Dando esplendor al capital

Dando esplendor al capital

Título: Curling

Autor: Yaiza Berrocal

Editorial: Hurtado y Ortega

227 pgs.

Que la cita que sirve como frontispicio de un texto se reserve para unas declaraciones de Margaret Thatcher en las que la mujer que no veía grupos sociales sino, simplemente, familias y, en todo caso, individuos dice: «Economics are the method: the object is to change the soul» constituye una buena anticipación de aquello que vamos a encontrar en la primera novela de Yaiza Berrocal, una disección tan afilada e implacable como satírica e ingeniosa de las transformaciones que la precariedad laboral y el clima de atomización social instaurado tras el triunfo del neoliberalismo han causado en la subjetividad de los trabajadores, en este caso, en los trabajadores de la industria cultural. Editada por Hurtado & Ortega, Curling (2022) se constituye a partir de los materiales escritos, sonoros o visuales que producen los trabajadores del Gran Teatro Walhall, de modo tal que la voz narradora desaparece para que un narrador en sombra asuma la función de recopilador de fragmentos de habla —secciones del diario de Eusebio Morcillo, barridos automáticos de las grabaciones de los walkie-talkies de los acomodadores presentaciones en Power Point realizadas por un coach empresarial, correos electrónicos del coordinador de acomodadores del teatro, etcétera—. En este sentido, Curling se inserta dentro de la tradición de la novela experimental, aquella que asumía que la novela es un género que se forma a partir de la mezcla y acumulación de discursos textuales diversos y radicalmente heterogéneos. Sin embargo, nada hay en esta decisión radical de juego formalista o de reto narrativo pues la acumulación de géneros textuales de tipo administrativo-empresarial-motivacional se conjuga con los fragmentos del diario de Eusebio Morcillo para establecer una fuerte conexión causal entre los discursos en favor de hacerse un empresario de uno mismo y la subjetividad de los trabajadores del Gran Teatro Walhall, reducidos a una identidad vacía y abúlica.

De entre la diversidad de fuentes textuales emana un argumento que podría resumirse como el frustrado motín de un sindicato clandestino de acomodadores del Gran Teatro Walhall contra unas condiciones laborales de extrema explotación. Frustrado por los desgraciados problemas estructurales del edificio del teatro Walhall que ve inundadas sus salas por las aguas freáticas que circulan bajo los cimientos del edificio, causando múltiples daños y heridos y propiciando el suicidio del coordinador de los acomodadores Ajenjo Wünder. La desgracia de la inundación del teatro adquiere proporciones míticas si atendemos a la inicial descripción de las tragedias que ha vivido el teatro a lo largo de su historia, entre las que se cuentan dos incendios y un atentado bomba. Esta historia de infortunios es aprovechada por los directores de la empresa que gestiona el teatro como un efecto especial más en el espectáculo que allí se ofrece y, en este sentido, esta decisión de Yaiza Berrocal es una ingeniosa forma de presentar el insaciable proceso de espectacularización de nuestra vida cotidiana que también define las sociedades posteriores a los 80. Sin embargo, a pesar de las menciones en la novela a referentes reales —detrás del Walhall asoma la sombra del Liceu—, su cronología, aunque inespecífica, parece ser otra que la del presente. En Curling parecemos hallarnos en un futuro —distópico— donde ciertas tendencias de vigilancia, explotación y precariedad propias de la sociedad actual se han radicalizado hasta el punto de que la neolengua coach se ha impuesto: no existen trabajadores, solo «colaboradores voluntarios», no existen salarios solo «acuerdos de colaboración». Curiosamente, este proceso de deformación discursiva de la realidad laboral, que aspira a erradicar cualquier resto de la alienación y la subordinación que definen los trabajos por cuenta ajena, se proyecta también a la esfera del mundo del arte, de modo que los acomodadores del teatro son «facilitadores de la experiencia del espectador», los espectadores son clientes en busca de un buen servicio y la obra es una experiencia total de satisfacción de sí.

En su forma de representar un futuro distópico que presenta inquietantes y estremecedoras similitudes con el presente, Curling se parece a otra novela publicada este año. Me refiero a Lugar seguro de Isaac Rosa, que se ubica en un tiempo donde el mito de la meritocracia, así como los sueños de ascenso social que llevaba aparejados, han desaparecido por completo para dejar paso a una realidad donde conviven las utilizaciones ventajistas y cínicas de una inseguridad alimentada con la construcción utópica de comunidades cooperativas. No solo radica la similitud entre Curling y Lugar seguro en su realismo distópico sino también en la particularidad de que dicha distopia se articula en torno al mundo del trabajo. En este sentido, Curling se suma a una serie de novelas que han hecho de la precariedad laboral tema de elaboración literaria, como podrían ser Supersaurio de Meryem El Mehdati, Los sueños asequibles de Josefina Jarama de Manuel Guedán o Simón de Miqui Otero. La particularidad de la novela de Yaiza Berrocal quizá descanse en que dicha precariedad se da en el campo de la industria cultural y en hacer a los trabajadores precarios que hacen posible la función los protagonistas de la novela, quedando las grandilocuentes y extáticas ensoñaciones sobre un arte total y autónomo severamente burladas en el personaje de Teodoro Bravo, un caricaturesco defensor de la pureza del arte operístico.

México en Feria de Arte Independiente de Madrid (FAIM ART)

México en Feria de Arte Independiente de Madrid (FAIM ART)

Entre al 10 y el 12 de junio se celebra la 18ª edición de la Feria de Arte Independiente de Madrid (FAIM ART) en la Fundación Pons. La premisa de la que parten es que «el artista se represente a sí mismo dando al espectador una visión más fresca y real de sus creaciones», ya que estos autores están durante estos días allí con sus obras para explicar, compartir y hablar acerca de arte y de sus creaciones.

Dentro de esta exposición en la que se da cabida a diversos creadores con técnicas y estilos diferentes cabe destacar al artista mexicano Manuel Miguel (Oaxaca). En sus trabajos se pueden vislumbrar las tradiciones mexicanas interiorizadas a través de sus propias vivencias en su tierra. De esta forma podemos apreciar diferentes texturas en sus composiciones con fondos trabajados y cuidados que resultan ser una base idónea para cada una de sus obras. Así podemos observar cuadros que representan emociones muy íntimas del ser humano, como el miedo o la desesperación, en tipos de retratos en los que la naturaleza tiene un papel importante en esa representación psíquica dramática. Como el propio artista explicó en la exposición, él suele explorar una idea, un pensamiento o un sentimiento en varios trabajos a través de series en las que lo va desarrollando.

Asimismo, en otras de sus obras podemos notar esa herencia cultural mexicana en la que aparecen animales míticos que ayudan a los hombres en su vida y les confieren sus cualidades para afrontarla. En ellas se puede ver a los humanos disfrutando de manera colorida y muy viva entre ellos y también de manera individual dentro de la misma composición. Estos animales además también aparecen representados en las esculturas de Manuel Miguel, siendo especialmente llamativos el jaguar y el colibrí, el cual tiene un significado especial en la vida y la obra de este artista y se ha convertido en un motivo representado en numerosas ocasiones.

Tras experimentar esta concepción de exposición con esa premisa a la que anteriormente hice referencia, la idea de la que parte FAIM ART resulta ser una visión muy atractiva para los espectadores que asistan porque pueden interactuar con estos artistas y establecer un vínculo con ellos a través de sus obras de manera directa. En el caso de Manuel Miguel esta conexión nos transporta hasta Oaxaca, sus costumbres y modo de vida, así como la visión que tiene este artista de todo ello a través de una obra igualmente reflexiva y contemplativa.

«El secreto de la fuerza sobrehumana» de Alison Bechdel: la viñeta y la vida

«El secreto de la fuerza sobrehumana» de Alison Bechdel: la viñeta y la vida

Dibujando viñetas desde siempre y publicándolas desde 1983, las historias que escribe Alison Bechdel hablan de la vida. De la suya, en tanto que son autobiográficas, pero también de la de otras muchas personas. Lo biográfico es el hilo por el que discurren las ilustraciones, pero beben de un contexto histórico, social y político que está reflejado en ellas. A veces ese contexto se manifiesta de forma explícita y cuenta cómo formando parte del colectivo LGTBI vivió los años duros del sida; otras veces se expresa como una nota al pie y viene ilustrado en la imagen de una tele encendida que da las noticias.

A finales 2021, se ha publicado en español su última obra, que ya se encuentra entre los 50 mejores libros del año. Y es que El secreto de la fuerza sobrehumana no tiene nada que envidiarles a obras anteriores como la mítica Funhome.

Esta última obra habla de ella, pero no como lo hacía en Funhome donde cuenta su relación con su padre y la experiencia de su muerte; o en ¿Eres mi madre? donde trata las relaciones y, en concreto, el vínculo con la madre. Esta es su historia, narrada a través del cuerpo y de cómo lo físico ha sido la vía para cohesionar las pasiones a lo largo de la vida.

Pero ¿qué es lo que hace que una «historietista» -así la define Wikipedia- ocupe un puesto entre los 50 mejores libros del año? En Bechdel se encuentran distintos estratos que la hacen una autora fundamental para este momento. Un primer estrato de su obra sería el paso del tiempo. Todas las historias están narradas en lapsos de tiempo muy amplios, lo que le permite jugar con el derecho al cambio. Comienzan en la infancia y llegan hasta el presente más inmediato. Y no se trata únicamente del cambio que acontece en la vida normal de los personajes, sino al cambio en la forma en que ella percibe las historias. Su historia. Quizás esto solo se aprecie con claridad si se han leído varias de ellas, pero en la historia consecutiva suele hacer repaso y crítica de la anterior. Con ello lo que se percibe es que no se ha blindado en sus propios recuerdos, sino que discurre por ellos a media que crece.

Ese elemento temporal engarza con un segundo estrato, lo autobiográfico. A través de ello Bechdel apela a la necesidad de representación y de ser representada. No es necesario mujer o lesbiana para empatizar con los devenires de su personaje principal, ella. Porque todos estamos llenos de contradicciones y eso está plasmado en cada una de las viñetas. Es extrañamente divertido ver cómo lidia con la muerte de su madre mientras hace sexting con una amante a distancia. En la vida situaciones muy dramáticas coexisten con momentos ridículos y pasamos de unas a otras con total naturalidad, normalmente ayudados por la risa. No es casual que tragicomedia fue el subtítulo elegido para Funhome y es un género que sigue cultivando casi 20 años después.

Alison Bechdel es lesbiana y habla de ello. La homosexualidad y algunos aspectos de cómo esta influye en la vida de las personas están presentes, pero no es el núcleo de su historia ni de sus historias. Y en cuanto a representación esto es fundamental, en tanto que la gente vive siendo homosexual sin que serlo sea en muchas ocasiones, cada vez lo es menos, un conflicto. Te enamoras, convives, te divorcias, se te muere el gato, familiares, odias tu trabajo y todo ello sucede al margen de tu sexualidad. Es imprescindible que haya historias donde hay lesbianas, gays, queers de todo tipo, donde la sexualidad sea un atributo más de los personajes y no un conflicto que inflige drama a las historias.

Lo que articula todos estos estratos es lo que hace su obra clave para este momento y quizás sea la clave de su éxito: la transversalidad. Lo subjetivo que se va solapando con el mundo en el que existe, condicionado por los estímulos que la nutren. Se puede presuponer que estos estímulos son muchos y de distinta índole, pero en sus novelas habla principalmente de las influencias literarias. Estas dan soporte teórico a la historia, la acompañan por los distintos derroteros y aportan un elemento añadido a la historia. Habla de su padre junto con las lecturas que compartieron y grandes obras de la literatura universal son compañeros de sus vivencias. Cuenta la historia de su madre en una búsqueda de analizar sus sentimientos, de la mano de Virginia Woolf o Sigmund Freud. Y emprende este viaje a la fuerza sobrehumana tomando algunos de los caminos que tomó Jack Keruac. Entra en un diálogo con estos autores a la vez que se cuestiona su propia historia y la conversación con ellos va abriendo nuevos focos y ofreciendo respuestas. Los autores y sus obras se convierten también en personajes. La vida está llena de matices y contar una historia que es biográfica limitándose a los hechos sería solo una forma de empobrecer la literatura.

Bechdel aprovecha todos esos estímulos y los plasma en novelas gráficas, un formato que quizás no ha tenido mucho protagonismo hasta ahora. Pero es ese formato lo que le aporta un valor añadido a las historias ya que le permite aunar y separar, según sea necesario, lo gráfico de lo literario, creando dos planos narrativos.

La retrospectiva en que aparece El secreto de la fuerza sobrehumana se titula «Lo mejor de la cultura en el año del reencuentro». No es baladí el título ya que reencontrarse es lo que hace la autora a lo largo de sus páginas. Así nos ofrece a sus lectores la posibilidad también de reencontrarnos a nosotros; nos presenta nuevos interlocutores y nos acompaña en el camino de encontrar un hilo del que ir tirando para llegar a algún sitio de nosotros mismos.

¿Cuál fue el mundo que uno creyó poder tener?

¿Cuál fue el mundo que uno creyó poder tener?

Título: Cómo ser anticapitalista en el siglo XXI

Autor: Erik Olin Wright

Akal (2021)

188 pgs.

Esta reseña debería haberla escrito hace unos meses, pues fue entonces cuando terminé de leer Cómo ser anticapitalista en el siglo XXI. Sin embargo, una conversación con Jorge Riechmann, poco después de terminar el libro, tiñó de incertidumbre el entusiasmo que en mí había desatado. Decía Jorge que el libro le había gustado mucho, pero que debería haberse titulado Cómo ser anticapitalista en el siglo XX pues el proyecto emancipador de un socialismo como democracia económica que Orin Wright planteaba dejó de ser biofísicamente posible en la década de los 70. El argumento de Riechmann era convincente y afectaba no solo a la obra de Olin Wright sino a la de muchos otros sociólogos y economistas marxistas que, definiendo su metodología como materialista, no atendían a los determinantes materiales fundamentales, a saber, los límites físicos de un planeta finito que tornan imposible, por el gasto energético que supone, la transformación social planteada en el texto. Quizá donde esta ingenuidad se haga más patente sea en aquella sección del libro que dice:

Las adaptaciones necesarias al calentamiento planetario exigirán una expansión masiva de bienes públicos proporcionados por el Estado. […] Serán necesarios sustanciales aumentos de impuestos y de planteamiento estatal para la provisión de bienes públicos medioambientales por parte del Estado. (p. 125)

Es más que evidente que el neoliberalismo es ciertamente incompatible con algunos de los retos que el cambio climático plantea y planteará a nuestras sociedades. Pero parecería que en la posición de Olin Wright la solución a esos retos radicaría únicamente en un redireccionamiento de los sectores productivos que, públicamente gobernados, serían puestos al servicio de la resolución de los problemas climáticos. Sin embargo, en las puntuales menciones al cambio climático como problema político que aparecerán a lo largo del libro, no se considera nunca el problema de los limites energéticos y materiales a los que todo proyecto de emancipación social habrá de enfrentarse.  

Mi entusiasmo primero se ha convertido, en estos meses, en escepticismo ponderado. Sin embargo, una relectura del libro durante estas navidades me ha devuelto parte del convencimiento que la primera lectura me produjo. Bien es cierto que el gran punto ciego del libro es el que Riechmann señalaba y ese punto ciego lastra cualquier lectura programática o estratégica que podamos hacer de él. Sin embargo, es un texto ineludible para respondernos a la pregunta blumenberguiana «¿cuál fue el mundo que uno creyó poder tener?», pregunta que creo deberíamos hacernos, aunque haya atisbos de que ya todo está perdido. Las circunstancias biográficas en que Olin Wright escribió el texto añaden una capa de sentido a la pregunta previa pues, para cuando estaba terminando el libro, ya le habían anunciado que padecía leucemia mieloide y que sus posibilidades de recuperación distaban mucho de ser absolutas.

En este contexto de pérdida, duelo y certeza del final, lo que más sorprende de Cómo ser anticapitalista en el siglo XXI es la lúcida y firme esperanza que emana de la claridad con que se diagnostican los perjuicios del capitalismo y la audacia con que se proponen alternativas. El libro está dividido en seis breves capítulos que siguen un orden argumentativo nítido. El primer capítulo ofrece una exposición normativa de los valores que justifican el anticapitalismo. Los fundamentos normativos de la propuesta política de Olin Wright dejan traslucir el espíritu del lema revolucionario francés:  igualdad/equidad, libertad/democracia y comunidad/solidaridad. Para Wright una sociedad justa no será aquella que asegure la igualdad de oportunidades sino la que blinde el igual acceso a los medios materiales y sociales para llevar una vida próspera (p. 22). Dicho ideal no ha de lograrse por vía de una imposición arbitraria sino mediante la participación libre y democrática de todos los ciudadanos en aquellas decisiones que afecten a su propia vida. Es a través de dicha participación que podrá desarrollarse una comunidad de ciudadanos en la que todos los individuos sientan «una firme preocupación y existencia moral por su bienestar» (p. 31). 

Como congruente continuación, el segundo capítulo se dedica a exponer los múltiples obstáculos e impedimentos que el funcionamiento inherente del capitalismo impone a la realización de estos fundamentos normativos. Quizá el caso más patente sea la desvinculación capitalista entre el trabajador y sus medios de subsistencia. En la medida en que el trabajador está desposeído de los medios para subsistir se ve constantemente sometido a interferencias arbitrarias en su libertad. Enfrentado ante unas condiciones de explotación en el espacio de trabajo, carece del poder de negociación para aspirar a una mejora y, es más, de la libertad para renunciar al mismo, acuciado por la necesidad de alimentarse. Asimismo, dado que nuestras relaciones con la sociedad se inician antes de que podamos determinarlas, nuestro acceso de partida a los medios materiales y sociales para llevar una vida próspera están de antemano condicionados por una fuerte desigualdad. Por último, señala Olin Wright que los dos valores paradigmáticos de las culturas capitalistas —el individualismo competitivo, piensen en Masterchef y productos masivos afines, y el consumismo privatizado— están en relación inversamente proporcional con la extensión de valores comunitarios.

El tercer capítulo es un recorrido, tanto diacrónico como sincrónico, por las distintas lógicas a partir de las cuales se han tratado de transformar, subvertir o paliar los obstáculos que el capitalismo impone a la realización de una sociedad justa. Para Wright, los intentos de ruptura radical ensayados a lo largo del siglo XX constituyen una enseñanza de la imposibilidad de instaurar un socialismo democrático mediante una ruptura radical con el capitalismo. Su propuesta consiste, más bien, en «erosionar el capitalismo» combinando las distintas lógicas que le ejercen una resistencia con el objetivo de ir desarrollando las formas de vida (económicas y sociales) cuyo funcionamiento no se rige por la ley de la competitividad y el beneficio.

El cuarto capítulo del libro recolecta algunos de los componentes institucionales que deberían formar parte del socialismo como democracia económica. Consciente de que nociones como capitalismo o estatismo son tipos ideales y de que nuestra sociedad es más bien el resultado de la combinación e interacción de formas económicas capitalistas y socialistas donde, sin embargo, predominan fuertemente las primeras, Olin Wright expone su propuesta como un ahondamiento y extensión de aquellas formas de organización socialistas que existen, de modo embrionario o minoritario, en nuestras sociedades. Es el caso de políticas como la renta básica universal —de la que se han ensayado proyectos piloto en varios lugares del mundo—, las iniciativas cooperativistas —ya sean cooperativas de crédito, de trabajadores o de vivienda— y la democratización de las empresas capitalistas mediante la regulación de los derechos que acompañan a la propiedad de los medios de producción.

El quinto capítulo constituye un brillante análisis de los sesgos capitalistas de las políticas estatales, tanto por su contenido como por sus ejecutores. Sin embargo, señala Wright los casos históricos en que se han implantado desde el Estado políticas socialistas que han subvertido algunas de las dinámicas más perversas del capitalismo, aunque a largo plazo hayan servido para apuntalar algunos de sus componentes más esenciales. La propuesta de Wright pasa, una vez más, por ahondar en la democratización del estado mediante nuevas instituciones de representación democrática y la recuperación de un órgano legislativo cuyos componentes sean ciudadanos elegidos por sorteo.

No podían quedar fuera del libro las discusiones actuales sobre cuál ha de ser el agente de la transformación social. Frente a los intentos nostálgicos y fantasmagóricos de recuperar la identidad obrera, Olin Wright plantea la discusión sobre la agencia colectiva atendiendo a tres polos: las identidades, los intereses y los valores. Los intentos de recuperación de la identidad obrera parten de la presuposición de que la estructura de clase acoge a un conjunto de individuos que comparten un destino y que tienen una experiencia de vida común: los trabajadores, los obreros, los proletarios. Sin embargo, la fragmentación de la estructura de clase que ha experimentado la sociedad a lo largo del siglo XX no ha supuesto la bienhadada unión de todos los proletarios del mundo sino, más bien, la aparición de posiciones contradictorias dentro de las relaciones de clase. El declive de la una identidad obrera no es el producto de la alienación sino una trasformación inherente a la sociedad capitalista. Ello no obsta para que los valores emancipatorios de igualdad, libertad y comunidad sigan siendo sacrificados en beneficio del capitalismo. Sin embargo, su defensa no puede hacerse atendiendo a los intereses de clase —dadas las posiciones contradictorias con respecto a la clase— ni apelando a la identidad obrera —dada la aparición de nuevas identidades emancipadoras no fundadas en la clase—, sino que ha de construirse en torno al reconocimiento tanto de los intereses contradictorios como de los valores compartidos entre múltiples identidadades.

Esta reseña ya ha ocupado mucho más de los que debería, pero su extensión es índice de la ilusión que generan sus ideas. Quizá la factibilidad o plausibilidad de las propuestas de Olin Wright no atienda a las condiciones energéticas reales de nuestra sociedad, sin embargo, siguen brillando con fuerza como aquel mundo que creímos poder tener.

Deseo y amor en la literatura de Miranda Popkey

Deseo y amor en la literatura de Miranda Popkey

2021 ha llegado cargado de novedades editoriales y ha hecho aumentar considerablemente la lista de pendiente de muchos lectores. En mi caso, me he encontrado de golpe con mucho material analizable, ya que me interesa especialmente la novela escrita por mi generación, la nacida entre los ochenta y los noventa, conocida como generación millenial. Por razones obvias, estas novelas suelen ser autoreferenciales y suelen ser también novelas debut, puesto que no son pocos los escritores que empiezan a escribir entre los 25 y los 35 años. Entre sus características principales encontramos la precariedad laboral, la diferencia de clase, el descubrimiento y la reivindicación de la mirada femenina y la denuncia de la opresión social y de género. Varios hitos recientes sobrevuelan estas novelas como son la crisis económica de 2008, o el movimiento Me Too. Por supuesto, muchas de estas novelas son comparadas con uno de sus mayores éxitos editoriales, Sally Rooney. Más allá de los evidentes objetivos comerciales, personalmente considero que es útil que se genere una narrativa entorno a una suerte de nuevo género literario,  y que se ponga el foco sobre él, siempre y cuando se haga con interés en sumergirse más allá de su superficie y se sepa detectar las singularidades de cada autor.

Sin duda, Miranda Popkey es muy diferente de Sally Rooney y poco tiene que ver con esta más allá del interés por la intimidad femenina y la visibilización de las diferencias sociales que operan en la sociedad y condicionan las relaciones entre sujetos. Como veremos, Popkey se interesa principalmente por la naturaleza impuesta del deseo.

Temas de conversación que se vuelven trascendentes

Una de las cosas que más llaman la atención de la novela de Miranda Popkey es su particular estructura. Pronto nos damos cuenta de que la voz narrativa no tiene un especial interés en construir un relato cronológico clásico con una continuidad definida. Cada capítulo se sitúa en un lugar y en un momento concreto y el interés por lo fragmentario es tal que los capítulos llegan incluso a situarse diez años después del anterior sin que sea necesario contextualizar demasiado ese salto. De alguna manera similar a la triología de Rachel Cusk, la mayor parte del texto de Popkey parte de conversaciones que mantiene la protagonista que desencadenan una reacción en esta. Ya sea por el momento vital del personaje o por los pensamientos que las conversaciones hacen aflorar, toda conversación se vuelve de golpe trascendente, como si se tratara de una revelación, y a través de estos momentos es como conocemos al personaje protagonista. A partir de el diálogo interno que surge de esos encuentros conocemos sus inquietudes, su historia y aquello más la preocupa íntimamente. De esta manera, la mayoría de capítulos se construyen como un relato, similar a los nueve cuentos de Salinger. Un relato que tiene sentido por sí mismo y que refleja un instante concreto de la vida de un personaje que supone de algún modo un antes y un después en su vida. 

Aunque estos momentos en un principio parecen algo dispares poco a poco puede verse un denominador común en ellos que es, como ya he dicho antes, la reflexión entorno al deseo y la falta de este. Las mujeres que aparecen durante la novela, amigas, compañeras de trabajo, compañeras de universidad, madres o madres de amigas, se encuentran habitualmente enfadadas con la sociedad, odian a los demás y se odian a ellas mismas por sus actos. Se encuentran aburridas, han llegado a la vida adulta dándose cuenta de que esta no les satisface, no cumple sus expectativas o no encuentran que exista ninguna expectativa que valga la pena mantener y así se encuentra también la protagonista. 

Esta manera de estar en el mundo, sin preocuparse por los demás o incluso buscando hacerles daño, roza la sociopatía que vemos también en la novela de Alexandra Kleeman, otra novela reciente publicada también en Gatopardo ediciones, pero tiene siempre un trasfondo de incomodidad personal detrás. Hacer daño a las personas cercanas y de esta manera alejarlas de su vida, es la manera más fácil que encuentra la protagonista para hacerse daño a sí misma y romper con un pasado que cada vez se vuelve más difícil de gestionar. 

El lado oscuro del deseo 

La conclusión compartida de todas estas mujeres que habitan en la novela, es que no se sienten preparadas para gestionar su deseo, precisamente porque sienten que su deseo, el deseo femenino, no ha recibido la suficiente atención que necesitaba y siempre ha sido supeditado a los deseos de los demás, a los deseos de los hombres. El tipo de relaciones que se muestran en el relato habitualmente se basan en una desigualdad implícita de poder. Son relaciones con hombres mucho mayores que ellas, con profesores o con jefes. Relaciones que en un principio son vistas como deseables, sentirse deseadas por un hombre con más poder, con más conocimientos, más interesantes que ellas, es visto como algo cercano a un halago y desear estar con alguien que tiene tanto por darles y enseñarles parece una relación que merece la pena querer. Pronto descubren que no es así, que si aquellos hombres quieren estar con ellas es porque se sienten atraídos por el poder y el control que pueden ejercer sobre ellas, la capacidad que tienen de hacer que ellas se plieguen fácilmente a sus deseos y nunca se encuentran realmente en una situación horizontal en la que sean capaces de escucharlas y procurar su felicidad. 

Estas mujeres han descubierto que se habían dejado llevar por una inercia en la que hacían lo que se suponía que debían hacer, deseaban lo que debían desear y de esta manera abandonaban sus carreras profesionales para casarse con esos profesores de universidad que tanto habían hecho por ellas y los seguían a todas las ciudades a las que ellos debían acudir.

Curiosamente, más allá del movimiento Me Too en el que Popkey confiesa inspirarse, estos temas son de absoluta actualidad en casos como el del Institut del Teatre de Barcelona, la escuela más importante de teatro de Catalunya en la que recientemente se han destapado varios casos de profesores ilustres que se creían con el derecho a intentar seducir a una gran cantidad de alumnas y en algunos casos incluso conseguirlo mantener relaciones con ellas.

Algunos fragmentos de la novela me han impactado especialmente, como cuando se refiere a la llamada fantasía de la violación, en la que el deseo de dar el control de la situación al otro es tal que la simulación de sentirse forzada a tener sexo resulta excitante. Popkey reflexiona alrededor de esta idea considerando que el problema viene de que durante mucho tiempo se ha dado por hecho que las mujeres no desean tener sexo y se las ha educado en esa falsa suposición. La fantasía de la violación vendría a ser la forma de evitar la vergüenza de confesar el propio deseo frente al otro, un deseo que a menudo ha sido negado. 

Popkey también considera que la educación sexual a menudo se ha dirigido solo hacia aquello que uno debe evitar; los lugares que debe evitar o las conductas que debe evitar para así mantenerse segura. Esto llega a tal punto que si no se enseña a reclamar el deseo uno acaba por pensar que para reclamarlo debe hacerse todo aquello que se supone que no se debe hacer para así atraer a los hombres, con a menudo trágicas consecuencias. 

Popkey alerta en su novela de esos puntos de no retorno en la inercia, en ese dejarse llevar y es por eso que la maternidad no deseada y la maternidad después del divorcio, tienen también un lugar importante en la novela, en que hay después de la catástrofe, en si puede ser demasiado tarde o no para que esas mujeres insatisfechas puedan rehacer su vida. 

La voz narrativa de Popkey es particular, a veces me ha parecido algo impostada o pedante, incluso torpe, se toma su tiempo y en algún momento parece que da vueltas en círculos y no saber a donde quiere dirigirse pero también es visceral y en algunos momentos muy lúcida, es también por esto que me recuerda a Salinger, al fin y al cabo es uno de los referentes principales que sobrevuelan muchas narrativas contemporáneas. Aunque imperfecta, la profundidad del discurso que subyace durante la novela me ha dejado un buen sabor de boca y creo que puede ocupar un lugar importante en mi estantería, espero que también en la vuestra. 

Algunas lecturas del 2020 (y algunas propuestas para 2021)

Algunas lecturas del 2020 (y algunas propuestas para 2021)

No quisiera insistir demasiado en el tópico de que este año 2020 que acabamos de dejar atrás ha sido un año diferente, pero lo cierto es que lo ha sido también en el terreno literario. Algunas editoriales han tenido algunas reservas en publicar ciertos títulos en días de pandemia ya que las dificultades han sido evidentes; ha sido difícil realizar presentaciones, las librerías no siempre han sido accesibles y mucha gente ya tenía suficientes problemas laborales como para encontrar tiempo y ganas para gastar. Así pues, algunos lanzamientos se han pospuesto varios meses, incluso hasta 2021. Este año que empieza parece prometer muchas novedades esperadas, algunas de las cuales avanzaré más adelante, pero sobre todo lo que me apetecía hacer en estas líneas era un repaso de algunas de las lecturas que más me han gustado de este año que se ha terminado. Como siempre, aviso para navegantes, hay muchas novedades que no he leído así que mí lista es limitada. No busco hacer un ranking de mejores lecturas del año, ya que eso supondría haber leído una lista mucho más extensa de la que realmente he leído. El año también ha sido complicado para los lectores, incertidumbres laborales, distancia social y confinamientos han dificultado también la concentración de muchos. 

La verdad es que no recuerdo mucho del 2020 anterior a la pandemia, es un recuerdo difuso que pareció ocurrir hace años La primera lectura que considero que vale la pena comentar es posiblemente una de las novedades del año de la editorial Gatopardo. La primera novela de Alexandra Kleeman, con extenso y confuso título Tu también puedes tener un cuerpo como el mío, en realidad se publicó en Estados Unidos en 2015,  pero nunca había sido traducida hasta ahora. Me sorprendió que Gatopardo nos trajese una novela de una autora millenial, nacida en el 86, pero fue para mí una grata sorpresa. Otra sorpresa fue descubrir que la novela encajaba tan bien con el marzo de 2020, ya que nos hablaba de aislamiento, histeria colectiva y distopía pseudosectaria, no sabías si te estaba hablando de ficción o se trataba de una visión premonitoria. Escribí sobre él en Resuena así que no diré mucho más, podéis consultar el artículo aquí. 

Gatopardo parece seguir queriendo apostar por ficción millenial y nos traerá en febrero la novela, Temas de conversación de Miranda Popkey, que probablemente también reseñaré. Autora del 87, ha sido un éxito reciente en Estados Unidos este 2020 y parece que nos transportará aún más que Kleeman, si cabe, al universo literario millenial habitualmente comparado con otro de los éxitos del 2020, en su caso por la serie de su novela de 2018, Sally Rooney. Otra de las novelas millenials que tendremos este 2021 de la mano de la editorial Temas de Hoy es Días apasionantes de Naoise Dolan, autora de 28 años también irlandesa y también estudiante del Trinity College, las comparaciones con Rooney no faltan en ninguno de los numerosos artículos dedicados a su novela debut. La novela de Dolan habla de una joven bisexual irlandesa en Hong Kong en la que conocerá a un joven rico y a una atractiva mujer. Diferencias sociales, intimidad e ingeniosa comicidad marxista, las comparaciones con Rooney son imposibles de evitar pero no por eso deja de ser prometedora. La respetada escritora británica Zadie Smith ya le ha dado su sello de aprobación y ha sido una de las novelas del año en Estados Unidos, junto a Luster de la escritora afroamericana del año 90 Raven Leilani, que este enero llegará al Reino Unido y que esperemos que pronto llegue a España. 

Sería imposible hablar de novela millenial sin hablar de Panza de Burro de Andrea Abreu, que podemos considerarla casi nuestra Rooney canaria, con ya un montón de ediciones, traducciones y los derechos de una futura película concedidos. Abreu publicaba su primera novela con solo 25 años en julio en una edición modesta de la editorial Barret y Sabina Urraca, que hacía de editora por un libro, y lleva ya más de 15.000 ejemplares vendidos. Una novela sobre dos amigas íntimas de poco mas de diez años que viven en un pequeño pueblo del interior de la isla de Tenerife, justo en ese periodo entre la infancia y la adolescencia. Una amistad de amor odio y de descubrimiento narrada con un lenguaje poético y un uso del lenguaje canario único y muy especial. Esta es una de esas novelas que te guste más o menos la sinopsis tienes que leer porque desde luego será recordado como un hito en la literatura española y ojalá que Abreu no sea escritora de un solo libro.

En el terreno de la no ficción, o de ese punto intermedio difícil de catalogar entre la autobiografía y la autoficción, ha sido un año bastante prolífico como va siendo habitual los últimos años. Jia Tolentino, redactora de 32 años del New Yorker, publicó a principios de año Falso Espejo (Temas de Hoy), un compendio de textos sobre la generación que creció con internet. En ellos aborda temas muy variados como política, televisión, precariedad laboral y feminismo entre otros, y su lucidez y amplia documentación hace que sea una lectura muy agradable y gratificante para entender el mundo actual y entendernos a nosotros mismos.

Otro de los fenómenos del año, que también reseñé aquí, es la novela autobiográfica de Vanessa Springora, editora francesa que relata la relación con tuvo con el conocido escritor francés Gabriel Matzneff cuando ella tenia 13 años y él 48. Ha sido un fenómeno mediático en Francia que ha abierto incluso causas judiciales contra Matzneff y que abre el debate sobre el poder y el abuso en las relaciones sentimentales aparentemente consentidas entre hombres adultos y mujeres menores. 

También ha sido un año en el que han aparecido muchos libros donde la migración tiene un peso importante, alimentados en parte por el movimiento Black Lives Matter y coincidiendo con el auge de la literatura africana y latinoamericana del que también se podría escribir mucho este año. 

Dos obras me han impactado especialmente. Por un lado En la tierra somos fugazmente grandiosos, Anagrama, escrita por Ocean Vuong, estadounidense de ascendencia vietnamita, que es esencialmente una extensa carta a su madre en la que con lenguaje muy expresivo habla de sus orígenes, su infancia, su familia y su precariedad. Una familia marcada por la guerra de Vietnam, con una abuela que aún tiene visiones de las explosiones y limitada por la diferencia de idioma. Vuong, cansado de no ser capaz de comunicarse en inglés fluidamente, estudió lengua y literatura inglesa, se convirtió en profesor y en el intérprete de su familia. Durante su obra, aparecen algunas referencias a sus inicios en la escritura y el descubrimiento de su homosexualidad y la poderosa influencia de su familia por la que destila mucha simpatía. 

La otra novela que personalmente me ha impresionado es Desencajada de Margaryta Yakovenko, editada por Caballo de Troya en uno de los últimos títulos editados por Luna Miguel y Antonio J. Rodriguez antes de que el sello joven de Penguin Random House pase a manos de Jonás Trueba. En ella, a través del personaje de Daria, vemos el proceso de emigración de la Ucrania postsoviética de los noventa de una niña de 7 años. A través de un juego de saltos en el tiempo, vemos cómo la joven Daria  y sus padres tienen problemas para ser aceptados y sentirse parte de la España del boom inmobiliario y de cómo esta consciencia de emigrada perdura a lo largo de los años. Yakovenko habla de emigración forzosa y todo lo que comporta, y de ese angustioso sentimiento de no sentirse parte de ningún lugar y de no obtener pleno reconocimiento ni como miembro de el país de acogida ni del país de origen. 

Por último quería nombrar un par de novelas de autoras muy notables que nos han sido traducidas por primera vez al español, algo que es muy buena noticia por la dificultad que arrastramos aún en España con las lecturas en inglés hacen que nos perdamos muchos autores destacables. Por un lado, la Japonesa Yuko Tsushima, editada por Impedimenta, con la obra Territorio de luz, una novela íntima y esperanzadora sobre la maternidad en soledad y la dificultad de tirar adelante de las mujeres solteras japonesas sin ser juzgadas, en una sociedad conservadora  y rígida como la japonesa, donde la apariencia es tan importante. Sigue la estela feminista de la también japonesa Sayaka Murata y su novela La dependienta que publicó Duomo en 2018 y que recientemente ha vuelto a ser publicada en inglés con éxito con una nueva novela, probablemente la tendremos pronto en castellano. 

La otra escritora es la británica Tessa Hadley que en su novela Lo que queda de luz habla de dependencia emocional, amor y el peso de los secretos a través de la historia común de cuatro artistas burgueses de mediana edad. Una novela muy completa que recuerda a la tradición americana de retratar la intimidad de las clases altas en la ficción y que personalmente me ha sorprendido por su capacidad de hablar sin tapujos del redescubrimiento del amor y la sexualidad en edades próximas a los cincuenta, algo que no  acostumbro a ver en la ficción literaria. 

2021 nos reserva algunas novedades esperadas como la nueva novela de la exitosa Maggie O’Farrel títulada Hamnet (Libros del asteroide) que verá la luz en España en febrero, que ha recibido muy buenas críticas y que en esta ocasión tendrá un trasfondo histórico alrededor de la figura de Shakespeare. Ya más cerca del verano, en mayo, se publicarán en inglés las nuevas novelas de Kazuo Ishiguro y Rachel Cusk, y es de esperar que no tarden mucho en ser traducidas (si sigue como hasta ahora, por Anagrama y Libros del Asteroide respectivamente) y seguro que muchas novedades estimulantes e inesperadas más. Buena entrada de año a todos.