Sobre inmersiones digitales: Into Worlds. The craft of blurring boundaries en el Berliner Festspiele

Sobre inmersiones digitales: Into Worlds. The craft of blurring boundaries en el Berliner Festspiele

Richard Sennett inauguró las jornadas sobre inmersión -digital, laboral, y vital-, tituladas Into Worlds[1]. Tenía grandes expectativas en su charla, no porque me haya leído The Craftman (2008) que era el libro a partir del cual hablaría, ni porque conozca muchísimo su trabajo, sino porque él fue uno de los dos sociólogos que primero leí cuando inicié mi tesis doctoral acerca de la experiencia del tiempo en el contexto digital. Ahora que estoy en el final del proceso, me parecía un cierre bonito: oírlo en directo. Y no me defraudó. La pasión con la que contó su relación táctil con el chelo, las resistencias del instrumento, la experiencia que calificó de “auténtica” con él, y la forma en que lo comparó con otras formas de la háptica, actuales, más relacionadas con los entornos digitales en las que se produce, dijo, cierta desmaterialización del tacto, del tocar, me parecieron reveladoras. Pero sobretodo me gustó su tono, la cadencia pausada con la que habla, la facilidad con la que transmitió ideas complejas de forma sencilla y casi poética. Me pareció un acierto traerlo a él, y un privilegio tener la oportunidad de estar allí.

Otra de las actividades sobre las que tenía gran curiosidad era la mesa The New Infinity, que forma parte de un ciclo con el mismo título -de 3 años, iniciado en 2016y que en estas jornadas versaba sobre producciones fulldome, ese formato de proyección inmersiva basada en películas panorámicas en 360º dentro de una estructuras domo[2]. Me pareció interesante, aunque no fuera exactamente nuevo, el proyecto Hyperform, en el que la inmersión se inicia con geometrías simples que evolucionan hacia la abstracción, en un intento de superar nuestras capacidades de percepción, en un trabajo reflexivo en torno a la hiper-realidad, que no es realidad aumentada, sino hiperdimensionada, siguiendo modelos matemáticos complejos[3]. También la presentación por parte de uno de sus creadores, Brook Cronin, de la herramienta de mapping pensada para artistas, de código abierto, omnidome, me hizo pensar en la necesaria dinámica colaborativa y de intercambio permanente que requiere nuestro mundo inmersivo interconectado. En la misma mesa, el artista Benjamin Muzzin mostró, por último, algunos de sus proyectos, deteniéndose en Les Lendemains d’Hier, un proyecto del que sólo pudimos ver su versión bidimensional proyectada, pero en el que resultaba inquietante el juego con la geometrización del cuerpo en el entorno 360º. Como suele ocurrir en estos eventos, el tiempo para cada uno fue insuficiente para poder ahondar como merecían sus respectivos proyectos. Pero sí lograron transmitir el entusiasmo y la enorme dedicación que implican estas propuestas, hecho que yo entendí como una alusión indirecta a la otra forma de inmersión desde la cual también partían las jornadas: la que se refiere a la “regla de las 10.000 horas” (10.000-hours rule) según la cual ése es el tiempo requerido para devenir un experto en la materia/experiencia que sea. Bajo mi punto de vista, esta regla olvida la necesidad de pensar más en la calidad del tiempo, dejándose llevar por la tendencia tan propia del capitalismo de cuantificar por encima de cualificar, y que, cuando se habla en términos de inmersión, tiene más que ver con la intensidad espacio-temporal.

Andreas Reckwitz, en otra de las ponencias clave, analizó lo que denominó “sociedad de singularidades” (Gesellschaft der Singularitäten), como una lógica contrapuesta a la estandarización social propia de la sociedad de la era industrial, y que es reacción de la misma. Su discurso partía de nuestra presencia en las redes, donde detecta una tendencia a generar paisajes-identidades únicas y originales que nos singularizan, en respuesta al exceso de producción de bienes culturales inmateriales, dice, que caracteriza lo que denominó como la era post-material. Se refirió acertadamente a las artes como el tipo de prácticas donde más evidente se hace la singularización, y aunque habló también de la competición por la visibilidad en todos los ámbitos más allá de las artes, me pareció interesante la reivinidicación que hizo de la urgencia de acción individual, porque desplazaría una pasividad que venía dándose de forma preocupante, y nos resituaría hoy como sujetos activos.

Las jornadas se cerraron con reflexiones entorno a la inmersión como un surgimiento de experiencias para escapar de la realidad y sobrepasar las capacidades del cuerpo, por parte de la profesora de estudios de cultura de medios Robin Curtis; Barbara Gronau, como experta en Historia del Teatro, se refirió a la inmersión como una forma de participación, comparando las experiencias inmersivas actuales con las pretensiones de la obra total wagneriana (Gesamtkunstwerk), en la que, dijo, se borraban las fronteras entre la mente, la acción y el deseo. De las contradicciones de la inmersión habló brevemente Thomas Krüger, con un recorrido más político que teórico, y al que pareció que muchxs de lxs asistentes esperaban oir. Pero la intervención final que llamó más mi atención fue la del profesor y dramaturgo austríaco Georg Döcker, quien empezó analizando los cambios que se producen entre el teatro tradicional y el teatro inmersivo, poniendo como caso de estudio la pieza Haptic Field  de Chris Salter + TeZ. Ésta le sirvió para pensar en la libertad de acción y en como se reconfiguran los espacios y las formas de experimentarlos. De entre sus reflexiones me interesó especialmente la comparación que realizó de estas experiencias con el anarquismo, aludiendo al cuestionamiento de ciertas barreras entre lo propio y lo ajeno, ya reivindicadas por los movimientos libertarios.

El interés personal que tenía en estas jornadas guardaba relación con la reflexión en torno a la experiencia temporal en el contexto inmersivo, y en este sentido la comparación realizada por Georg Döcker redundó sobre un tipo de experiencia temporal que pienso que no ha sido suficientemente analizada en la era de la digitalización, como es la de la simultaneización de acciones y percepciones – a veces entendida como multi-tasking por la sociología-, en la que a menudo se cuestiona la jerarquización de los estímulos a través de formas de acercamiento interactivas –e inmersivas- que demandan acción colectiva, y que podrían llegar a cuestionar ciertos privilegios, integrando a todo ser humano a través de una contribución con altos grados de libertad.

[1] Organizadas en el contexto del Berliner Festspiele, y llevadas a cabo en el Gropius Bau de Berlín, los días 19, 20 y 21 de este mes de enero.

[2] Mesa presentada por Marie-Kristin Meier, antigua curadora e investigadora asociada al ZKM, y actual coordinadora del programa “Inmersión” del Berliner Fiestpiele.

[3] Presentado por Louis-Philippe St-Arnault, director del programa de inmersión de la Societé des Arts Technologiques (Montréal, Canada), que mostró también la dinámica del SAT, además de otros de los proyectos en los que trabaja la institución canadiense.

Cruïlla 2017…¡cuenta atrás!

Cruïlla 2017…¡cuenta atrás!

En siete semanas, más de 21.000 personas tendrán la ocasión de asistir a la octava edición del festival Cruïlla, que se celebrará los días 7, 8 y 9 de julio.

Como en las ediciones anteriores, el festival se caracteriza por la variedad musical y multicultural, con propuestas que llegan de los continentes europeo, americano y africano, y con una numerosa presencia de música del territorio español. La apuesta por cabezas de cartel como Jamiroquai, Los Fabulosos Cadillacs, The Prodigy o Pet Shop Boys es una buena noticia para todos los nacidos en los ochenta que pasaron parte de sus adolescencias escuchándolos.

Es también una buena noticia para aquellos que quedaron fascinados por la puesta en escena en 2016 de los carismáticos Seeed, contar este año con Dellé, su vocalista, que actuará en solitario.

La prolífica feminista Ani DiFranco, la barcelonesa Luthea Salom y la multicultural Jain son las únicas representantes de género femenino solistas. Del continente africano, actuará el emblemático senegalés Youssou Ndour, los surafricanos Die Antwoord, y desde Mali, Toumani Diabaté, Sidiki Diabaté i Fatoumata Diawara acompañando al francés –M-.

Se verán también los directos de Enric Montefusco, Carlos Sadness, Neuman, Ryan Adams, o el esperado Benjamin Clementine, entre otros varios artistas.

Repiten Residente, Toundra con el niño de Elche con su propuesta Exquirla, y Txarango.

La novedad de este año: las ediciones de los Cruïlla Primavera y Otoño. Propuestas que dan continuidad, tras ocho años, a una de las citas más esperadas del verano barcelonés.

 

¿Qué ocurriría si viviéramos 150 años? Exposición ‘+ Humanos. El futuro de nuestra especie’ en el CCCB

¿Qué ocurriría si viviéramos 150 años? Exposición ‘+ Humanos. El futuro de nuestra especie’ en el CCCB

Foto: ©CCCB, 2015

Cuando en marzo de 2011 conocí a Neil Harbisson quedé absolutamente fascinada. Fue en una exposición conjunta con Mariano Zuzunaga en la Galería Esther Montoriol. Harbisson había nacido con acromatopsia, una anomalía que le impide ver los colores, muy rara en las estadísticas de población, pero que él supo transformar en una potencialidad de sí mismo tras implantarse una antena cibernética que le permite oírlos. A partir de 2004, se convirtió en el primer ciborg reconocido legalmente en el Reino Unido -y en el mundo-, y su extensión cibernética le permite hoy reconocer -por memorización- más de 600 colores y/o tonalidades, y hasta infrarrojos y ultravioletas que no pueden ser percibidos por la mayoría de humanos. Harbisson es actualmente un artista reconocido y ha logrado cambiar su condición de acromatopsia, a una nueva que él mismo denomina sonocromatismo.

En la Cyborg Foundation hablan ya de una cyborg generation cuya voluntad es extender sus sentidos y su percepción del mundo mediante la implantación de tecnología de última generación que colabora con el ‘perecedero’ y ‘limitado’ cuerpo humano. Así que el debate está servido; tecnofílicos y tecnofóbicos -junto a otras posiciones intermedias- se cuestionan hasta dónde podemos y/o queremos llegar con el uso de la tecnología, si realmente hay marcha atrás en este proceso, y cuál es, en definitiva, el futuro de nuestra especie. Y de estas cuestiones es de las que pretende hablar la exposición inaugurada el pasado 7 de octubre (que se podrá visitar hasta el 10 de abril del año próximo) en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, bajo el título +Humanos. El futuro de nuestra especie.

La exposición es una coproducción entre el CCCB y la Science Gallery del Trinity College de Dublín, donde ya se expuso en 2011, y está comisariada por la artista Cathrine Kramer, que ha contado con el asesoramiento de un equipo de ocho investigadores. El display cuenta con una cincuentena de piezas, entre obras de diferentes artistas y propuestas pioneras de investigación, que ponen sobre la mesa algunas de las cuestiones más discutidas acerca de nuestro devenir como especie. Y lo hace exponiendo y cuestionando conceptos como los de inteligencia artificial, realidad aumentada, biología sintética, transhumanismo, nanotecnología o grinding, entre muchos otros. El recorrido pasa, así, por cuatro áreas que abordan las preguntas más esenciales que alimentan el debate y me dispongo a hacer un ‘top four’ tras visitarla un par de veces, el cual no pretende convencer a nadie, sino crear un posible recorrido por la exposición.

El primer ámbito, Capacidades aumentadas, aborda la conciencia sobre las limitaciones físicas y psíquicas del ser humano, y la relación establecida con ciertas herramientas -también en sentido metafórico- que contribuyen a incrementar y a alterar nuestras capacidades. De este ámbito, que es el más extenso, me quedo con la única pieza que se aleja de las nociones de prótesis, extensión, y tecnología en general: una selección de la serie Under the Influence del artista pluridisciplinar Bryan Lewis Sanders, quien lleva más de veinte años auto-retratándose a diario, y durante un periodo se investigó a sí mismo bajo los efectos de diversas sustancias psicotrópicas y tóxicas, como lo hizo en su momento Huxley en The Doors of Perception. El resultado es una atrayente colección de dibujos realizados en diversas técnicas que hablan de la percepción de uno mismo, de la influencia de las emociones, y de una forma de expansión de los sentidos que compartimos con muchos animales.

Del segundo ámbito, Encontrarse con otros, donde aparecen expuestas algunas de las formas a través de las cuales la tecnología influye e influirá en nuestra relación con los otros seres humanos, querría destacar La máquina de ser otro creación de To be Another Lab, y producto de una larga investigación acerca de la empatía, que a través de un dispositivo de virtualidad que te sitúa en la mirada y el posicionamiento de otra persona, logra generar una reflexión sobre la propia identidad.

En el tecer espacio, Diseñando el entorno, dedicado a la relación que establecemos con el contexto, el ecosistema y con la manipulación que hacemos de él, escojo la propuesta de Arne Hendricks: The Incredible Shrinking Man, en la que el artista, de un metro noventa de altura, propone un nuevo modelo de decrecimiento humano, donde en lugar de ser cada vez más altos y robustos, tendamos a reducirnos hasta unos 50 cm, para distribuir mejor los recursos, y como modelo de supervivencia de nuestra especie, en definitiva. La propuesta se concreta en una pequeña sala en la que hay recopilados diversos estudios, suyos y ajenos, que dan apoyo a su tesis, y en definitiva, me parece una buena manera de cuestionar nuestros modelos de consumo actuales.

Finalmente, en La vida en los límites, se cuestionan las difusas fronteras de lo que entendemos por vida, y se desdibujan las definiciones de fertilidad, nacimiento o muerte. Me quedo con la propuesta When we all live to 150 de Jaemin Paik en la que explora las consecuencias del alargamiento de la vida imaginando como sería la eventual convivencia de hasta seis generaciones de una misma familia.

Como en casi cualquier exposición, hay piezas y propuestas muy potentes, y otras que lo son menos. Quizás una crítica que se podría hacer al conjunto expositivo es que hay un contraste fuerte entre aquellas piezas con las que el visitante puede relacionarse directamente (por interacción o por comprensión más o menos inmediata), y aquellas que solo son inteligibles leyendo la cartela que las acompaña. Me refiero a piezas cuya idea es probablemente muy sugerente, pero aun no han encontrado una buena forma de mostrarlo. Como ha ocurrido tantas veces con el arte conceptual, pero agravado porque la exposición habla de futuros posibles; de conceptos, fenómenos y procesos que quizás han de venir, y que en definitiva nos cuesta visualizar.

A pesar de todo, la exposición aborda un ámbito que creo que despierta interés en la mayoría de nosotros, y aunque es cierto que puede ser crucificada, me inclino por recomendarla y descubrir esas especulaciones sobre lo que seremos, que al final nos cuentan tanto de lo que somos ahora; y si no, preguntémosle a Neil Harbisson.