Crónicas desde el Keroxen (II)

Crónicas desde el Keroxen (II)

20/10/2016

El segundo y último fin de semana del Keroxen empezaba el jueves con el post-rock de We Were Heading North. Con una puntualidad que es de agradecer, y que tan pocas veces se ve por estas tierras, desplegaron sus paisajes sonoros y sus temas instrumentales con un gran gusto por las texturas y el contraste entre la calma y la tormenta. Todo un descubrimiento.

Seguidamente, Miniatura desde Gran Canaria nos ofreció un concierto que se podría definir como elegante. Como si Placebo se hubieran dedicado a experimentar con la electrónica, sus canciones tienen ese aire new wave británico que le da a todas sus composiciones un aire de melancolía sin exageraciones.

Después, Noiseed, una de las sorpresas de la noche. Pese a que llevan ya algunos años recorriendo los escenarios de las islas, tal vez muchos los descubrimos ese día. Como si Nine Inch Nails chocaran contra lo mejor del post-punk, la mezcla entre voz y bases produjeron un concierto realmente intenso.

Brutalizzed Kids ya no necesitan presentación. Como viene siendo habitual, para el Keroxen se ponen su traje más industrial y nos ofrecieron canciones de sus primeros discos, en los cuales las bases electrónicas estaban mucho más presentes que en sus últimas canciones. Ya han conquistado al público antes de empezar a tocar.

Ya en clave más clubber, Jorganes nos ofreció un concierto cargado de hipnotismo. Electrónica sutil y juegos de luces envolventes, su concierto hizo mover a todo el público como si de los mejores clubes europeos se tratara.

Para finalizar la noche, Resonance nos presentó su nuevo disco Light Continuum, cargado de fuerza y compromiso. Las nuevas composiciones tienen un aire épico que engancha a cualquiera que las escuche. En su campo, gracias al trabajo de mucho tiempo, también tiene al público entregado desde la primera nota.

21/10/2016

La jornada del viernes empezó con Holograma, un dúo andaluz haciendo una mezcla entre electrónica y rock, la cual fue muy bienvenida entre el poco público que, por el momento, había. Pese a ello, nos ofrecieron un conjunto canciones originales y llenas de experimentación.

Como si de un planeta extraterrestre hubieran llegado, Bala ofrecieron uno de los conciertos más salvajes de todo el festival. Stoner rock descargado por dos chicas gallegas que, por momentos, sonaba a Black Sabbath, y por otros a Black Cobra. Una de las sorpresas del festival.

Ocellot desde Barcelona pusieron la diversión en la jornada. Su pop electrónico hizo bailar a toda la sala, ya llena hasta reventar. Su apuesta por la fusión y los ritmos bailables triunfó entre un público que se quedó con ganas de más.

Schwarz volvieron a las islas para triunfar. Su propuesta ha evolucionado desde la última vez que nos visitaron. Su rock minimal, preñado de electrónica y sutileza se juntaba a veces con momentos de noise sostenido. Siguen creciendo.

Eric Copeland, miembro de los grupos Black Dice y Terrestial Tones, venía con el añadido de haber colaborado con los conocidos Animal Collective. Electrónica ruidista y bailable, conjugó los beats hardcore con la voz como instrumento adicional. La electrónica puesta al servicio de la experimentación punk.

 

22/10/2016

El último día del festival, ya que este año las fechas se han concentrado en dos fines de semana, comenzó con El fenómeno de Taganana y Sonidero Lastone. Estos dos selectores empezaron a calentar la tarde con vinilos de música tropical, cumbia vieja, mambos, coplas, etc. Perfecto para prepararse para el resto del día.

Grita es definido en la página del festival como centrado en la «cumbia clásica, en los sonidos folklóricos, la champea, el porro y el palenque». Más allá de etiquetas, nos ofreció un concierto en el que los distintos estilos y maneras citadas se fusionaron de una forma realmente sorprendente.

Ya con las visuales de Lasal en marcha, las cuales acompañarían a los grupos durante el resto de la tarde, Chico Trópico ofrecieron uno de los conciertos más divertidos del festival. Con una puesta en escena entre el chamanismo y dadá, se movieron entre la psicodelia latinoamericana y los nuevos sonidos tropicales. Si a eso le suman el espíritu de los antiguos pobladores de Canarias, sólo se puede esperar que el publico se quede con ganas de más.

Los siquicos litoraleños fueron una de las sorpresas del día. Como si la cumbia se hubiera vuelto electrónica, hicieron bailar a la gente durante todo el concierto. Una de las mejores muestras de que la cumbia y los sonidos tropicales empiezan a ser un nuevo centro de gravedad de la música más experimental.

Porest pusieron el contrapunto frío y racional a las dos propuestas que tocaron antes y después de ellos. Eletrónica cerebral, fría por momentos. La dark-wave hecha a base de texturas y ritmos minimal. Un concierto para ver más que para bailar.

Con Meridian Brothers como broche final para el festival se confirmó el auge de lo latino dentro del mundo de la fusión y la experimentación. Bases programadas y ritmos latinos para una mezcla que triunfó sin lugar a dudas. Lo más sorprendente, una versión del Purple Haze de Jimi Hendrix en versión cumbia que gustó incluso hasta a los más rockeros del público. Perfecto final de fiesta.

Un año más, el Keroxen demuestra cómo existen colectivos e iniciativas en estas islas que realmente vale la pena conservar y promover. Sin envidiar a cualquier festival europeo y habiéndose ganado un nombre dentro del mundo de los festivales más experimentales, no se puede hacer otra cosa que reconocer el trabajo de toda la gente que hace posible el festival. Por muchos años más…

Documental «Política, manual de instrucciones»: sobre partidos y desilusiones

Documental «Política, manual de instrucciones»: sobre partidos y desilusiones

La conformación y creación de un nuevo partido político es un fenómeno que parecía ya relegado a las viejas generaciones. Más aún, la posibilidad de que una nueva fuerza política pudiera, como mínimo, desestabilizar la hegemonía del bipartidismo, parecía condenado a la utopía.

El componente histórico de un nuevo partido político viene dado por su capacidad para, en poco tiempo, hacer que un sistema político determinado ya no pueda entenderse sin ese elemento novedoso. Esa entrada en la historia proviene de su sensibilidad a la hora de entender que nuevas relaciones sociales empiezan a exigir un conjunto de demandas que el estado, y el conjunto de fuerzas políticas que lo constituyen, no pueden hacer frente.

Más allá de la multitud de posiciones que se pueden tomar, la creación de Podemos ya es un acontecimiento histórico por una razón principal: ha venido para destruir el bipartidismo del sistema político parlamentario español. Si durante mucho tiempo la doctrina de la estabilidad institucional sirvió para que el reparto del estado entre el PP y el PSOE se viera como la muestra de la solidez de aquel sistema político que surgió de la Transición, a partir de Podemos esa confianza ha empezado a quebrarse. ¿Qué ocurrió para que esta confianza comenzase a romperse? La irrupción del 15M fue el momento en que la cultura de la Transición empezó a romperse. El grito de «No nos representan» iba dirigido al bipartidismo, precisamente porque el estado estaba constituido por esos dos partidos. La crisis práctica de la representación política abrió la puerta para que una nueva forma de hacer política pudiera, por lo menos, plantearse. Esta nueva forma no era otra cosa que el propio movimiento, el mismo 15M. La recuperación de las plazas como lugar de encuentro, la crítica a la democracia representativa o el rechazo a la especulación económica como causante de la crisis iniciada en 2008 ya eran una forma de hacer política que no era institucional pero que sí era directa, deliberativa, horizontal, autónoma y, en muchos aspectos, más acorde a nuestros nuevos tiempos que aquella circunscrita al parlamentarismo.

Esta diferencia entre dos concepciones de lo político son muy importantes para entender el propio auge de Podemos. El conflicto entre la institución y la calle, para reducirlo de forma esquemática, juega un papel muy importante en el relato que cuenta Política, manual de instrucciones, un documental de Fernando León de Aranoa.

La historia que se muestra es la que va desde la fundación del partido en el congreso de Vistalegre en Madrid (18/10/2014) hasta las primeras elecciones generales en las que se presentan (20/12/2015). Por lo tanto, es el desarrollo de cómo un movimiento se convierte en partido político. Es el viaje de la calle a las instituciones.

Ya en el momento de la inauguración del partido se muestra la diferencia de modelos organizativos, y de formas de entender la política, de la que surge Podemos. Principalmente dos: por un lado, el grupo de Pablo Iglesias, que aboga por una organización centralizada y jerárquica alrededor del líder – secretario general, Pablo Iglesias. La segunda, que apuesta por repartir el liderazgo entre varias personas para dar más peso a los círculos, órganos democráticos de base de los que surgió la conformación del partido, en donde si sitúan Teresa Jiménez o Pablo Echenique.

Como ya es sabido, la propuesta que ganó fue la de Pablo Iglesias. Sin embargo, el documental muestra que las diferencias entre los dos grupos fueron mucho más importantes de lo que, en un principio, parecía. Los desacuerdos fueron tan importantes que lo que se pone en juego es la posibilidad de articular un movimiento político capaz de ganar el poder a través de unas elecciones, sin por ello crear un partido político tradicional.

¿Qué hubiera pasado si la opción «circulista» hubiera ganado? Probablemente sí que hubiera existido un grupo político que hubiera hecho posible esa aspiración de «otra política posible». La pregunta es cuál hubiera sido el límite de una forma semejante en un sistema representativo que ha creado una sociedad acostumbrada a las formas tradicionales de hacer política.

Probablemente, esta sea la parte más interesante de todo el documental, porque muestra una posibilidad truncada de haber apostado por formas nuevas de hacer política, con todos los riesgos que eso conllevaba.

El resto del recorrido hasta las elecciones generales no es más que la construcción de una posición paradójica: un partido nuevo, que aspira a transformar el país y la política, se va posicionando a nivel nacional e internacional con los gestos y ademanes de los partidos viejos: viajes internacionales para recabar apoyos, presencia masiva en medios de comunicación, defensa de los ataques mediáticos sin la valentía que supondría romper con todo lo que tuviera que ver con el nuevo marxismo latinoamericano, etc.

Esta segunda parte tiene el interés de ver cómo se conforma a nivel interno y externo un partido político en relación a su cotidianeidad: creación de un programa, dinámicas electorales, etc. Aunque los fantasmas de aquella posibilidad realmente democratizadora vuelven a surgir de vez en cuando en relación a cuestiones de organización, lo cierto es que la unidad y fidelidad (curioso el rol absolutamente mesiánico del líder que se respira en las reuniones en las que se deciden cuestiones realmente importantes) parecen ser el pegamento con el que funciona un partido político.

Tal vez sin quererlo, Política, manual de instrucciones confirma que la historia de Podemos es la historia de una desilusión, de un movimiento político como el 15M del cual podría haber salido una organización más allá de la forma-partido, pero el cual fue clausurado rápidamente por ese mismo gesto que entiende que toda política debe llegar a ser parlamentaria o no ser.

Crónicas desde el Keroxen (I)

Crónicas desde el Keroxen (I)

El festival Keroxen se ha convertido, desde hace ya algunos años, en referente de las propuestas más vanguardistas dentro de todos los géneros de la experimentación, desde las nuevas tendencias del rock hasta la electrónica. Este año vuelve a ofrecer un cartel que podría ser el de cualquier festival de cualquier capital europea, lo cual dice del inmenso trabajo que hay detrás.

Después de un viernes donde se calentaron bien los motores de los que será la edición de este año, el sábado arrancó uno de los primeros días grandes del festival. Para comenzar, Nuria Delgada nos ofreció un concierto/performance en el que por momentos recordaba a John Cage y en otros a una cantautora folk con aires artaudianos. La unión de la tuba y la percusión minimal ofrecían una actuación experimental con algunos temas («Manolo, cómeme el coño, por favor») más que memorables.

Seguidamente, Conjunto Podenco desde Gran Canaria. Con el gran Fajardo al frente, cuya carrera en solitario se va haciendo cada vez más reconocida a nivel nacional, y ya en marcha las visuales de Simone Marin que acompañarían toda la noche al resto de bandas, ofrecieron un concierto redondo que supo a poco. Entre el rock instrumental a lo The Joe K Plan y el post-hardcore a lo Dischord, fueron, tal vez, una de las mejores sorpresas de la jornada.

Tupperwear ya comenzaron a poner las máquinas a pleno rendimiento con su electrónica minimal. Justo cuando la sala casi ya estaba llena a rebosar, sus ritmos de electrónica lo-fi y su ruidismo contenido triunfaron sin ningún género de dudas.

Desde Alemania, Tau! ofrecieron un concierto más que interesante. Como si dos teutones se hubieran pasado una temporada metidos en una tribu de navajos, desplegaron una especie de folk del desierto muy original y épico, con muchos momentos de una especie de éxtasis animista bañado por unas guitarras que, por momentos, sonaban a lo mejor del noise-rock de las últimas décadas.

Para terminar la noche, Group A, procedentes de Japón pero afincadas en Berlin. Sus dos componentes se repartieron la producción de una electrónica dura que desafió los oídos de la audiencia. La fusión con un violín tratado electrónicamente le dio al concierto un aire de fusión para nada artificial. Todo al servicio de una electrónica ruidista que, por momentos, llegaba a ser hardcore.

La fiesta siguió en el Ocean Club, donde se dieron las propuestas más bailables. Después de la sesión de D. Wattsriot, Denge Denge triunfaron por todo lo alto con su cumbia electrónica. Una propuesta más que acertada y bailable para cerrar uno de los primeros fuertes del festival.

Trumbo y la eterna presencia del fantasma del comunismo

Trumbo y la eterna presencia del fantasma del comunismo

La historia de los conocidos como los diez de Hollywood es el ejemplo perfecto de cómo en determinadas coyunturas históricas dos modelos de sociedad aparentemente contrapuestos pueden llegar a desarrollar mecanismos muy similares de defensa ante la misma amenaza. Poco tiempo después del final de la II Guerra Mundial, comenzó a desarrollarse un clima de persecución a todo elemento social que pudiera estar relacionado de alguna u otra manera al comunismo, desembocando en la caza de brujas liderada por el senador Joseph McCarthy.

Dalton Trumbo era, por entonces, uno de los mejores guionistas de Hollywood. Su prestigio era tan grande que fue precisamente ese elemento el que le salvó del ostracismo. Cuando las acusaciones de ser un peligroso agente comunista le llevaron a la cárcel, el único modo de conseguir volver a trabajar fue el de usar un seudónimo con el cual poder seguir escribiendo guiones. Al principio, sólo pudo hacerlo para producciones de serie B. Pero el problema es que era demasiado bueno para no aprovechar su talento en las grandes producciones. Películas como Spartacus de Stanley Kubrick fueron escritas por él en el más absoluto secreto.

Precisamente, su forma de sobrevivir a las acusaciones y al ostracismo fue la de ser más capitalista que los propios capitalistas, es decir, más americano que los propios americanos conservadores. Cuando los representantes más ideologizados presentan el límite de la necesaria adhesión a una americanidad que está en absoluta contraposición a los valores teóricos del comunismo, lo que hacen es plantear sin quererlo el hecho de que la búsqueda de beneficio es la verdadera esencia de dicha americanidad. Por este motivo, el propio talento de Trumbo le convertía en el verdadero representante del capitalismo en comparación con los defensores conservadores de la ideología, es decir, de ese sistema en el que la consecución del beneficio ya se sitúa por encima de todo.

¿Qué valor puede tener la historia de Dalton Trumbo, una vez que parece que el fantasma del comunismo parece haber desaparecido completamente? En concreto, que al ser un fantasma su presencia nunca es total, del mismo modo que tampoco lo es su ausencia. Desde el punto de vista del relato, Trumbo es una víctima de un período especialmente desquiciado de la ideología norteamericana y su hegemonía. Su verdadero delito no sería otro que el deseo universalizable de justicia y de reparto de la riqueza, es decir, aquello que en el viejo continente ha llegado a identificarse con la socialdemocracia.

Aunque la política norteamericana nunca ha dejado de temer a ese fantasma del comunismo, lo cierto es que en el contexto del Estado español esta presencia fantasmal parece más presente que nunca, si es que un fantasma puede tener grados diferentes de presencia.

A raíz del auge de Podemos, se han vuelto a oír otra vez las cadenas de ese fantasma, ahora mediatizado a través de una sobre-preocupación absolutamente ideologizada por la suerte de los regímenes de Venezuela e Irán en base a las relaciones que algunos miembros de Podemos tuvieron con esos países en el pasado. Mediante una transferencia ideológica artificial, se sospecha que el fantasma del comunismo bolivariano y/o de la dictadura teocrática iraní pueden empezar a amenazar la vida política española. Curiosamente, aquellos que buscan los rastros de ese fantasma son los mismos que no dejan de legitimar el relato de la Transición como el momento de la reconciliación verdadera entre las ideologías encontradas. Lo que esta historia cuenta, y que parece olvidarse de modo interesado, es que el comunismo dejó de ser un fantasma para convertirse en una presencia identificable dentro de la nueva vida política española.

De alguna forma, las posiciones que agitan el fantasma caen por detrás del relato mismo de la Transición, es decir, en el momento en que la ideología ultra del fascismo franquista entendía al comunismo como amenaza inasimilable, es decir, en el mismo momento en que McCarthy se alinea con el fascismo europeo en su cruzada contra el comunismo. Por eso, cabría preguntarse si la historia de Trumbo nos resulta lejana o si está más cerca de lo que pensamos en la coyuntura histórica en la que el fantasma del comunismo, pese a ser sólo un fantasma, parece volver a amenazar a Europa.

Sobre el remake de Point Break: ¿agotamiento de la industria cultural?

Sobre el remake de Point Break: ¿agotamiento de la industria cultural?

Normalmente, un remake no es más que el intento de crear una novedad allí donde ya existe un producto cultural definido. La necesidad de esa novedad hace que Hollywood esté siempre necesitando producir nuevos relatos. Pero cuando la producción de cultural empieza a encontrar sus límites, lo que le queda es la creación de la apariencia de novedad. En ese instante, lo que se presenta intenta mostrarse como completamente nuevo. Sin embargo, es muy fácil descubrir dónde está el truco. En este caso concreto, como ocurre también en The Force Awakens, el salto generacional se usa para presentar al nuevo público aquello que ya fue novedad hace mucho tiempo. Lo único que demuestra esta pequeña trampa es que, poco a poco, la industria cultural va encontrándose con que todo lo que tenía que contar y producir ya empieza a agotarse.

Por eso, si la película original de los 90 todavía tenía una cierta ingenuidad en la historia de cuatro surferos que atracaban bancos para poder dedicarse a viajar por el mundo en busca de la ola perfecta, en este nuevo relato la ingenuidad se ha perdido. Ahora se trata de cuatro deportistas de élite que viven por y para los deportes de riesgo. No faltan los esponsors y las fiestas en yates de lujo. Lo que en el primer caso se entendía desde una cierta relación new age con el océano a través del personaje principal de Bodhi, aquí se sustituye por la mística de la naturaleza y la necesidad de rendir tributo a su fuerza.

Secretamente, la intención del nuevo Bodhi y su grupo es cumplir con las «8 de Ozaki», una leyenda inventada por la propia película que consiste en 8 pruebas físicas en la naturaleza con las cuales se rendiría el tributo necesario a la fuerza primigenia de la Tierra, consiguiendo así un tipo de lucidez espiritual y de comunión entre el sujeto y la tierra. Obviamente, la relación con la naturaleza y su mística aparece mediatizada por la estética capitalista y postmoderna de los deportes extremos. La adrenalina y el riesgo están siempre subsumidas en esa forma de experiencia casi chamánica con las fuerzas naturales.

Pero hay otra misión más profunda: luchar contra la destrucción ecológica del planeta. Para ello, no sólo roban dinero de los ricos para repartirlo entre los pobres (la enésima ejemplificación del mito de Robin Hood, pero ahora con tatuajes y músculos) sino que atacan las formas de explotación de la naturaleza, buscando recobrar una armonía preestablecida originaria. Así, esta nueva versión intenta rizar el rizo de una forma más bien artificial: si la primera conseguía dejar la conciencia más o menos subversiva en un deseo de poner por delante una vida basada en la autenticidad, aquí queda absolutamente mediatizada por una forma de entender la naturaleza ingenuamente romántica.

Obviamente, una apuesta de este tipo tiene que acabar en tragedia según el relato de Hollywood. La vitalidad de esa especie de «romanticismo revolucionario» parece que siempre se tiene que confrontar con el límite de la ley. Pese a que el agente del FBI Johnny Utah comparte la pasión por la adrenalina y el riesgo debido a su pasado como deportista extremo, al final acaba sucumbiendo a la razón. No piensa en la idoneidad de los «crímenes» de Bodhi; simplemente están fuera de la ley, y como tal tienen que ser perseguidos. Un concepto de razón profundamente autoritario y ligado al derecho empírico triunfa por encima de la propia pulsión romántica.

Pero, ¿y qué pasaría si el final del relato fuera otro? ¿Qué pasaría si la audacia y el atrevimiento, más o menos ingenuo, no tuviera que enfrentarse necesariamente con la ley y con la categoría de delito? ¿Qué pasaría si fuera posible ganar? La ideología de la industria cultural no puede permitir mostrar de ninguna forma que el capital pueda ser vencido, ni que pueda existir la victoria frente a los que se arriesgan por derrotar, aunque sólo sea de forma ínfima, el modo de explotación. En su lugar, es capaz de disfrazar una victoria por la fuerza como si se tratara de un destino inevitable. La tragedia es el final necesario para aquellos que intentan luchar con lo que debe ser. Por eso, pese a toda su pátina más o menos progresista de denuncia de la degradación ecológica se esconde, como casi siempre en estos casos, el mensaje de que dicha degradación es absolutamente inevitable, y que es la tragedia y el límite lo que le espera a aquellos que piensan que la historia pertenece a quien la hace.