El pasado 16 de abril, Jordi Savall presentó en l’Auditori un repertorio particular de estas fechas, la íntegra Pasión según San Mateo BWV 244 de J.S.Bach en su versión concierto.

Dentro de la obra de Bach, esta pasión se podría considerar una de sus piezas más conocidas. Para ponernos en situación, una pasión, y en concreto una pasión oratoria, es un género musical donde se musicalizan escritos de los evangelios relacionados con la pasión de Cristo y tiene una forma similar al oratorio barroco, es decir, con sus recitativos y arias acompañadas con bajo contínuo o grupo instrumental. Al mismo tiempo se intercalan con interludios instrumentales y coros. El recitativo lo realiza la voz del narrador, que se alterna con las voces de los distintos personajes que van apareciendo. La Pasión Según San Mateo está escrita para doble coro y orquesta, además de los solistas vocales e instrumentales. Para su interpretación, Savall reunió a La Capella Reial de Catalunya, VEUS-Cor Infantil Amics de la Unió y Le Concert des Nations. 

Las corales desempeñaron muy bien su papel en sus distintas intervenciones, destacando en números como el 54 O «Haupt voll Blut and Wunden«, 58d «Andern hat er geholfen» o el número final «Wir setzen uns mit Tränen nieder«, en ellos podían entrever emociones de compasión, ternura y dolor, con una interpretación de una gran intensidad interna o en ocasiones despótica y brutal como en las exhaltaciones de «Lass ihn kreuzigen» (Que lo crucifiquen).

Entre los solistas vocales destacaron el barítono Matthias Winckler en su papel de Jesús, profundo, y muy solemne, las sopranos Rachel Redmon, con un registro bastante amplio con carácter, vibrato trabajado y una proyección fluída y Marta Mathéu, con una voz llena de naturalidad y cuerpo. Florian Sievers (tenor) desempeñó un papel de Evangelista correcto, declamado y neutro. Sin embargo hubieron otros casos como el del tenor David Hernández, quién ejerció su papel de Testimonio II de forma estática y con poca profundidad y el contratenor David Sagastume (Testimonio I), que sorprendió bastante por su desafortunada interpretación con desajustes de afinación, fraseo y voz entrecortada, teniendo en cuenta el proclamado y defendido gran nivel de los músicos que habitualmente son dirigidos y colaboran con Savall.

Por parte de los instrumentistas solistas destacaron los solos de viola de gamba de Jordi Savall como el introductorio al aria «Geduld» (n.35) y el de la concertino solista de la segunda orquesta, Guadalupe del Moral, que realizó una interpretación historicista muy acorde con el estilo de la obra, arco ligero y articulación corta, precisa y dinámica. Por otra parte,  posiblemente por una poca preparación hubieron bastantes fallos en los vientos, que desestabilizaron el sonido general de las dos orquestas o la introducción/acompañamiento de alguna aria como «Sehet, Jesus hat die Hand».

Si bien la interpretación de Savall como solista de viola de gamba fue de gran calidad, su dirección resultó automática y rudimentaria, en la que prácticamente no daba indicaciones de carácter y matices referentes a la interpretación, dando lugar a una versión de la pasión bastante metronómica.

Haciendo un análisis general del concierto nos podríamos preguntar por qué hubieron fallos y desajustes que se podrían haber evitado en ensembles considerados de los mejores en el campo de la música antigua. ¿Quizás porque fue el primero de una gira de tres conciertos; Barcelona Versalles y París? ¿Es posible que el de Barcelona fuera un ensayo general?

Violinista y perseguidora de críticas constructivas, titulada con el Grado Superior de violín y el Máster de Interpretación Avanzada en la ESMUC (Barcelona) del mismo intrumento. Gran amante del arte contemporáneo y de la cultura inglesa y japonesa.

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