Con motivo de la conmemoración del inicio de la Guerra Civil española estos días, vamos a hablar de los represaliados, sobre todo de uno de los grupos de población más castigados durante la posguerra: las mujeres.

El 22 de agosto de 1939 se acordó el Pacto de No-Agresión germano-soviético y el 3 de septiembre cuando atacó Alemania a Polonia, estalló la Segunda Guerra Mundial y el nuevo Gobierno de Francisco Franco declaró la neutralidad de España. Este Gobierno (auto)denominado «de la Paz» fue reorganizado el 9 de agosto de 1939 y fue testigo de la inanición de muchos españoles durante los años de la posguerra -según diferentes fuentes, serían alrededor de 30.000 personas las que murieron de hambre aunque no descartan que fuesen aún más- y que se vio acrecentado por el racionamiento de los alimentos con las famosas cartillas pero desde el principio el Régimen intentó dar una sensación de normalidad restaurando la vida cotidiana y las diversas instituciones.

Hasta entonces las mujeres habían ganado una serie de derechos durante la II República que se abolieron al finalizar la guerra y se las delimitó a roles tradicionales en el ámbito del hogar, cuyas funciones principales fueron los quehaceres de la casa y el criar a sus hijos. Según diversos autores, uno de los peores períodos fue el que abarcó desde 1939 a 1945. Durante esta época, también en años posteriores, se les desposeyó de todas sus pertenencias a miles de personas del bando republicano y se realizó una purga que se basó en el encarcelamiento -con condenas de cadena perpetua o de treinta años de prisión, que vendría a ser similar- y/o el asesinato, sobre todo a través de la «saca» por las noches que acababa con los detenidos muertos en las cunetas. Una de las cárceles más conocidas fue la Prisión de Mujeres de Las Ventas en Madrid -que fue una institución que debía albergar a cientos de mujeres pero que en realidad retuvo a miles de ellas en las condiciones inhumanas en las que vivía hacinadas- y donde también se realizó dicha práctica nocturna y algunas de las víctimas más conocidas fueron las Trece Rosas, quienes fueron jóvenes con edades comprendidas entre los 18 y los 29 años que fueron torturadas y ejecutadas.

Por si esto fuera poco, además fueron sometidos a humillaciones públicas, que en el caso de las mujeres consistió, entre otras formas, en darles aceite de ricino para hacer de vientre mientras las paseaban por las calles; cortarles y raparles el pelo, lo cual fue una práctica común en los diferentes países europeos en guerra en aquellas décadas, y fue una manera de marcarlas para que todo el mundo supiera cuál era su vergüenza y su culpa-; y agresiones sexuales.

No bastaba con haber vencido al enemigo, había que hacerlo desaparecer con la exterminación -desaparición en miles de casos sobre todo por la «saca»- para someter al resto mediante la represión.

Además, las mujeres pasaron a depender completamente del hombre de la familia pero en el caso de estas mujeres, se encontraron con que sus padres, hermanos o maridos estaban muertos o encarcelados, por lo que su vida cotidiana fue aún más dura si cabe y en muchos casos ellas pasaron a ser la cabeza de familia debido a esta desestructuración familiar abrupta, con las connotaciones sociales que por aquel entonces conllevaba por haber tenido a los hombres de su linaje en el bando republicano. Esta nueva situación en muchas ocasiones desembocó en la necesidad de dejar a los hijos a cuidado de otros familiares o conocidos por no poder mantenerlos o que los niños tuvieran que ponerse a trabajar siendo todavía muy pequeños. Es destacable también el aumento de la prostitución -y por ende de las enfermedades venéreas- durante varias décadas, ya que bastantes mujeres no encontraron otra manera de obtener su sustento. Esto no pasó inadvertido para el Régimen que en 1941 creó una institución específica para aquellas que se ganaban así la vida: Prisiones Especiales para Mujeres Caídas.

Estas son solo algunos de los datos referentes a este tema tan duro y cruento de la historia de España, ya que se ha estudiado mucho sobre la Guerra Civil y la posguerra, sobre todo en las últimas décadas pero, aun así, todavía queda bastante por investigar y dar a conocer.

Irene Cueto

Irene (Valladolid) tiene el Grado Superior de Piano (Conservatorio Padre Antonio Soler), es diplomada en Magisterio Musical (Universidad Complutense de Madrid), licenciada en Historia y Ciencias de la Música (Universidad de La Rioja), Máster en Creación e Interpretación Musical (Universidad Rey Juan Carlos) y es doctoranda en Humanidades en la Universidad de La Rioja. Compagina la docencia con la investigación, la interpretación y la divulgación.

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