¿Quién soy yo? Cultura, tradición e identidad en “Oskara Plazara”, de Kukai Dantza

¿Quién soy yo? Cultura, tradición e identidad en “Oskara Plazara”, de Kukai Dantza

Partiendo del espectáculo Oskara, se creó la performance Oskara Plazara, que aúna el documental de los directores Pablo Iraburu e Iñaki Alforja sobre cómo se hizo Oskara y la danza en directo creada por Marcos Morau para esa obra, que está interpretada por la compañía Kukai Dantza, que fue galardonada con el Premio Nacional de Danza en 2017. Por el Día Internacional de la Danza, el 29 de abril se proyectó e interpretó en el Teatro Real Coliseo de Carlos III (San Lorenzo de El Escorial, Madrid).

El documental, en español y euskera, plantea la cuestión «¿Quién soy yo?». A raíz de este interrogante, se desarrolla el planteamiento creativo de Marcos Morau -quien se autodefine como creador más que como coreógrafo-, para lo que se fundamenta en la importancia de la cultura y de la tradición -en este caso vasca- para integrarlas en su propio proceso creativo. Es decir, que cada persona tiene una herencia cultural que puede ser muy similar al de otras pero su percepción, más bien «apropiación», de la misma puede ser diferente y se puede manifestar de maneras muy diversas. Sin embargo, esto relacionado con las tradiciones de una región, como es el caso de este trabajo centrado en el País Vasco, conlleva una importancia al poder formar parte de manera vívida de esa cultura que alberga muchas y variadas tradiciones. Para que estas se puedan seguir celebrando, es necesario mantenerlas y enseñárselas a las siguientes generaciones para que a su vez continúen el proceso. Se trata de que las tradiciones vascas sigan vivas.

De esta manera conocemos algunas de las tradiciones del País Vasco, en cuanto a fiestas, bailes y danzas, música, trajes característicos para determinadas fiestas,… Cuando un autor como Morau se adentra en estas tradiciones y las utiliza para crear un espectáculo, está haciendo una recreación de las mismas, ya sea la vestimenta, los pasos de las danzas o la música. Utiliza -palabra que emplean para definir el proceso creativo de este autor- cualquier elemento asociado a la tradición para crear. Esto no significa que lo mantenga tal y como se disfruta en la sociedad, sino que lo readapta para crear algo nuevo.

En el documental es donde vemos ese proceso de creación en el que Morau tiene una manera de concebir el espectáculo diferente a la de la danza clásica. Los movimientos que piensa para ello son muy distintos, lo que implica que los bailarines (re)aprendan una manera diferente de moverse y expresarse basándose en los movimientos de las danzas tradicionales vascas. En los ensayos se aprecia la precisión de este creador, no solo en cuanto a las coreografías, sino que este creador está presente en absolutamente todos los elementos de los que consta el espectáculo, incluyendo la música y el vestuario. El producto de parte de todo esto se ve en el propio escenario mientras los bailarines interpretan fragmentos del espectáculo de Oskara mientras se sigue viendo el documental.

Una de las escenas del espectáculo que representan está relacionada con la pelota vasca, lo que incluye la indumentaria deportiva y los movimientos de este deporte. No es la primera vez que se utiliza en la danza los elementos deportivos. Los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev trabajaron con este elemento en 1913 en Jeux (Juegos) con música de Claude Debussy y coreografiado por Vaslav Nijinsky.

Otra de las cuestiones que también nos plantean es ¿la identidad viene dada por la cultura y las tradiciones? Para ello también se basan en el concepto de persona en estos espectáculos, es decir, que no se centran en si los artistas son hombres o mujeres, sino que son personas que aportan su propia cultura y tradiciones vividas. Por lo que el vestuario con el que trabajan se ideó partiendo de un estilo andrógino –David Bowie siempre será tendencia- y/o neutro. Tanto en esto como en las capuchas que les cubren toda la cabeza que utilizan para presentarse los artistas y bailar, se nota la influencia del diseñador David Delfín, Premio Nacional de Diseño de Moda en 2016.

El resultado de Oskara Plazara es una performance muy interesante a nivel estético y creativo, una propuesta diferente con unos movimientos excepcionales que, sin embargo, su aportación con alma viene de la mano de Erramun Martikorena, el pastor que interpreta maravillosamente unas canciones vascas.

Irene Cueto

Irene (Valladolid) tiene el Grado Superior de Piano (Conservatorio Padre Antonio Soler), es diplomada en Magisterio Musical (Universidad Complutense de Madrid), licenciada en Historia y Ciencias de la Música (Universidad de La Rioja), Máster en Creación e Interpretación Musical (Universidad Rey Juan Carlos) y es doctoranda en Humanidades en la Universidad de La Rioja. Compagina la docencia con la investigación, la interpretación y la divulgación.

Un lugar tranquilo: terror en silencio

Un lugar tranquilo: terror en silencio

Un lugar tranquilo (con título original A quiet place) se desarrolla con un silencio con el que uno empatiza a respetar. Eso hace que su disfrute en el cine pueda darse en toda su magnitud, algo cada vez menos posible. Es una película novedosa, que toca muchas teclas correctas, aunque éstas no suenen –recordad, no se puede hacer ruido- y una de las más interesantes y logradas del género de terror de los últimos diez años.

Vemos a una familia caminar por el bosque. Van descalzos. La comunicación es no verbal. El sigilo debe llegar al extremo. Con calma y una narración bien estructurada nos van explicando el porqué de estos comportamientos post apocalípticos. Estamos de acuerdo en que la narración de una historia es tan importante como la historia en sí misma y aquí el director John Krasinski realiza un trabajo muy meritorio, introduciendo ideas frescas y algunos encuadres impactantes, que los fans exigentes agradecerán. Obvio que hay elementos típicos de las películas de terror pero es algo que no distorsiona el entretenimiento. Ni la tensión, que es mucha. Es la única -y supongo que última- vez en mi vida que en un cine no escucho a un solo espectador pronunciar una sola palabra durante la película, desde la primera escena hasta la última, esto es, un silencio del cien por cien. Durante una hora y media. Puede que hayamos sentado jurisprudencia y no porque fuéramos todos mudos. Esto no viene a ensalzar a nivel de prodigio -ni mucho menos- la película, que es muy inteligente y está fantásticamente hecha, pero lo comento como anécdota, una de mimetización inconsciente del público con la historia. Como si hablarle al compañero de al lado pudiera destrozarle la vida a esa familia de la pantalla. O quizás estábamos embrujados.

El mencionado John Krasinski -foto- es el director, guionista y coprotagonista de la película, muy habilidoso en las tres facetas. A su lado, la gran protagonista es Emily Blunt, que está firme como lo es su personaje, pese al continuo desasosiego en el que vive junto a su marido y sus hijos. Curiosa esta actriz que alterna, si miras su filmografía, papeles tensos en thrillers con otros ligeros en comedias románticas, como quien mezcla salado y dulce, melón con jamón. En Un lugar tranquilo trasciende algo más allá de la química entre ambos, como una confianza extraordinaria. Uno descubre que en la vida real están casados desde hace ocho años, tienen dos hijos y forman una de las parejas más encantadoras de Hollywood. Ved este magnífico Timeline de Cosmopolitan donde desprenden complicidad, es un ejercicio sano.

Tienes escenas de verdadera incomodidad y largos segundos de sufrimiento. Como es astuta y apenas recurre al susto habitual, buscando sus propias maneras, nos lleva a lo que aludía al principio: tanto -o más- importa la forma de contar una historia como la historia en sí. No es cine independiente ni tampoco es el típico blockbuster. Ambos tienen sus clichés y Un lugar tranquilo no es una excepción, pero se forja una personalidad propia a base de esfuerzo, algo que todo el mundo termina por reconocer. Las energías se transmiten.

La hija mayor es sorda y experimentamos su perspectiva del mundo. Son algunos de los mejores momentos de la película. Es como darle al mute, podéis hacer la prueba. O esta otra. Venden tapones para los oídos en droguerías por apenas dos euros, muy útiles para estudiar y la concentración. El mundo parece totalmente distinto. Es un filme sobre la sordera, sobre los monstruos y por encima de todo sobre adaptabilidad y supervivencia. Ya hemos visto películas de padres protegiendo a sus hijos, pero es que ésta lo hace muy bien. Tan bien lo hace que logra permanecer en la cabeza durante los días siguientes. Sobrevive. Uno la va recordando. Eso, en nuestra era de consumo masivo -consumir y olvidar- y expuestos a más estímulos que nunca ya es un logro. Y sin hacer apenas ruido.

En Norteamérica M. Night Shyamalan nos ofrecía siempre algo nuevo con sus historias, llenaba de riqueza y diversidad al terror con El sexto sentido, El bosque, Señales y La joven del agua entre otros, pero ya son diez años que giró hacia la ciencia ficción y los thrillers, dejándonos muy huérfanos desde el otro lado del charco. Solo Bone Tomahawk de Kurt Russell en 2015 y Get Out en 2017 dieron un soplo de aire fresco, despiadada la primera, enigmática la segunda. Desde entonces el terror inteligente y que arriesga, el que sigue aportando cosas nuevas, viene de Europa con joyas como Déjame entrar (Suecia), Martyrs (Francia), Goodnight Mommy (Austria) o Mientras duermes (España). La coreana Bedevilled, la australiana Babadook y la canadiense Pontypool completan los títulos más singulares de esta última década. La norteamericana mother! de Aronofsky está fuera de concurso por ser inclasificable, por si alguno la echabais de menos.

En Un lugar tranquilo, un análisis puritano, detallado, nos arrojaría que la película parece mejor de lo que en realidad es, no es demérito en absoluto. Es genial la habilidad con la que esconde sus debilidades, que no pasa nada por verlas y reconocerlas. Porque tenemos hordas de gente que derrochan hipérboles y la ensalzan ya como obra maestra del género. A los extremos sabemos que no hay que tomarlos muy en serio. Basta con ver la película. Se pasa lo suficientemente mal -ni poco ni demasiado- para que salgas del cine con esa sonrisa satisfactoria de quien ha finalizado una gran aventura. Un terror apto para casi todos los públicos, con poca sangre de por medio y mucha destreza.

Es bonito porque su éxito reside en un amor muy cómplice, el de Emily Blunt y John Krasinski en la vida real, que trasciende a la pantalla en forma de cinta de terror. Ahí está ese “algo” que engancha a la gente y explica el éxito de taquilla. Lo original, los grandes aciertos de la película nacen del ingenio que crea su complicidad. Descubrirlo me hace sentir un tanto culpable, como quien rompe la magia explicando un truco muy logrado. Espero al menos haberlo hecho en silencio.

Me diplomé en Turismo cuando era un joven imberbe. Vivo en Berlín desde 2013, encontrándome a mí mismo y alternando mi trabajo como recepcionista de hotel con devorar cines, peliculas y, cuando lo consigo, escribir críticas. Ese instante en la sala, sentado en tu butaca, segundos antes de que se apaguen las luces y comience la película…..

Yo la busco (y no la encuentro)

Yo la busco (y no la encuentro)

Yo la busco, ópera prima de la directora Sara Gutiérrez Galve, es una de esas obras que cala lenta pero inexorablemente, cual gota malaya.

La idea-motor del film es simple: el paso del tiempo nos cambia o, más bien, nos exige cambio. Pero cabe resistir, creería el protagonista.

 

Max, el protagonista, es un joven barcelonés que está haciendo la transición a no ser ya tan joven: alrededor de la treintena, parece que conformarse con compartir piso con una amiga de toda la vida no es lo que se espera de alguien en esa edad y situación. Por ello, cuando Emma, su compañera de piso, decide marcharse para irse a vivir con su novio y, quién sabe, si acabar dando más puntadas al hilo de la vida esperada (¿matrimonio?, ¿hijos?), él  comienza a sentirse devorado por su vida. A través del costumbrismo de la vida urbana de Barcelona, con su cosmopolitismo y su ocio nocturno, el protagonista busca durante una noche aquello que que le ayude a comprender lo que se le ha escapado durante este tiempo. ¿Qué estaba haciendo él cuando los demás “maduraron”? El tiempo pasó, claro está, pues siempre pasa: pero no a todo el mundo por igual. Por eso la resistencia duele, porque significa no cumplir con las expectativas.

Al margen del gusto personal de este redactor (al que le hubiera satisfecho, tal vez, más un trato del tema desde una ruptura surrealista y no desde tanta dosis de realismo), es innegable que el mensaje de la película queda claro y se transmite de manera impecable. Más impecable, si cabe, porque no hay respuestas obvias: ¿acaso Max está viviendo “mal”? ¿acaso “madurar” es necesario? Y, si lo es, ¿significa esta maduración pasar siempre por el mismo conducto de la estrecha retícula social?

 

Alex Mesa

Doctorando del Departamento de Filosofía de la UAB. Investigo “acerca del rastro del humor en la tradición occidental”. Te respondo: a menudo no hace ni pizca de gracia.

Dar la voz, hablar del conflicto: sobre Ciro y yo, de Miguel Salazar

Dar la voz, hablar del conflicto: sobre Ciro y yo, de Miguel Salazar

Basada en la historia personal de Ciro Galindo,  Ciro y Yo (2018) reconstruye la dolorosa historia de Colombia, más concretamente de las más de seis décadas de conflicto armado que ha vivido el país. Desde el nacimiento de la guerrilla hasta la firma del famoso acuerdo de paz firmado en septiembre de 2016.

Ciro y yo es un documental fácil en cuanto a su narrativa y su construcción audiovisual. Basándose en la entrevista y en la voz en off del propio director, Miguel Salazar conduce al espectador a través de una historia personal dolorosa, que sirve como eje para articular los diferentes sucesos acontecidos en la historia del conflicto armado colombiano . La historia personal es la de Ciro, desplazado por el conflicto armado y cuya vida se vio rodeada de la muerte y el asesinato de sus seres queridos: “donde quiera que ha ido la guerra lo ha encontrado…”.

Nacido en el Tolima, tras varias idas y venidas debido a la guerra y a la precariedad, Ciro acabó asentándose cerca del paradisiaco Caño Cristales en los noventa, en el parque nacional de la Sierra de la Macarena. Justo antes de que en el 99 fuera convertido, por el entonces presidente Pastrana, en la famosa zona de distensión o de despeje. Allá vivirá del incipiente turismo junto con su esposa Ana Margarita Barreto, y sus tres hijos: John, Elkin (o Memín) y Esnéider. En este punto, más de veinte años atrás, la vida de Ciro y la del director, Miguel Salazar, se entrecruzaron. Partiendo de unas fotografías que el director tomó a la familia de Ciro cuando los conoció en Caño Cristales, inicia la historia de Ciro y de su familia.

El film se articula alrededor de diferentes medios que le sirven al director para acercar lo personal a la historia mediática del país en estos años. La película se construirá mediante el uso de fotografías, entrevistas a Ciro y a su hijo menor Esnéider en la actualidad, materiales personales del director, diferentes vídeos de archivo de los canales de televisión Caracol y RCN, archivos que difundían las FARC y también tomas de seguimiento rodadas en la actualidad con Ciro. En la proyección del film, el propio Miguel Salazar explicaba cómo prácticamente todos los materiales de archivo que se encuentran en el documental son materiales que todos los colombianos y colombianas han visto en los medios de comunicación en alguna ocasión, solo que fragmentados y sin una unión de tipo causa-consecuencia entre ellos. La película consigue recapitular de forma muy resumida, todos estos acontecimientos, dándoles un recorrido histórico y sí, causal, pero obviamente limitado, tal vez, poco reflexivo.

Ciro y yo no puede huir de cierto tipo de panfleto político, pues el director sabe cómo conducir las emociones del espectador hacia una dirección: alabar la labor realizada por el gobierno del presidente Santos. La articulación del discurso, con toques melodramáticos (acentuados por la música), acerca al film a un documental, en muchos aspectos, gubernamental.

Supongo que tras tantas décadas de conflicto, la cinematografía colombiana necesita de películas que pretendan retratar las vidas de aquellos que sufrieron la guerra y el desplazamiento en primera persona. Como bien Juan Carlos Arias escribía en Fronteras Expandidas. El documental Iberoamericano “dar voz” a las “víctimas” del conflicto es uno de los métodos más recurrentes e institucionalizados:

Hoy en Colombia parece haber un consenso alrededor de la importancia histórica de darles voz a las diversas víctimas que han sido afectadas por más de seis décadas de conflicto interno. A pesa de que todavía puedan darse discusiones acerca de cómo definir a través de casos particulares qué tipo de personas o grupos poblacionales deben considerarse como “víctimas”, el ejercicio de dar la voz a quienes han sido reconocidos como tales, ha sido aceptado y hasta promocionado como un propósito nacional .

Después de la proyección, en la Cinemateca Distral de Bogotá, un espectador preguntaba al director: “¿Y no quiere realizar otra película documental que cuente la historia de otra víctima del conflicto?”, a lo que el director respondió que no, que había sido un proceso muy intenso y que en la actualidad se encontraba realizando una ficción. Las “víctimas” y esa necesidad de retratarlas, y al mismo tiempo esa necesidad de escucharlas, como para curar una herida difícil de sanar. De nuevo, en palabras del propio Juan Carlos Aria : “Hoy dar la voz ya no parece ser iniciativa de unos pocos; por el contrario, este ánimo se corresponde con un movimiento institucional que abarca diversos ámbitos sociales y culturales, empezando, claro está, por los medios masivos y la producción de imágenes. Estas se han constituido en un medio fundamental para vehicular los testimonios a través de los cuales se busca acceder a una faceta del conflicto que hasta ahora había permanecido oculta. La voz de las víctimas, amplificada en la forma de testimonio audiovisual, se ha convertido en un medio privilegiado para hacer imaginable una realidad intolerable que de otro modo permanecería inaccesible para los espectadores del conflicto.”

No hay duda alguna, de que films documentales como Ciro y Yo serán aplaudidos y llorados, en Colombia y fuera de ella, pues los espectadores y espectadoras necesitan escuchar y entender. Aún así, el cine como medio, tiene fuertes implicaciones ideológicas; y la construcción y reconstrucción de la historia que queda marcada en esos 90 minutos de “verdad” nunca escapa de la subjetividad del realizador y de todos los intermediarios que se implican en la producción del film. Dar la voz implica escuchar, entender y poder escribir (filmar), pero la materialización final del film siempre quedará inscrita bajo la ideología del realizador/realizadora. En el caso de Ciro y Yo, la materialización del film une lo personal a lo político pero siempre desde una subjetividad muy marcada, la del propio Miguel Salazar, quien reconstruye estas dos historias (la personal y la política) encaminándolas en una dirección política, para él, esperanzadora.

 

“Thank you for the rain”, un documental sobre el cambio climático

“Thank you for the rain”, un documental sobre el cambio climático

“Si supiera que el mundo se acaba mañana, hoy todavía plantaría un árbol” – Martin Luther King.

Que el cambio climático es el gran reto de la humanidad en el siglo XXI es una obviedad. Ahora bien, saber qué implica esta afirmación parecer provocar pavor entre mandatarios y gobernantes. Tanto organizaciones, como activistas y medios de comunicación hablan del cambio climático como de una “amenaza existencial”, pero de poco -o nada- sirven estas voces de alerta, que se acallan fácilmente, bien ignorándolas, bien enmascarándolas o simplemente dejando que estén ahí, en suspensión, junto a otras tantas desgracias que llenan informativos y planas de periódicos.

La atención sobre los vínculos entre calentamiento global y movimientos migratorios ha venido centrándose en los llamados “desplazamientos transfronterizos”, es decir, aquellos que implican un desplazamiento de un país a otro, a veces incluso entre continentes. Ahora, el Banco Mundial alerta que estos desplazamientos de personas como consecuencia de fenómenos meteorológicos extremos se están produciendo en el interior de los propios países. Y esta es una nefasta noticia para el grueso de la población mundial: la empobrecida, la que no tiene representación, la que cuenta tan sólo en estadísticas sobre el papel.

Las familias de las regiones del África subsahariana, Asia del Sur y América Latina, que en su conjunto suman más de la mitad de la población mundial en vías de desarrollo, protagonizarán estos desplazamientos dentro de sus países como única vía de escape ante los efectos del cambio climático para el 2050. Cada vez más pobres, más vulnerables y más desprotegidos. Me inclino a pensar que si ya no supondrán una “amenaza” para nuestras sociedades, optaremos por abandonarles a su suerte, que es tanto como decir que nos desresponsabilizaremos de nuestros actos y de las consecuencias que éstos tienen sobre las regiones del sur.

Ahora mientras escribo, llueve. Miro el cielo gris y encapotado de Barcelona y en mi mente resuenan las palabras de Kisilu: “When the rain fails every farmer feels like running away”. ¿Cómo se construye una vida a merced del agua, de la venida o no de la lluvia, más aún cuando tu propia supervivencia y la de los tuyos depende de ello?

Thank you for the rain narra la historia de Kisilu Musya, un granjero que vive junto a su familia en una remota aldea de Kenia, sumida en una sequia que dura ya varios meses y que obliga a muchos a abandonar sus hogares y emigrar a la ciudad. El encuentro, casi casual, con la directora y activista noruega Julia Dahr, que viajó al país con la idea de rodar un documental sobre el modo de vida de algunas comunidades africanas, es el punto de partida de este documental colaborativo grabado a cuatro manos.

“Nuestra problema aquí es el cambio climático” afirma Kisilu ante la mirada poco atenta de los miembros de su comunidad, quienes desconfían de la idea de replantar árboles para luchar contra los efectos de la deforestación y favorecer así un ciclo de lluvia más estable. Finalmente, y aun con ciertas reticencias, acaban confiando en su propuesta pero una tormenta imprevista azota la región, destrozando casas y campos. Es entonces cuando Kisilu decide aceptar la invitación de Dahr para viajar a Europa, primero a Oslo y después a París, como invitado a la COP21, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

El fragmento del discurso del entonces presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, se intercala con otras tantas imágenes: periodistas, primeros ministros, presidentes, cámaras, grupos ecologistas… Y entre todos ellos, el rostro de Kisilu, que parece no entender el circo que hay montado, o más bien todo lo contrario. Acaba la cumbre y no se consigue el gran pacto, esta vez pierde de nuevo la justicia social.

“Todo es una contradicción”, dice Kisilu mirando sus tierras, bajo un insolente sol. Es una buena frase para cerrar.

 

Elisa Pont Tortajada

Periodista. Inquieta. Amante de las letras y de la cultura en general. Pensar es la maravilla de esta vida.

El cine español ya no es lo que era (Berlinale 2018)

El cine español ya no es lo que era (Berlinale 2018)

Lo que fuera que fuese ya no lo es y no lo volverá a ser. La criatura ha crecido por fin y cada año es más fuerte, viaja al extranjero, ha mejorado su inglés y empieza -por méritos propios- a ser respetada en su propio país. Nos empezamos a quedar sin razones para criticar al cine español. El salto de calidad de nuestro cine en la última década no cesa, con obras de una vez maduras en estilo, género y forma.

Estas cinco producciones nos representaron en la Berlinale 2018. Cuatro películas y un documental que lo explica todo:

 

El malagueño Ramón Salazar ha creado con La enfermedad del Domingo un género nuevo -diríase- mezclando géneros y subvirtiendo estilos, dando como resultado una película inclasificable. Un thriller de estética futurista, con una gama de colores y una luz espléndida, misteriosa, creando una atmósfera onírica de malas vibraciones, como de insalubridad -imagina que una capa de polvo muy fina cubre el espacio donde respiras- y de apariencia postapocalíptica, con personajes que parecen vivir aislados de una civilización a la que ignoran. Una película de innovación y de clase. Treinta años después de ser abandonada, una hija (Bárbara Lennie) se presenta en casa de su madre (Susi Sánchez), con una simple y extraña petición. Esta es la premisa. Ambas fabulosas, transmiten un vacío -una carencia en la emoción- que traspasa la pantalla: el vacío del abandono, gestos de caras con capas de pérdida y de existencia irrelevante.

Una extraña tensión domina los diálogos, silencios entre frase y frase y preguntas sin responder son coreografiados con un metrónomo defectuoso, uno que ya no emite tic tac pero sigue marcando el pulso. El abandono es un acto anti natura que pervierte la vida que será, logrando una película de fría melancolía por unos recuerdos que no pudieron llegar a ser.

 

“Era un 2 de novembro, pola noite, durmía intranquila e de súpeto sentimos. Non podía falar, non podía moverme, non podía emitir ningún son, so sentía frío” En la sierra de O Courel, a unos noventa kilómetros al sur de Lugo, la gallega Diana Toucedo capturó la vida que hay en la ausencia. Tras seis años de trabajo, esta cineasta de fuego en el cabello retrata en Trinta Lumes otra manera de percibir el mundo. Madera carcomida por la lluvia, antiguas lápidas rotas y casas abandonadas, su cámara los recorre junto a quienes todavía allí viven, en aldeas olvidadas. La lluvia y el viento son la manifestación de lo invisible, de esa «otra percepción» La pequeña Alba de doce años vive dentro de esa riqueza cultural gallega, de leyendas y mitos: “No me gusta acercarme a las ventanas, porque puede tocarme el aire de los difuntos. Me gustaría poder acercarme más, pero me paraliza el miedo” Lume significa fuego en gallego, pero en la sierra de O Courel también es hogar, familia, aquella casa que está en activo. Es el 2 de noviembre, día de los Difuntos y a través de Alba advertimos, por fin, a las lumes, treinta almas que brillan en otro mundo, uno tan legítimo, real y veraz como ese nuestro tan científico que impera.

 

Cuenta Isabel Coixet que tardó diez años en sacar adelante La Librería, a nadie le convencía su guion: «No pasa nada ¿no?» «¿Por qué no hay una historia de amor?» Parece ser que la historia de amor por la lectura no era suficiente, comenta. Florence Green (interpretada por Emily Mortimer) abre en 1959 la primera librería en un pueblito inglés, contra el desprecio y burla de una elite pedante que dicta lo que es cultura y lo que no. Basada en una novela “extraña y muy seca, nada sentimental, donde todo pasa con distancia” según la propia directora, es para mí una película incompleta. La actuación de Bill Nighy es excelente, como arquetipo de señor británico reprimido y emocionalmente no muy hábil, encerrado en su casa leyendo libros, decepcionado con un mundo que considera espantoso. Mortimer, la actriz protagonista, no encaja sin embargo en la película igual que Green no encaja en el pueblo, unida a la sobreactuación como rica déspota de una Patricia Clarkson que tampoco ayuda, pese a ser una gran actriz. Un film apacible cuyos chistes agradables no me terminan de casar con un drama que se advierte dulcificado, quizá adaptado para un público más amplio, donde se cambió el final de la novela porque, según Coixet, era demasiado desesperanzador.

 

Con el viento nos habla la mente y ordena sentimientos, en un tiempo parado. Con el viento es una obra hermosa, es personal, es triste. Es una película de un talento emocional sorprendente y de un poderío muy dulce, de una cineasta con mucho amor y sensibilidad. En un mundo rural que va desapareciendo, el de trabajar la tierra como modo de vida, la muerte del padre trae a Mónica de vuelta al hogar. Se van acabando las cosas y nos acabamos todos. Hace décadas que hizo su vida lejos y ahora, con su madre viuda y su hermana recriminando su larga ausencia, baila. Mónica baila sobre páramos, cañones y cerros de 250 millones de años, en una tierra enclavada entre Burgos y Palencia donde la directora Meritxell Colell casi nos teletransporta. Urge visitar Las Loras. Quizás quedarse allí unos días, sentir el viento y sus aullidos, los pájaros y esa belleza en la inclemencia de la tierra. Llorar y recordar como Mónica esa vida que olvidamos y llevamos dentro, aunque no la hayamos vivido, nuestras raíces, las de nuestros padres o abuelos. Y sentir entonces la paz incluso en la tristeza, gracias a un cine que recuerda y que educa, que inspira y que libera. Y que baila con el viento

 

Y El Silencio de los Otros, el documental que lo explica todo

Esta es María Martin en la carretera de Buenaventura (Toledo) bajo la que yace, en una fosa común, su madre: uno de los 114.226 cuerpos esparcidos en fosas por España, el segundo país con más desaparecidos del mundo. Son personas asesinadas por el franquismo. El Silencio de los Otros se adentra en la inhumanidad de España, ese al que José Sacristán se refirió como “país de mierda”.

Es un documental sobre el ensañamiento del ser humano consigo mismo. «Lo injusta que es la vida…No la vida, los humanos. Somos injustos» recapacita María. Se pregunta a la calle sobre el pacto del olvido. Nadie tiene ni idea. La historia reciente de España se nos ha negado a dos generaciones. El pacto hace referencia a la Ley de Amnistía de 1977, que deja impunes todos los crímenes del franquismo. Por ejemplo, su artículo segundo dicta quedan amnistiados los delitos cometidos por los funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas. La ley sigue vigente. Tanto que José María Galante, natural de Madrid, tiene como vecino del barrio al torturador que hace cuarenta años lo colgaba desnudo y golpeaba los genitales. Tan macabra casualidad sucede en un país que se considera a sí mismo democrático.

Vemos nacer a la histórica querella argentina, la única causa abierta que investiga los delitos y crímenes de lesa humanidad del franquismo. Es argentina porque desde allí se investiga y se juzga, dado que en España está prohibido por la Ley de Amnistía. El gobierno español amenazó a Argentina con romper relaciones diplomáticas y consiguió paralizar las videoconferencias de las víctimas, organizadas desde la embajada argentina en Madrid para que pudieran declarar. Así pues, en febrero de 2014, Ascensión Mendieta tiene que viajar a sus 88 años en avión a Argentina para pedir allí a una jueza poder recuperar los restos de su padre, fusilado en 1939 y tirado a una fosa común en Guadalajara. Pocos meses después muere María Martin, sin haber podido recuperar los restos de su madre de la fosa. El abogado de la querella, el argentino Carlos Slepoy, muere en abril de 2017 manteniendo la esperanza hasta el último día «Algún juez español anulará algún día esta ley que no puede amparar crímenes contra la humanidad» El Silencio de los Otros, producido por Almodóvar, recibió el Premio de Cine por la Paz y el Premio del Público al mejor documental de la Berlinale. Berlín y Alemania saben por desgracia de fascismo. Las caras del público el día de su estreno, alemanes y gente de todo el mundo, eran de estupefacción. Éste es un logro por la visibilidad, un altavoz metastásico de las miserias de un país vendido como chiringuitos de sol y playa, construido encima de los huesos de nuestros familiares asesinados.

Estas cinco obras son un ejemplo como para estar orgullosos, al menos de nuestro cine, por la variedad de temas y por la calidad con la que se están haciendo películas. El cine está ahora a la altura. Le toca el turno a las salas y al público. A todos nosotros.

 

Me diplomé en Turismo cuando era un joven imberbe. Vivo en Berlín desde 2013, encontrándome a mí mismo y alternando mi trabajo como recepcionista de hotel con devorar cines, peliculas y, cuando lo consigo, escribir críticas. Ese instante en la sala, sentado en tu butaca, segundos antes de que se apaguen las luces y comience la película…..