Foto con copyright: Archivo Cadena SER

Digamos que todo empieza en pleno mes de julio en el Grec del Teatre Lliure. Un amigo me invita a ver ‘Kingdom’ de la Agrupación Señor Serrano. Un espectáculo que llena el Lliure de Montjuïc de bananas y critica el capitalismo, la sociedad de consumo y la virilidad. Una vez terminada la función, nos invitan a todos los espectadores a participar de un debate coordinado por ‘Dramaturgias del debate’. A priori, pienso que será un coloquio como cualquier otro, a pesar de las premisas que nos imponen los organizadores: Debéis elegir entre preguntar a los miembros de la compañía cuestiones que sólo puedan ser respondidas con un ‘sí’ o un ‘no’, o bien podéis preguntar y comentar todo lo que queráis pero insertando insultos y blasfemias entre vuestras palabras. Evidentemente, los espectadores, unánimemente si no recuerdo mal, elegimos la segunda opción.  Al principio todo resulta muy formal, la gente pregunta por preguntar y suelta un ‘joder’, ‘mierda’, etc. Pero poco después, una mujer pone en duda que se pueda criticar el sistema actual sin nombrar ni mostrar a ninguna mujer durante todo un espectáculo, y a modo de colofón, concluye: ‘caca, pedo, culo, pis’. Esto empieza a animarse, por fin. Hace tiempo que no voy a ningún debate en el que la gente puede decir lo que realmente piensa, esto es inaudito. Los componentes de la compañía argumentan sin tapujos que, precisamente, en todo el espectáculo no aparece ninguna mujer ni se la nombra (a parte de la Eva del paraíso) porque que éste es el papel que el sistema otorga a las mujeres, la invisibilización absoluta. Tras ello, otra espectadora se suma a la protesta arguyendo que ello no es un argumento de peso, y seguidamente, cuestiona la renovación del mandato de Lluís Pasqual al frente del Teatre Lliure y el funcionamiento arcaico, clasista y patriarcal de los teatros públicos.

Pocos días después, aparece en Facebook (sí, la misma plataforma que utilizó Donald Trump para ganar electores) el mensaje de una actriz que formó parte de la Kompañía del Lliure e interpretó a la Cordelia del Rey Lear, Andrea Ros: ‘Durante los dos años que he formado parte de la Kompanyia, Lluís Pasqual me ha gritado, ridiculizado, puesto en evidencia, y le he visto hacerlo impunemente porque es un genio, y los genios gritan, los genios tratan mal a la gente’. Además, la joven actriz, criticaba la poca sensibilidad feminista del Lliure y la escasa presencia de jóvenes al volante de este teatro público.

Pero no sólo la actriz se atrevió a cuestionar el sistema de ciertas instituciones públicas, también directores como, por ejemplo, Alex Rigola, proponían limitar la dirección de equipamientos públicos a mandatos de ocho años, más paridad en las programaciones y ‘verdad en la programación artística’. Desatada la polémica, la Fundación del Lliure aclaró que Pasqual solo seguiría dos años más en el mandato en lugar de los cuatro previstos y que por primera vez se garantizaría un concurso abierto con la máxima paridad posible. Pero resultó que después de las acusaciones de la joven actriz, la comisión del Lliure recibió otras quejas (por ahora, lamentablemente, anónimas)que también han llegado al colectivo ‘Dones i cultura’, que lucha contra la discriminación y los abusos de poder en el ámbito laboral. Un grupo formado por más de 800 mujeres del ámbito de la cultura, que pidió a través de un comunicado, el cese del cargo de Pasqual, asegurando haber recopilado varias acusaciones de trato despótico a los trabajadores. Pasqual, tras las vacaciones y con la polémica acechándolo, finalmente, decidió dimitir. Evidentemente, como no podía ser de otra manera, antes de la dimisión un centenar de personalidades de la escena catalana firmaron un manifiesto en favor del reconocido director: Núria Espert, Frederic Amat, Emma Vilarasau o Josep Maria Flotats, entre otros. Tiempo después, hasta la mismísima alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, le dedicó un emotivo tweet. Finalmente, el Lliure ha decidido disolver la Kompañía y, por lo tanto, el vínculo de los intérpretes con el teatro terminará en diciembre después de las funciones de ‘Ángeles en América’.

Lluís Pasqual, uno de los miembros fundadores del Teatre Lliure en el 1976 junto a Fabià Puigserber, Pere Planella y Carlota Soldevila, y considerado uno de los grandes directores de la escena internacional, declaró: “las redes sociales pueden destruir cualquier reputación”, en referencia al manifiesto publicado en el grupo de Facebook ‘Dones i Cultura’, que le acusaba de maltrato, misoginia y abuso de poder. En una entrevista en La Vanguardia, Pasqual aseguró “impensable que las bases para elegir al responsable de un teatro público del tamaño del Lliure sean la edad y el sexo”. “No puedo ni ser joven ni ser mujer ni trabajar con un equipo que no esté plenamente comprometido conmigo en un proyecto”.

¿Cuántos genios, a lo largo de los siglos, han calumniado a sus actores e incluso a sus propias familias? Charles Chaplin (cuya obra admiro profundamente), uno de los mayores genios de la historia, rodaba centenares de veces una misma escena hasta que salía como él quería y dicen las malas lenguas que era un déspota empedernido. Woody Allen fue acusado de abusos sexuales por parte de su propia hija y sigue estrenando como si nada. Y podríamos seguir con una lista infinita de genios endiosados que ejercen o ejercieron abuso de poder. Ante tal escenario, se plantean múltiples incógnitas: ¿Debemos renunciar a ciertas ‘obras’ por el bien común, o el fin justifica los medios? ¿Es posible, hoy día, separar la obra del autor? ¿El auge de los Mass Media, a pesar de sus contrapartidas (como las Fake News o la banalización y espectacularización de la cultura, por ejemplo), ha permitido hablar a los oprimidos?

Sea como fuere, este año hemos vivido un sinfín de polémicas sobre el abuso de poder. Con el movimiento Me Too (al cual me adscribo), por ejemplo, las acusaciones de abusos y acoso sexual a Harvey Weinstein consiguieron llevar a la bancarrota a uno de los productores más famosos y reconocidos de Hollywood. En el ámbito jurídico, con abogados como Mario Díez, que está al frente del movimiento ‘Justicia Poética’, se está destapando una red de pederastia y pornografía infantil a gran escala en España mediante un canal de Youtube, y con ello se ha logrado meter en prisión a Kote Kabezudo, acusado de abusar de infinidad de niñas y cuyos vídeos testimoniales siguen colgados en la Dark Web y se pueden descargar por un módico precio de 12 euros. Diréis: antes de internet esto también pasaba. Y así es, pero parece ser que sólo la presión mediática consigue verdaderos cambios en este siglo nuestro amparado en las apariencias.

Yo, personalmente, no conozco a Lluís Pasqual, ni tampoco he podido disfrutar de la mayoría de sus espectáculos, porque desgraciadamente, hoy en día, el acceso a la cultura es un privilegio reservado a una minoría, y además, las grandes carteleras, la mayoría de veces, están dirigidas a un mismo tipo de público, a excepción de algunas salas alternativas que subsisten precariamente. Así pues, creo que el cuestionamiento real no es sobre el director Lluís Pasqual. El cuestionamiento real es el de un Estado definido como democrático y paritario, cuyos equipamientos públicos siguen siendo monopolio de unos pocos, en su mayoría hombres, y que el acceso a la cultura y la igualdad de oportunidades es tan solo un mero juego de palabras. La brecha salarial se sigue perpetuando con total impunidad y en los teatros y otros equipamientos públicos los cargos se siguen concediendo al más puro estilo aristocrático. La escena española y catalana (no tengo la suerte de poder viajar demasiado), parece haber quedado atrapada en el siglo pasado, menos ciertas excepciones que permanecen poco tiempo en cartel. Y esto es sólo la punta del iceberg de una sociedad que traspasa poderes como quien traspasa Tarjetas Black o paraísos fiscales y demás cloacas del estado. Pero sí, también hay Cordelias, hijas de reyes como el anciano Lear, rey de Bretaña, quien pregunta a sus hijas cuál de ellas lo ama más, para saber cómo repartir su reino. Valientes como Cordelia, cuando contesta que ama a su padre “tanto como debo, ni más ni menos” (according to my bond, no more, no less).

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