Los olvidados. Ficción de un proletariado reaccionario

Antonio Gómez Villar

Bellaterra Edicions (2022)

256 pgs.

 

Los olvidados. Ficción de un proletariado reaccionario es el último libro de Antonio Gómez Villar publicado por Bellaterra. Una buena forma de exponer sintéticamente su tesis principal puede consistir en un análisis de su título. ¿Quiénes son los olvidados? ¿Cuál es el referente que se esconde bajo este sintagma? Los olvidados serían aquella clase social blanca trabajadora que ha resultado perdedora en el proceso de globalización y que se constituye políticamente en torno al resentimiento contra las diversas identidades sociales minoritarias que han surgido desde la experiencia de mayo del 68. Históricamente protegida y asociada en sindicatos y representada por los partidos socialistas y obreros, mira con rabia que la clase obrera y la preocupación por las condiciones materiales de existencia hayan sido condenadas al ostracismo por los partidos de izquierda, en beneficio de demandas identitarias y simbólicas. Los olvidados serían, por tanto, aquel sujeto político que se estructura en torno a las abandonadas demandas de redistribución de la riqueza y protección social y que se cohesiona frente a las diversidades identidades culturales, raciales y de género como clase obrera. ¿Cuál sería la ficción sociológica? Esta clase constituiría una ficción por dos razones: I. carece de un fundamento sociológico objetivo que dote de contenido a esta categoría analítica y II. carece de fundamento subjetivo, en tanto que los olvidados no tienen consciencia de la clase a la que pertenecen siendo el objetivo político iluminar dicha realidad subyacente. Como señala el propio autor, «es un absoluto sin sentido atribuir el concepto “clase” a un colectivo que carece de conciencia de clase o que no actúa conforme a sus patrones de pensamiento» (pg. 186). El título es capaz de condensar con sagaz ingenio crítico los contenidos y anticipa la potencia del libro a la hora de hacer un análisis exhaustivo y pormenorizado de los conflictos entre diversidad y clase obrera que han articulado uno de los ejes fundamentales de la política contemporánea al menos desde el ascenso de Donald Trump al poder.

 

Desde una perspectiva teórica cercana al marxismo humanista de E. P. Thompson y al populismo de izquierda de Chantal Mouffe y Ernesto Laclau, Antonio Gómez Villar se propone desactivar aquella ficción según la cual la clase obrera se alinearía en contra de algunas de las demandas emancipatorias más potentes de nuestro tiempo, al considerarlas como reivindicaciones propias de una «izquierda woke» o «caviar» que ha alineado sus objetivos ideológicos con las dinámicas culturales del neoliberalismo hasta el punto de mimetizarse con ellas. Este propósito crítico se articula en tres ejes: I. cuestionamiento de la categoría de posmodernidad como categoría ideológica y afirmación de su carácter histórico o descriptivo, II. análisis de la historicidad del concepto político de clase obrera, desde su origen en la sociedad industrial con el marxismo, hasta su disolución en mayo del 68 y crítica del esencialismo con que se reivindica su retorno y III. rehabilitación de las demandas identitarias como proyectos de emancipación. A lo largo del libro y recorriendo estos ejes se tejen otros argumentos fundamentales: que la dicotomía esencialista entre demandas materiales y demandas simbólicas conlleva también la oposición entre clase obrera y luchas por la diversidad, en la medida en que aquellas únicamente defenderían políticas de redistribución y estas solamente políticas de reconocimiento o que la Internacional Reaccionaria incurre en un fetichismo sociológico apelando a la unidad de la clase obrera como si  la mención de dicha clase propiciara y conjurara la asociación de los obreros del mundo, como si la arenga del manifiesto comunista —¡proletarios del mundo, uníos!— hubiera congregado a los trabajadores por la sencilla razón de que los obreros ocupaban una posición objetiva en el sistema de producción. Como el propio autor señala «no existen leyes inmanentes del desarrollo histórico ni causas transcendentes» (pg. 186). Que quienes no detentan la propiedad de los medios de producción constituyeran una clase unida con potencial emancipatorio desde mediados del siglo XIX hasta la década de los 60 no fue producto de su posición objetiva en el sistema de producción capitalista sino «resultado de haber obtenido la capacidad de conquistar una hegemonía política» (pg. 184).  Que a día de hoy no constituyan una clase hegemónica —sino que retornen fantasmal y nostálgicamente al modo de una idealizada identidad perdida— no es índice del fin de la explotación capitalista, ni señal de la utopía de la sociedad sin clases, tampoco es producto de la emergencia de los feminismos, el poscolonialismo y las luchas por la diversidad sexual y de género y su olvido de lo material, sino resultado de que la identidad de clase obrera ya ha sido cooptada por el capitalismo en el proceso que, después de la segunda Guerra Mundial, mejoró sus condiciones de vida pero reordenó su estructura en torno al consumo y el deseo de ascenso social.

 

 Junto con otros libros recientemente como El efecto clase media de Emmanuel Chamorro o El capitalismo de hoy, la incertidumbre de mañana, Los olvidados constituye una contribución fundamental para orientarse en el movedizo campo político del presente y articular un programa emancipatorio que renuncie a ninguna de las luchas y colectivos que han conseguido los últimos avances en derechos de nuestro tiempo. Late en el libro un enigma que quizá el autor deseaba dejar abierto: ¿puede la clase obrera articular los movimientos emancipatorios del presente o es una identidad que ha de ser definitivamente abandonada, no solo por haberse construido en torno a ella la ficción de un proletariado reaccionario, sino también porque ha perdido su potencial hegemónico?

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