grandes fortunas. Si bien es cierto que este no es el tema central del texto, se echa en falta una justificación normativa más pormenorizada de la potestad del estado para impedir la formación de fortunas que gocen de la capacidad de determinar el bien común o, al menos, una explicación de cómo es compatible esta regulación con la concepción liberal y antipaternalista del estado.

El tercer capítulo del libro es el más técnico y en el se exponen los modelos formales de financiación de una renta básica para el estado español. No voy a entrar a describir la reforma del sistema fiscal que propone Raventós pues no creo que esté en condiciones de igualar su claridad expositiva. En todo caso, si merece la pena señalar que el principio que rige la reforma fiscal planteada para financiar la renta básica es el de una redistribución de la riqueza que mejore la renta del 70% de la población. Según Raventós, junto con los colaboradores en este modelo, la renta básica podría financiarse sin generar un déficit neto estructural sustituyendo cualquier prestación social preexistente por una renta básica igual al umbral de la pobreza y exenta de IRPF, de modo que aquellos subsidios sociales que suponían una renta inferior desaparecerían en beneficio del importe de la renta básica y los que la superaran serían sustituidos por la renta básica más la diferencia del subsidio eliminado. Junto con la sustitución de cualquier otro subsidio condicionado, Raventós plantea que la financiación de la renta básica sería factible mediante un tipo único del 49,02%. En la fundamentación de la financiación de la RB se hace patente otro de sus aspectos normativos fundamentales: frente a las propuestas neoliberales que conciben la renta básica como una oportunidad de desmantelamiento del estado bienestar, la propuesta de Raventós la concibe como un complemento del estado bienestar que, al tiempo, ayude a restañar las grandes diferencias de riqueza entre los ciudadanos y asegure universalmente su existencia material.

Meme de @neuraceleradísima

Los tres últimos capítulos del libro están dedicados a aspectos más tangenciales pero no menos significativos: el capítulo cuarto se dedica a justificar la necesidad de una renta básica en un contexto socioeconómico de progresiva pérdida de empleos por la robotización y contraargumenta las críticas que, desde el sindicalismo, se han hecho de la RB por cuanto podría poner en peligro la capacidad de negociación colectiva de los trabajadores o que supondría un descenso generalizado de los salarios. Frente a esta última, Raventós apunta, como en muchas otras secciones del libro, que la RB solo es una medida de política económica, no toda una política económica y que, en ese sentido, debe ser complementada con otros mecanismos como el salario mínimo interprofesional. En el capítulo quinto, Raventós hace un repaso de los proyectos piloto de RB que se han desarrollado a lo largo del mundo, dedicando especial atención a la incidencia que han tenido en la mejora de la salud mental de las poblaciones donde se han implementado, al verse liberados de la angustia derivada de la posibilidad de la pobreza. El último capítulo, es una clarividente distinción sobre la categoría de trabajo que comprende tanto el trabajo remunerado, el reproductivo y el voluntario y una prometedora argumentación de los efectos positivos que la RB podría tener sobre cada una de esas esferas, especialmente en la redistribución de los deberes comprendidos en el trabajo reproductivo, tradicionalmente realizados por mujeres y sistemáticamente excluidos tanto de la remuneración como del reconocimiento de su función vital para la esfera productiva.

El libro de Raventós que, en realidad, es el libro de los múltiples colaboradores con los que ha trabajado para dar a luz las distintas investigaciones que contiene el libro (entre los que se encuentran Nuria Alabao, David Casassas, Sergio Raventós o Jordi Arcarons) cumple como contribución circunstancial a la crítica de la parcialidad del IVM y como alegato en favor de la necesidad de una renta básica para paliar las consecuencias de la crisis de la COVID-19. En ese sentido, es un libro certero por oportuno, se escribe y publica en el momento exacto. Pero también es un libro certero por cuanto cierto, que nada tiene que envidiar a los de Van Parisj (2017) y Standing (2017) sobre la misma cuestión, y que defiende con rigor, claridad y distinción la renta básica como un derecho de ciudadanía necesario para asegurar la libertad efectiva de todas las personas en la era de la automatización del trabajo y los trabajos de mierda.