El realismo mágico, del cual García Márquez es uno de sus máximos exponentes, juguetea con nuestras cabecitas y nos intenta mostrar lo irreal como algo cotidiano o común. ¿Puede alguien confirmarme, pues, que no estamos viviendo en una novela de García Márquez en este momento? Y lo que es más importante: ¿Cómo construimos defensa ante semejante ataque a la cordura? 

La tercera ley de Newton estable que por toda acción hay una reacción en sentido opuesto y de la misma magnitud. Mi temor estos días es que la reacción puede tener, de hecho, dos direcciones: unirnos como seres humanos, o separarnos aún más. La guerra en la que estamos sumergidos tiene como campo de batalla y soldados no sólo a nuestros hospitales y a nuestro personal sanitario, tan necesitado de algo más que aplausos. Esta guerra la ganamos también cada uno de nosotros en nuestras propias mentes, y nuestro deber cívico es mantenerlas lo más despiertas y activas que podamos. Por esto, creo que más que nunca necesitamos el amor y la música, inevitablemente unidos.

Venga, vale. Llámenme tonto, cursi, idealista, romántico, o sean españolitos casposos con cero inteligencia emocional que necesitan usar la sexualidad como insulto y llámenme gay. Les escupiré a la cara que “gay” significa literalmente “feliz”, así que todos “gay-up”: ¡sonrían carajo! Tengo las armas afiladas en esta guerra contra el virus, y como tantos otros sigo al pie de la letra la canción del Dúo Dinámico y “Resistiré” porque “soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie”. Mi himno personal, mi canción para soltar las lágrimas de rabia, ha sido “Time Fate Love” (Tiempo Destino Amor) del legendario Luca Prodán (líder de la banda de post-funk Sumo):

«A girl called time took a long long trip and never, never came back.

A boy called fate made up his mind. 

And I did it when it was too late.

But a girl called love flew to me from the air around.


She filtered in, to my skin. She didn’t make a sound.

And every time I breath I hear her sounds.

And every time I look or see I feel her presence strong and near.»

“Una chica llamada tiempo hizo un largo viaje y nunca regresó.

Un chico llamado destino tomó una decisión. 

Pero yo lo hice cuando fue demasiado tarde.

Pero una chica llamada amor voló hacia mi desde el aire alrededor.

Se infiltró bajo mi piel. No hizo ni un ruido.

Y cada vez que respiro escucho sus sonidos.

Ya cada vez que la mire siento su presencia cercana y fuerte.”

Para llorar, vamos. Pero no todo es sentimentalismo y amor, también tenemos que pedir cuentas a muchos jefes de estado que parece solo quieren prologar esta situación. Propongo ir encargando más de un “ataúd para un jefe de estado”. El hidalgo nigeriano del afrobeat Fela Kuty nos impregna en su canción “coffin for a head of state” de una fuerza impresionante ante los poderos fácticos. Después de que el gobierno literalmente tirara a su madre por la ventana, el respondió con música. Y una música con la que es imposible no moverse. Fela predica la resistencia a través de la música y el baile. Tomemos nota, resistamos bailando.

“Negras tormentas agitan los aires, nubes oscuras nos impiden ver”, así que “a las barricadas” mentales y a unirnos todos contra el maldito virus (versión de un brigadero internacional, aparentemente). Como dice la Billos Caracas Boys “sigan bailando” lo que más les guste, “bolero o disco, o cumbia o salsa, merengue, o rock n’ roll”. 

Salud y falta de corona para tod@s.

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