LAS OBNUBILACIONES ONTOLÓGICAS
De Manel Ribera Torres.
Obra para acordeón microtonal.

Estreno: Viernes 22 de abril de 2016 a las 19:00h
Sitio: Fabra i Coats-Fabrica de Creación
Marco:Festival Mixtur
Ciudad:Barcelona
Intérprete:Fanny Vicens (Acordeón microtonal).

En mis viajes montado en eso que todavía osan llamar tren, en el que suelo pasar en total unas cuatro horas, a diario…  aparte de algunos sonidos percutidos de ventana y otros rugosos, aunque ambos provocados por “mi fase rem” (no hablo precisamente de la nota mi, ni del tono re menor) y en un extraño equilibrio entre la contemplación mundana y la aristotélica, suelo tener alguna que otra obnubilación; generalmente portadora de gran revelación poética, que en un frágil romance con la creación (quizás eso que percibe el cerebro si lo imaginamos como un sentido más, osaría decir una idea musical, pero a estas alturas no se si nadie sabe ya lo que es eso, o que debido a los relativistas nadie tiene valor de decirlo), dieron a luz a esta miniatura, que será parte de lo que vislumbro como una larga obra.

La primera obnubilación, de proveniencia muy cotidiana, me llevó a pensar como era el ser y la vida en el pasado. Si era mejor o peor, y en qué sentido. Una clásica divagación de ministro de bar, como dicen en mi pueblo, y así durante todo el trayecto de Manresa a Barcelona en Renfe. El trayecto en cuestión dura lo mismo ahora que en 1940, dicho y corroborado por múltiples personas mayores, de ahí la obnubilación. Además la misma línea cubría muchos más pueblos que ahora, cuyos habitantes adolescentes y otros no tanto, se han quedado totalmente aislados suspirando por una moto, una bicicleta o por un patinete en el peor de los casos. Curiosamente la bicicleta se ha puesto de moda en Barcelona por el motivo obnubilacionalmente inverso al de cualquier de los susodichos pueblos.

A esto le añado la segunda obnubilación , menos cotidiana y más histórica. Vamos del tren al tiempo de los carruajes. En los últimos dos años ha aparecido en la musicología un torbellino tan arrollador, que ha arrasado prácticamente con todo estudio anterior acerca del barroco y el clasicismo y me ha hecho preguntar si hasta hace poco, no ha sido esa parte de la musicología  a la música lo que la ornitología es al pájaro. Hablo del hallazgo de los sistemas compositivos de la ahora bautizada “Courtly Music” (1650-1820), o lo que comprendería más o menos el período que va entre Corelli hasta el primer Beethoven, para entendernos.

Gracias sobretodo a Robert Gjerdinguen y Giorgio Sanguinetti, ahora podemos saber fidedignamente que componer era (al menos  en su providencia ulterior), enlazar esquemas o sobreponerlos, a los que se les aplicaba las disminuciones que posteriormente desembocarían como entrando en un embudo, en las especies i los modi, dejando siempre espacio para la inagotable juventud e inmortalidad de la  imitatio. Me pareció muy acertado pues, pensar que en realidad todas las obras operando bajo ése influjo, serian como variaciones de una misma obra cuyo catálogo y posición de esos esquemas existirían en un supuesto “Schematicon”, como una obra flotante o una obnubilación musical, que cayó en desuso, olvido y desvanecimiento casi por completo al ser una tradición de enseñanza oral, desconocida por casi todos durante el s.XIX y hasta hace bien poco. Como dice Borges en El sueño de Coleridge , «Acaso un arquetipo no revelado aún a los hombres, un objeto eterno (para usar la nomenclatura de Whitehead) ingresando paulatinamente en el mundo». Y en esa admirable imaginación, que de tan preciosa tiene que ser  cierta; debo suponer que el Schematicon decidió ingresar en el mundo también a través de  mí.

E aquí mi tercera obnibulación: Si ahora estamos en el apasionante camino de encontrar las relaciones de ésa época entre esquemas, affetti , retórica, instrumentación y género, pensé; ¿porqué no usar eso trasladado a mi mundo y mi lenguaje? El músico de corte del XVIII era un músico práctico y es por lo tanto el “Schematicon” un arquetipo que funciona a la perfección dentro de un sistema temperado de 12 notas por octava de partición igual, y pensé: ¿porqué no con 24 o 48 o con la serie de harmónicos?. Así fue como confluyó este choque con mi mundo enfocado a una lutheria de nuevos instrumentos  para su uso microtonal al componer, choque que prometía apertura, la proliferación de relaciones y posibilidades sonoras casi infinitas, como una música sobre música, con cierta nostalgia pero insinuante, sugerida quizás también por el tren, pues hay que matizar que no todo deben ser obnubilaciones metafísicas como me gusta creer, cabe la posibilidad más tangible de que el hecho de viajar en el tren de espaldas a la dirección de éste, tuviera algo que ver, en esa posición que quedas viendo todo el paisaje nuevo alejándose de ti, en vez de venir hacia ti , como si existiera el futuro en forma de un pasado ya inasible…

Para terminar, un excurso: yo no conocería la palabra obnubilación, ni el arquetipo de no ser por mi amigo Manuel Rodeiro, quien en su libro (todavía no publicado) Dia triumfal,  una preciosa Pessoíada entre otras mil cosas, se ha convertido en su  templo más sagrado.

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