El otro día leí en este artículo que una empresa había abierto una línea de negocio consistente en cobrar por mandar spoilers a tus enemigos. Por el módico precio de un dólar te garantizan que desvelaran a tu némesis cualquier secreto y giro argumental de Juego de Tronos antes de que éstos ocurran. ¡Cruel castigo para aquellos que han osado interponerse en tu camino!

Por esas coincidencias de la vida, ese mismo día, tuve una conversación sobre una famosa serie de películas en la que uno de los contertulios nos mandó callar pues no había visto aún la última entrega de la saga. Sentí mi conversación arruinada por una persona con una falta de interés genuino por esa saga, ya que ha tenido varios meses para poder ver la última entrega.

A razón de estas dos anécdotas me planteé las causas del pánico a los spoilers. ¿Por qué desvelar ese giro argumental se ha vuelto tan pasional para algunas personas? A mis oídos han llegado anécdotas de verdaderas discusiones por desvelar pequeños giros de la trama en plan broma o de forma inconsciente.

La preocupación frente a los spoilers se debe a la voluntad de querer sentir esa oleada de emoción que nos inunda por dentro cuando se nos presenta algo sorprendente o inesperado. El odio por los spoilers es, en el fondo, un rechazo a la persona y/o medio que nos desvela ese importante giro argumental, impidiéndonos disfrutar plenamente de esa oleada de emoción momentánea.

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A pesar de poder entender esa preocupación, reflexionar sobre este tema me ha convertido en un defensor de los spoilers. Me parece sano promover el spoiler, sobre todo para salvar la producción artística y la cultura. El desvelado sistemático de tramas creo que nos beneficiaría en el ámbito económico, en el educativo y en el artístico.

A nivel de ingresos, las grandes productoras protegen con uñas y dientes el desarrollo de sus novelas, series o películas esperando que el público siga comprando sus productos para poder ir conociendo cómo se cierran los distintos hilos argumentales.

Este hecho que no debería ser malo en sí mismo (todos necesitamos pagar el alquiler y nuestras facturas), acaba siendo abusivo cuando las líneas argumentales principales se prolongan ad kalendas graecas y las secundarias no paran de abrirse. Como ejemplo paradigmático podemos poner la serie Lost, exprimida hasta la aridez de la sexta temporada.

En el ámbito educativo me parece que los spoilers pueden ayudarnos a aprender algo que nos favorecerá a lo largo de nuestras vidas: disfrutar tanto del proceso como del desenlace. Es una consecuencia de nuestra sociedad neoliberal la búsqueda de placeres intensos e inmediatos y, a la postre, con poco esfuerzo.

El hecho de ser incapaces de disfrutar el camino hasta llegar al clímax, perjudica gravemente nuestra felicidad. Según mi parecer, esto no sólo ocurre en series, películas u obras de teatro; también lo encontramos en las relaciones humanas o en la imagen que se nos vende del sexo.

En nuestra sociedad acabamos tratando a aquellos que nos rodean en la medida en que nos aportan algún placer, pero en seguida les desechamos cuando pasan por un mal momento y pasan de proporcionarnos satisfacción a pedirnos ayuda. Si nos acostumbramos a desvelar los finales de esa serie tan famosa, al final acabaremos aprendiendo a disfrutar de todo el proceso en ella involucrada y eso se extenderá a otros ámbitos de nuestra vida.

Finalmente está el beneficio artístico. Cualquier producto que, una vez conocida el final de su trama, no merezca la pena de ser visto, leído o escuchado; pone en serias dudas su valor artístico.  Existe inmensa cantidad de obras que siguen siendo consumidas a pesar de lo conocido de su desenlace.

Crónica de una muerte anunciada sigue siendo un libro muy interesante a pesar de saber que acabaran matando al protagonista. En Cinco horas con Mario, sabemos en todo momento que estamos hablando con un muerto. En Psycho, la escena del desnudo y asesinato en la ducha es reconocida incluso por personas que no han visto la película.

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Y luego entramos en los clásicos. ¿Por qué nadie se escandaliza si le desvelan el final de Hamlet, Macbeth o El Quijote? ¿Merecen los clásicos menos miramientos respecto a su trama? Encuentro estas evidencias suficientes para hacernos replantear nuestra postura frente a los spoilers.

Así pues, ahora que empieza el verano, aprovechen para leer, ir al cine, al teatro, a conciertos y no olviden spoilear a todo aquel que ose acercarse. Al principio les odiarán, pero piensen que así esas personas maduraran sus capacidades de análisis y empezarán a apreciar con mayor profundidad todo aquello que vean, lean o escuchen.

(Tarragona 1987). Licenciado en Ciencias Políticas (Universitat Autònoma de Barcelona, 2010) y máster en Investigación en Ciencias Políticas (Universitat Pompeu Fabra, 2012). Ha publicado artículos de investigación en diversos temas. Es miembro y redactor de la revista de actualidad política Finestra d’Oportunitat. Interesado en las relaciones entre videojuegos y política (naturalmente, entre otras cosas).

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