Cruïlla 2017…¡cuenta atrás!

Cruïlla 2017…¡cuenta atrás!

En siete semanas, más de 21.000 personas tendrán la ocasión de asistir a la octava edición del festival Cruïlla, que se celebrará los días 7, 8 y 9 de julio.

Como en las ediciones anteriores, el festival se caracteriza por la variedad musical y multicultural, con propuestas que llegan de los continentes europeo, americano y africano, y con una numerosa presencia de música del territorio español. La apuesta por cabezas de cartel como Jamiroquai, Los Fabulosos Cadillacs, The Prodigy o Pet Shop Boys es una buena noticia para todos los nacidos en los ochenta que pasaron parte de sus adolescencias escuchándolos.

Es también una buena noticia para aquellos que quedaron fascinados por la puesta en escena en 2016 de los carismáticos Seeed, contar este año con Dellé, su vocalista, que actuará en solitario.

La prolífica feminista Ani DiFranco, la barcelonesa Luthea Salom y la multicultural Jain son las únicas representantes de género femenino solistas. Del continente africano, actuará el emblemático senegalés Youssou Ndour, los surafricanos Die Antwoord, y desde Mali, Toumani Diabaté, Sidiki Diabaté i Fatoumata Diawara acompañando al francés –M-.

Se verán también los directos de Enric Montefusco, Carlos Sadness, Neuman, Ryan Adams, o el esperado Benjamin Clementine, entre otros varios artistas.

Repiten Residente, Toundra con el niño de Elche con su propuesta Exquirla, y Txarango.

La novedad de este año: las ediciones de los Cruïlla Primavera y Otoño. Propuestas que dan continuidad, tras ocho años, a una de las citas más esperadas del verano barcelonés.

 

¿Qué ocurriría si viviéramos 150 años? Exposición ‘+ Humanos. El futuro de nuestra especie’ en el CCCB

¿Qué ocurriría si viviéramos 150 años? Exposición ‘+ Humanos. El futuro de nuestra especie’ en el CCCB

Foto: ©CCCB, 2015

Cuando en marzo de 2011 conocí a Neil Harbisson quedé absolutamente fascinada. Fue en una exposición conjunta con Mariano Zuzunaga en la Galería Esther Montoriol. Harbisson había nacido con acromatopsia, una anomalía que le impide ver los colores, muy rara en las estadísticas de población, pero que él supo transformar en una potencialidad de sí mismo tras implantarse una antena cibernética que le permite oírlos. A partir de 2004, se convirtió en el primer ciborg reconocido legalmente en el Reino Unido -y en el mundo-, y su extensión cibernética le permite hoy reconocer -por memorización- más de 600 colores y/o tonalidades, y hasta infrarrojos y ultravioletas que no pueden ser percibidos por la mayoría de humanos. Harbisson es actualmente un artista reconocido y ha logrado cambiar su condición de acromatopsia, a una nueva que él mismo denomina sonocromatismo.

En la Cyborg Foundation hablan ya de una cyborg generation cuya voluntad es extender sus sentidos y su percepción del mundo mediante la implantación de tecnología de última generación que colabora con el ‘perecedero’ y ‘limitado’ cuerpo humano. Así que el debate está servido; tecnofílicos y tecnofóbicos -junto a otras posiciones intermedias- se cuestionan hasta dónde podemos y/o queremos llegar con el uso de la tecnología, si realmente hay marcha atrás en este proceso, y cuál es, en definitiva, el futuro de nuestra especie. Y de estas cuestiones es de las que pretende hablar la exposición inaugurada el pasado 7 de octubre (que se podrá visitar hasta el 10 de abril del año próximo) en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, bajo el título +Humanos. El futuro de nuestra especie.

La exposición es una coproducción entre el CCCB y la Science Gallery del Trinity College de Dublín, donde ya se expuso en 2011, y está comisariada por la artista Cathrine Kramer, que ha contado con el asesoramiento de un equipo de ocho investigadores. El display cuenta con una cincuentena de piezas, entre obras de diferentes artistas y propuestas pioneras de investigación, que ponen sobre la mesa algunas de las cuestiones más discutidas acerca de nuestro devenir como especie. Y lo hace exponiendo y cuestionando conceptos como los de inteligencia artificial, realidad aumentada, biología sintética, transhumanismo, nanotecnología o grinding, entre muchos otros. El recorrido pasa, así, por cuatro áreas que abordan las preguntas más esenciales que alimentan el debate y me dispongo a hacer un ‘top four’ tras visitarla un par de veces, el cual no pretende convencer a nadie, sino crear un posible recorrido por la exposición.

El primer ámbito, Capacidades aumentadas, aborda la conciencia sobre las limitaciones físicas y psíquicas del ser humano, y la relación establecida con ciertas herramientas -también en sentido metafórico- que contribuyen a incrementar y a alterar nuestras capacidades. De este ámbito, que es el más extenso, me quedo con la única pieza que se aleja de las nociones de prótesis, extensión, y tecnología en general: una selección de la serie Under the Influence del artista pluridisciplinar Bryan Lewis Sanders, quien lleva más de veinte años auto-retratándose a diario, y durante un periodo se investigó a sí mismo bajo los efectos de diversas sustancias psicotrópicas y tóxicas, como lo hizo en su momento Huxley en The Doors of Perception. El resultado es una atrayente colección de dibujos realizados en diversas técnicas que hablan de la percepción de uno mismo, de la influencia de las emociones, y de una forma de expansión de los sentidos que compartimos con muchos animales.

Del segundo ámbito, Encontrarse con otros, donde aparecen expuestas algunas de las formas a través de las cuales la tecnología influye e influirá en nuestra relación con los otros seres humanos, querría destacar La máquina de ser otro creación de To be Another Lab, y producto de una larga investigación acerca de la empatía, que a través de un dispositivo de virtualidad que te sitúa en la mirada y el posicionamiento de otra persona, logra generar una reflexión sobre la propia identidad.

En el tecer espacio, Diseñando el entorno, dedicado a la relación que establecemos con el contexto, el ecosistema y con la manipulación que hacemos de él, escojo la propuesta de Arne Hendricks: The Incredible Shrinking Man, en la que el artista, de un metro noventa de altura, propone un nuevo modelo de decrecimiento humano, donde en lugar de ser cada vez más altos y robustos, tendamos a reducirnos hasta unos 50 cm, para distribuir mejor los recursos, y como modelo de supervivencia de nuestra especie, en definitiva. La propuesta se concreta en una pequeña sala en la que hay recopilados diversos estudios, suyos y ajenos, que dan apoyo a su tesis, y en definitiva, me parece una buena manera de cuestionar nuestros modelos de consumo actuales.

Finalmente, en La vida en los límites, se cuestionan las difusas fronteras de lo que entendemos por vida, y se desdibujan las definiciones de fertilidad, nacimiento o muerte. Me quedo con la propuesta When we all live to 150 de Jaemin Paik en la que explora las consecuencias del alargamiento de la vida imaginando como sería la eventual convivencia de hasta seis generaciones de una misma familia.

Como en casi cualquier exposición, hay piezas y propuestas muy potentes, y otras que lo son menos. Quizás una crítica que se podría hacer al conjunto expositivo es que hay un contraste fuerte entre aquellas piezas con las que el visitante puede relacionarse directamente (por interacción o por comprensión más o menos inmediata), y aquellas que solo son inteligibles leyendo la cartela que las acompaña. Me refiero a piezas cuya idea es probablemente muy sugerente, pero aun no han encontrado una buena forma de mostrarlo. Como ha ocurrido tantas veces con el arte conceptual, pero agravado porque la exposición habla de futuros posibles; de conceptos, fenómenos y procesos que quizás han de venir, y que en definitiva nos cuesta visualizar.

A pesar de todo, la exposición aborda un ámbito que creo que despierta interés en la mayoría de nosotros, y aunque es cierto que puede ser crucificada, me inclino por recomendarla y descubrir esas especulaciones sobre lo que seremos, que al final nos cuentan tanto de lo que somos ahora; y si no, preguntémosle a Neil Harbisson.