Homenaje a Chester Bennington, cantante de Linkin Park

Homenaje a Chester Bennington, cantante de Linkin Park

(Foto: https://linkinpark.com)

El 20 de julio por la tarde me quedé estupefacta al enterarme de la muerte de Chester Bennington, cantante del grupo Linkin Park. Muchísima gente está mostrando sus condolencias con diferentes tipos de homenajes, lo que demuestra el cariño que le tiene el público. Sin embargo, parece que en determinados medios se intenta ahondar en los motivos de su inesperada muerte. Esto me recuerda otros casos de artistas a los que se escudriña post mortem, en ocasiones cual aves carroñeras. Desde mi punto de vista, lo realmente importante es que un gran cantante nos ha dejado y vamos a rendirle un pequeño homenaje con algunos de sus mejores trabajos.

Linkin Park forma parte de mi banda sonora desde hace muchos años, prácticamente desde sus inicios en 1996 aunque para mí su despegue comenzó con la incorporación de Chester Bennington en 1998. Es un grupo que abarca una diversidad de estilos y consiguen un sonido muy particular que les identifica, quedando patente ya en su primer álbum Hybrid Theory en 2000 y en Meteroa en 2002, en los que mezclan sintetizadores, rock y hip hop (gracias además al otro vocalista y MC, maestro de ceremonias, Mike Shinoda). Esta banda tiene carácter y personalidad, cualidades que no son tan fáciles de encontrar en el mundo musical. Además, la voz de Bennington es inconfundible e inigualable con esa potencia y expresividad desgarradora. No me resulta sencillo pensar en algún/a cantante que pudiera hacer un gran dúo con él pero voy a destacar algunas canciones, como con el también fallecido cantautor Chris Cornell (en, por ejemplo, Hunger Strike) o la colaboración con Evanescence en Brig me to life (2003) y ese duelo vocal con Amy Lee que pone el vello de punta.

Otra de sus colaboraciones más memorables y conocidas es la que hicieron con el rapero, empresario y productor todopoderoso Jay Z. Consiguieron hacer un magnífico bastard pop (combinación de dos canciones), también conocido como mash up aunque este término suele aplicarse cuando se combinan más de tres canciones. El resultado fue el mítico Numb/Encore en 2004 con su tan famoso comienzo con solo unas notas. Para mí es uno de los mejores bastard pop que se han hecho, junto con Wonderwall de Oasis y Boulevard of Broken Dreams de Green Day. He aquí una de sus actuaciones en directo donde se puede apreciar el resultado:

Chester Bennington también creó su propia banda: Dead By Sunrise. Desde 2013 a 2015 además recorrió un nuevo camino como vocalista del grupo Stone Temple Pilots. Diferentes proyectos con varios grupos en los que aportó su música y su voz interpretando desde temas tradicionales hasta synthrock o rock electrónico y grunge.  

A lo largo de su carrera, Linkin Park ha abordado una gran variedad de temas que abarcan desde lo personal a lo social, como en el álbum Minutes to Midnight (2007) donde abordaron la guerra de Irak y las consecuencias del huracán Katrina. Cabe plantearse qué harán en un futuro y si alguien intentará cubrir el enorme vacío que ha dejado Chester Bennington, tal y como intentó hacer Queen cuando murió el gran Freddie Mercury. En cualquier caso, siempre nos quedará su música y su talento para que podamos seguir disfrutando con él.

Irene (Valladolid) tiene el Grado Superior de Piano (Conservatorio Padre Antonio Soler), es diplomada en Magisterio Musical (Universidad Complutense de Madrid), licenciada en Historia y Ciencias de la Música (Universidad de La Rioja), Máster en Creación e Interpretación Musical (Universidad Rey Juan Carlos) y es doctoranda en Historia en la Universidad de La Rioja.
Miguel de Molina al desnudo

Miguel de Molina al desnudo

El domingo 4 de mayo se escenificó la obra Miguel de Molina en el Real Coliseo de Carlos III en San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Además, la compañía encargada de dicha representación está de enhorabuena porque su actor, Ángel Ruiz, ha ganado el Premio Max al mejor actor protagonista. La obra trata sobre este artista innovador que mezcló la exaltación del arte nacionalista con la vanguardia, colaborando con grandes figuras de aquella época como Manuel de Falla, con quien estrenó El amor brujo.

Miguel Frías de Molina (1908-1993), más conocido como Miguel de Molina, fue uno de los cantantes españoles más importantes y reconocidos de la primera mitad del siglo XX y uno de los máximos representantes del folclore español. Su repertorio abarcó principalmente la copla, que por aquel entonces era patrimonio casi exclusivo de las mujeres -de hecho, una de sus rivales profesionales fue Concha Piquer-, por lo que fue uno de los pioneros en este estilo. En sus espectáculos mezclaba el arte, el carisma y una gran presencia escénica. Llegó a ser el artista mejor pagado de la Segunda República y llenaba los teatros.

Escenificar la vida, la personalidad y la obra de Miguel de Molina es muy complicado por todo el contexto político, sociocultural y personal. No obstante, el domingo con la fabulosa actuación de Ángel Ruiz, el pianista César Belda, un baúl y un inteligente juego de luces, se representó una gran obra. Nos presentaron a un personaje extraordinario con una enorme vitalidad y ansias de libertad cuya necesidad era trabajar como artista. Hubo críticas a los gobiernos, a la sociedad tan cruel e intolerante en determinadas épocas y facetas, al desinterés por el arte y la cultura.

En las letras de estas canciones era típico incluir guiños a determinadas realidades que no se podían decir abiertamente en público y se contaban con humor en ellas, como en Compuesto y sin novia. Además, dada su homosexualidad se le ha relacionado a nivel personal con Federico García Lorca. Pero una de sus canciones más conocidas no se la debe a él, sino al poeta Rafael de León: Ojos verdes.

Sin embargo, su vida profesional se vio truncada con el inicio de la Guerra Civil, ya que a partir de entonces el panorama artístico cambió y él fue reclutado por el bando republicano para animar a las tropas por buena parte del país. Allí vio los estragos que la guerra causó en la población, sobre todo en los jóvenes. España resultó ser una cara mujer, como La bien pagá.

Una vez que se impuso la dictadura de Francisco Franco, se le permitió seguir actuando pero fue doblemente discriminado por su condición política y sexual, por lo que le insultaban en las representaciones. Y una noche en su camerino se lo llevaron y en una carretera de Madrid vivió la humillación y la tortura. Al parecer era culpable de un doble delito: ser republicano y gay. Se ensañaron con él y le vejaron como se solía hacer para alcanzar la máxima denigración: le obligaron a beber aceite de ricino y le raparon el pelo, una práctica habitual con las mujeres republicanas, como conté en El grito silenciado de las mujeres en la posguerra. Después, le encarcelaron durante más de un año. Al final se exilió en Argentina pero hasta en América la censura española le hizo la vida muy complicada porque le echaron de ese país y lo mismo le volvió a suceder en México.

Estuvo casi toda su vida partiendo de cero y reinventándose para sobrevivir. Hasta que Eva Perón, la esposa del presidente argentino Juan Domingo Perón, le ayudó para poder vivir legalmente en ese país y desarrollar una fructífera carrera. Por esto también fue muy criticado porque parecía haberse cambiado de bando político.

Abarcar casi toda la vida de una personaje tan interesante con una vida tan rocambolesca, con tantos giros vitales inesperados y con una música tan significativa durante varias décadas, podría resultar una ardua tarea. En cambio, nos narraron en clave de humor su vida, como si Miguel de Molina estuviera en una rueda de prensa y le contestara a esos –en ocasiones- impertinentes periodistas contando su verdad. Ángel Ruiz nos llevó desde la carcajada hasta la emoción de las lágrimas por el más profundo dolor del artista y del hombre. Fueron especialmente emocionantes las escenas en las que narró con desgarro la paliza sufrida y la muerte de un joven soldado republicano y la simbología con la luz que se acaba apagándose fue preciosa.

He de admitir que estuve la hora y media que duró –sin descanso- absolutamente inmersa en el espectáculo. Un enorme esfuerzo interpretativo que me llevó a recorrer canciones que escuché desde mi infancia y que me hizo abrazar un gran abanico de emociones. Fue un sentir unánime porque el público les rindió una ovación en pie. Sin duda, es uno de los mejores espectáculos que he visto. Si tienen oportunidad, no se lo pierdan.

Irene (Valladolid) tiene el Grado Superior de Piano (Conservatorio Padre Antonio Soler), es diplomada en Magisterio Musical (Universidad Complutense de Madrid), licenciada en Historia y Ciencias de la Música (Universidad de La Rioja), Máster en Creación e Interpretación Musical (Universidad Rey Juan Carlos) y es doctoranda en Historia en la Universidad de La Rioja.
De Madrid a Cuba con el Grupo Compay Segundo y Santiago Auserón

De Madrid a Cuba con el Grupo Compay Segundo y Santiago Auserón

El pasado jueves 25 de mayo el Teatro Joy Eslava en Madrid se llenó por el concierto del Grupo Compay Segundo que está de gira por España. Con su música nos trasladaron a Cuba al ritmo de su son con la colaboración estelar de Santiago Auserón (también conocido desde 1993 como Juan Perro). Tanto el cartel como la interpretación me resultaron de lo más atractivas y les cuento el porqué.

Este grupo le debe su nombre al gran Francisco Repilado, más conocido como Compay Segundo, que fue compositor, cantante y creador de la guitarra llamado armónico, la cual consta de siete cuerdas y cuyo timbre me resulta característicamente metálico. Este artista se dio a conocer cuando formó el dúo Los Compadres junto con Lorenzo Hierrezuelo quien adoptó el nombre de Compay Primo por ser la primera voz, así que Repilado pasó a llamarse Compay SegundoEl grupo actual lo fundó el propio Compay en 1955 y se denominaron Compay Segundo y sus Muchachos. El auge del reconocimiento internacional comenzó en 1997 con el disco Buena Vista Social Club con el que ganó varios premios Grammy.

Después de su muerte en 2003, pasaron a llamarse el Grupo Compay Segundo, y su hijo Salvador Repilado recogió el testigo con esta agrupación donde toca el contrabajo. En ella interpretan las canciones del maestro en las que mezclaba el folklore y el humor picaresco, como en El aguador, que consiguió arrancar no solo movimientos, sino también risas. El folklore cubano le debe -al igual que el español- (gran) parte de su riqueza a la música africana. De la conjunción de ambas a lo largo de los siglos, se obtuvieron los ritmos afrocubanos como puntos, sones, congas, habaneras, guaguancós, guajiras, guarachas, mambos o chachachás, que tan bien interpreta este conjunto. Si contamos con el añadido de la aportación de Santiago Auserón, la mezcla puede ser ecléctica a la par que homogénea, ya que su colaboración no fue una simple eventualidad porque colaboró con Compay hace años y es un estudioso de la música cubana.

El encargado de animar al público con su expresiva voz acompañada de sus maracas y su simpatía fue el cantante Hugo Garzón, quien nos hizo disfrutar, participar cantando y haciendo acompañamientos en algunas canciones. Otro de los que hicieron las delicias del público fue Félix Martínez con el armónico, del que consigue sacar un gran registro de sonoridades que abarcan desde el virtuosismo hasta una gran expresividad pasando por modificar su timbre tocándolo con un reloj. Este número consiguió una gran ovación por lo espectacular que resultó. Por su parte, los clarinetistas Haskell Armenteros, Rafael Inciarte Rodríguez y Rafael Inciarte Cordero me volvieron a transportar con algunos de sus solos a la época del jazz de Nueva Orleans de las primeras décadas del siglo XX. También he de reconocer que me quedé con los ritmos que marcaba Rafael Fournier que además fueron la base que hizo que nos moviéramos al ritmo de sus instrumentos, sobre todo cuando interpretaron La negra Tomasa. ¿Que si bailé con estas canciones? No lo duden.

Uno de los grandes señores del rock español, Santiago Auserón, me conquistó hace años cuando leí su libro El ritmo perdido, por lo que sabía que es un experto -entre otros temas- de la música cubana, de manera que tenía muchas ganas de escucharle interpretar esta música con este grupo. Él posee una voz con carácter y presencia hasta cuando habla y un dominio del escenario que parece que además sea actor. El empaste de las voces de los cantantes fue increíble y entre todos consiguieron hacernos gozar con un concierto memorable y consiguieron que el público les pidiera aún más. Nos regalaron como bis la conocida Guantanamera.

Todo el concierto fue un tributo al gran maestro cubano Compay Segundo en el que hubo buena música, anécdotas, humor, bailes y grandes intérpretes que cuentan con la complicidad entre ellos y con el público. Uno de los momentos más emotivos fue cuando interpretaron Chan chán, de la que quiero destacar -a modo de licencia personal- los versos del estribillo: «De Alto Cedro voy para Marcané / Llego a Cueto, voy para Mayarí».

(Foto: Irene González Cueto)

Irene (Valladolid) tiene el Grado Superior de Piano (Conservatorio Padre Antonio Soler), es diplomada en Magisterio Musical (Universidad Complutense de Madrid), licenciada en Historia y Ciencias de la Música (Universidad de La Rioja), Máster en Creación e Interpretación Musical (Universidad Rey Juan Carlos) y es doctoranda en Historia en la Universidad de La Rioja.
Súbeme la radio, despacito. (Des)Montando estereotipos con Luis Fonsi y Enrique Iglesias

Súbeme la radio, despacito. (Des)Montando estereotipos con Luis Fonsi y Enrique Iglesias

Se pueden preguntar qué hace una mujer con mi perfil escribiendo sobre Súbeme la radio de Enrique Iglesias y Despacito del puertorriqueño Luis Fonsi. Pues en parte de eso trata este texto: de estereotipos. Hablé sobre este tema en mi artículo Música de mierda sobre el libro homónimo (en español) de Carl Wilson, el cual versa sobre el gusto, los prejuicios y los estereotipos (musicales). Vivimos inmersos en estos. Por mis facetas estoy acostumbrada a encontrarme a menudo con ellos, por ejemplo los supuestos perfiles contradictorios entre intérprete y musicólogo, profesor no universitario e investigador y un largo etcétera. Estereotipos y más estereotipos. Es como si tuviésemos que elegir solo una faceta. Aplicado al gusto estético, en ocasiones hay un cierto encasillamiento o más bien encorsetamiento en relación a lo que escuchamos desde el punto de vista de otros. Lo mismo sucede con la -para mí- arcaica diatriba entre música clásica y música popular, que englobaría en general casi todos los estilos. Muchos en pleno siglo XXI consideran que la música clásica es la más elevada de todas y por ello hablan de manera despectiva de los demás estilos y artistas. Incluso dentro de la clásica nos encontramos con esa misma altanería en relación a épocas, géneros y compositores. No pretendo igualar una composición de Ludwig van Beethoven con una canción de Maluma pero cada tipo de música tiene su porqué, su lugar y su momento. Es probable que cuando se hagan ese tipo de críticas peyorativas, no se tengan en cuenta esos factores.

También me suelo topar con artículos que parecen haberse escrito desde lo alto de un púlpito donde el autor nos indica lo que está bien o mal, lo que debemos ver o escuchar y hasta nos hacen un escarnio público por realizar nuestra elección (influenciada -o no tanto- por la sociedad). Nos vienen a decir -en un tono más borde que amable- lo listos y divinos que son porque sienten una especie de necesidad de enseñarnos el camino correcto y, pobres de nosotros, nuestras limitaciones. Personalmente no me gusta esa ranciedad. ¡Qué aburrimiento!

Estos dos temas tienen en común que son canciones que mezclan el pop latino y el reguetón. Se suele hablar del machismo de las letras en el reguetón -aunque existen otros tipos de textos en este estilo- y no tanto de su ritmo que es repetitivo y no es complejo. Lo que suele suceder es que si solo se toca ese ritmo, sin melodía alguna, la gente empieza a moverse al ritmo que se marca. ¿Casualidad? No. Con tanta altivez a veces perdemos de perspectiva que la música tiene muchas funciones, entre ellas una social (imagínense una fiesta en la que no suene música alguna, por ejemplo), de evasión y para bailar y pasarlo bien. Porque esa es, a mi entender, la función principal de estos dos temas. De hecho, cuando muchas personas quieren evadirse de sus problemas o simplemente amenizar su rutina o mejorar su estado de ánimo, escuchan música. Qué canciones elijan dependerá de un amplio abanico de factores en el que no solo se deberían incluir la educación recibida o el contexto sociocultural. Uno de los problemas que veo es que se suele tratar a la población o al público como si fuese tonto y no es así. La gente sabe lo que le gusta, independientemente de que vaya en relación con lo que ve/escucha la gran masa. En muchas ocasiones no escuchan determinados estilos porque no les atraen o por desconocimiento de artistas, géneros y obras. Pero si un gran rango de población se deleita con estos temas, ¿cuál es el problema? Escucharlos y que te gusten no implica que no te interesen otros de los denominados «selectos». No es incompatible.

Además, estas canciones están acompañadas de unos vídeos que fueron grabados en lugares fantásticos como son La Habana (Cuba) y Puerto Rico, respectivamente. Constan de una buena realización y fotografía, y en ellos aparece gente disfrutando del momento, consiguiendo transmitir buena energía. El hecho de estar interpretados por dos artistas latinos atractivos es una añadido al que hay que sumarle las colaboraciones de Descemer Bueno, Zion y Lennox en el caso de Súbeme la radio, y Daddy Yankee en el de Despacito. A lo largo de los años, Daddy Yankee se ha consolidado como uno de los cantantes más importantes de reguetón con temas muy populares y sus colaboraciones con otros artistas consiguen que esas canciones tengan aún más éxito.

Los resultados son abrumadores: la canción de Enrique Iglesias, en la que escucha música mientras ahoga sus penas de amor con alcohol, tiene más de 243* millones de visualizaciones. El cambio de registro de Luis Fonsi, quien solía cantar baladas, es doble no solo por el estilo, sino porque en esta canción hablan de manera bastante explícita de sexo, que no de amor. Porque la música también ha servido desde tiempos inmemoriales para enamorar y para ligar. Así podemos escuchar expresiones como «firmo en las paredes de tu laberinto», «quiero ver cuánto amor a ti te cabe» o «déjame sobrepasar tus zonas de peligro hasta provocar tus gritos». La controversia aumentó hace unos días con la versión que incluye la colaboración de Justin Bieber, uno de los cantantes más criticados de las últimas décadas. Porque en determinados contextos se trata de una manera diferente a un cantante según el estilo en el que se haya especializado. Como dije en relación al comportamiento insolente de alguien del público en un concierto en el Teatro Real, cualquier artista merece ser respetado, independientemente de que no nos guste lo que hace.

Desde luego a Luis Fonsi le está dando resultado su fórmula porque el vídeo Despacito ha batido récords y ya tiene más de 1.100 millones de visualizaciones en YouTube y es número 1 en Spotify, siendo la primera canción latina y en español en alcanzar ese logro en esta plataforma de streaming

Viendo el huracán latino que está arrasando en los medios, tal vez podríamos plantearnos qué es aquello que funciona para atraer al gran público a determinados géneros musicales que mucho tiempo después siguen siendo (prácticamente) minoritarios. Al fin y al cabo, la música es para disfrutarla y tenemos la opción de elegir la banda sonora que nos acompaña. Así que disfruten.

* En tan solo 4 días los visionados aumentaron en más de 8 millones.

Irene (Valladolid) tiene el Grado Superior de Piano (Conservatorio Padre Antonio Soler), es diplomada en Magisterio Musical (Universidad Complutense de Madrid), licenciada en Historia y Ciencias de la Música (Universidad de La Rioja), Máster en Creación e Interpretación Musical (Universidad Rey Juan Carlos) y es doctoranda en Historia en la Universidad de La Rioja.
Juzgada y condenada por ser mujer. Sabias, la cara oculta de la ciencia (y la sociedad)

Juzgada y condenada por ser mujer. Sabias, la cara oculta de la ciencia (y la sociedad)

A lo largo de la historia se fue obviando el papel fundamental de las mujeres en el desarrollo de la misma. Sin embargo, desde hace unas décadas, se está tratando de recuperar su importancia a nivel general y también con su estudio en diferentes campos, tanto a nivel científico como divulgativo. Sobre este último, me encontré con otra novedad editorial este año: Sabias. La cara oculta de la ciencia, de la catedrática de Química Inorgánica Adela Muñoz Páez. Este es un libro ambicioso porque trata de poner en la palestra para el gran público a científicas de todas las épocas, es decir, que abarca miles de años con sus diferentes características históricas, sociales y culturales. Se centra en determinadas investigadoras de bastantes épocas y el estilo utilizado en la narración es asequible y entretenido. Por lo que con este amplio planteamiento me acerqué a diferentes especialistas. Voy a destacar algunas científicas de las que más me gustaron.

Comenzamos este gran recorrido con la gran Enheduanna, la suma sacerdotisa acadia que escribió su nombre, uno los primeros de los que tenemos constancia. Su cargo acarreaba una gran autoridad religiosa y política y también ser astrológa, lo que por aquel entonces estaba unido a la astronomía. Por si esto fuera poco, se trata del autor y poeta más antiguo conocido hasta la fecha. Imagínense el poder que pudo alcanzar esta mujer hace más de cuatro mil años.

Otro caso de la antigüedad es el de Hipatia de Alejandría (370-415 d.C.). Tal vez de las más conocidas en parte gracias a la película Ágora (2009) de Alejandro Amenábar. De nuevo nos encontramos con una mujer que adquirió un gran poder por su sabiduría e inusitada independencia en aquella época. Era hija y discípula del astrónomo Teón. Fue filósofa, astrónoma y matemática. Tuvo como alumnos a hombres que llegaron a ostentar importantes cargos, como Orestes. No obstante, debido a intereses políticos y religiosos, sufrió una cruel muerte y su cuerpo fue tratado con absoluto desprecio por todo lo que ella encarnó: mujer, independiente, sabia, científica, pagana. En el libro la autora afirma que fue asesinada como víctima colateral de la enemistad entre Orestes, prefecto imperial en Alejandría, y Cirilo, patriarca eclesiástico de esa ciudad. Sin embargo, en otros escritos no está claro el motivo por el que fue asesinada.

Dando un gran salto histórico conocemos a Gabrielle Émilie de Breteuil, marquesa de Châtelet, en la Francia del siglo XVIII. La sociedad se burló de ella cuando decidió dedicarse al estudio de las matemáticas y la física, para lo cual estudió las teorías de Isaac Newton y tradujo sus obras al francés. Debido a la larga tradición que asociaba la inteligencia a los hombres, Immanuel Kant, que la admiraba como pensadora, le dedicó las siguientes palabras: «Una mujer que es capaz de realizar complejas disertaciones sobre mecánica como la marquesa de Châtelet podría igualmente tener barba». Era una trabajadora incansable y tuvo como gran compañero en el estudio y en la vida al filósofo, poeta y dramaturgo Voltaire. Fue otro escándalo que convivieran y tal vez aún más que trabajaran juntos. De hecho, comenzaron estudiando la naturaleza del fuego y Breteuil escribió así su primera obra en 1739: Dissertation sur la nature et la propagation du feu (Disertación sobre la naturaleza y propagación del fuego).

En este libro hay un capítulo que me resultó controvertido: el dedicado a la española Oliva Sabuco. En su supuesta obra Nueva filosofía* (1587) se afirma que el conocimiento se adquiere por la experiencia, lo que fue una osadía al contradecir a Aristóteles, la gran figura en este campo durante siglos. O que el corazón no albergaba las emociones, sino el cerebro. Unas ideas revolucionarias. Al final de este capítulo aparece: «Una vez expuestos todos estos argumentos, consideramos que el mejor argumento a favor de la autoría de Oliva es la obra misma: su lectura no deja margen a la duda sobre la autoría femenina de la obra». Después de leerlo y no haber leído dicha obra, no me queda claro por qué es la autora y me abre algunos interrogantes. Por ejemplo, ¿al leer cualquier trabajo sabemos solo por el estilo que se trata de una escritora? Porque a lo largo de la historia hubo mujeres que utilizaron un seudónimo masculino para que su obra fuese publicada, como Amandine Aurore Lucile Dupin, quien firmaba como George Sand. En este caso, las afirmaciones de Muñoz Páez le conceden la autoría a la hija y no a su padre, Miguel Sabuco, como aparece en los catálogos:

Oliva fue considerada durante más de trescientos años como la única autora de la Nueva filosofía. Sin embargo, el descubrimiento en 1903 de unos documentos del bachiller Sabuco, en los que se declaraba único autor de la Nueva filosofía, fue suficiente para que los responsables de la Biblioteca Nacional consideraran probado que la obra había sido escrita por él. 

Esto me llamó tanto la atención que me puse en contacto con la Biblioteca Nacional y amablemente me explicaron toda la documentación que se ha utilizado y revisado para mantener como autor a Miguel Sabuco**. Sin embargo, podría modificarse en función de las investigaciones que se realicen.

Cambiando de campo, si nos preguntaran por una científica, probablemente nombraríamos a Marie Sklodowska-Curie. Veamos: era mujer, muy pocas universidades las admitían, era pobre, judía y una extranjera que quería investigar en París. Con estas circunstancias ganó el Premio Nobel de Física en 1903 (junto con Henri Becquerel y su marido Pierre Curie) y el Nobel de Química en 1911. Fue la primera mujer en obtener este galardón. En 116 años de historia se han entregado 809 premios y se les ha concedido a 35 mujeres. Es decir, que tan solo el 4,32% de los premiados han sido mujeres. Son unos datos escalofriantes. ¿De verdad hay tan pocas mujeres ilustres que no merecen esta gran distinción? Aunque no hace falta irse tan lejos, basta con mirar los datos de la Real Academia Española: en tres siglos solo ha habido 11 mujeres que hayan sido académicas.

En definitiva, nos encontramos ante una serie de figuras que nos muestran que hubo mujeres que lograron avances en la ciencia y que en pleno siglo XXI la mayoría siguen siendo grandes desconocidas. Conocemos una serie de tópicos históricos sobre la imposibilidad de las mujeres de ser inteligentes, la consiguiente mofa a nivel social y académico cuando intentaron estudiar e incluso la incompatibilidad de ser bella e inteligente. ¿Todo esto está obsoleto? Ojalá. Hace pocos días me sorprendió un artículo publicado en El País con el provocador título Pornografía y vigorexia donde, entre otros temas, el autor habla de la estética de la pianista Yuja Wang de la siguiente manera:

Menciono el caso de Yuja Wang por su minifaldas y por sus otras indumentarias atrevidas (la foto superior, en plan sesión sadomasoquista). Y no desde la mojigatería, sino desde el embarazo que proporciona la colisión entre las cualidades artísticas -las tiene la pianista china de serie, y las ha perfeccionado aún más en su promiscuidad musical con Radu Lupu y Kavakos– y la necesidad de construir un personaje.

Bien, llevar algo de cuero o látex no te hace pertenecer a la estética sadomaso. Desde luego sí me parece que la mojigatería está demasiado presente en ese artículo y que el meter la palabra promiscuidad para referirse al talento de esta pianista y su capacidad para tocar con intérpretes masculinos está totalmente fuera de lugar y tiene un doble sentido de muy mal gusto, algo que -dado el recorrido histórico realizado- parece seguir siendo habitual. Lo que me planteo es ¿se les analizaría de la misma manera si fuesen hombres? 

* El título completo es Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos, la cual mejora la vida y salud humana.

** http://catalogo.bne.es/uhtbin/authoritybrowse.cgi?action=display&authority_id=XX2168643&index=LCNAME&lang=es

Irene (Valladolid) tiene el Grado Superior de Piano (Conservatorio Padre Antonio Soler), es diplomada en Magisterio Musical (Universidad Complutense de Madrid), licenciada en Historia y Ciencias de la Música (Universidad de La Rioja), Máster en Creación e Interpretación Musical (Universidad Rey Juan Carlos) y es doctoranda en Historia en la Universidad de La Rioja.