¿La lingüística, es una ciencia?

¿La lingüística, es una ciencia?

 

Para responder a esta pregunta, deberíamos poner sobre la mesa una definición de ciencia.

Para algunas personas, la ciencia se podría entender como un sinónimo de disciplina o área de conocimiento. De esa guisa, la filosofía, politología, historiografía o teoría de la literatura serían ciencias, puesto que constituyen todas ellas una serie de métodos, estudios, reflexiones y análisis que tienen el propósito de alcanzar ideas sólidas y también –podríamos añadir– de acercarnos a lo verdadero. Dicha búsqueda de la verdad, por lo demás, no excluye –antes lo contrario– la presencia de debates, contradicciones, refutaciones, del aporte continuo de evidencias, del uso de la lógica, de la taxonomía ni del inevitable enfoque y estructuración de esos conocimientos con arreglo a nuestros prejuicios y al tamiz del entorno social. De la misma manera todos ellos, también este último, aparecen en las ciencias naturales.

Sin embargo, cuando desde las ciencias naturales se habla de ciencia se suele hacer referencia al estudio de fenómenos naturales (ententidos como aquellos que respondan a un mecanismo que los humanos no podemos controlar) mediante el método científico. El método científico es un proceso que abarca: la observación de dichos fenómenos naturales; la subsiguiente postulación de reglas y leyes con carácter universal que los expliquen; y el atento cotejo del comportamiento que predicen estas leyes con la realidad empírica, hasta que se observa otra cosa y hay que cambiar el modelo por otro mejor. En adelante, asumiremos esta como definición de ciencia (que no, atención, de conocimiento).

Las asunciones que se hacen en el método científico pueden parecer obvias, pero no lo son tanto. Para empezar, estamos partiendo de la base de que nos fiamos de nuestros sentidos. No pasa nada, yo también lo hago. Cada vez que veo a un cocodrilo en mi salita de estar asumo que es real y que los sentidos no me engañan. Pero no deja de ser una asunción. Además la ciencia, como la estamos definiendo, presupone que si dos hechos se suceden con mucha frecuencia no es casualidad: uno causa al otro; y de ahí extrae una ley universal. Así, si vemos salir el sol por el este cada día, se asumirá que no es casualidad y que hay una ley más general (la rotación de la Tierra) que lo explica. Aun así, un filósofo podría argüír que no se lo cree y que, a pesar de haberse cumplido hasta la fecha, no hay nada que garantice que mañana veamos salir el sol por el este (escribí el artículo ayer y, por suerte, se ha seguido cumpliendo. Veremos mañana).

Esta condición de causalidad exige poder repetir la observación muchas veces en las mismas condiciones. Y puede acabar conduciendo a separar ciencias naturales de ciencias sociales. El estudio de las disciplinas sociales y humanísticas es más difícil de abordar desde el punto de vista científico, por varias razones.

En primer lugar, porque hay muchas variables. Por ejemplo, un/a economista puede afirmar que si los precios bajan la demanda sube: es un mecanismo lógico y predice bastante bien la realidad; pero habrá muchas excepciones que son resultado de la existencia de multitud de variables que no controlamos y tal vez ni siquiera conocemos: puede que no siempre suba la demanda al bajar los precios si se da alguna circunstancia que no conocemos o no controlamos. Si los precios bajan demasiado tal vez el comprador tenga miedo de ese producto (un vuelo demasiado barato), o puede haber un boicot del que no tengamos noticia, o alguna variable desconocida, como la tradición de una marca predominante que la gente sigue comprando (aunque sea más cara) y no hayamos reparado en ello.

En segundo lugar, porque es muy difícil repetir el experimento: no podemos saber qué habría pasado si, por ejemplo, las Brigadas Rojas no hubiesen matado a Aldo Moro, si no hubiese habido 23-F o si Lehman Brothers no hubiese quebrado. Simplemente no podemos repetir la observación cambiando alguna variable, con lo cuál no podremos sacar ninguna ley universal.

En tercer lugar, porque en las ciencias sociales los humanos somos sujeto y objeto de estudio a la vez, y eso condiciona nuestro conocimiento. Ello no significa que al estudiar los fenómenos naturales y pretender extraer modelos no afloren prejuicios, condicionantes sociales, intereses, etc. Pero si estamos estudiando una reacción química, el sesgo social que tendrá nuestra cognición será probablemente menor que si estudiamos la historia de nuestro país, de nuestra política o de nuestra economía, de los que formamos parte activamente.

Ante esas dificultades, las disciplinas sociales tienen dos posibilidades (o una combinación de ambas). O bien pueden seguir con el método científico, esto es, observando fenómenos empíricos e intentando extraer leyes que expliquen esos fenómenos (aunque sea de forma necesariamente más aproximada y menos rigurosa, puesto que hay muchas variables y se enfrenta a mucha más complejidad) o bien pueden emprender métodos que no sean científicos. Cuidado con el excesivo prestigio que ciertos sectores hayan conferido a la ciencia, porque la ciencia es una forma de conocimiento, pero no todo el conocimiento es científico. Así, muchas disciplinas sociales pueden abordar sus problemas con otras metodologías sin el yugo de la observación, la ley universal y la predicción.

Después de toda esta perorata, vamos a hablar de la lingüística. La lingüística es el estudio del lenguaje y las lenguas. Sin duda todo lo que tenga que ver con la comunicación y las lenguas es un constructo social, sujeto por tanto a nuestros prejuicios, a nuestra cultura y a nuestra historia, y por ello difícil de aislar, repetir experimentos y sacar leyes universales. La vertiente más sociológica, antropológica, literaria, normativa… se podrá abordar con el método científico, pero con ciertas reservas y precauciones por tratarse de disciplinas humanísticas. Pero hay muchas evidencias de que el lenguaje es también un fenómeno natural, es decir, con una base biológica que no depende exclusivamente de nuestra voluntad. Nuestra capacidad de hablar tendrá múltiples condicionantes sociales (psicológicos, sociológicos, culturales…) pero una lesión cerebral en el área de Broca mermará nuestra capacidad de emitir lenguaje pase lo que pase. Lo mismo se podría decir de nuestra comprensión con respecto de las lesiones en el área de Wernicke. Por tanto, hay un fundamento físico y tangible que afecta el lenguaje. Este se encuentra en el cerebro, así que la lingüística es, también, patrimonio de la neurología y la medicina.

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Representación de las áreas del cerebro que tienen que ver con el procesamiento lingüístico. Destacamos el área de Broca (responsable de la producción del lenguaje) y el área de Wernicke (responsable de la comprensión del mismo).

Es más, el uso del lenguaje exige unos mínimos biológicos: se ha intentado enseñar a hablar a chimpancés y a otros simios y no se ha conseguido jamás, lo cuál constata que no todo depende del entorno. Conviene aquí aclarar que lenguaje no es cualquier tipo de comunicación: el lenguaje es un tipo específico de comunicación que tiene como característica fundamental la disociación entre significado y significante. Al número 5 le llamamos cinco en español, cinc en catalán, khamsa en árabe, five en inglés, cinq en francés… En ninguno de estos ejemplos repetimos cinco veces un sonido que representa la unidad, ni nada parecido que se pueda relacionar la cantidad que expresamos. Esta arbitrariedad es la piedra filosofal: sin ella no habría lenguaje. Podríamos hacer el sonido de un mono para decir mono, o imitar el maullido de un gato para decir gato, y gruñir para decir ruido. Sería muy divertido expresarse así (yo a veces lo hago) pero ello nos impediría expresar conceptos abstractos. Con los conceptos abstractos podemos referirnos a contextos que no son los del emisor o receptor: podemos hablar del pasado o del futuro, podemos hablar de realidades posibles y hacer hipótesis. Podemos incluso mentir, y podemos referirnos al propio lenguaje. La danza de las abejas es un sistema de comunicación asombroso y complejísimo para informar de la dirección y distancia de la fuente de polen, pero las abejas no tienen lenguaje porque, entre otras cosas, las abejas no pueden cambiar de tema, ni mentir, ni cambiar las reglas de ese código.

Ejemplo de mensaje verbal (texto) e icónico (aceitunas tachadas). El código verbal permitiría referirse a olivas ayer, olivas mañana, olivas que no existen... mientras que el un código icónico, dada la dependencia del significante del significado, ofrece menos posibilidades de expresión, que se limitan a aquello que podemos ver o dibujar

Ejemplo de mensaje verbal (texto) e icónico (aceitunas tachadas). El código verbal permitiría referirse a olivas ayer, olivas mañana, olivas que no existen… mientras que el un código icónico, dada la dependencia del significante del significado, ofrece menos posibilidades de expresión, que se limitan a aquello que podemos ver o dibujar

El estudio del lenguaje requiere esquemas, modelos lógico-matemáticos, hipótesis y, sobre todo, observaciones empíricas. Las lesiones cerebrales son, tristemente, una fuente muy interesante de conocimiento empírico. Otra fuente muy interesante son los sordos de nacimiento. Dos buenos amigos, peces gordos de Cultural Resuena, me han regalado para mi cumpleaños el libro Veo una voz, de Oliver Sacks (Editorial Anagrama), una lectura muy recomendable. Sacks cuenta como los sordos, cuando se les ha enseñado un lenguaje de señas con todos los matices y contenidos abstractos, han sido capaces de desarrollar su inteligencia sin ningún problema. Cuando los sordos, sin la debida enseñanza, eran confinados a señalar con el dedo o a hacer gestos rudimentarios, sin abstracción ni sintaxis ni estructura de tipo alguno, su inteligencia no se desarrollaba y se quedaban sin memoria ni sentido del tiempo.

Ya habrá –esperemos– ocasión para hablar de psicolingüística y de lengua de signos. Por el momento, concluimos con que el lenguaje es una capacidad humana que tiene una base biológica, que se puede estudiar (entre otras cosas) a partir de la neurología y la medicina, su estudio consiste en la formulación de hipótesis, requiere la experimentación y la observación de una realidad del mundo natural, y acaba con la formulación de modelos (como los de Chomsky, o los de Lakoff) que se intentan comprobar y ajustar a la realidad.

Por todo ello la respuesta a la pregunta es sí (ya sé, podríais haber empezado el artículo por aquí y os ahorrábais el resto. Mala suerte).

Marc Nadal Ferret (Tarragona, 1986)
Físico, máster en química teórica y computacional y doctor en química por la Universitat Autònoma de Barcelona. Tiene un gato en casa, rompedor (el gato), con ideas propias (el gato) y, según la última medición, 100% vivo (tanto él como el gato). Aficionado a la lingüística, a las humanidades, a la cerveza y a los viajes.
Diario de expediciones pasadas: Cómo se experimenta en el Ártico (V):

Diario de expediciones pasadas: Cómo se experimenta en el Ártico (V):

¡Atención a bordo! Son las 8 de la mañana, caras de sueño en los que terminamos el turno, aunque estábamos de descanso desde las 6 de la mañana, cuando se averió el congelador, y legañas y pelos de recién despertados en los que empiezan su turno justo ahora. El contramaestre nos informa por megafonía que el capitán tiene un mensaje para la tripulación:

“Vamos reduciendo velocidad. Todo el mundo fuera del puente de mando y a sus posiciones de trabajo. Comprobad que todo esté limpio y en su sitio. Asegurad las habitaciones y que ningún objeto quede suelto. Aquellos que no estén de servicio fuera de las zonas de trabajo. A partir de ahora la zona de fumadores será estrictamente la baranda izquierda (también conocida como zona de seguridad por estar más protegida). Y que no se os olvide asegurar los cabos de pesca esta vez. Puertas limpias. Hans y Janhs a proa para ayudar con el enlace. Espero que tengamos una rápida revisión. Buenos días.”

La cara de sorpresa (y sueño) nos delata otra vez como un “novato” a bordo. Mirar por la ventana y seguir viendo mar abierto (con montañitas al fondo) nos indica que aún no hemos llegado a nuestro destino. Algo pasa, y por las caras de pereza, no debe de ser malo, pero sí muy aburrido. Roger viene a nuestro rescate cuando nos informa de que debido a nuestro cambio de rumbo hacia Hammerfest, la guardia costera ha decidido hacernos una visita. No vaya a ser que en las míseras 8 horas de navegación en aguas abiertas que llevamos nos haya dado tiempo de hacer contrabando.

¿Qué significa una inspección a bordo? Básicamente… un registro a fondo, camarote por camarote, cubierta por cubierta y pasillo por pasillo de todo el barco. Que claro, uno puede pensar que tampoco hay porqué preocuparse. Somos un barco de investigación pesquera, ¿qué vamos a esconder? Todo esto se aclara cuando Roger reúne a todo el equipo científico (Ivan y el resto del turno de la noche incluidos) y nos informa que nada de dormir. Toca una de las cosas más delicadas de todas. Explicar a las autoridades Noruegas, y justificar con todos los permisos habidos por haber, porqué llevamos a bordo (que uno pensará, materiales peligrosos, plutonio, cuchillos, redes…. No,no) un bidón de 50 litros de alcohol etílico destilado al 98%. Esto es, alcohol casi puro (50 litros al 98% son igual a 49 litros de puro etanol y 1 litro de agua). La legislación Noruega del alcohol (ya sea tanto para consumo lúdico como para uso más técnico), de la cual ya hablamos en capítulos anteriores, es ultra-estricta con este tema. Añadido a este pequeño detalle etílico, hay que tener en cuenta que en el registro también intervendrán perros antidroga y unos señores muy majos que buscan armas, explosivos y otras cosas peligrosas. Pasar la inspección es fácil, lo difícil es que sea rápida. No obstante, como personas y científicos legales que somos, pasamos la inspección sin ningún problema. Los marineros de la armada (el servicio de guarda costas no es un cuerpo separado en este país) suelen ser bastante jóvenes. Muchos de ellos en sus años previos a ir a la universidad, y por lo tanto muy curiosos. Y muchos aprovechan estas “visitas” para aprender. Esto es, mientras el perro busca actividades ilícitas, ellos pasan a preguntarte por tu investigación. Si CSI lo viera…

Foto 1. Proa del Helmer Hanssen con la popa del que escribe en primer plano. Al fondo, Montañas Noruegas.

Foto 1. Proa del Helmer Hanssen con la popa del que escribe en primer plano. Al fondo, Montañas Noruegas (Foto por Iñigo Onandia)

La inspección duro 2 horas, las presentaciones, cortesías y saludos otra hora más. Lo que significa que a las 11 de la mañana estábamos de vuelta en rumbo hacia Hammerfest. Este nuevo horario hace que surja una gran pregunta. ¿Qué hace uno en las 3 horas que le quedan de su turno de descanso? No olvidar que entramos a las 14 horas otra vez a trabajar. Irse a dormir no parece la mejor idea. El turno de trabajo va a ser ligero (ya que no se va a hacer más que navegar) y por lo tanto habrá opciones de descansar y acumular sueño para la parada en puerto (donde los turnos para los investigadores se relajan). Por lo tanto, la decisión más sabia es hacer uso de los múltiples servicios lúdicos del barco. Como no hay con quien jugar al Ping-Pong (la mesa se ubica en la bodega central, la zona más “estable” del barco) lo mejor será ir al gimnasio a hacer tiempo hasta la hora de comer. Pero claro, ¿qué clase de instalaciones deportivas tiene uno en el interior de un pesquero? Pequeñas, pero eficaces. Una máquina de remo, dos bicis estáticas, una elíptica, una cinta de correr, alguna máquina de gimnasio y muchas pesas. Todo atado y bien atado claro. Lo bueno es que como aún navegamos por aguas tranquilas, no estamos en un fiordo pero tampoco es mar abierto del todo al haber islas que nos protegen, el agua está tranquila y nos permite no perder el equilibrio.

Foto 2 Gimnasio del Barco (foto por Kevin Ochoa)

Foto 2: Gimnasio del Barco (foto por Kevin Ochoa).

Un rato de ejercicio después aún queda tiempo para más ocio, así que lo mejor será subir al “cine” del barco y leer o ver algo en los cómodos sofás a nuestra disposición. Esta sala, acondicionada con los últimos sistema en video e imagen (una tele plana no muy pequeña y un DVD no muy viejo) cuenta también con un lujo que otros rincones del barco no tienen. Es uno de los pocos lugares donde el WIFI llega en toda su máxima potencia. Esto es, es uno de los pocos lugares donde nos podemos conectar con el mundo real y confirmar a nuestros seres queridos que no, aún no hemos sido engullidos por el Leviatán.

Foto 3: Detalle de los sofás del barco (Foto sacada por Melania Dre en Marzo del 2014 en otra expedición en el Helmer Hanssen).

Foto 3: Detalle de los sofás del barco (Foto sacada por Melania Dre en Marzo del 2014 en otra expedición en el Helmer Hanssen).

Antes de que nos demos cuenta, son las 13:30 y suena el armonioso mensaje desde cocinas de que la comida está lista para los del primer turno de comida. Hoy en el menú, patatas y bacalao, ensalada y de postre flan (o natillas, nunca sabe uno muy bien la diferencia en estos lugares del norte) con nata montada.

Clip de audio. La cena está servida. (Grabado por Ixai Salvo durante la expedición).

El barco mientras tanto navega firme y seguro hacia Hammerfest donde atracaremos para recoger la nueva pieza, arreglar el congelador y preparar todo para seguir rumbo hacia el mar de Barents.

 

Nacido en Villava (al lado de Pamplona) en 1989. Licenciado en Biología Ambiental y Agrícola (Universidad de Navarra, 2012) descubre en su año de Erasmus en Plymouth (Inglaterra) que le apasiona el mar y marcha a Tromsø (Noruega) a hacer un Master en Gestión Internacional de la Pesca (The Arctic University of Norway-University of Tromsø, 2014). Al acabar, y tras un año trabajando para la Universidad como Biólogo en expediciones pesqueras, da un giro a su vida y orienta el rumbo hacia las ciencias sociales. Ahora es doctorando en el Centro Tecnológico del Mar (Fundación CETMAR) y el Campus do Mar (Universidade de Vigo) con una beca Marie Skłodowska-Curie. Músico bohemio consigue sacarse grado medio de clarinete en el Conservatorio Pablo Sarasate de Pamplona (2008) y cursa dos años de Musicología en Grado Superior sin mucho éxito pero mucho entusiasmo.”
Diario de expediciones pasadas: Cómo se experimenta en el Ártico (¡¡Especial Navidad!!)

Diario de expediciones pasadas: Cómo se experimenta en el Ártico (¡¡Especial Navidad!!)

En toda historia y expedición, hay momentos para celebrar. Y los científicos, sí, esos señores con bata, tubos raros y a veces, botas de monte, chaquetas para el invierno y gorro, también celebran cumpleaños, fiestas, eventos o… la alegría de que ese experimento que llevas 5 meses preparando haya salido bien. Esto es, los científicos (¡oh! ¡Sorpresa!), al igual que el resto de las personas, celebran cosas y de hecho, lo hacen bien. Sólo piensen ustedes que son las mentes más alocadas de la humanidad (que me disculpen los artistas) y que normalmente no suelen salir mucho (ya saben, muchas horas metiendo datos en el ordenador).

¡Pero bueno! Se preguntarán a que viene toda esta introducción si ustedes han venido a leer sobre unos señores de expedición en mitad del Mar de Noruega. Permítanme que les explique. Aprovechando las señaladas fechas en las que nos encontramos, Navidades, fin de año y venida del siguiente, hemos decidido dejar a nuestros navegantes en mitad de su viaje y explicar cómo se celebran las cosas cuando uno está en un barco y en mitad del mar sin ningún puerto a mano.

Lo primero, a los noruegos les gusta celebrar, todo, y mucho. Y cuando se está en el mar, en mitad del invierno (la pesca del bacalao es lo que tiene), y la oscuridad te cubre como un manto y no hay luz del sol que alegre el día, se celebra hasta la más mínima circunstancia. Corren rumores de que antaño se celebraba hasta la primera vez que el capitán bajaba a cubierta. Celebraciones que llevaban acompañadas sus buenas raciones de Akvavit (Aquavit para los amigos) o cerveza. Se celebraba tanto que los rumores hablan de barcos a la deriva en mitad del caos etílico cuando Hjalmar Andersen ganó 3 medallas de patinaje de velocidad en aquellas Olimpiadas de invierno en las que Noruega (obviamente) ganó el mayor número de premios en 1952. Pero claro, todo esto son rumores, mencionados en voz baja y con una sonrisa nostálgica en la boca. Desde más o menos finales de los 80 está terminantemente prohibido consumir bebidas alcohólicas por las tripulaciones de cualquier clase de embarcación con bandera noruega. ¿No alcohol? Así es, ni una gota cuando el barco está fuera de puerto (cuando está en puerto, y si no te toca turno de trabajo, puedes bajar al bar más cercano, pero esa es otra historia para otro capítulo). Para que se den cuenta ustedes del nivel de paranoia respecto a las bebidas espirituosas y derivados, el capitán está obligado a llevar un registro de todo el alcohol medicinal (si, ese que viene en botellitas blancas y sirve para desinfectar) que se usa no vaya a ser que alguien se lo beba (que no sería la primera vez).

Pero volvamos a las celebraciones, qué nos quedamos mirando las gavias (ya que en el mar no hay ramas). Lo más normal en los barcos son los cumpleaños. La lógica y la estadística establecen que habiendo 20-30 personas a bordo alguien cumpla años en algún momento. La celebración suele consistir normalmente en un pastel o comida especial preparada por el chef (que a veces hasta pregunta lo que uno quiere). Esto puede parecer poca cosa pero alegra la monotonía de la dieta de los barcos. Además del ágape, el afortunado (ya que a las mujeres a bordo se les respeta más) se convierte en objeto de diferentes bromas. Desde cambiarle el café por agua cuando no mira hasta meterle un pescado pequeño dentro del traje (normalmente ya muerto, que muerden). A las mujeres, que normalmente son menos e investigadoras, se las hacen bromas más suaves como echarles mucha azúcar en el café o sal en el agua durante la comida.

Imagen 1: Pastel de cumpleaños, Imagen cedida por Lisa Broekhuizen.

Imagen 1: Pastel de cumpleaños. Imagen cedida por Lisa Broekhuizen.

Además de los cumpleaños, en los barcos se suelen celebrar también eventos importantes de la vida marinera. Entre estos cabe destacar el primer y el último lance de la campaña. El primer lance tiene que ser perfecto. Y no me refiero a la cantidad pescada, sino a que todo, la técnica y el arte tiene que salir a la perfección. No hay nadie tan supersticioso como un marinero, y un mal primer lance puede poner una nube de pesadumbre a lo largo de toda la campaña. ¿Y de qué manera se hace un lance perfecto? En silencio. Sobre todo en silencio. Las órdenes son cortas y quedas y la tensión se nota en el ambiente. El último lance es todo lo contrario. El ambiente relajado, lleno de bromas y con canciones, señala el final de cualquier campaña y alegra el espíritu para la larga travesía a casa.

Imagen 2, Pinnekjøtt. Imagen por Ixai Salvo Borda.

Imagen 2, Pinnekjøtt. Imagen por Ixai Salvo Borda.

Pero no podemos olvidarnos de la Navidad. ¿Cómo se celebra la Navidad en los barcos pesqueros de noruega? En casa. Suena a broma, pero pocos (por no decir ninguno) saldrán a faenar el día de Navidad. No obstante, en el caso de las embarcaciones escandinavas (y seguro que en otras también), se celebra una falsa navidad a bordo los primeros días de Diciembre “en familia”. Para ello, se come los tradicionales Ribbe (costillas de cerdo) o el muy tradicional plato Noruego, Pinnekjøtt. Este último consiste en costillas saladas y secas (a veces ahumadas) de cordero. Se cuecen y se acompañan con patata hervida y un puré de diferentes tubérculos (el chef no nos quiso dar su receta secreta). Para los amantes del pescado, existe la muy poco recomendable (a la opinión del autor claro) opción de comer Lutefisk. Este plato consiste en pescado (normalmente bacalao o eglefino) marinado” en agua y lejía durante unos meses. Se acompaña también de patatas, bacón, guisantes y mostaza (para darle sabor, o quitárselo). Como no se puede beber alcohol, normalmente se acompaña la cena con zumo de manzana. A veces, si el chef se siente generoso, durante diferentes días de diciembre también es posible comer Multekrem (crema y arándanos) o Småkaker (galletas de navidad). Y claro, no todo se queda en comida. Los marineros son gente imaginativa, y manteniendo las normas de seguridad, decoran sus cascos con gorritos de papa Noel y a veces incluso una flor o una lucecita pequeña. El barco no se suele decorar ya que aún no es navidad (y daría mala suerte), pero aparecen pequeños platos de galletas de jengibre y tanto el t como el café se suelen especiar con canela y otros aditivos legales. Además, es muy común ver un gran número de jerséis de lana con diferentes adornos Navideños.

Imagen 3 El autor disfrutando de una cena de Navidad, basicamente, mucha patata (Imagen por Melina Dres).

Imagen 3. El autor disfrutando de una cena de Navidad, basicamente, mucha patata (Imagen por Melina Dres).

Sigan ustedes ahora disfrutando de las fiestas y sobre todo, aguarden con ganas la siguiente narración de nuestros intrépidos marineros en las aguas del Ártico.

Nacido en Villava (al lado de Pamplona) en 1989. Licenciado en Biología Ambiental y Agrícola (Universidad de Navarra, 2012) descubre en su año de Erasmus en Plymouth (Inglaterra) que le apasiona el mar y marcha a Tromsø (Noruega) a hacer un Master en Gestión Internacional de la Pesca (The Arctic University of Norway-University of Tromsø, 2014). Al acabar, y tras un año trabajando para la Universidad como Biólogo en expediciones pesqueras, da un giro a su vida y orienta el rumbo hacia las ciencias sociales. Ahora es doctorando en el Centro Tecnológico del Mar (Fundación CETMAR) y el Campus do Mar (Universidade de Vigo) con una beca Marie Skłodowska-Curie. Músico bohemio consigue sacarse grado medio de clarinete en el Conservatorio Pablo Sarasate de Pamplona (2008) y cursa dos años de Musicología en Grado Superior sin mucho éxito pero mucho entusiasmo.”
Diario de expediciones pasadas: Cómo se experimenta en el Ártico (III)

Diario de expediciones pasadas: Cómo se experimenta en el Ártico (III)

Llevemos nuestras miradas de vuelta al norte del mundo. Pasemos una vez más el paralelo 69 y permitámonos volver a soñar con Auroras Boreales, expediciones de conquistas y descubrimientos, glaciares, osos polares y… que nadie diga pingüinos. Así como en la Antártida no hay osos polares, en el ártico no hay pingüinos. Pasemos sobre Oslo mientras sobrevolamos los bosques noruegos y encaminemos nuestro destino, siguiendo esa eterna y sinuosa costa, hasta llegar, como una vez al mes, a nuestra tan querida ciudad boreal, la París ártica. Una vez allí, fijémonos en esos intrépidos investigadores que ya navegan por las aguas del fiordo rumbo a mar abierto. Como breve inciso, decir que la sensación de surcar un fiordo es bastante curiosa. La primera impresión es la de ir navegando por un río muy ancho. Esta se debe, y tarda mucho en desaparecer, a las montañas, que cual talud, rodean el fiordo a ambos lados. Una vez salvada esta impresión, uno se tiene que hacerse a la idea de que ya estamos en el mar, y que aunque sea pequeño, el oleaje hace que el barco se mueva. Más de un marinero de agua dulce (también conocido como turista cuñao) se ha mareado a pesar de haber jurado minutos antes “pues yo he navegado mucho y nunca me mareo”. (más…)

Nacido en Villava (al lado de Pamplona) en 1989. Licenciado en Biología Ambiental y Agrícola (Universidad de Navarra, 2012) descubre en su año de Erasmus en Plymouth (Inglaterra) que le apasiona el mar y marcha a Tromsø (Noruega) a hacer un Master en Gestión Internacional de la Pesca (The Arctic University of Norway-University of Tromsø, 2014). Al acabar, y tras un año trabajando para la Universidad como Biólogo en expediciones pesqueras, da un giro a su vida y orienta el rumbo hacia las ciencias sociales. Ahora es doctorando en el Centro Tecnológico del Mar (Fundación CETMAR) y el Campus do Mar (Universidade de Vigo) con una beca Marie Skłodowska-Curie. Músico bohemio consigue sacarse grado medio de clarinete en el Conservatorio Pablo Sarasate de Pamplona (2008) y cursa dos años de Musicología en Grado Superior sin mucho éxito pero mucho entusiasmo.”
Por qué sudamos, o los estados de la materia

Por qué sudamos, o los estados de la materia

Es común escuchar que el calor seco es más llevadero porque no se suda. Nada como Twitter para tomar el pulso a la sociedad y comprobar hasta qué punto es una idea extendida. Con la búsqueda del texto seco + “no sudas” se obtiene un titipuchal de resultados, algunos de los cuales mostramos a continuación:

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Si yo fuera un buen divulgador, debería promulgar la reflexión entre los lectores y lectoras, y hacer desarrollar su razonamiento e intuición para ver hasta qué punto vuestras ideas preconcebidas chocan con la realidad y se aprehende un nuevo concepto. Pero como yo soy un divulgador muy de andar por casa, hago el spoiler y os doy ya la respuesta Trivial Pursuit, así acabamos antes: no es verdad aquello de que con el calor seco no se suda. Sí que se suda, ¡ya lo creo! Os doy mi palabra. Si os lo preguntan u os dicen que no se lo creen, podéis justificarlo diciendo que lo habéis leído por ahí, en un estudio. Si citáis a Cultural Resuena, mejor. Ahora ya podéis dejar el artículo y hacer cosas más provechosas como ver fotos de gatos o participar en discusiones sobre la termorregulación y el sudor en Forocoches (en el hilo Cómo es la vida en Murcia hay usuarios que afirman sin rubor alguno que con el calor seco no sudas). Pero por si alguien quiere saber un poco más del tema, vamos a intentar explicarlo.

La primera respuesta a la pregunta por qué sudamos es: porque tenemos glándulas sudoríparas. Puede parecer una perogrullada, pero conviene recordarlo para no dar una causa final o teleológica, algo a lo que la ciencia, empírica como es, no debería recurrir mucho. Lo que sí podemos sostener con suficiente seguridad es que el filtrado de la evolución ha premiado la sudoración de las personas como mecanismo termorregulador. ¿Qué significa esto? Nuestro cuerpo está siempre a unos 36ºC más o menos. Afuera podemos estar a bajo cero o a 45 grados, pero nuestra temperatura corporal apenas cambia. Esto sucede porque nuestro cuerpo reacciona ante las diferencias de temperatura con el exterior generando calor o liberándolo.

Vayamos por partes. No sé si todo el mundo tiene clara la diferencia entre calor y temperatura, por ello vamos a hacer una explicación sucinta. La temperatura está relacionada con la energía cinética (de movimiento) media de las moléculas de un sistema (así, no tiene sentido hablar de la temperatura de una sola molécula), tal como se ilustra en la Figura 1.

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Figura 1: Simulación de los movimientos de las moléculas de un gas en dos recipientes cerrados. Ambos contienen la misma cantidad de moléculas del mismo gas, pero a temperaturas diferentes. Algunas moléculas se han coloreado para facilitar su seguimiento. El promedio de velocidades es mayor en el recipiente de la derecha, y por lo tanto el gas está a mayor temperatura.

 

Cuando cuerpos de diferente temperatura entran en contacto se produce una transferencia de energía que denominamos calor (ver Figura 2). El calor es extensivo, es decir, depende del tamaño del sistema, mientras que la temperatura no: es intensiva. Una olla de 5 litros a 90ºC estará a la misma temperatura que una olla de 1 litro a 90ºC, pero la primera necesitará absorber más calor para llegar a la misma temperatura. Los intercambios de calor repercuten en los sistemas provocando cambios de temperatura. Una de las consecuencias que puede experimentar un sistema cuando se le aplica calor es que aumente su temperatura, y si pierde calor, que baje.

Figura 2: Proceso de transferencia de calor entre dos cuerpos a diferentes temperaturas. Al principio (izquierda), el objeto A está a más temperatura que el objeto B, y por lo tanto sus moléculas se agitarán más rápidamente. Al entrar en contacto (centro), los choques entre las moléculas de ambos cuerpos producen una redistribución de la energía: las moléculas de A empujan las moléculas de B, que empiezan a moverse más rápido a costa de las de A, que pierden velocidad. El proceso llega a un equilibrio cuando el promedio de velocidades es el mismo en ambos cuerpos (derecha). En ese momento las temperaturas son iguales, y decimos que se ha producido una transferencia de calor del cuerpo más caliente al más frío.

Figura 2: Proceso de transferencia de calor entre dos cuerpos a diferentes temperaturas. Al principio (izquierda), el objeto A está a más temperatura que el objeto B, y por lo tanto sus moléculas se agitarán más rápidamente. Al entrar en contacto (centro), los choques entre las moléculas de ambos cuerpos producen una redistribución de la energía: las moléculas de A empujan las moléculas de B, que empiezan a moverse más rápido a costa de las de A, que pierden velocidad. El proceso llega a un equilibrio cuando el promedio de velocidades es el mismo en ambos cuerpos (derecha). En ese momento las temperaturas son iguales, y decimos que se ha producido una transferencia de calor del cuerpo más caliente al más frío.

Las personas, mediante el metabolismo, convertimos la energía química de los alimentos en energía calorífica, lo cuál nos hace subir la temperatura. La intuición ya nos dice que en invierno necesitamos comer más que en verano. Ahora bien, ¿cómo bajamos la temperatura? Necesitamos perder calor pero, ¿cómo lo conseguimos?

Hemos dicho que los cambios de calor repercuten en cambios de temperatura. ¿Siempre? Bien, eso es cierto en un mismo estado de la materia. En el hielo, aplicamos calor y aumenta la temperatura: eso es válido también para el agua y para el vapor. Pero cuando cambiamos de estado de la materia, hay un intercambio de calor en el cambio de fase. Si tenemos un cubito de hielo a -5ºC y lo calentamos, su temperatura subirá. Cuando llegue a 0ºC, empezará a fundirse y ahí su temperatura no variará. Es decir, todo el calor que apliquemos no se destinará a aumentar la temperatura, sino a romper la estructura del hielo para formar agua. Tendremos una combinación de hielo y agua, todo en equilibrio a 0ºC, combinación que cambiará a favor del agua o el hielo según si el sistema gana o pierde calor. El calor necesario para fundir el hielo (o para cambiar de estado en general) se llama calor latente. De igual modo, si tenemos agua líquida a 0ºC y le quitamos calor, su estructura cambiará y se congelará. Una vez se haya congelado el agua, si sigue perdiendo calor su temperatura empezará a bajar.

Si calentamos agua líquida, su temperatura subirá hasta los 100ºC, y entonces el calor se destinará a evaporar el agua. De igual modo, si el vapor pierde calor, se condensará antes de enfriarse. Ahora situémonos en un lugar cálido y seco. Lérida, un mediodía de agosto. La temperatura exterior es superior a los 36ºC, y nuestro cuerpo tiene que estar a 36ºC. Nuestro cuerpo emite sudor (agua líquida). Para que el sudor se convierta en vapor, necesitará robar calor a nuestro cuerpo (el calor latente). Este calor que perdemos con la evaporación del sudor permite mantener nuestro cuerpo a 36ºC, aun cuando al exterior estamos a más temperatura. Si salimos de la piscina notamos más frío por eso: porque se está evaporando el agua de nuestra piel, y ello nos roba calor.

Pero el aire es una solución con varios gases, y llega un punto en el que no admite más gases. Si echamos azúcar a un vaso de agua y agitamos, el azúcar se disolverá. Pero llegará un punto en el que la solución se saturará y no admitirá más azúcar: entonces el azúcar precipitará al fondo del vaso. Análogamente, el aire admite un máximo de vapor de agua disuelto, a partir del cual ya no se puede evaporar más agua. Si la humedad es alta, sudamos porque necesitamos perder calor, pero el sudor no se evapora, con lo cual nuestro mecanismo de enfriamiento pierde eficacia. De ahí que se diga, con razón, que las temperaturas altas se sufren peor con humedad. No porque sudemos, sino porque sudamos y no conseguimos que se evapore el sudor.

Podemos intentar mejorar la eficiencia de la regulación térmica del cuerpo con un simple aparato. Venga, que lo sabéis. Se llama ventilador. A medida que el sudor se evapora, aumenta la humedad en las capas de aire que nos envuelven, reduciendo así la eficacia del mecanismo de enfriamiento. El ventilador no modifica la temperatura del aire, pero sí permite dispersar rápidamente la humedad que nos envuelve. Eso permite que el sudor se evapore más rápidamente y notamos frescor: es el calor latente que perdemos. Si no, prueben de encender un ventilador en Lérida, o en Los Monegros, donde el aire ya es seco. No sirve para mucho, ya que el aire admite suficiente vapor de agua sin necesidad de renovar las capas de aire de nuestro alrededor.

Si esta explicación os ha convencido, mala señal. Porque hay algo que no cuadra: si la temperatura de ebullición del agua son 100ºC, ¿por qué hay evaporación a temperatuaras inferiores a esa? Me gustaría que, si alguien me sabe dar una explicación, la proponga en los comentarios. Si no, queda pendiente para el siguiente artículo.

Marc Nadal Ferret (Tarragona, 1986)
Físico, máster en química teórica y computacional y doctor en química por la Universitat Autònoma de Barcelona. Tiene un gato en casa, rompedor (el gato), con ideas propias (el gato) y, según la última medición, 100% vivo (tanto él como el gato). Aficionado a la lingüística, a las humanidades, a la cerveza y a los viajes.
La Burbuja Coqueta: Interfaces y tiempos de medida

La Burbuja Coqueta: Interfaces y tiempos de medida

La segunda ley de la termodinámica penaliza el incremento de energía mientras favorece un incremento de entropía. El fascinante concepto de entropía ha sido largamente ligado al desorden, pero ambos términos no necesariamente van cogidos de la mano. De la definición de entropía y de cómo ésta se maximiza (de forma a veces contra-intuitiva), hablaremos en otra ocasión.

El estado de mínima energía determina en muchas ocasiones nuestro entorno. El agua fluye de las montañas al mar, el polvo sedimenta en nuestros muebles, la materia se descomponen. De la misma manera, la geometría que el agua adquiere en contacto con distintas superficies responde al principio de energía mínima.

Cuando llueve, las gotas de agua adquieren su forma tan particular sobre las hojas dado que tienden minimizar su energía. Las hojas de las plantas tienden a repeler el agua (decimos que son “hidrofóbicas”): las raíces son las encargadas de absorber el gua del suelo, y las hojas realizan otras funciones. Por esta razón, las gotas minimizan su contacto con las hojas formando quasi-esferas de agua. La forma de media-luna que podemos ver en la línea de contacto del agua en el vaso responde, asimismo, al principio de mínima energía.

Gota de agua sobre hoja, indicando el aparente ángulo de contacto con la superficie

Gota de agua sobre hoja, indicando el aparente ángulo de contacto con la superficie. Imagen tomada del documental “Microcosmos: la gente de la hierba” (1996).

De manera similar, cuando creamos una pompa de jabón, la forma esférica responde al principio de mínima energía. Contrario al agua de lluvia, el agua en este caso contiene “surfactantes”, palabra que proviene del inglés surfactant, que a su vez proviene de “Surface Active Agent”. No es más que una palabra bonita para denotar, en este caso, a las moléculas que forman el jabón. En español, estas moléculas también son denotadas como tensioactivos, y les dan a las pompas las tonalidades rosadas que las gotas de agua exhiben. Una de estas “moléculas de jabón” tiene una masa 20 veces superior a la de una molécula de agua.

Componente típico del jabón comparado con una molécula de agua.

Izquierda: Un componente típico del jabón (esterato de sodio) comparado con una molécula de agua. Derecha: Modelo simplificado de surfactante (i.e., cómo un físico ve una molécula), con la parte hidrofóbica en blanco y la hidrofílica en rojo.

Estos surfactantes contienen una parte que es atraída por el agua y otra que se siente repelida por ella (llamadas, respectivamente, parte hidrofílica y parte hidrofóbica). Por esta razón, tan pronto como creamos un pompa de jabón, los surfactantes se agrupan en la superficie de la burbuja, de forma que se puedan agrupar cuantas más, mejor. En esta agrupación, la parte hidrofílica de las moléculas apunta hacia afuera de la superficie de la burbuja. La forma que permite más surfactantes en la superficie en contacto con el aire es la esfera, por tanto es la forma en la que la burbuja adopta para que la parte hidrofóbica los tensioactivos minimice el contacto con el agua. Debido una diferencia de concentración entre las moléculas en la superficie y dentro de la burbuja (tanto de agua como de jabón), se crea una fuerza sobre la superficie de la burbuja, que actúa en contra de cualquier deformación que intente modelar la forma esférica. Esta fuerza se denomina tensión superficial.

¿Es esta toda la físico-química detrás de las pompas de jabón? ¿Dónde ha quedado la coquetería burbujil prometida en el titulo?

Pese a su relativamente gran tamaño (comparado al menos con las moléculas constituyentes del agua), los surfactantes no están completamente fijos en la superficie de la burbuja. Como toda molécula, se mueven debido simplemente a la existencia de la temperatura. Esto es lo que se conoce como agitación térmica: cuanta más alta es la temperatura, más se mueven las moléculas. Es por esto que el agua se evapora cuando la calentamos: las moléculas están suficientemente agitadas para escapar a la atmósfera. De esta forma, aunque estrechamente encajados en la superficie que separa el aire del agua, los surfactantes se mueven.

Burbujas coquetas, exhibiendo sus llamativos tonos rosas.

Tres burbujas coquetas, exhibiendo sus llamativos tonos rosas debido a la presencia de surfactantes.

Lo que apreciamos en nuestra escala como un objeto de forma definida, es realmente un objeto cuya forma a nivel microscópico depende del preciso instante en el que se observe. Nuestra limitada percepción es suficiente para entender la causa macroscópica del equilibrio. Sin embargo, para un liliputiense de tamaño molecular, el suelo que pisa sobre la superficie de la burbuja es en absoluto estable.

Captura de pantalla de una simulación de las fluctuaciones térmicas.

Captura de pantalla de una simulación de las fluctuaciones térmicas de una interface agua-aire con surfactantes. La parte roja de las moléculas tiene afinidad por el compuesto azul, mientras que la parte blanca la tiene por el compuesto rojo. Imagen editada desde el vídeo Interfacial thermal fluctuations in presence of surfactants.

En promedio temporal, la burbuja es relativamente estable. En nuestra escala, también. Para un observador con un tiempo de vida más corto y mucho más pequeño, la estabilidad de la burbuja resulta algo difícil de creer.

La burbuja coqueta transmite en sus diferentes escalas de tiempo y longitud un mensaje aterrador para el cosmofanático: el equilibrio dependen de la vara temporal y longitudinal usada. La burbuja nos invita así a reflexionar sobre el tamaño del ser humano en el universo y su estabilidad tal y como la entendemos. En términos cosmológicos, la formación de la Tierra ocurrió hace poco, muy poco tiempo. Una montaña no es más que una gota que emerge y desaparece del suelo, vista en escala geológica.

Sabemos que los planetas giran alrededor del Sol en una danza de equilibrio y armonía. Sin embargo, esta danza está sujeta a la danza mucho mayor de las galaxias entre sí. Un observador con un tiempo de vida inimaginable para el ser humano verá cómo Andrómeda y la Vía Láctea danzan entre sí, percibiendo que la armonía planetaria de la que creemos formar parte nos es más que un estado de transición, llamado a desparecer tal y como las pompas de jabón desaparecen al (poco) tiempo de ser formadas (para tener un idea de cómo esta colisión entre galaxias podría ser, ver vídeo aquí).

Puestas fuera de contexto, las palabras del sabio Evaristo establecen la posición del ser humano en el universo a la que la burbuja nos ha llevado: “No somos nada”.

Doctorando en Físico-Química por las Universidad de Utrecht y la Universidad Técnica de Eindhoven (Países Bajos)