Dibujando viñetas desde siempre y publicándolas desde 1983, las historias que escribe Alison Bechdel hablan de la vida. De la suya, en tanto que son autobiográficas, pero también de la de otras muchas personas. Lo biográfico es el hilo por el que discurren las ilustraciones, pero beben de un contexto histórico, social y político que está reflejado en ellas. A veces ese contexto se manifiesta de forma explícita y cuenta cómo formando parte del colectivo LGTBI vivió los años duros del sida; otras veces se expresa como una nota al pie y viene ilustrado en la imagen de una tele encendida que da las noticias.

A finales 2021, se ha publicado en español su última obra, que ya se encuentra entre los 50 mejores libros del año. Y es que El secreto de la fuerza sobrehumana no tiene nada que envidiarles a obras anteriores como la mítica Funhome.

Esta última obra habla de ella, pero no como lo hacía en Funhome donde cuenta su relación con su padre y la experiencia de su muerte; o en ¿Eres mi madre? donde trata las relaciones y, en concreto, el vínculo con la madre. Esta es su historia, narrada a través del cuerpo y de cómo lo físico ha sido la vía para cohesionar las pasiones a lo largo de la vida.

Pero ¿qué es lo que hace que una «historietista» -así la define Wikipedia- ocupe un puesto entre los 50 mejores libros del año? En Bechdel se encuentran distintos estratos que la hacen una autora fundamental para este momento. Un primer estrato de su obra sería el paso del tiempo. Todas las historias están narradas en lapsos de tiempo muy amplios, lo que le permite jugar con el derecho al cambio. Comienzan en la infancia y llegan hasta el presente más inmediato. Y no se trata únicamente del cambio que acontece en la vida normal de los personajes, sino al cambio en la forma en que ella percibe las historias. Su historia. Quizás esto solo se aprecie con claridad si se han leído varias de ellas, pero en la historia consecutiva suele hacer repaso y crítica de la anterior. Con ello lo que se percibe es que no se ha blindado en sus propios recuerdos, sino que discurre por ellos a media que crece.

Ese elemento temporal engarza con un segundo estrato, lo autobiográfico. A través de ello Bechdel apela a la necesidad de representación y de ser representada. No es necesario mujer o lesbiana para empatizar con los devenires de su personaje principal, ella. Porque todos estamos llenos de contradicciones y eso está plasmado en cada una de las viñetas. Es extrañamente divertido ver cómo lidia con la muerte de su madre mientras hace sexting con una amante a distancia. En la vida situaciones muy dramáticas coexisten con momentos ridículos y pasamos de unas a otras con total naturalidad, normalmente ayudados por la risa. No es casual que tragicomedia fue el subtítulo elegido para Funhome y es un género que sigue cultivando casi 20 años después.

Alison Bechdel es lesbiana y habla de ello. La homosexualidad y algunos aspectos de cómo esta influye en la vida de las personas están presentes, pero no es el núcleo de su historia ni de sus historias. Y en cuanto a representación esto es fundamental, en tanto que la gente vive siendo homosexual sin que serlo sea en muchas ocasiones, cada vez lo es menos, un conflicto. Te enamoras, convives, te divorcias, se te muere el gato, familiares, odias tu trabajo y todo ello sucede al margen de tu sexualidad. Es imprescindible que haya historias donde hay lesbianas, gays, queers de todo tipo, donde la sexualidad sea un atributo más de los personajes y no un conflicto que inflige drama a las historias.

Lo que articula todos estos estratos es lo que hace su obra clave para este momento y quizás sea la clave de su éxito: la transversalidad. Lo subjetivo que se va solapando con el mundo en el que existe, condicionado por los estímulos que la nutren. Se puede presuponer que estos estímulos son muchos y de distinta índole, pero en sus novelas habla principalmente de las influencias literarias. Estas dan soporte teórico a la historia, la acompañan por los distintos derroteros y aportan un elemento añadido a la historia. Habla de su padre junto con las lecturas que compartieron y grandes obras de la literatura universal son compañeros de sus vivencias. Cuenta la historia de su madre en una búsqueda de analizar sus sentimientos, de la mano de Virginia Woolf o Sigmund Freud. Y emprende este viaje a la fuerza sobrehumana tomando algunos de los caminos que tomó Jack Keruac. Entra en un diálogo con estos autores a la vez que se cuestiona su propia historia y la conversación con ellos va abriendo nuevos focos y ofreciendo respuestas. Los autores y sus obras se convierten también en personajes. La vida está llena de matices y contar una historia que es biográfica limitándose a los hechos sería solo una forma de empobrecer la literatura.

Bechdel aprovecha todos esos estímulos y los plasma en novelas gráficas, un formato que quizás no ha tenido mucho protagonismo hasta ahora. Pero es ese formato lo que le aporta un valor añadido a las historias ya que le permite aunar y separar, según sea necesario, lo gráfico de lo literario, creando dos planos narrativos.

La retrospectiva en que aparece El secreto de la fuerza sobrehumana se titula «Lo mejor de la cultura en el año del reencuentro». No es baladí el título ya que reencontrarse es lo que hace la autora a lo largo de sus páginas. Así nos ofrece a sus lectores la posibilidad también de reencontrarnos a nosotros; nos presenta nuevos interlocutores y nos acompaña en el camino de encontrar un hilo del que ir tirando para llegar a algún sitio de nosotros mismos.

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