El programa número 18 de la OBC era a priori uno de los más interesantes de la temporada: significaba el debut en Barcelona del violinista Ray Chen y de la directora Simone Young, y además con una obra extraordinaria pero inusual como la Serenata de Bernstein. Es una lástima que el programa de mano no estuviera a la altura de la ocasión. El texto de Javier Pérez Senz no contenía más que información superficial sobre las obras, sin ofrecer claves para facilitar la comprensión de las mismas y potenciar su disfrute. No es de extrañar que el público no muestre mayor interés por ciertos repertorios si aquellos que deberían formarles y motivarles no hacen su trabajo.

El concierto empezó con una discreta interpretación de tres danzas españolas de Granados. Ya fuera por falta de afinidad de Young con la música de Granados, o quizás desgana hacia la cuota española del programa, el caso es que la interpretación se quedó en una simple lectura de la partitura, correcta pero sin personalidad, y con tempos excesivamente lentos que hacían irreconocible el carácter danzante de las obras. Tampoco ayudó la orquestación de Lamote de Grignon del original para piano, especialmente en la primera danza, Oriental. El delicado inicio, con la melodía confiada a la flauta y los arpegiados a las maderas, resultaba monótono y el uso exclusivo del registro medio-agudo, de gran efecto en el original para piano, trasladado a la orquesta sonaba plano, sin profundidad. La segunda sección de la danza era más prometedora, con las violas tomando el protagonismo. Sin embargo Young no consiguió la transparencia necesaria en las voces, con lo que el atractivo del fragmento se disolvió en una mezcla confusa de melodía, ritmo y armonía. Las excelentes intervenciones de los metales, especialmente en los solos de trompeta y trompa, fueron el único punto de interés en este primer bloque del programa.

Por suerte el resto del concierto fue muy diferente, con un repertorio en el que Young se siente cómoda y conoce en profundidad. Bajo su dirección, una enérgica y entregada OBC disfrutó e hizo disfrutar de la exuberancia melódica y rítmica -marca de la casa- del genial Bernstein. Aunque el gran protagonista de su Serenata es el violín solista, que glosa musicalmente los diversos discursos de El banquete de Platón. A pesar de este protagonismo, Bernstein evitó catalogar su obra como concierto para violín para desmarcarse de la rígida estructura que suelen tener estas obras. A nivel técnico, la partitura es de una gran dificultad, combinando una gran variedad de recursos violinísticos. Pero a diferencia de los conciertos más famosos, que condensan los pasajes de lucimiento en las -a veces artificiosas e innecesarias- cadencias, Bernstein los integra en el propio discurso de la obra, dotando al violín de una elocuencia comparable a la de los asistentes al banquete platónico. Para acabar de definir la estructura de las diversas disertaciones Bernstein recurre al ingenioso uso de la percusión -los otros grandes protagonistas de la obra-, que actúa de puntuación.

Ray Chen deslumbró con su interpretación, mostrando un sonido generoso y cálido. Su dominio técnico es asombroso, y le permitió abordar con seguridad y expresividad una obra que no da tregua al solista. Inició el primer movimiento -elogio a Eros de Fedro– con un fraseo cuidado y un vibrato amplio pero lento, que varió en velocidad y amplitud con total flexibilidad a lo largo de la obra para adecuarse a los diferentes interlocutores. La naturalidad de su fraseo se debe en buena medida a su control del arco, lo que le proporciona un legato sin fisuras y una sensación de ligereza en el sonido sin que ello signifique perder densidad. Su virtuosismo no está reñido con la musicalidad, como demostró en sus dos generosas propinas: el capricho número 21 de Paganini y el Finale de la sonata número 4 de Ysaÿe. Estas piezas, que en manos de la mayoría de violinistas se convierten en meros ejercicios de agilidad para impresionar a la concurrencia, revelaron todos sus virtudes en la versión que ofreció Chen.

En la segunda parte el virtuosismo se extendió a toda la plantilla de la OBC, con el concierto para orquesta de Bartók. Sobresalieron de nuevo los metales con brillantes intervenciones y Young dirigió con eficacia y precisión.


Domingo 2 de abril de 2017. L’Auditori, Barcelona.
Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC)
Simone Young, directora
Ray Chen, violín

Programa:
Enric Granados: Tres Danzas españolas (Oriental, Andaluza, Rondalla aragonesa). Orquestación de J. Lamote de Grignon
Leonard Bernstein: Serenade (sobre El banquete de Platón)
Béla Bartók: Concierto para orquesta.

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