Conocimiento expropiado. Epistemología política en una democracia radical

Fernando Broncano

Akal

456 pps.

 

El último libro de Fernando Broncano, Conocimiento expropiado. Epistemología política en una democracia radical (2020) constituye un creativo y ambicioso compendio de epistemología política cuya virtud más sobresaliente quizá sea la de hacer de su estructura una sistemática y transparente síntesis de su orden de argumentación. Así, el libro queda estructurado en tres grandes partes: la primera sección, donde se establece una definición de conocimiento como agencia, según la cual el conocimiento es un logro que se realiza no por suerte sino por el ejercicio de las virtudes epistémicas del sujeto; la segunda en la que se analizan las injusticias epistémicas que frustran o sesgan el ejercicio de estas virtudes y la tercera y última en la que se hace un defensa decidida de la preeminencia epistémica de la democracia como modo de organización social.

 A pesar de que la definición del conocimiento que Broncano emplea en la primera sección ha nacido en los últimos años, el autor decide realizar una genealogía de la noción de conocimiento como proyecto de emancipación en la tradición filosófica de la modernidad, donde rastrea la idea del conocimiento como agencia en Descartes o Hegel. Esta primera parte, sin embargo, resulta ser la menos lograda del libro puesto que las exposiciones que Broncano realiza de Descartes, Schiller o Hegel, no consiguen conectar con la naturaleza necesariamente social del conocimiento desde la que se construyen los argumentos centrales del texto. Si bien es cierto que la propuesta de recuperar la idea moderna en virtud de la cual el conocimiento como agencia constituye un proyecto de emancipación se imbrica convincentemente con la defensa del conocimiento en una democracia radical, creo que la noción del conocimiento como un proceso social basado en la institución del testimonio es inconmensurable con las propuestas de la filosofía moderna y que, entre ambas épocas, se dan diferencias difíciles de salvar.

El paso de esta primera sección del libro a la segunda se realiza mediante un análisis de las determinaciones exteriores del conocimiento como ejercicio de las virtudes epistémicas del sujeto. Se muestran así las múltiples dependencias sociales que condicionan pero que también constituyen la capacidad individual de conocimiento del mundo. Estas dependencias son múltiples: semánticas, conceptuales, causales, epistémicas, técnicas…  Desde el audífono que una persona con pérdida de oído precisa para tener noticia auditiva del mundo que le rodea hasta las instrucciones que un operario ofrece sobre el funcionamiento de una máquina. El propósito de este capítulo que introduce la segunda sección del libro es compatibilizar la defensa del conocimiento como manifestación de la autonomía personal y la radical dependencia epistémica que lo constituye. En este proyecto de hacer compatible la autonomía con la dependencia epistémica la institución social del testimonio como relación social normativa, de la que se derivan un conjunto de normas y deberes, es fundamental. En este sentido, el origen del conocimiento deja de ser la experiencia directa de lo acontecido, o los hechos reducibles a contenidos observables, para convertirse en las palabras escuchadas de la boca de otra persona, que son revestidas de autoridad por cuanto otro las reconoce y acepta. Es precisamente en la medida en que el conocimiento constituye una empresa social cooperativa regulada por la institución del testimonio que existen fenómenos de distorsión epistémica que atentan contra el funcionamiento de la institución. En esos compases del libro parece bordearse la cuestión de si merecerían algún tipo de castigo determinados daños epistémicos o si debería de implantarse algún tipo de control para que estos no ocurrieran.

Son estos fenómenos los que, bajo el nombre de injusticias epistémicas, se analizan en la segunda sección del libro. Apunta Broncano que la estructura epistémica de una sociedad puede analizarse en dos niveles: uno epistémico o social, que refiere la función del conocimiento en la reproducción de la sociedad y otro normativo, que nos pemite enjuiciar cuándo se está produciendo una cierta distorsión epistémica o incluso una forma de injusticia propiamente epistémica. Habla Broncano de injusticias epistémicas no solamente por cuanto se ofrecen imágenes deformadas o viciadas de la realidad, sino porque la mentira daña la confianza en la institución del testimonio y atenta contra esta forma de construcción cooperativa del conocimiento. Resulta, en este contexto, especialmente significativa la reformulación que Broncano realiza del concepto de imaginario criticando las elaboraciones tradicionales que lo han considerado como exento de atributos epistémicos normativos por cuanto estaría más allá de la dicotomía de verdad/ficción o conocimiento /creencia, operando como una interfaz global en nuestra relación con el mundo. Sin embargo, en palabras del propio Broncano, es su “propiedad estructurante la que convierte a los imaginarios en la mediación cultural entre la posición social y la posición epistémicas y por ello en el mecanismo más poderoso de producción de injusticia epistémica” (Broncano 226).

En esta breve reseña no puedo dar cuenta de todas las propuestas interesantes del texto que, como señalaba, tiene el carácter expansivo de un compendio. La síntesis panorámica de los estudios de agnotología que Broncano ofrece en el último capítulo de la segunda sección es muy útil como introducción a esta corriente de estudio. La última de las secciones del texto constituye una defensa de la democracia radical como un modo de organización social cuya legitimidad no emana solamente de la mayor justicia de sus procedimientos de representación mayoritaria – a pesar de los múltiples y recurrentes errores a los que da lugar – sino que procede de su preeminencia epistémica frente a otros modos de organización epistocráticos. Apoyándose en el texto de Helen Landèmore, «Democratic Reason: Politics, Collective Intelligence, and the Rule of the Many», realiza Broncano una defensa de la democracia independiente de sus procedimientos, haciendo descansar su primacía en la eficiencia de las decisiones y soluciones tomadas según criterios democráticos. En este sentido, la agregación de las preferencias mayoritarias, la deliberación pública, la participación pública ciudadana y la asignación pública de autoridad epistémica constituirían todos ellas virtudes que sostienen la superioridad epistemológica de la democracia. Si el libro se iniciaba con una defensa de una concepción social del conocimiento, cuya institución reguladora es el testimonio y avanzaba a su segunda sección analizando las injusticias epistémicas que atentaban contra esta institución, minando la confianza que la fundamenta, se cierra con una defensa de la democracia como aquel modo de organización política que mejor protege  y mejor se sirve del conocimiento, articulando un espacio social que protegiera la institución del testimonio y que fundara sus decisiones en la cooperación cognitiva.

Donde el libro de Broncano resulta más potente e iluminador es en el análisis del carácter normativo de la institución del testimonio como fuente del conocimiento. De acuerdo con este análisis, la estructura de la institución del conocimiento se fundaría en el reconocimiento de la autoridad de la persona experta la cual a su vez se ve compelida a responder verdaderamente identificándose y responsabilizándose de la legitimidad que el otro le asigna. El carácter normativo de la institución hace que la persona experta goce del derecho a ser creída, así como la persona que hace la pregunta o busca el conocimiento tiene el derecho a la respuesta verdadera del experto. La rigurosidad y sistematicidad en la exposición de los argumentos no obstan para que Fernando Broncano consiga mostrar la relevancia social y política de esta reconsideración filosófica de la noción de conocimiento, conectándola con determinados problemas contemporáneas como los Panamá Papers o los conflictos sobre la redefinición de la noción de clase, aka, la supuesta trampa de la diversidad.  En definitiva, a pesar de las múltiples erratas que jalonan el texto, que, aunque no obstaculizan la comprensión en ocasiones llegan a introducir cierta ambigüedad, el libro constituye una inigualable contribución a la redefinición del concepto de conocimiento pero, también, un urgente alegato político en defensa (epistémica) de una democracia radical.

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