Las metamorfosis de Ligeti y Strauss

Las metamorfosis de Ligeti y Strauss

Bajo el título Metamorphosen, la Aurora Orchestra presentó en el Southbank Centre un programa que incluia el Cuarteto nº1 “metamorfosis nocturnas” de György Ligeti, y Metamorphosen de Richard Strauss. Como ya tuvimos oportunidad de contar, la programación innovadora y las colaboraciones interdisciplinares son objetivos básicos de esta formación, y para esta ocasión contaron con la colaboración del artista y escritor Edmund de Waal, que junto con Nicholas Collon (director titular de la orquesta), exploró la idea de metamorfosis o transformaciones en el arte.

La presentadorda Sara Mohr-Pietsch condució el evento, que empezó con un intercambio de ideas acerca de las transformaciones (tanto en literatura y artes plásticas como en música) y una breve explicación del cuarteto de Ligeti, que se interpretó a continuación con los solistas de la Aurora. Alexandra Wood, Jamie Campbell, Max Baillie y Sébastien van Kuijk fueron los encargados de ejecutar esta difícil obra de juventud, demostrando un gran trabajo de conjunto, marcado por un fraseo delicado y un sonido compacto y cálido, con una riqueza remarcable en los fragmentos en pianissimo. El equilibrio instumental fue decisivo para el excelente resultado de la interpretación, permitiendo escuchar los detalles de todas las voces sin que ninguna tomara demasiado protagonismo.

Miembros de la Aurora Orchestra en el escenario de la Royal Festival Hall (Londres). Foto: Nick Rutter

Miembros de la Aurora Orchestra en el escenario de la Royal Festival Hall (Londres). Foto: Nick Rutter

Finalizada la obra de Ligeti, los músicos dejaron el escenario de nuevo a los tres tertulianos, y de Waal, en su faceta de escritor, introdujo la siguiente obra con una vívida narración del hipotético momento en que Strauss empezó a componer Metamorphosen. Sucedió en enero de 1945, y los efectos de la guerra llegaban también a la mansión del compositor, que veía como su mundo se derrumbaba. De Waal recreó un paseó de Strauss por su mansión, con las reflexiones que le provocaba, y nos contó como se refugió en Goethe, leyendo toda su obra, incluido el tratado Las metamorfosis de las plantas.

A continuación, Collon tomó la palabra y se acerco al piano para contarnos, de forma amena y pedagógica, como Strauss construye su obra. En particular, ilustró al piano como juega con la harmonia para crear una constante alternancia entre tensión y resolución desde el primer compás y como, justo al final y de forma muy discreta en los bajos (marcado In memoriam en la partitura), cita la marcha fúnebre de la Eroica de Beethoven. Este sutil detalle da una nueva perspectiva a toda la obra, ya que uno de los motivos que la vertebran está directamente derivado de esta cita. Al aparecer en su forma original al final la similitud se revela como totalmente intencionada, asociando ambas obras. Muchas son las interpretaciones de la obra de Strauss y de su relación con la Eroica. De Waal quiso acabar con una intepretación optimista, subrayando el deseo que la transformación sea un nuevo renacer. Con los músicos ya en el escenario, la lectura de los versos finales del Fausto de Goethe sirvió de introducción a la pieza.

La obra de Strauss es, en palabras de Collon, un “fascinante experimento social”, ya que los músicos no se organizan en secciones (violines primeros, violines segundos, violas, cellos y contrabajos), sino que cada uno tiene su propia partitura, con lo que se trata de una obra para 23 solistas tocando a la vez. Controlar 23 egos es un gran reto, bromeó Collon, y de ello se encargó Anthony Marwood, que dirigió al grupo desde el puesto de primer violín. El resultado fue notable, de nuevo mostrando el gran nivel individual de los miembros de la Aurora, así como su buena conexión.

En resumen, la Aurora Orchestra mostró como se puede convertir un concierto en algo más que simple entretenimiento. Cierto, la discusion sobre el concepto de transformación resultó algo superficial y se echó en falta una discusión posterior que utilizara las obras musicales para pensar a partir de ellas -aprovechando las reflexiones inducidas directamente por la escucha de las obras y la comprensión de su estructura-.  Pero en cambio se realizó una labor pedagógica magnífica, proporcionando los elementos necesarios para sumergirse a fondo en la experiencia sonora. Y todo ello con un programa coherente, sin elementos de relleno, y servido con una excelente calidad. Sin duda un ejemplo a seguir.


Sábado 4 de febrero. Royal Festival Hall, Southbank Centre, Londres.

Aurora Orchestra 
Anthony Marwood director, violín
Edmund de Waal artista invitado
Sara Mohr-Pietsch presentadora

Programa
Ligeti
: String Quartet No.1 (Métamorphoses nocturnes)
R Strauss: Metamorphosen

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Pappano emociona con Manon Lescaut

Pappano emociona con Manon Lescaut

Puccini es uno de los compositores operísticos más populares entre el público y, sin embargo, uno de los más maltratados por los intérpretes. Sucede con muchos cantantes (especialmente “divos/as”), que se centran en los momentos de lucimiento personal -los momentos más líricos y expansivos, donde Puccini muestra un talento melódico desbordante- pero descuidan el resto, donde a menudo la partitura resulta más genial. Pero el problema más grave está en las direcciones musicales mediocres, que destrozan toda la riqueza de la orquestación pucciniana. De algún modo parece como si se considerase un compositor secundario o fácil de dirigir: los grandes directores de orquesta se dignan a bajar al foso con Strauss, Wagner, Mozart, Tchaikovsky o Verdi – pero raramente con Puccini (incluso un italiano como Riccardo Muti tardó más de 20 años en interesarse en él). Total, para qué, si la orquesta dobla todo el rato la melodía de los cantantes… ¿o no? Porque de hecho, bajo esa aparente simplicidad, las orquestaciones de Puccini son de las más sofisticadas, y requieren un cuidado extraordinario -especialmente en el equilibrio dinámico- que pocos directores son capaces de demostrar. No nos extenderemos ahora en el tema, aunque puede que volvamos a él en algún artículo futuro.

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Decepcionante Mahler con Eschenbach

Decepcionante Mahler con Eschenbach

En Barcelona las principales temporadas de música “clásica” ya no son lo que eran. Liceu y OBC presentan una programación cobarde, convencional y repetitiva, con un nivel interpretativo a menudo preocupante. Por otra parte, los ciclos privados como Ibercamera o Palau 100 ya no ofrecen la garantía que solían, cuando traían las mejores orquestas y solistas del momento. Eso no quita que sigan dando alegrías, y que el nivel general sea más que bueno, y en ocasiones excepcional, pero no hay que dejarse engañar por el marketing y la publicidad disfrazada de noticia en ciertos periódicos. Basta echar un vistazo a las temporadas de Ibercamera y Palau 100 para ver que al lado de conciertos de enorme nivel hay varios más bien discretos.

En el caso de Ibercamera, parece que el interés de la temporada se ha desplazado a los conciertos de cámara: Marta Argerich, Arcadi Volodos, Viviane Hagner y Daniil Trifonov (si todavía no conocen a este último, no se pierdan bajo ningún concepto su recital en enero) son un lujo y una garantía para cualquier temporada. En cambio, en lo que respecta a la programación sinfónica encontramos formaciones como la SWR Sinfónica de Stuttgart, la Sinfónica Radio Frankfurt, la Orquestra Chaikovsky (antigua orquesta de la Radio de Moscú), la Orquesta Filarmónica Nacional de Hungría y la Orquesta del Teatro Mariinsky. Todas ellas son excelentes formaciones, pero no hay ninguna de las grandes orquestas a nivel mundial. Se podría disentir respecto a la Orquesta del Mariinsky, pero recordemos que es una formación que se pliega a los caprichos egocéntricos de su director titular (el más reciente una integral Prokofiev en Londres en solo 3 días), que la somete a agotadoras giras, con lo que el nivel de sus conciertos es imprevisible, alternando entre lo sublime y lo improvisado. Otras orquestas no le permiten esos excesos a Gergiev, y entonces se puede disfrutar sin riesgos de la genialidad del director ruso, como sucedió el año pasado con la Filarmónica de Munich, también dentro de la temporada de Ibercamera.

La primera cita sinfónica contó con la participación de la SWR Orquesta Sinfónica de Stuttgart, bajo la dirección de Christoph Eschenbach. A pesar de que en la web de Ibercamera nos hablan del esperado debut de la “Orquesta Sinfónica de Radio Stuttgart, una de las más prestigiosas instituciones musicales europeas que se ha formado bajo la batuta de directores como Furtwängler, Celibidache, Solti, Kleiber o Prêtre”, debemos recordar que esta orquesta como tal ya no existe, y que la que nos visitó es la fusión de ésta con la Orquesta sinfónica SWR. Se trata sin duda de una orquesta igualmente de gran calidad, pero las cosas se deben vender por su nombre. De todos modos, el concierto era prometedor, especialmente por el repertorio, que incluía el poco programado Concierto para piano en sol mayor de Ravel y la popular Quinta Sinfonía de Mahler, con el añadido de contar con un especialista mahleriano en el podio. Pero lo que podía haber sido una lucida inauguración se quedó en triple fracaso: ni el pianista Tzimon Barto, ni la orquesta, ni el director estuvieron a la altura.

Empecemos con el pianista. El estadounidense Tzimon Barto solo tiene de expresivo el gesto. Su sonido tiene poca proyección y el fraseo resulta monótono. Eso quedo claro durante el delicado segundo movimiento, cuando concentrado en conseguir un sonido sutil se olvido de hacerlo interesante. Su excesivo rubato no ayudo a dar coherencia a su interpretación. A pesar de todo fue bastante aplaudido y ofreció de bis un Bach acompañado por la orquesta. Se agradece que en el ritual de las propinas se incluya a la orquesta, pero en esta ocasión no resultó una feliz decisión, ya que la interpretación de Eschenbach resultó tan poco barroca como el rubato de Barto.

El Concierto de Ravel es una pieza que permite el lucimiento de las diversas secciones de la orquesta, pero en esta ocasión puso de manifiesto que el nivel era muy dispar. Por un lado algunos de los músicos destacaron por sus brillantes intervenciones, en especial el solista de trompa -que interpretó con un sonido delicioso un solo terriblemente difícil- y el de corno inglés -que exhibió uno de los fraseos más musicales que jamás haya escuchado en directo, gracias a un perfecto dominio del legato. Por otro lado, otros músicos presentaron deficiencias, como el solista de clarinete -con un legato mejorable y un sonido que se rompió en alguna ocasión al articular en el registro agudo- o varias maderas que entraron demasiado fuerte, rompiendo el equilibrio dinámico del momento.

Las irregularidades de la orquesta se mantuvieron en menor medida en la segunda parte del programa, con la Quinta de Mahler, empezando por la llamada en solitario inicial de la trompeta que sonó plana y con un sonido tosco. Pero el mayor fallo en esta segunda parte fue el planteamiento de Eschenbach. Si en la primera no estuvo precisamente inspirado, en la segunda parecía que su único objetivo fuera impresionar por la fuerza bruta. Con los metales tocando constantemente de forte a fortísimo, la cuerda no tenia opción de ganar la batalla de decibelios y estuvo prácticamente ausente en toda la sinfonía. Solo en el famoso adagietto las cuerdas se quedaron sin competencia, pero Eschenbach insistió en su versión para duros de oído y se mantuvo en un volumen excesivo, sin generar una progresión clara que diera interés al movimiento. El resultado fue una versión descompensada y aburrida. Sin embargo el público respondió con entusiasmo a tal exhibición de fuerza y, sin hacerse rogar demasiado, Eschenbach lo agradeció con una propina ligera de Smetana.

La sensación final fue de gran decepción, como si hubiéramos asistido a un bolo sin importancia para la orquesta, que ofreció una lectura superficial, casi a vista, de las obras. No tengo ninguna duda de que el nivel de la orquesta es mucho mejor del que mostraron, y también de que Eschenbach puede ofrecer una versión mejor planteada y cuidada de las obras. Pero en Barcelona, por algún motivo, no tuvimos la suerte de poderlo comprobar.

 


Ficha

Martes 15 de noviembre, 2016. L’Auditori, Barcelona.

INTÉRPRETES
SWR Orquesta Sinfónica de Stuttgart
Christoph Eschenbach, director
Tzimon Barto, piano

PROGRAMA

  • RAVEL, Concierto para piano en sol mayor
  • MAHLER, Sinfonía núm. 5
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Narices bailando claqué en la Ópera de Londres

Narices bailando claqué en la Ópera de Londres

La Royal Opera House de Londres presentó por primera vez en su temporada La Nariz, la genial ópera que con solo 20 años compuso Dmitri Shostakovich. Basada en el relato homónimo de Gogol, la obra cuenta las peripecias del Asesor Colegiado Kovaliov, que un buen día se despierta sin nariz, para más tarde encontrársela por San Petersburgo vestida de Consejero de Estado.

Para un argumento tan disparatado, qué mejor que la música de Shostakovich, quien en esta partitura despliega su enorme talento como instrumentador para crear un universo sonoro brillante, delirante, y tremendamente complejo de llevar a escena con sus 77 personajes. El encargado de tal hazaña ha sido Barrie Kosky, actual director artístico de la Komische Oper de Berlín. El director australiano debutaba en la ROH, pero sus puestas en escena han dado la vuelta al mundo, como es el caso de su propuesta para La Flauta Mágica, sobre la que ya se habló aquí, y que recientemente se ha podido ver en las temporadas de Madrid y Barcelona con gran éxito en el público. Su versión de La Nariz, a pesar de algún gag más bien vulgar, es extremadamente divertida, visualmente atractiva y teatralmente muy efectiva. El único punto cuestionable es la decisión de representarla en inglés -en una, por otro lado, excelente traducción de David Pountney– en lugar del original ruso. La música de un buen compositor va siempre profundamente ligada a la lengua para la cual está escrita, y la comprensión del texto no puede ser la excusa. Y menos en un teatro que cuenta con un efectivo sistema de subtitulado tanto encima del escenario como en cada butaca.

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Hay muchas posibles interpretaciones del relato de Gogol, sin embargo, al no focalizarse en ninguna de ellas, Kosky deja todas las opciones abiertas, limitándose a explotar el humor y la sátira que rezuma la historia. Solo en una cosa el director se pronuncia claramente: la desaparición física de la nariz de Kovaliov no es algo metafórico o imaginado, sino un hecho real del que muchos personajes son testigos, y que según el gag final puede no haberse solucionado del todo. Visualmente, la desaparición de la nariz se soluciona con un truco clásico: los personajes llevan una nariz postiza exageradamente grande, de forma que cuando Kovaliov pierde su postizo se supone que en comparación parece que no tenga nariz. Personalmente creo que, aunque la idea es buena, no acabó de funcionar, pero juzguen ustedes mismos con las fotografías que acompañan esta crónica.

THE NOSE_ROH, Director; Barry Kosky, Conductor; Ingo Metzmacher Platon Kuzmitch Kovalev; Martin Winkler, Ivan Iakolevitch/Clerk/Doctor; John Tomlinson, Osipovna/Pretzel Seller; Rosie Aldridge, The Nose; Han Galkoff, Praskovya Ossipovna_Vendoe; Rosie Aldridge, Angry Man in the Cathedral; Alexander Lewis, District Inspector; Alexander Kravets, Old Countess; Susan Bickley, Iaryzhkin; Peter Bronder, Pelageya Podtotschina; Helene Schneiderman, Podtotschina's daughter; Ailish Tynan, Ivan; Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, Ensemble;Andrew O’Connar, Paul Carey Jones, Alasdair Elliott, Alan Ewing, Hubert Francis, Sion Goronwy, Njabulo Madlala, Charbel Mattar, Samuel Sakker, Michael J. Scott, Nicholas Sharratt, David Shipley, Jeremy White, Simon Wilding, Yuriy Yurchuk,

Las abundantes alusiones del libreto al paisaje urbano de San Petersburgo están completamente ausentes en el escenario diseñado por Klaus Grünberg, que se encuentra enmarcado por un proscenio con una gran obertura circular que recuerda al iris de una cámara. Sin ningún otro tipo de referencia espacial o geográfica, la atención se concentra en los personajes y sus acciones, que en ocasiones tienen lugar encima de unas tarimas de aspecto circense (que luego se convertirán en un delirante grupo de mesas ambulantes). El variado vestuario de Buki Shiff aporta color, con una mezcla de diversas épocas que hace imposible identificar el momento de la acción. Pero el toque surrealista definitivo llegó con el baile de las narices (literalmente), durante el cual el emancipado apéndice nasal del Asesor Colegiado se marcó un solo de claqué para deleite del público, en uno de los números que coreografió con gran acierto Otto Pichler. Todo ello, junto a la gran dirección de actores y a la calidad de la interpretación musical, contribuyó al excelente resultado del espectáculo

THE NOSE_ROH, Director; Barry Kosky, Conductor; Ingo Metzmacher Platon Kuzmitch Kovalev; Martin Winkler, Ivan Iakolevitch/Clerk/Doctor; John Tomlinson, Osipovna/Pretzel Seller; Rosie Aldridge, The Nose; Han Galkoff, Praskovya Ossipovna_Vendoe; Rosie Aldridge, Angry Man in the Cathedral; Alexander Lewis, District Inspector; Alexander Kravets, Old Countess; Susan Bickley, Iaryzhkin; Peter Bronder, Pelageya Podtotschina; Helene Schneiderman, Podtotschina's daughter; Ailish Tynan, Ivan; Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, Ensemble;Andrew O’Connar, Paul Carey Jones, Alasdair Elliott, Alan Ewing, Hubert Francis, Sion Goronwy, Njabulo Madlala, Charbel Mattar, Samuel Sakker, Michael J. Scott, Nicholas Sharratt, David Shipley, Jeremy White, Simon Wilding, Yuriy Yurchuk,

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Entre los intérpretes, destacaremos a Martin Winkler como Kovaliov, por su presencia escénica y su dominio del papel. Un inglés algo deficiente no logró empañar una interpretación cargada de matices, que además de resultar hilarante también provocaba una sincera compasión por el desdichado Asesor Colegiado. El veterano bajo y habitual de la casa John Tomlinson -que últimamente había mostrado un preocupante desgaste vocal en algunos papeles- interpretó a la perfección los roles de barbero, oficinista y doctor. Divertidísimo resultó también Alexander Kravets en el difícil papel de Inspector de policía del distrito. Nos quedaremos con estos tres nombres, ya que no podemos comentar separadamente cada uno de la treintena de intérpretes (sin contar al coro) que pasaron por el escenario de la ROH durante la función. Baste decir que la homogénea calidad lograda con un reparto tan extenso resultó asombrosa. Todo ello aderezado con los siempre magníficos coro y orquesta de la casa, bajo la batuta de Ingo Metzmacher, cuya experiencia en este tipo de repertorios garantizó una dirección musical electrizante.

THE NOSE_ROH,Director; Barry Kosky,Conductor; Ingo MetzmacherPlaton Kuzmitch Kovalev; Martin Winkler,Ivan Iakolevitch/Clerk/Doctor; John Tomlinson,Osipovna/Pretzel Seller; Rosie Aldridge,The Nose; Alexander Lewis,District Inspector; Alexander Krave

Curioseando en la tienda de la ROH, que comparte con las taquillas un reducido espacio provisional, tuve ocasión de escuchar como una vendedora aconsejaba a una compradora acerca de la mejor elección para asistir a la ópera por primera vez. Después de loar la producción de La Nariz, comentó que quizás no era el mejor título para iniciarse, y acabó aplaudiendo la decisión de la compradora, que se decidió, creo, por Madama Butterfly. Siento una gran admiración por la música de Puccini -que considero injustamente infravalorada por algunos especialistas, a pesar de su popularidad entre los aficionados-, pero no hay ninguna duda de que La Nariz es una obra mucho más completa. Hay pocas obras capaces de cautivar por igual a espectadores de perfiles tan distintos -especialmente cuando está tan bien servida-, desde el melómano experto, que podrá zambullirse en la riqueza estilística de la partitura; hasta el primerizo, que quedará atrapado por su ritmo y argumento. Puede gustar más o menos, pero esta producción de La Nariz difícilmente aburrirá a nadie. Quedan dos funciones para comprobarlo en persona, ya sea en directo en Londres, los días 4 y 9 de noviembre, o bien desde casa en streaming a traves de The Opera Platform, que retransmitirá en directo la función del día 9, y luego estará disponible en diferido durante un mes.

THE NOSE_ROH, Director; Barry Kosky, Conductor; Ingo Metzmacher Platon Kuzmitch Kovalev; Martin Winkler, Ivan Iakolevitch/Clerk/Doctor; John Tomlinson, Osipovna/Pretzel Seller; Rosie Aldridge, The Nose; Alexander Lewis, District Inspector; Alexander Kravets, Old Lady; Susan Bickley, Iaryzhkin; Peter Bronder, Pelageya Podtotschina; Helene Schneiderman, Podtotschina's daughter; Ailish Tynan, Ivan; Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, Ensemble;Daniel Auchincloss, Paul Carey Jones, Alasdair Elliott, Alan Ewing, Hubert Francis, Sion Goronwy, Njabulo Madlala, Charbel Mattar, Samuel Sakker, Michael J. Scott, Nicholas Sharratt, David Shipley, Jeremy White, Simon Wilding, Yuriy Yurchuk,

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Integral de Sibelius con Vänskä y la LPO

Integral de Sibelius con Vänskä y la LPO

Jean Sibelius es un compositor apreciado y popular, cuyas sinfonías segunda y quinta y, sobretodo, su concierto para violín, son obras habituales en las temporadas sinfónicas. Sin embargo, ya he expresado en otras ocasiones mi frustración por la ausencia del resto de sus sinfonías (por no hablar de su cuarteto). Esto no sucede en Londres, donde esta temporada se podrán escuchar dos ciclos completos de sus sinfonías. El más apetitoso es el que está realizando ahora mismo la London Philharmonic Orchestra (LPO), bajo la batuta del celebrado Osmo Vänskä. Las credenciales sibelianas de Vänskä son extensas, entre ellas la grabación de la toda la obra orquestal del compositor para el sello BIS -que incluye rarezas como las primeras versiones de la Quinta y el Concierto de violín– o la exitosa integral realizada con la propia LPO en 2010. (más…)

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