El abismo entre los demás y yo, amor(es) e intimidad en Sally Rooney

El abismo entre los demás y yo, amor(es) e intimidad en Sally Rooney

Reconozco que tenía muchas dudas con Conversaciones entre amigos (Random House), tenía todos los ingredientes para resultar ser una de aquellas novelas en que un escritor de mediana edad escribe sobre la vida de unos jóvenes en el final de su adolescencia a principios del siglo XXI. Unos jóvenes que no conoce ni sabe cómo piensan pero que intuye que se pasan el día hablando por las redes sociales y tienen relaciones sentimentales múltiples y todos son comunistas o anarquistas, aunque solo lo son desde una posición teórica y se empeña en repetir esta idea como un mantra.

Cuando la empecé a leer descubrí que me equivocaba. Quizás me dejé influenciar por el trato que la prensa española le ha dedicado, un tono sensacionalista que me recordaba a la cobertura que previamente habían dado a las tímidas reivindicaciones sociales de los concursantes de OT, claro que no fue hasta más tarde que descubrí que se trataba de una ópera prima de una joven escritora irlandesa de apenas 25 años, Sally Rooney.

Frances, el personaje narrador de esta novela, pronto me empezó a hablar de una forma que sentí muy íntima, y no es difícil, ya que Frances se abre ante el lector como no lo hace ante nadie y nos muestra sus pensamientos con una naturalidad que únicamente es posible tener con uno mismo. La novela no deja de ser, de principio a fin, un torrente de pensamientos que se vuelcan de la cabeza de Frances al papel en los que nos habla de cómo los demás ejercen presión sobre nosotros de forma constante. A través de los ojos de los demás nos sentimos juzgados, intimidados, valorados, menospreciados y sentimos celos de ellos, nos generan dependencia o suponen una amenaza para nuestros anhelos. Los demás son siempre aquellos con los que constantemente nos vemos comparados y nos sirven como guía; qué pasaría si yo fuera como esa persona, qué pasaría si yo no hubiera conocido a esta otra, qué haría yo en su lugar en esa situación. Frances se pregunta constantemente esta clase de cuestiones y lo hace en secreto, sin compartirlo, sin explicar prácticamente nunca qué piensa, ni qué desearía hacer, ni cómo estar con una persona o estar sin ella le hace sentir, y sin embargo vive. Y de esto nos habla Sally Rooney, de cómo pasa la vida entre aquello que de repente hacemos sin pensar y aquello que siempre pensamos pero nunca nos atrevemos a decir, y de los problemas que surgen entre estos instintos y esos miedos. Desde este punto es desde el que me gustaría que Conversaciones entre amigos fuera introducido, el resto del argumento para mi resulta secundario, aunque cierto es que sin el resto esta reseña se quedaría corta.

Frances es una estudiante universitaria de veinte años y poco que está muy unida a su exnovia Bobby por la que siente cierta admiración, aunque también algunos recelos, pero que a pesar de todo no deja de ser la única amiga importante que tiene. Todo fue así hasta que conocen a Melisa, poeta igual que ellas pero diez años mayor, en uno de los recitales que solían organizar, y pronto también a su marido Nick. No tardará en formarse un estrecho vínculo entre los cuatro que se repetirá en el tiempo y que paradójicamente distanciará al hasta entonces inseparable binomio de estudiantes. Mucha prensa ha llenado páginas hablando del spoiler de las relaciones afectivas múltiples que se formaran entre los cuatro, pero he sentido que pocos le han hecho justicia a la naturalidad con la que Rooney afronta la cuestión.

En el fondo nos remitimos a un debate recurrente, ¿es posible amar a dos personas? ¿Es posible que una relación múltiple sea tolerada por todas las partes? Si algo me gusta de Rooney es que no nos ofrece un poliamor (para utilizar el vocabulario habitual en estas discusiones) idílico en el que todos ganan, no siempre es posible un felices los cuatro como diría Maluma. Nos muestra al fin y al cabo de qué estamos hablando cuando hablamos de relaciones afectivas múltiples, de personas que se encuentran y se atraen, que empatizan y se ayudan unas a otras, que les sirven de canal para descargar sus inseguridades, y en definitiva, que les abren puertas que las relaciones que tenían hasta entonces no les habían abierto, y de esta forma les ayudan a crecer y a avanzar, a experimentar sensaciones nuevas, vínculos que raramente son simétricos en una pareja.

Frances en buena medida no hace distinciones, Bobby es su mejor amiga y también fue su amante, siente celos de que tenga otras amistades pero aun así no le prohíbe tenerlas y se pregunta por qué se prohíbe tener otras relaciones afectivas cuando ya tienes una, e incluso se pregunta qué separa lo que tiene con Bobby de una relación, y hasta qué punto son o no son novias y si esto debe influir o no en que se vean con otras personas. La gracia de Sally Rooney es que no tiene complejos en poner en cuestión el funcionamiento de las relaciones humanas y en este pack entra la política, el trabajo, la familia y también el amor. Sin duda es el tránsito entre la juventud y la llamada edad adulta, la época donde aparecen estas dudas respecto al funcionamiento del mundo, la época en la que vive Frances pero también Rooney, y son en los pequeños detalles en los que se aprecia cuando un escritor se está dejando la piel en lo que escribe y cuando está creando un artificio más para entretener al público

Algo tendrá Sally Rooney que recientemente acaba de publicar su segunda novela Normal People que ha conseguido colarse en la lista larga de The Man Booker Prize, prestigioso premio otorgado a la mejor novela en inglés del año, y el periódico The Guardian ya apresura a llamarle “un futuro clásico”. A la espera de que nos llegue su traducción al castellano os recomiendo empezar por esta, la aquí reseñada, su primera novela.

El día que murió la gauche divine

El día que murió la gauche divine

Hace unos meses compré en una librería de segunda mano una edición antigua de El dia que va morir MariIyn (El día que murió Marilyn), novela escrita por Terenci Moix (1942-2003). Es un libro particularmente interesante, tanto por los avatares de su escritura como por lo que supuso y significó.

Moix escribió primero la novela en castellano y la tituló El desorden, pero no la publicó. Después la reescribió en catalán, y la publicó Edicions 62 en el año 1969, con el título El dia que va morir Marilyn. Ese año Moix había presentado la novela al premio Sant Jordi, que convoca Òmnium Cultural, y se especula que no se le concedió por lo escandaloso que resultó el texto, quedando así desierto el premio.

La lectura de la primera edición de la novela se hace algo farragosa. La narración consiste en diferentes monólogos interiores, en los que se arremolinan descripciones largas y minuciosas y se encadenan frases y más frases separadas por comas. Personalmente, estuve a punto de dejarla hasta que di con una conferencia del autor en la que contaba (minuto 5 del vídeo) que en el año 96 reescribió el libro de cabo a rabo. Dos eran las razones de ese cambio. La primera, específica de la versión catalana. Tras muchos años de no gozar de una presencia pública, los referentes cultos del catalán se buscaban en textos muy clásicos y antiguos, con lo cual a veces se incurría en una escritura pedante y artificiosa: no tenía sentido que unos adolescentes barceloneses de los años sesenta hablaran como los poetas románticos del siglo XIX. La segunda es generacional: un Moix inexperto jugó a ser Joyce y Proust con el lenguaje e intentó hilvanar una prosa demasiado indigerible. Con más experiencia y tablas en el oficio, la reescritura de la novela en 1996 la volvió mucho más ágil y fresca. La reedición en español, pergeñada por el mismo Moix, está publicada por Planeta de los libros. Edicions 62, en homenaje al 15º aniversario de la muerte del escritor del Raval, ha reeditado la versión en catalán más reciente. Tras saberlo, acudí a mi librería de referencia y me hice con un ejemplar de la misma.

 

Se ha dicho muchas veces que no existe la gran novela sobre Barcelona; pero existen muchas novelas, a menudo corales y con muchos personajes, que otorgan a la ciudad y a su sociedad un rol de protagonistas. Pensamos en Vida privada, de Sagarra; en La ciudad de los prodigios, de Mendoza; o en Incerta glòriade Joan Sales. En El dia que va morir Marilyn, la protagonista no es tanto la ciudad –que también– como una generación: los nacidos en la posguerra, los que vivieron su infancia y adolescencia en los cincuenta; como reza la dedicatoria, los que tenían 20 años el día que murió Marilyn.

Pero no solo vemos el retrato de la época, sino de una clase social característica. La que en los años 30 conformaba una pequeña burguesía, patrones de empresas modestas que, tras sobrevivir la guerra y tener las debidas amistades poderosas y favores gubernamentales, medraron hasta conseguir una fortuna, huir del Raval y comprarse un piso en la zona alta.

Las familias Quadreny y Llovet, para consolidar su ascensión, adoptan todo el sistema de valores del régimen, de forma hipócrita y despótica. Defienden a ultranza un modelo de familia tradicional y católico, a la vez que perpetran y toleran todo tipo de infidelidades; desprecian abiertamente y con un clasismo lacerante a los charnegos –venidos de fuera de Cataluña– por ser pobres, a la vez que ellos dejan de hablar en catalán y adoptan artificialmente el castellano por ser más “fino” y “elegante”, siendo el disimulo del acento un símbolo de distinción.

Los hijos de las familias Quadreny y Llovet (Bruno y Jordi) son amigos íntimos, crecidos con las comodidades y los caprichos de los niños bien, pero se sienten muy a disgusto con el sistema de valores encorsetado en el que viven. Así, la novela presenta un conflicto generacional en toda regla. Sin embargo, la hace especialmente interesante la multitud de puntos de vista adoptados. A pesar de que el libro supone una diatriba contra los valores burgueses decadentes, tiene la brillantez de presentar a todos los puntos de vista: también el de aquellos que vivieron los horrores de la guerra y el hambre y perdieron los sueños y los escrúpulos.

El libro está trufado de homenajes a referentes culturales de la época, y es un viaje en el espacio y el tiempo: el Raval de los años cincuenta, los cromos de Cenicienta, la película Quo Vadis?, los veranos en Sitges de las familias bien, la feria de Santa Llúcia, el mercadillo de Els Encants, los lupanares del barrio Chino, el paralelo, la zona alta de Barcelona, el mundillo de las editoriales y los escritores decadentes, los libros prohibidos de Sartre o Beauvoir, el resurgir de una literatura en catalán, las huelgas universitarias, los primeros amoríos adolescentes, la primera experiencia con la muerte… y sobre todo la homosexualidad.

Porque El dia que va morir Marilynes la primera novela catalana en la que se muestra abiertamente el punto de vista de un homosexual en primera persona, a través de Jordi, el hijo de los Llovet: ello implica sus sentimientos, sus contradicciones, su búsqueda de justificación, su aceptación, sus miedos y sus miserias, el amor y el desengaño, la sordidez de la clandestinidad, y el miedo a la soledad. Y también las reacciones de su entorno, que acabarán por recrudecer el conflicto generacional hasta extremos insostenibles.

Terenci  Moix fue uno de los primeros escritores que abordaron abiertamente la homosexualidad, la planteó en sus novelas y la reivindicó en público. Cabe recordar un genial artículo que le dedicó a Cela después de unas declaraciones del marqués que hace sólo veinte años no pasaban de ser consideradas como simples exabruptos polémicos.

El mismo Terenci Moix es hijo de la gauche divine: una generación de burgueses progresistas que habían gozado de una vida de comodidades pero que acabó por renegar de los valores del nacional-catolicismo. Con El dia que va morir Marilyn Moix rinde un homenaje a su generación, a su experiencia, a su sexualidad, a su ciudad y a su cultura. La lectura de este libro supone, quince años después de su muerte, un homenaje a su testimonio.

«Dins el riu, entre els joncs»: la aportación de Munné a la reflexión histórica

«Dins el riu, entre els joncs»: la aportación de Munné a la reflexión histórica

A través de «Dins el riu, entre els joncs» Antoni Munné consigue hacer válida la literatura como microscopio para la observación de fenómenos sociales. El ágil estilo narrativo desplegado en este libro, facilita acercarse al protagonista y entender la forja de una identidad. Sorprende la naturalidad de exploración desplegada, sobre todo al tratarse de un tema subjetivo tan difícil de abarcar sin dejar de ser fiel a todos los matices que rodean al fenómeno.

El tema es un recurrente clásico en disciplinas más académicas cuyo objetivo es sintetizar, diseccionar y establecer causas para el fenómeno (sirvan de ejemplo la sociología o la psicología). La aportación de esta obra de Munné es el color y su facilidad para cazar la atención (al menos el mío).

La historia es sorprendente en si misma: un maestro catalán de la república decide alistarse voluntariamente a la División Azul para poder ejercer su profesión bajo el nuevo régimen y vengar la muerte de su padre. Motivaciones distintas que acaban convergiendo en un sorprendente curso de acción: un alistamiento para luchar al otro lado del continente.

Me gustó el ritmo desplegado a lo largo del relato, un aspecto que me recordó a algún texto de Emmanuel Carrère. La evolución de la historia y de la experiencia vital del protagonista consiguió que me sumergiera rápidamente en un mundo crudo y muy frío. Se trata de una aportación más a las obras que explican las experiencias catalanas durante la Segunda Guerra Mundial, aunque esta vez no sea a través de un testimonio tan cercano como, por ejemplo, Joaquim Amat Piniella a través de su «K.L. Reich».

Tan solo una duda me surge después de finalizar el libro: ¿hubiera sido posible tal relato en el marco de la literatura del exilio española? ¿y en el de la literatura de la posguerra? La renuncia a mostrar las flaquezas de un nuevo régimen en construcción por parte de los vencedores, junto a la rabia de los derrotados de saberse expulsados, perseguidos y acosados, resultó en una falta de narrativas y discursos parecidos al expuesto en «Dins el riu, entre els joncs».

Siempre resulta más fácil decirlo a tiempo pasado, pero creo la carencia de ese espacio ha resultado en un empobrecimiento de la vida cultural de España y al empobrecimiento de la paleta de colores disponible para pintar a su sociedad. Por suerte no se trata de un fenómeno irreversible y la publicación de este tipo de historias con un foco en los procesos subjetivos de los actores, ayuda a ir llenando ese espacio.

A mi parecer este es un libro recomendable en general, aunque seguramente lo disfruten más aquellas personas con interés por autores cómo Oliver Sacks y su búsqueda de las motivaciones humanas o personas que disfruten con novelas con un ritmo rápido y bien trabajado como podría ser «Las increíbles aventuras de Pomponio Flato» (a pesar de la diferencia de género literario).

Guerra de ayer

Guerra de ayer

“Sin que se le pida, la guerra se encarga siempre de procurarnos un enemigo. Yo, que quería permanecer neutral, no pude serlo. Había nacido con aquella historia. Me corría por dentro. Le pertenecía».

Confieso que desearía saber si Pequeño país (Salamandra, 2018) está compuesto de sus más íntimos recuerdos, de esa visión adulterada de la infancia que nos persigue hasta el fin de nuestros días. Querría preguntarle a Gaël Faye (Buyumbura, 1982) qué hay de él en la historia de Gabriel, ese niño de madre ruandesa y padre francés que, como él hace años, huyó de la guerra de su Burundi natal con apenas trece años.

Sobre el sufrimiento de dejar atrás a los suyos, sobre la muerte violenta e injustificada que tiñe de rojo cada guerra, sobre la locura de una madre que se sumergió en el infierno para no volver. Éstos son algunos de los temas que Faye nos cuenta, casi en un susurro, como si sumergirse en aquellos años le restase vitalidad a su presente inmediato. ¿Quién se atreve a pasear por el pasado sin billete de vuelta?

Pequeño país ha sido todo un éxito literario en Francia: ha vendido más de 700.000 ejemplares, ha sido galardonado con el Premio Goncourt de los Estudiantes, otorgado por la FNAC y el Ministerio de Educación francés, y ya se ha traducido a una treintena de idiomas, incluido el español. Hablan del rapero medio francés medio africano como de una promesa literaria, y no sólo por su primer libro. Faye desprende sensibilidad en cada una de las estrofas de sus canciones. Y Petit Pays es ejemplo de ello.

 

 

El peso principal de la narración está en la voz infantil de Gabriel, también de su hermana Ana, y sobre todo en la pandilla de amigos que custodian el callejón como si fuese su reino. Será con todos ellos con quien Gabriel experimentará el sabor agridulce de la violencia, del odio y del rencor.

Este libro, testimonio histórico del continente africano, sirve para reflexionar sobre el colonialismo, la migración y el racismo todavía existente a un lado y a otro del Mediterráneo. Un relato desde la experiencia personal sobre la complejidad del ser humano.

 

Recomendaciones para el Día Internacional del Libro 2018

Recomendaciones para el Día Internacional del Libro 2018

“La creación es una preservación temporal de las garras de la muerte” escribió Emil Cioran, tan joven y tan melancólico, en su temprana obra En las cimas de la desesperación. Hay quien escribe escapando de la muerte –literal o tan sólo ficticia– y quien lee con voracidad historias precisamente para no morir.

A continuación, reunimos las recomendaciones literarias de algunas de las colaboradoras de Cultural Resuena con motivo del Día Internacional del Libro 2018. Pasen y, sobre todo, lean.

Otra mirada sobre Nigeria

Chimamanda Ngozi Adichie ha sido uno de los fenómenos mundiales en literatura desde el año pasado. Su escritura afilada y dolorosa sobre las condiciones de vida en Nigeria, especialmente para las mujeres, y el racismo contra los inmigrantes nigerianos en Estados Unidos (por su piel negra, o su acento al hablar), le ha valido el aplauso (merecidísimo) de la crítica. Después de devorar sus libros, de entre los que destaco Algo alrededor de tu cuello, pensé con cierto apuro y muy mala conciencia el inexistente conocimiento que tengo sobre la literatura nigeriana, en particular, y africana, en general. Por eso, decidí comenzar con uno de los clásicos de su literatura, Todo se derrumba, de Chinua Achebe. Es un viaje a lo profundo de otras organizaciones sociales y culturales, pero también a otra forma de escritura, lejana a nuestra cotidiana europea, donde se entreteje la parábola, la leyenda y la ficción que quiere ser real.

Al igual que Ngozi Adichie, Achebe escribe desde la «experiencia dañada», pero sin compasión ni moralina. Escribe desde ahí quizá porque no hay otra posible si se quiere escribir sin redención. En este día del libro, les invito a que abran los ojos a otras formas de escritura, marcadas por otra relación con el lenguaje, su capacidad metafórica y expresiva. Nigeria es un lugar excelente para empezar.

Marina Hervás

Los años oscuros de Europa

Puede parecernos que todo está escrito ya sobre algunos temas. Si os digo que esta es una novela que se desarrolla en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, algunos de vosotros, seguramente, resopléis mostrando vuestro hastío. No sé cuánta literatura, solamente de ficción, existirá que tome como punto de partida este atroz hecho histórico. Mucha. Muchísima. De lo que estoy segura es que Morir en primavera de Ralf Rothmann es una de las mejores novelas que yo he leído sobre este tema.

En la deriva paranoica de la Alemania de 1945, con la certeza de la derrota y a pesar de ella, dos jóvenes amigos que trabajan en una vaquería son reclutados por las tropas nazis. Nada suena demasiado original, lo sé. Pero la maestría con la que Rothmann, a través de un lenguaje tan directo, nos habla de la juventud, la responsabilidad, los sueños y el silencio –el inevitable y pesado silencio transgeneracional– que deja la guerra –esa guerra contenida en ese silencio–, hacen de la lectura de esta novela una experiencia emocionante que merece verdaderamente la pena.

Ainara Zubizarreta

Alcanzar la inmortalidad

No es tanto una preocupación como un deseo. Querer permanecer más allá de la muerte, ser recordado, alcanzar la inmortalidad. Si ya en La insoportable levedad del ser, el escritor checo Milan Kundera desafiaba al pesimismo, en su novela La inmortalidad toda la trama está tintada de este carácter fatalista tan suyo.

Es Kundera en estado puro, un ejercicio cautivador de meta-literatura y una narración polifónica y casi atemporal sobre la espera del personaje protagonista, de nombre Milan Kundera, quien aguarda en la piscina como cada día la llegada de su amigo Avenarius para ir juntos a comer. Es durante esta espera cuando su mirada recala en una mujer, ya madura, que realiza un gesto con la mano al despedirse de su entrenador, tan liviana y espontánea, pero con tanta significación que constituye el hilo conductor de la historia.

La inmortalidad es un continuo juego entre realidad y ficción –punto débil de quien ahora escribe–, para abordar temas propios de su literatura, como son la muerte, el deseo, el sexo y, por supuesto, el existencialismo. Leí que alguien describía, muy acertadamente, que el tema de la inmortalidad se trata en esta obra como una “idea filosófica y algo cotidiano” al mismo tiempo. Si finalmente se deciden por esta recomendación, que sepan que estarán leyendo a uno de los grandes; y junto a Rimbaud, Goethe, Hemingway y otros tantos autores de la época moderna.

Elisa Pont

*La imagen que encabeza el artículo es obra de la ilustradora Veambe.