Lo mejor del Comic-Con: Día 1 y 2

Lo mejor del Comic-Con: Día 1 y 2

Este fin de semana tuvo lugar una de los mayores convenciones del mundo: el Comic Con International San Diego. Bien es conocido su carácter “friki” por los numerosos concursos de cosplay que tienen lugar pero también por las miles de conferencias que diseccionan los universos del cómic y de los videojuegos. Aun así, se convierte en un destino para curiosos y amantes del entretenimiento.

Durante cuatro días, el Comic-Con es un gran centro de atención para el gran público, ya que se presentan las últimas novedades en el mundo del cómic y los videojuegos, y los grandes estudios de cine y TV presentan un avance de las películas y series que tienen en reserva para los próximos meses.

Detallar lo que ocurrió cada día daría para muchas páginas, así que nos centraremos en lo más destacado que se presentó en cine y TV y lo haremos en dos partes.

DÍA 1

Comic-Con arrancó a lo grande y con dos series que cuentan con una enorme legión de fans a sus espaldas: “Sherlock” y “Dr. Who”. Si hay una cualidad que distingue a los Sherlockians del resto de fans es su eterna paciencia. “Sherlock” es esa serie que ofrece perlas de tres episodios cada 2 ó 3 años, un método eficaz que hace que la serie no canse, mantenga al público en expectativa y se adapte a la apretada agenda de sus protagonistas. Su creador, Steven Moffat, viajó desde Londres con su esposa y productora de la serie, Sue Vertue, y el actor Rupert Graves, que encarna al paciente Inspector Lestrade, para contar poco sobre el especial de Navidad. Basado en la historia corta de Doyle, “El carbunclo azul”, y ambientado en la era victoriana, Moffat considera este episodio como un claro reflejo de que la serie es muy diferente a los libros. En el medio escrito, los personajes femeninos apenas hablan a no ser que sean relevantes para la historia (véase Irene Adler), mientras que en la serie, ellas están al mismo nivel que los personajes masculinos. Cabe recordar que el amado personaje de Molly Hooper es una pura invención de Moffat y su co-guionista Mark Gatiss. Antes de marcharse, Moffat reveló que aún no había empezado a escribir la cuarta temporada, cuyo estreno se espera en 2017, pero que promete una devastación emocional entre el público, mostró un pequeño avance del episodio, una foto de Holmes & Watson y regaló al público un vídeo saludo de Benedict Cumberbatch (Sherlock Holmes), Andrew Scott (James Moriarty) y Mark Gatiss (Mycroft Holmes) que tuvieron que quedarse en Londres por compromisos laborales.

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En los paneles sobre cine, cabe destacar “Los Juegos del Hambre: Sinsajo – Parte 2” que marca el final de la franquicia protagonizada por Jennifer Lawrence, Liam Hemsworth y Josh Hutchenson, cuyo estreno se espera a finales de año, y del que se presentó un tráiler que aún no ha visto la luz en Internet. El primer día de la convención se cerró con la noticia de que Ben Affleck está en conversaciones para dirigir, co-escribir y protagonizar una película de Batman después de finalizar la producción de “Live By Night”, que dirigirá en noviembre. Además, Halle Berry durante el panel de su serie “Extant” manifestó su ilusión de protagonizar una película exclusivamente dedicada a Tormenta, el personaje que interpretó en la saga X-Men.

DÍA 2

Fue definitivamente el día de “La Guerra de las Galaxias” en San Diego. Capitaneado por su director, J.J Abrams, el equipo de la reinventada saga hizo su presencia en el abarrotado Salón H para presentar “The Force Awakens”. No se mostraron imágenes de la película, ni se adelantó nada de su argumento, pero sí hubo un pequeño vídeo entre bambalinas con el cual el público pudo comprobar la magnitud y el duende de esta producción, cuyo estreno se espera el próximo 18 de diciembre.

VÍDEO: https://www.youtube.com/watch?v=CTNJ51ghzdY

Hubo reencuentro entre Luke Skywalker, la princesa Leia y Han Solo, y el siempre simpático y amable Abrams invitó a todos los asistentes a un concierto de la San Diego Symphony Orchestra dedicado a la banda sonora de la película.

Carrie Fisher, from left, Mark Hamill, and Harrison Ford attend Lucasfilm's "Star Wars: The Force Awakens" panel on day 2 of Comic-Con International on Friday, July 10, 2015, in San Diego, Calif. (Photo by Richard Shotwell/Invision/AP)

Carrie Fisher, from left, Mark Hamill, and Harrison Ford attend Lucasfilm’s «Star Wars: The Force Awakens» panel on day 2 of Comic-Con International on Friday, July 10, 2015, in San Diego, Calif. (Photo by Richard Shotwell/Invision/AP)

En los paneles de TV, los grandes protagonistas fueron el elenco de “The Walking Dead” y “Juego de Tronos”. Como viene siendo la tónica, ningún spoiler sobre la sexta temporada pero en este caso, hay una poderosa razón. Los actores aún no han recibido ningún guión de la nueva temporada y están tan a la expectativa como nosotros. Lo que sí hubo fue mucha discusión sobre el sorprendente final de temporada y mucha especulación sobre qué pasará (¿está Jon Snow vivo o muerto?), que despertó muchas risas y buen ambiente entre el público.

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¿Queréis saber qué ocurrió en el día 3 y 4? Permaneced atentos.

Olga Parera Bosch

 

 

Genio con contrastes

Genio con contrastes

Noche muy calurosa del sábado 4 de julio, día de la Independencia en los Estados Unidos, y un hijo pródigo de ese país se dispone a exhibir su arte ante el público expectante del Festival Jardins de Pedralbes. Un público que compró hasta la última entrada después de casi cinco años de espera y en el que claramente se distinguen dos franjas de edad: los jóvenes que vivieron el auge de Dylan en los 60-70 y los nacidos en los ochenta que fueron introducidos a su bella música por sus progenitores.

Con puntualidad más bien británica, Bob Dylan abre el concierto con “Things Have Changed”, banda sonora de la película “Wonder Boys” (2000) y por la que ganó un Oscar. Es claramente una declaración de intenciones, un aviso a los presentes, porque a lo largo de todo el concierto, el cantante se ciñe a presentar (muy brevemente) las canciones de su último trabajo “Shadows in the Night” y a cantar temas de la última década. Las cosas han cambiado, como dice la canción, y los grandes éxitos del pasado, como “Mr. Tambourine Man” o “Knockin’ on Heaven’s Door”, son eso, parte del pasado, que solo se entrevé (y casi de forma irreconocible) con “Blowing in the Wind” en los bises. Dylan ya no toca la guitarra, alterna su voz con la harmónica y el piano para transmitir diversos géneros musicales: jazz con “Duquesne Whistle” o “Spirit on the Water”, blues con “Early Roman Kings”, su particular homenaje a Sinatra con “Full Moon and Empty Arms” o “Autumn Leaves” y una bella oscuridad con “Pay in Blood” o “Love Sick”.

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Cantando delante de tres micrófonos y acompañado de cinco músicos impecables, el cantante de Duluth está estático, solo se pasea cuando se dirige hacia el piano o da alguna indicación a sus músicos, frío, distante, casi en piloto automático. Ni saluda ni se despide, se dirige al público una sola vez con un “We’ll be right back” (Enseguida volvemos) para anunciar un intermedio inesperado de veinte minutos que sorprende a los presentes y que acaba con el inicio del segundo acto antes de tiempo, sin esperar que todo el mundo regrese a sus localidades. El aplauso del público entregado es prácticamente ignorado por el artista que casi entrelaza las canciones sin pausas. Queda claro que está aquí para hacer su trabajo y que la magia de su voz y sus canciones ya hablan por sí solas.

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Bien es conocido el aura de misterio y misticismo que Dylan rezuma y su aversión a ser el centro de atención obliga a los presentes a abstenerse de hacerle fotos o filmar la actuación y cada persona que se salta la advertencia es “regañada” con un punto de luz por parte de los voluntarios del festival. Advertencia insulsa e innecesaria que queda completamente ignorada en los bises cuando la platea se acerca a pie de escenario para grabarle, hacerle fotos y vitorearle sin cesar. Es en ese punto cuando el cantante parece más animado y algo más cercano con su público.

Con 74 años y su voz rasgada en plena forma, Bob Dylan ofrece una noche de contrastes entre los presentes. Una noche dulce para los apasionados seguidores del exclusivo Dylan y un poco amarga para los que esperaban nostalgia y grandes éxitos y para lo que no tuvieron mucha paciencia y se marcharon después del entreacto al ver que la segunda parte seguía la misma tónica.

Por Olga Parera Bosch

Red Light Jazz

Red Light Jazz

Por norma general, no suelo recomendar a quienes me preguntan qué ver en Amsterdam que paseen por el barrio rojo, pues con toda probabilidad acabarán bañados de la cerveza que ingentes masas de beodos ingleses en despedida de soltero blanden por los canales más tórridos de la ciudad. Pero este fin de semana las cosas cambian, y es que entre vitrinas y «coffee shops» se ha instalado la segunda edición del Red Light Jazz, un festival anual de jazz que pretende acercar a todos un estilo musical menos comercial, por asociarse con esos apátridas que yacen postrados sobre taburetes de cuero raído, colilla en una mano y bourbon en la otra, entre humo de tabaco negro y rubias platino venidas a menos, en locales sin cartel de calles olvidadas. Nada más lejos de la realidad. Este festival viene a demostrar todo lo contrario: bares y cafés que otrora pasan desapercibidos entre las ventanas de luces rojas invitan a pasar con un enorme cartel en la puerta que reza un New York – Amsterdam, sentando las bases de lo que va a ser un fin de semana en el que podremos saltar de club en club, escuchando la música que nos gusta, como si nos hallásemos en el mismo corazón de Harlem.

La agenda es variada, y será difícil que podamos asistir a todos los conciertos. Que cada uno elija los suyos… Dejo, a modo de guía, cómo pasamos la tarde del sábado, y cómo ésta se convirtió en noche.

Lo primero que uno debe notar es que se encuentra en Amsterdam. ¿Qué quiere decir eso? Que hay que beber. Por algún motivo u otro, los holandeses no conciben la vida sin cerveza, y cuando digo la vida me refiero a todos y cada uno de sus momentos (algunos incluso tienen una pequeña nevera en el baño). Por lo tanto, tenemos que ponernos a tono antes de empezar, y con qué mejor que una IPA, una Zatte o una Zink de la Brouweij’t IJ, la cervecería-molino más reputada de Amsterdam.

  1. Fra Fra Sound (Cotton Club ­– 7pm)

El Cotton Club es uno de los dos locales musicales del Nieuwmarkt que ayer por la tarde albergaba al Fra Fra Sound, un grupo de raíces surinamesas, fundado a finales de los años setenta por un unos adolescentes que se reunía para pasar el rato en Bijlmer, y que con el paso de los años ha ganado fama mundial, manteniéndose siempre sobre sus raíces, en una mezcla de música negra, tonos caribeños y kaseko, y que ha ido sumando ritmos de varias culturas a medida que la banda ha viajado por el mundo. Los protagonistas son un saxo tenor, un trompeta y un bajo, acompañados de piano, batería y unas notas desgarradas en una guitarra por un abuelo caribeño, y a los que en momentos dados se añaden instrumentos de corte africano y mesoamericano, como el palo de lluvia.

FraFraSound

Fra Fra Sound

Al poco de empezar a tocar, todos los asistentes nos fuimos animando, y más de uno se puso a bailar, con más o menos acierto, hasta la hora del descanso, en la que nosotros aprovechamos para cambiar de tema.

  1. Biggles Big Band (Café Casablanca ­– 8pm)

La calle Zeedijk es la arteria principal del Red Light Jazz. Al margen del festival, la calle está repleta de bares minúsculos donde la gente se aprieta para beber, hablar y escuchar música, y que, con su llegada, han abierto puertas y ventanas para que la música se difunda por la calle llamando la atención como si se tratase de un anzuelo.

La Biggles Big Band tiene, como dice su nombre, el formato de big band, pero su repertorio es más completo. Empezaron la tarde con parte del álbum Atomic Basie, en homenaje a Count Basie, interpretando After Supper, Doble-O y Teddy the Toad, para pasar después a arreglos que el trombonista del grupo había hecho sobre temas popularizados por las big bands en los años 30 y 40 del siglo pasado (Don’t sit under the apple tree y Bésame mucho).

  1. Un cena con acompañamiento (9pm)

Después de cerca de hora y media de música y cerveza, sin nada más que comer que unos cacahuetes pasados, era un buen momento de sentarse a la mesa tranquilo y… bah, a quién vamos a engañar. Quién querría sentarse en una mesa aburrida con toda la vida que había en la calle. Compramos un kebab grasiento (en lo que puede ser uno de los peores sitios en los que he entrado) y nos sentamos en una acera a escuchar una banda improvisada de cuatro abuelos holandeses que se habían montado un escenario callejero en la Zeedijk sin temor a motos y bicis que pasaban a ras. Saxo alto, trompeta, contrabajo y banjo. Nos interpretaron varios temas popularizados por Glenn Miller (A string of pearls e In the mood son algunos de los que pude reconocer), sobre los que el saxo y la trompeta fueron improvisando, acompaños por el banjo y el contrabajo al fondo.

  1. Trio Thijs Cuppen (Bethany’s Jazz Club ­– 22pm)

Los tres grupos que habíamos escuchado por el momento eran, por decirlo de algún modo, más cercanos. Con la caída de la noche empezaba ese jazz que todos tenemos en la cabeza, el jazz del trío de músicos bohemios a los que les importa más bien poco que al público les guste la música o no.

Thijs Cuppen es un pianista holandés con bastante reputación en su país (lo podríamos comparar con un Lluís Coloma en el nuestro), que se ha montado un trío con batería y contrabajo. Las composiciones son propias de Cuppen, y vienen aderezadas con las cabriolas de Philippe Lemm a la batería, en la que llegó a usar 7 tipos distintos de varillas, las uñas de las manos y los zapatos para crear distintos tipos de sonidos que se iban concatenando con las graves notas de un contrabajo en primer plano.

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Thijs Cuppen Trio

El Bethnay’s, en una de las calles accesorias el Nieuwmarkt y justo enfrente de siete vitrinas rojas, es un sótano de techos volteados e iluminado únicamente con velas. Muy apropiado para las melodías íntimas de Cuppen, experimentales, podríamos decir, y que recuerdan un poco a Philip Glass en lo minimalista (al principio), pero que se distinguen de éste a medida que avanzan, pues se van desarrollando poco a poco hasta acabar en un tema distinto al inicial.

  1. Andreas Kühne Trio (Skek ­– 23pm)

Para acabar el día, volvimos a la Zeedijk, donde un grupo ecléctico ocupaba una esquina del Skek. Ecléctico porque el trío está formado por el austríaco Andreas Kühne al contrabajo, un teclista italiano y un batería holandés. Pero es que además, ayer por la noche se les unió un saxofonista de Dallas, Texas, que alternó saxofón y flauta travesera durante los cerca de 60 minutos en los que el grupo fue improvisando varios temas sobre una partitura simple, protagonizados por cada uno de los instrumentos, de entre los que destacó el texano por saberse amoldar a la voluptuosidad del grupo de jóvenes (sabiéndolos, a su vez, guiar ya con el saxofón o con la flauta).

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Andreas Kühne Trio

En total casi cinco horas de música en directo, en las que pudimos disfrutar de distintos estilos: un resumen del jazz de los últimos 60 años, podría decirse.

Por Albert Fernández Chafer

Orquesta da Camera, Alexander Janiczek, Marta Argerich y Mireia Farrès en el Palau de la Música de Barcelona

Orquesta da Camera, Alexander Janiczek, Marta Argerich y Mireia Farrès en el Palau de la Música de Barcelona

 © Photo: Susesch Bayat / DG

La Orquestra da Camera es la demostración de la calidad musical de nuestro país y la formación solida de las nuevas generaciones musicales, como tuvimos ocasión de presenciar el pasado 6 de mayo en el Palau de la Música de Barcelona. La conjunción en la biografía artística de estos músicos de la música de cámara y el repertorio sinfónico, hacen de esta orquesta un instrumento compacto y de sonido uniforme.

Estar acompañados de los solistas Alexander Janiczek, Marta Argerich y un talento tan estelar de nuestro país como Mireia Farrés hicieron la velada inolvidable.

Uno de los elementos que más llamó la atención fue la disposición de la orquesta.

Para la primera pieza tocaron de izquierda a derecha violines I/ violines II/ cellos

/ violas. Cuando la práctica habitual en este tipo de repertorio, que se viene observando en los últimos años, es poner a los violines enfrentados de manera que la disposición de la orquesta sea: violines I/ violas/ cellos/ violines II.

Para la segunda pieza conservan esta misma disposición, pero por la idiosincrasia de la orquesta de rotar solistas, las violas deciden intercambiar los atriles interiores por los exteriores. Siguiendo el patrón moderno de colocación de orquesta (aunque los cellos pueden intercambiar su posición con las violas).

Para sorpresa de todos, en la última pieza utilizan la disposición violines I/ violas/ cellos/ violines II (la que hubiera sido más lógica para interpretar la pieza de Bach) con la madera en su disposición normal y los metales repartidos a los lados (trompas a la izquierda y trompetas a la derecha), lo que desde mi punto de vista funcionaba a nivel de balance a la perfección. No tan acertada fue la posición de los timbales en el lado derecho del escenario, interpretados quizá con una baqueta demasiado dura en la mayoría de las intervenciones que no favorecía al empaque general del grupo instrumental (seguramente por las condiciones de visibilidad y espacio del escenario.

A pesar de todos los cambios de disposición en la cuerda de la orquesta, no se notaron diferencias a nivel sonoro. En todas las disposiciones se escuchó una cuerda de arcos sólida, empastada y con unidad de criterio.

El concierto para violín de Bach BWV 104 demostró la soltura de Alexander Janiczek que interpretó el primer movimiento sin forzar la articulación, de una manera sencilla y orgánica y un gran empaste con la orquesta.

El segundo movimiento sorprendió por el vibrato en las notas largas, utilizado con gusto y de una forma nada pretenciosa.

Y por último el tercer movimiento, fue interpretado con un tempo natural, una articulación definida, una ornamentación perfectamente ejecutada.

El concierto para piano, trompeta y cuerdas num.1 op. 35 interpretado por Martha Argerich y Mireia Farrés, destacó por la naturalidad escénica de ambas solistas.

Los que somos músicos estamos acostumbrados a que nos enseñen a permanecer inertes y en algunas ocasiones hasta inexpresivos corporalmente en el momento del concierto, alegando que esto distrae al público. Se agradecían las sonrisas y gestos de ambas que no sólo no molestaban al espectador, sino que ayudaban a la escucha. Así mismo ambas solistas dirigían a la orquesta de una manera segura en los ataques y los cambios de tempo y velocidad.

Martha demostró un dominio absoluto de la articulación, el fraseo y el contraste dinámico. Y Mireia se presentó con su sonido dulce y rico en colores.

Quizá por las condiciones de la sala el primer movimiento quedó poco balanceado a nivel de unidad dinámica y se echaban de menos las respuestas de la orquesta, que quedaban veladas por las intervenciones enérgicas de Martha.

El segundo movimiento se desarrolló con un bonito fraseo de la orquesta que parecía multiplicarse en volumen de instrumentistas en los pasajes más intensos dinámica mente, siempre sin forzar el sonido. La pianista se mostró emocionante y temperamental.

El cuarto movimiento brilló por su unidad rítmica y precisión en cambios de tempo. Un buen juego entre la orquesta y las solistas, siempre con humor. Brillante y nunca estridente, donde Martha demostró un gusto genuino en cuanto a la tímbrica.

El broche ideal para la velada fue la Sinfonía num. 4 en Si b Mayor, op. 60 de Beethoven, sin duda la obra maestra de este programa.

Asombra la forma en que sin director, la orquesta atacó la primera nota, absolutamente compacta. Los ataques siguieron la misma dinámica el resto de la pieza.

La sección de maderas estableció un diálogo fantástico caracterizado por una flauta solista brillante y con gran rango dinámico, un oboe dulce, un clarinete que asombraba con su expresividad y un fagotista perfecto en la ejecución y el fraseo, a pesar de lo difícil de este papel en concreto que eleva al fagot en importancia melódica al resto de la sección de maderas.

Del mismo modo, la sección de metales no brillaba por encima de las maderas y se integraban y empastaban de una forma asombrosa.

Pocas veces se puede escuchar una cuerda tan compacta como la de esta orquesta, en especial la sección de cellos, con un timbre absolutamente genuino, que establecía unos diálogos asombrosos en timbre en la alternancia cuerda/viento. Los pizzicatos de igual manera fueron ejecutados con una limpieza y precisión extraordinarios.

Cabe destacar la belleza de los pasajes fugados en el tercer movimiento y las tensiones armónicas y crescendos bien creados.

Finalmente, a pesar de la vertiginosa velocidad del cuarto movimiento, la orquesta nunca dejó de sonar compacta y los contrastes dinámicos, siempre en su justa medida, no sonaban en ningún momento agresivos.

Programa

  1. Concierto para violín en La m BWV 1041 J. S. Bach

– Sin indicación de tempo

– Andante

– Allego Assai

  1. Concierto para piano, trompeta y orquesta de cuerdas nº1 en Do m- D. Shostakovich

– Allegro moderato

– Lento

– Moderato

– Allegro con brio

3. Sinfonía nº 4 en Si b M op. 60- L. van Beethoven

– Adagio- Allegro Vivace

– Adagio

– Allegro Vivace

– Allegro ma non troppo

Por Helena Garreta Suárez

El Gringolts Quartet en Barcelona

Foto tomada de aquí

l pasado 16 de abril tuvimos la oportunidad de escuchar al Gringolts Quartet en la sala 2 del Auditori de Barcelona (véase el programa más abajo). El Gringolts Quartet es el resultado de la conjunción de cuatro músicos excelentes con una biografía artística muy rica y diversificada. Los cuatro han hecho carrera como solistas, en el ámbito de la música de cámara y dentro de la orquesta sinfónica.

A pesar de ello, y debido al rol que cada uno desempeña dentro de dicha agrupación, podemos vislumbrar en qué campo encuentran sus aptitudes más marcadas.

En el caso de Ilya Gringolts, queda patente su carrera como solista y quizá este sea uno de los motivos por los cuales dicho cuarteto lleve su nombre. Pareciera en ocasiones que es un virtuoso acompañado de un grupo de cámara. Aun así, ha sabido escoger bien a sus compañeros y el hecho de interpretar la voz de violín I no hace desagradable su interpretación destacada en relación al grupo.

En contraposición tenemos a Anahit Kurtikyan, cuya experiencia orquestal liderando sección de violines II en la Zurich Opera Orchestra, hacen de ella un componente maleable tanto en sonido, fraseo y timbre, y sorprende su capacidad de adaptabilidad y reacción inmediata a la eventualidad musical.

La violista Silvia Simionescu apasiona por su sonido dulce y con un carácter muy definido a nivel interpretativo; y parece por su comportamiento en relación al grupo, ser el componente más acostumbrado y que sabe entender a la perfección lo que es ser un músico de cámara en el sentido más amplio del término.

Por último el violoncellista Claudius Herrmann, desempeña un papel quizá algo más tímido en sonido pero correcto e  impecable en la ejecución.

¿Qué puede decirse de Jonathan Brown y Arnau Tomás? El sonido personal y rico en timbres de ambos denotan una vida consagrada a la música de cámara con uno de los mejores cuartetos del mundo. Su intervención en la última pieza hacen de la pareja de violas algo espectacular. La sección de cellos por el contrario parecía no haber pactado  una coherencia completa a nivel de balance. Aún así, la adaptabilidad de Arnau Tomás llevó a buen término el desarrollo de la pieza.

El Cuarteto en Fa Mayor de Maurice Ravel es un claro ejemplo de la formación académica del compositor en estructura y tratamiento de la temática de una manera escolástica. Pero siempre sin renunciar a unas melodías cargadas de sensibilidad.

El primer movimiento brilla por sus texturas bien conseguidas y la melodía que siempre destaca en relación a las voces internas empastadas que logran sonar como un solo instrumento. En cuanto al fraseo del violín I se agradece la capacidad de ligar sin portar, que encaja perfectamente con el estilo.

Cita el programa de concierto»l’ Scherzo, d’ inequívoca inspiració espanyola». Desde mi punto de vista no queda clara esta relación. Podría relacionarse con el palo de fandango, pero el reparto de acentos y el patrón métrico no coinciden con dicha estructura.

Limitándonos al concierto, lo más agradable de este movimiento fue la decisión de los músicos de interpretar los pizzicati sull tasto, indicación que no aparece en la partitura pero es de una inteligencia sublime a nivel de color, fraseo, timbre, dinámica y textura.

El violín I siempre se mantuvo en un primer plano, con un vibrato muy expresivo. La viola explota el color y una delicadeza muy personal y el cello siempre claro y elegante.

En general la precisión rítmica es lo fundamental de este movimiento, característica que los Gringolts logran de una forma natural.

El tercer movimiento, quizá el más narrativo de los tres, llama la atención por su creación de atmósferas y su mayor utilización del vibrato que encaja con el estilo. Especial mención a C. Herrmann que cierra este capítulo de una forma exquisita.

El cuarto movimiento es un broche perfecto en esta pieza magistral con remembranzas al primer movimiento donde la precisión rítmica, la articulación precisa, el buen uso de las texturas y los accellerandos siempre progresivos en velocidad y dinámica, dejan patente el estilo de Ravel que conforma un puzzle lleno de piezas cuya única finalidad es encajar unas con otras (recordemos su obsesión por los juguetes de engranajes).

Sobre la interpretación del Cuarteto op. 20 nº 5 de Haydn es de admirar la fantástica comunicación entre los dos violinistas del cuarteto. A pesar de que el I. Gringolts tiene un sonido incisivo y en ocasiones poco articulado (para este estilo y sólo en el registro agudo). La asombrosa maleabilidad de A. Kurtikyan jugando con las contramelodías y la perfecta proporción dinámica, convierten a esta pareja en algo sublime.

Asimismo, las pausas y respiraciones entre motivos temáticos están fantásticamente conseguidas.

Para cerrar el concierto interpretan junto a J. Brown y A. Tomàs el Souvenir de Florence op.70 de Tchaikovsky.

En general I. Gringolts continúa en su línea de voz principal con un vibrato quizá demasiado explotado y con presencia; A. Kurtikyan pendiente de todo y reaccionando ante cualquier eventualidad; la pareja de violas, aunque con su sonido diferenciado y propio, forman un equipo sólido y preciso y como ya se mencionó al principio la pareja de cellos quizá tenga una línea de bajo demasiado presente aunque impecable musicalmente interpretada por A. Tomás, mientras que C. Herrmann es preciso y con un sonido elegante aunque en ocasiones demasiado tímido.

Cabe valorar la velocidad y dinámica proporcionadas durante toda la obra. Los períodos corales muy bien logrados de empaste en el segundo movimiento. Preciosos finales de empaste y color en los finales de sección y en los intercambios de voces instrumentales. Y finalmente en el último movimiento el color étnico del comienzo interpretado por I. Gringolts, la articulación de la línea de bajo y la intervención de J. Brown.

Programa

  1. Cuarteto en Fa M- M. Ravel

– Allegro Moderato

– Assez Vif, tres rythmé

– Très Lent

– Vif et Agité

  1. Cuarteto nº 5 en Fa m op. 20

– Allegro Moderato

– Menuetto

– Adagio

– Finale. Fugue a due Soggetti

  1. Souvenir de Florence op. 70

– Allegro con Spirito

– Adagio Cantabile e con moto

– Allegreto Moderato

– Allegro con brio e Vivace

Por Helena Garreta Suárez