2021 ha llegado cargado de novedades editoriales y ha hecho aumentar considerablemente la lista de pendiente de muchos lectores. En mi caso, me he encontrado de golpe con mucho material analizable, ya que me interesa especialmente la novela escrita por mi generación, la nacida entre los ochenta y los noventa, conocida como generación millenial. Por razones obvias, estas novelas suelen ser autoreferenciales y suelen ser también novelas debut, puesto que no son pocos los escritores que empiezan a escribir entre los 25 y los 35 años. Entre sus características principales encontramos la precariedad laboral, la diferencia de clase, el descubrimiento y la reivindicación de la mirada femenina y la denuncia de la opresión social y de género. Varios hitos recientes sobrevuelan estas novelas como son la crisis económica de 2008, o el movimiento Me Too. Por supuesto, muchas de estas novelas son comparadas con uno de sus mayores éxitos editoriales, Sally Rooney. Más allá de los evidentes objetivos comerciales, personalmente considero que es útil que se genere una narrativa entorno a una suerte de nuevo género literario,  y que se ponga el foco sobre él, siempre y cuando se haga con interés en sumergirse más allá de su superficie y se sepa detectar las singularidades de cada autor.

Sin duda, Miranda Popkey es muy diferente de Sally Rooney y poco tiene que ver con esta más allá del interés por la intimidad femenina y la visibilización de las diferencias sociales que operan en la sociedad y condicionan las relaciones entre sujetos. Como veremos, Popkey se interesa principalmente por la naturaleza impuesta del deseo.

Temas de conversación que se vuelven trascendentes

Una de las cosas que más llaman la atención de la novela de Miranda Popkey es su particular estructura. Pronto nos damos cuenta de que la voz narrativa no tiene un especial interés en construir un relato cronológico clásico con una continuidad definida. Cada capítulo se sitúa en un lugar y en un momento concreto y el interés por lo fragmentario es tal que los capítulos llegan incluso a situarse diez años después del anterior sin que sea necesario contextualizar demasiado ese salto. De alguna manera similar a la triología de Rachel Cusk, la mayor parte del texto de Popkey parte de conversaciones que mantiene la protagonista que desencadenan una reacción en esta. Ya sea por el momento vital del personaje o por los pensamientos que las conversaciones hacen aflorar, toda conversación se vuelve de golpe trascendente, como si se tratara de una revelación, y a través de estos momentos es como conocemos al personaje protagonista. A partir de el diálogo interno que surge de esos encuentros conocemos sus inquietudes, su historia y aquello más la preocupa íntimamente. De esta manera, la mayoría de capítulos se construyen como un relato, similar a los nueve cuentos de Salinger. Un relato que tiene sentido por sí mismo y que refleja un instante concreto de la vida de un personaje que supone de algún modo un antes y un después en su vida. 

Aunque estos momentos en un principio parecen algo dispares poco a poco puede verse un denominador común en ellos que es, como ya he dicho antes, la reflexión entorno al deseo y la falta de este. Las mujeres que aparecen durante la novela, amigas, compañeras de trabajo, compañeras de universidad, madres o madres de amigas, se encuentran habitualmente enfadadas con la sociedad, odian a los demás y se odian a ellas mismas por sus actos. Se encuentran aburridas, han llegado a la vida adulta dándose cuenta de que esta no les satisface, no cumple sus expectativas o no encuentran que exista ninguna expectativa que valga la pena mantener y así se encuentra también la protagonista. 

Esta manera de estar en el mundo, sin preocuparse por los demás o incluso buscando hacerles daño, roza la sociopatía que vemos también en la novela de Alexandra Kleeman, otra novela reciente publicada también en Gatopardo ediciones, pero tiene siempre un trasfondo de incomodidad personal detrás. Hacer daño a las personas cercanas y de esta manera alejarlas de su vida, es la manera más fácil que encuentra la protagonista para hacerse daño a sí misma y romper con un pasado que cada vez se vuelve más difícil de gestionar. 

El lado oscuro del deseo 

La conclusión compartida de todas estas mujeres que habitan en la novela, es que no se sienten preparadas para gestionar su deseo, precisamente porque sienten que su deseo, el deseo femenino, no ha recibido la suficiente atención que necesitaba y siempre ha sido supeditado a los deseos de los demás, a los deseos de los hombres. El tipo de relaciones que se muestran en el relato habitualmente se basan en una desigualdad implícita de poder. Son relaciones con hombres mucho mayores que ellas, con profesores o con jefes. Relaciones que en un principio son vistas como deseables, sentirse deseadas por un hombre con más poder, con más conocimientos, más interesantes que ellas, es visto como algo cercano a un halago y desear estar con alguien que tiene tanto por darles y enseñarles parece una relación que merece la pena querer. Pronto descubren que no es así, que si aquellos hombres quieren estar con ellas es porque se sienten atraídos por el poder y el control que pueden ejercer sobre ellas, la capacidad que tienen de hacer que ellas se plieguen fácilmente a sus deseos y nunca se encuentran realmente en una situación horizontal en la que sean capaces de escucharlas y procurar su felicidad. 

Estas mujeres han descubierto que se habían dejado llevar por una inercia en la que hacían lo que se suponía que debían hacer, deseaban lo que debían desear y de esta manera abandonaban sus carreras profesionales para casarse con esos profesores de universidad que tanto habían hecho por ellas y los seguían a todas las ciudades a las que ellos debían acudir.

Curiosamente, más allá del movimiento Me Too en el que Popkey confiesa inspirarse, estos temas son de absoluta actualidad en casos como el del Institut del Teatre de Barcelona, la escuela más importante de teatro de Catalunya en la que recientemente se han destapado varios casos de profesores ilustres que se creían con el derecho a intentar seducir a una gran cantidad de alumnas y en algunos casos incluso conseguirlo mantener relaciones con ellas.

Algunos fragmentos de la novela me han impactado especialmente, como cuando se refiere a la llamada fantasía de la violación, en la que el deseo de dar el control de la situación al otro es tal que la simulación de sentirse forzada a tener sexo resulta excitante. Popkey reflexiona alrededor de esta idea considerando que el problema viene de que durante mucho tiempo se ha dado por hecho que las mujeres no desean tener sexo y se las ha educado en esa falsa suposición. La fantasía de la violación vendría a ser la forma de evitar la vergüenza de confesar el propio deseo frente al otro, un deseo que a menudo ha sido negado. 

Popkey también considera que la educación sexual a menudo se ha dirigido solo hacia aquello que uno debe evitar; los lugares que debe evitar o las conductas que debe evitar para así mantenerse segura. Esto llega a tal punto que si no se enseña a reclamar el deseo uno acaba por pensar que para reclamarlo debe hacerse todo aquello que se supone que no se debe hacer para así atraer a los hombres, con a menudo trágicas consecuencias. 

Popkey alerta en su novela de esos puntos de no retorno en la inercia, en ese dejarse llevar y es por eso que la maternidad no deseada y la maternidad después del divorcio, tienen también un lugar importante en la novela, en que hay después de la catástrofe, en si puede ser demasiado tarde o no para que esas mujeres insatisfechas puedan rehacer su vida. 

La voz narrativa de Popkey es particular, a veces me ha parecido algo impostada o pedante, incluso torpe, se toma su tiempo y en algún momento parece que da vueltas en círculos y no saber a donde quiere dirigirse pero también es visceral y en algunos momentos muy lúcida, es también por esto que me recuerda a Salinger, al fin y al cabo es uno de los referentes principales que sobrevuelan muchas narrativas contemporáneas. Aunque imperfecta, la profundidad del discurso que subyace durante la novela me ha dejado un buen sabor de boca y creo que puede ocupar un lugar importante en mi estantería, espero que también en la vuestra. 

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